Él es, Profeta, Pastor y Rey. El Señor Jesucristo tomó estos tres títulos y se los aplica a El mismo. Creo que estas tres imágenes muy bien pueden designarse al pastor de una iglesia. Como el pastor, Cristo es el buen Pastor, al dar Su vida por las ovejas; El Gran pastor al vencer la tumba; y el Príncipe de los pastores, porque viene otra vez.

1. Como profeta, El vino a manifestar y revelar el carácter y la naturaleza del Padre; “es el verbo hecho carne”. Es Emmanuel, “Dios con nosotros”. “Es la imagen del Dios invisible”, “en Él habita toda la esencia de la Deidad”. “El que me ha visto a Mí, a visto al Padre”, “Yo y el padre una cosa somos” y hay un sin fin más de textos relacionados con el tema. Él es la máxima revelación y exposición tangible del Dios invisible y eterno. Nada de lo que Él enseñó y predicó vino de su propia cuenta o voluntad. “Por eso Jesús respondiendo, les decía: En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino lo que va a hacer el Padre, esto también hace el Hijo de igual manera”. Juan 5:19 otra vez dice: Yo no puedo hacer nada por propia iniciativa mía, como oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 5:30) Como profeta, el Señor nunca titubeó para decir y declarar la verdad completa. Tanto a los religiosos del día o para el resto del pueblo. Les habló con firmeza y con autoridad. Para unos era recio y cortante, para otros era tierno y manso, pero para todos era el profeta enviado de Dios.

El pastor de la iglesia es un vocero de Cristo. Es el llamado a guiar al pueblo de Dios, es llamado a declarar los decretos de Aquel que le ha dado por regalo a la iglesia. Es menester que predique a tiempo y fuera de tiempo. Así como Cristo fue a los pobres el pan de vida, el pastor moderno provee al pobre y hambriento el Pan de vida, la Palabra de Dios. Además es responsable por ministrar el pan de harina al que no tiene que comer. Así como Cristo nos viste con Su justicia perfecta, el pastor moderno hace todo lo que está de su parte para cubrir al desnudo, y así como los otros ministerios encargados a la iglesia de la cual es pastor.

Al pastor moderno se le puede perdonar mucho de lo que no hace en relación con los ministerios, pero no es fácil perdonar sino predica y enseña bien la Palabra del Señor. Ya que el texto nuestro es la Biblia, es menester conocerla, estudiarla, meditarla, memorizarla, predicarla y practicarla. El pastor sobre todo lo que espera de él, debe ser un estudiante experto de la Palabra de Dios. Es un teólogo, es el siervo con el encargo más sublime y de mayor impacto en la vida de la iglesia.

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, que traza bien la Palabra de verdad” (2 de Timoteo 2:15)

Como profeta tiene la responsabilidad de decir con ternura y con autoridad “todo lo que Él nos ha mandado”. En cierta forma el pastor cuando predica o enseña, es la única manifestación de Cristo ante su congregación.

“Al ver la confianza de Pedro y de Juan, y al darse cuenta que eran hombres sin letras y sin preparación, se maravillaban y reconocían que ellos habían estado con Jesús” (Hechos 4:13)

Pablo le dice a Timoteo: “Te encargo solemnemente, en presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los puertos, por su manifestación y por su reino: Predica la palabra, insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción” (2 de Timoteo 4:1)

Como representante y embajador de Cristo, el pastor debe decir lo que el Espíritu le revele y lo que ha oído y recibido cuando en comunión con Él. Puede ser un hombre con educación formal o sin ella, pero sigue siendo el profeta del Altísimo. Es aquí también cuando el pastor es responsable por modelar el traer gente a los pies de Cristo. Cristo fue un ganador de almas. La presentación del mensaje a individuos, así como a multitudes es imperativa. Pero no sólo los trajo a una relación personal con Dios, sino que les llevó más allá. El pastor debe ser el mejor discipulador de la iglesia. En efecto su trabajo principal como profeta “es capacitar a los santos para la obra del ministerio”. El pastor que no hace discípulos, no está siguiendo el diseño de la gran comisión. La Gran Comisión nos hace una demanda:

“Predicad el evangelio en todo el mundo a toda criatura” (Marcos 16:15)

Además nos muestra una dirección: “Id”, no dice vengan, manda ir, mientras vamos, por donde vallamos debemos hacer la obra del evangelista. También nos da el diseño, “Y haced discípulos”, pero asimismo nos muestra un destino. La empresa, aquí se vuelve mundial y no sólo local. No es global sólo en términos geográficos, sino que en forma étnica somos responsables de todos los seres humanos. No importa el nivel social, color o cultura.

Y el pastor que no toma tiempo para formar y forjar la mente de Cristo en aquellos que Dios le ha dado como grey, está fracasando en el ministerio. Es cuando hacemos esto, que nos reproducimos y vemos a Dios hacer crecer Su obra. Como profetas debemos reconocer que todo lo que hacemos no hace ni causa que la obra crezca, es Dios el que da el crecimiento. Yo puedo sembrar, otro regar y limpiar, pero sólo Dios hace que la semilla produzca fruto. Él “es la Vid verdadera,” nosotros somos las ramas, pero ninguna rama produce fruto, sólo lo sostiene para gloria del Dueño. Cuando Cristo dice: “Yo soy la Vid verdadera…”.

Él está hablando de la Vid que sí produce, porque Israel fue vid plantada por Dios, pero sin fruto. Vuelvo a recalcar, la única evidencia de mis labores, las credenciales que puedo cargar, las recomendaciones como hombre llamado y profeta ungido, es lo que ha quedado en donde he servido.

Pablo dice: “¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O necesitamos, como algunos, cartas de recomendación para vosotros o de nosotros? Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres, siendo manifiesto que sois una carta de Cristo redactada por nosotros, no escrita con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo: no en tablas de piedra, sino en tablas de corazones humanos” (2 de Corintios 3:1-3)

Hermano, ¿cuando usted se para a proclamar la bendita Palabra del Dios eterno, siente que es un profeta llamado por Dios?

Queramos o no, el pastor tiene un nivel más elevado en cuanto a su posición como líder.

Dice Santiago en 3:1 “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos un juicio más severo”.

El hombre de Dios tiene ciertas características, muy distinguibles de los demás. Para vivir a la altura del llamado divino, se requieren estas cualidades, le dice Pablo a Timoteo:

  1. Seremos conocidos por aquello de lo cual nos alejamos.
  2. Seremos conocidos por aquello a lo que nos empeñamos y aferramos.
  3. Seremos conocidos por aquello por lo cual contendemos y luchamos.
  4. Seremos conocidos por aquello a lo cual somos fidedignos. (Busque estas cuatro cualidades en 1 de Timoteo 6:11-14)

Tenemos que aprender a huir del enemigo. Y el enemigo se puede manifestar en diferentes formas y aspectos (Versículos 9-10 y 1 de Corintios 9:1-18) Hay varias otras áreas y pecados de los cuales debemos huir. Los pecados sexuales, pasiones juveniles y todo aquello que pudiera desviarnos de los caminos del Señor y del ministerio (1 de Corintios 6:18; 10:14 y 2 de Timoteo 2:22)

Al huir y alejarnos de lo destructivo, al mismo tiempo nos debemos acercar hacia lo bueno, lo de buen nombre, lo virtuoso. Como todos tenemos pies de barro, el ausentarnos totalmente de lo malo, será algo difícil de realizar en su totalidad, pero al mismo tiempo, si dejamos de buscar lo justo y loable, el poder de Dios y Su justicia nos eludirá. Es por eso que debemos estar alertas continuamente, tenemos que huir y aprender a buscar. De acuerdo a Pablo, el hombre de Dios debe buscar: la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la mansedumbre. Aquí se nos habla del comportamiento exterior como del interior. De acuerdo a la nutrición recibida, el uno o el otro serán victoriosos.

Como profetas nos encontramos ante Dios y ante los hombres. Es por eso que es imperativo que nuestra vida esté en un buen equilibrio. La mejor ejemplaridad y escultura al pueblo que dirigimos viene de nuestra vida diaria. La piedad, la reverencia y devoción deben continuamente ser cultivadas en el hombre de Dios. El fruto de la consagración y piedad, son el producto de nuestra propia huerta, no la congregación.

El profeta del Señor cree en el carácter y la integridad de Dios. Su vida total no proviene, ni depende del hombre, aunque Dios use al hombre para proveernos. Es esta confianza en la soberanía de Dios que nos ayuda a practicar el Gran Mandamiento. Amar al Señor con todo nuestro ser y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Las virtudes externas, como la perseverancia, mansedumbre, integridad y carácter, darán validez y autoridad moral en el ministerio.

El profeta es conocido por las luchas que hace, sean suyas. “He peleado la buena batalla de la fe” dice Pablo. La vida pastoral es una continua batalla. Es una guerra, tanto interna como externa. Es un maratón. Es una cruzada constante contra lo malo, pero también tenemos que luchar para alcanzar lo bueno. El reino de las tinieblas y las fuerzas diabólicas están aguerridos contra la iglesia y la fe Cristiana. Es menester siempre vigilar y enseñar la sana doctrina, así como contender por “la fe que fue entregada una vez a los santos” (Judas 3) El hombre de Dios se lanza hacia el frente, porque puede ver lo invisible, escucha la voz inaudible e intenta lo imposible, porque solo así es glorificado el Padre.

Por último, el profeta de Dios es conocido por su fidelidad. Debemos “guardar el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo”. El mandamiento es toda la Palabra de Dios. Los métodos y estrategias pueden ser cambiados, alterados y reemplazados, “mas la Palabra de nuestro Dios permanece para siempre”. Cristo se manifiesta en Apocalipsis como el “Testigo fiel”.

El profeta debe ser fiel al que lo llamó, y a Su palabra. Así como dice el Señor y la Biblia, debe de ser nuestra contestación a toda interrogación. Todo redimido debe ser fiel hasta la muerte. Pero el siervo de Dios, el llamado a guiar al pueblo de Dios, tiene mayor responsabilidad por causa de su vocación.

2. Como sacerdote, Cristo vino a ofrecer el sacrificio de todos los sacrificios. En efecto, “Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Pedro con una claridad y certidumbre autoritaria dice: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12) Cristo nuestro Señor se ofreció como la expiación por nuestros pecados. Él pagó por completo la deuda que Dios demandaba, para que el pecador fuese redimido. No ofreció la vida de animales, sino que entregó voluntariamente Su propia vida.

Él dice en Juan 10:17-18, “Por eso el Padre me ama, porque doy mi vida, para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que Yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre”.

El trabajo primordial del sacerdote es el de representar al pueblo ante Dios. Y para hacer este trabajo tan delicado, que no sólo es imperativo conocer experimentalmente a Dios, sino ser llamado por Dios para realizar esta responsabilidad tan primorosa y fina.

Además es muy necesario conocer al pueblo. Las relaciones humanas deberían ser uno de los requisitos primordiales para ser pastor de una iglesia. El pastor de ovejas que no sabe cómo conocer y apacentar sus ovejas, no es digno de ser pastor. El pastor que no visita regularmente las familias y hogares de su feligresía no puede ser buen sacerdote de ellos ante Dios. Cuando los hermanos Cristóbal, su esposa Eugenia Doña, mi esposa y su servidor, viajábamos por España, encontramos varios pastores con sus rediles, al platicar con uno, nos contó cómo las ovejas le conocían su voz y él las conocía por nombre, y tenía más de cien.

Hoy en día, el pastor es conocido por ser un experto en distintas áreas excepto en la de relacionarse con las personas. El pastor hace todo lo requerido en la oficina como administrador, predica como un Apolos, enseña como un catedrático, hace los boletines como un artista dibujante, dirige con mucha fluidez, aconseja con destreza pero no es un hombre de ministerio y visitación. La gran parte de su tiempo ha sido invertido en la computadora y el teléfono en lugar de relacionarse con el pueblo a que sirve.

Las demandas del día de un pastor se desempeñan ante el teclado y el monitor. Desafortunadamente la oficina y el trabajo clerical administrativo a menudo toman casi todo nuestro tiempo como pastores de la iglesia. Yo creo que las iglesias no son edificadas los domingos o los miércoles solamente, sino durante la semana a través de la interacción con personales, estableciendo y desarrollando relaciones humanas.

Un pastor debe estar al pendiente de los hogares disfuncionales, las viudas, los jóvenes, los niños y en sí toda la comunidad cristiana. Sé claramente que todo creyente debe ser un sacerdote del Altísimo. Cada uno de nosotros puede llegar con toda confianza al trono del Dios eterno. Cuando Cristo murió, el velo del templo se rasgó en dos y la puerta quedó abierta para todo redimido. El pastor, por virtud de su rango o posición, tiene el privilegio y responsabilidad de llevar en oración e intercesión a toda su congregación. Para que esta labor se pueda llevar a cabo, el Pastor debe enfocarse en el contacto personal con su congregación. Los valores pastorales son bien evaluados y examinados en esta área. Una grey no puede ser apacentada correctamente solo desde el púlpito. Generalmente en las praderas donde las ovejas son apacentadas, los pastores son los que dirigen o siempre están cerca del rebaño para cuidarlas y guiarlas en pastos verdes y aguas frescas. El verdadero pastor sacerdote es aquel que duele con los que duelen, sufre con los que sufren y es empático con las necesidades de su gente. No puedo comprender cómo un pastor puede preparar un buen banquete para su pueblo sin conocer a fondo sus necesidades tanto físicas, como emocionales y espirituales. Puedo entender que muchos pastores trabajan en labores seculares y que su tiempo está muy limitado. Si un pastor comienza el ministerio con una meta y filosofía Bíblica, en dos o cuatro años se le facilitará tener una congregación que lo sostenga económicamente. Las ovejas bien cuidadas producen lana y corderos. El pastor que apacienta, cuida y ama su rebaño, justamente debe cobijarse y comer del fruto de sus labores. Existen iglesias bendecidas con un buen grupo de varones idóneos y fieles que pueden ser muy bien equipados para hacer la obra pastoral con el pastor pero esto nunca exime al pastor de su obra sacerdotal.

Si un pastor no conoce a su gente no podrá orar sabiamente por ellos, ni tampoco podrá guiarlos a realizar hazañas grandes en las iglesias, sino. Es por esto que el tema de las relaciones humanas es de suma importancia. La gente obedece, ama y sigue a aquel pastor que se preocupa por el rebaño. Seamos realistas, sin gente no hay trabajo y menos éxito. Gente es nuestro negocio como sacerdotes y profetas. La gente es atraída e inspirada cuando el pastor profeta se pone la toga sacerdotal durante la semana y anda con el pueblo. ¿Cómo es que un pastor, profeta sacerdote, puede tomar Hebreos 13:17 en serio y no estar al tanto y conocer personalmente aquellos que Dios le ha dado para apacentar?

“Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no es provechoso para vosotros” (Heb. 13:17)

Hemos dicho que los pastores no producen ovejas y eso es irrefutable. Cuando los pastores sacerdotes, cuidan, protegen, nutren y aman su rebaño, no solo tendrán lana para el invierno, sino que también barbacoa para la cena. Existen iglesias grandes, que cuentan con un total de aproximadamente 500 a 1000 integrantes, por lo que, quizás, el pastor tendrá que depender de ayuda. Son muy pocas las congregaciones que cuentan con este número de integrantes.

3.Cristo, es sobre todo Rey. El es el Rey de reyes y Señor de señores. Es aquí donde el pastor asume la responsabilidad de administrador general de la iglesia. El oficio de un rey es ver por sus súbditos y por la dirección de todos los asuntos del reino o el estado. El pastor vela por los intereses del reino y el bienestar del pueblo. Es él quien se encarga de hacer y ver que todo lo necesario sea realizado para que todo marche en orden. El pastor también equipa a los oficiales que ha puesto a cargo de diferentes actividades. El rey lleva la corona pero la corona del pastor viene, no por realeza hereditaria, sino por servidumbre al pueblo.

Nuevamente, es aquí donde la autoridad moral es derivada en el pastorado. Para llegar a ser “príncipe” coronado en la iglesia, es preciso pasar por cuatro pasos o etapas. Cuando una persona es considerada un pastor, solo tiene un “rango” de posición, el cual no posee mucho crédito. La congregación le está otorgando el permiso para demostrar su llamado al ministerio. Es entonces en este momento cuando el pastor no debe intentar de cambiar todo lo que encontró, sino de establecer relaciones con la congregación.

Esta es la oportunidad donde usted demuestra que ha venido a servir y no para ser servido. Es en esta etapa donde usted como líder, comienza a equipar y a desarrollar al pueblo. Sus filosofías son vislumbradas y sus dones están siendo probados. Cuando la congregación establece relación con el líder las cosas empiezan a marchar en el ritmo correcto y adecuado, el crédito se está estableciendo y el pueblo comienza a obedecer y a seguir. En la iglesia de Cristo, solo Cristo es Soberano.

El pastor puede ser considerado “rey” en relación con la administración total del propósito y programa de la iglesia. El segundo paso es el del “permiso”. Es en este paso donde le brindan la oportunidad de servir, de conocer, de hacerse valer y conocer al pueblo. Este es un periodo fundamental para que las relaciones se construyan y se establezcan. Esto le permite al pueblo desarrollar confianza. Es también en esta etapa donde la predicación, las enseñanzas y todo el programa del pastor se comienzan a forjar. El pueblo responde en términos positivos y existe afabilidad y aceptación. Durante este periodo de permiso, el pastor, “rey”, está sirviendo y capacitando al pueblo. El es quien va al frente de la lucha como lo hacen los pastores orientales, quienes siempre están al frente de la manada.

“Cuando saca todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz” ( Juan 10:4) Pablo dice en 1 de Corintios 11:1, ” Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo”. En Mateo 4:19 Jesús les dice a sus discípulos; ” Venid en pos de Mí, y Yo os haré pescadores de hombres”.

El “rey” pastor debe ser también un iniciador. El debe buscar lo mejor para el rebaño. La mayoría de nuestros miedos vienen por la timidez y temor al fracaso. Cuando la visión es de Dios, no hay nada que temer; ni siquiera al temor mismo. El fracaso es parte de la vida y es también una parte muy intrinca del éxito. Cuando intentamos algo grande para la gloria de Dios, aún cuando no lo hemos alcanzado, hemos sido victoriosos porque nos esforzamos para él.

El discipulado cristiano se aprende por medio del ejemplo, es decir, es mejor captado que enseñado. La gente generalmente hace lo que ve, no lo que oye. Los seguidores captan el modelo y lo imitan. El factor Isacar viene a jugar un papel importante en el reinado del pastor “rey”. Dice la Biblia: “Eran expertos en discernir los tiempos, con conocimiento de lo que Israel debía hacer, sus jefes eran doscientos; y todos sus parientes estaban bajo sus órdenes” (1 de Crónicas 12:32) Cuando el pastor demuestra esta capacidad y es guiado por el Espíritu de Dios, el pueblo le sigue y se reproduce.

Esta es la tercera etapa del reinado del pastor “rey”, que exista la producción. Los resultados son evidentes. La iglesia está animada, creciendo, existe entusiasmo y cooperación. En esta etapa, el día de los comités han pasado pero la hora de los ministerios ha llegado. El pueblo produce y los resultados son muy evidentes.

La etapa que continúa es la proliferación o reproducción. La gente realiza y hace porque son motivados por algo que les gusta. En esta fase, la gente trabaja con gozo y dedicación sacrificial. Es en esta etapa donde los líderes son responsables y comprometidos y el pastor no se ve en la necesidad de rogar ni provocar al pueblo de Dios a que realice labores. La reproducción es natural porque la iglesia está sana. En esta etapa la cuadrilla en concierto trabaja, testifica y hace discípulos; las ovejas producen ovejas dándose de forma muy natural. “Juega para ti y ganarás trofeos, juega para el equipo y ganaremos campeonatos”. Esta es una gran frase expresada por Tommy Lazorda. El propósito acertado es siempre la pauta que dirige una administración sabia. Es aquí cuando vemos claramente la salud de una congregación. Una Iglesia saludable se reproduce en forma natural.

Finalmente podemos apreciar la quinta etapa en la que el “rey” pastor se desarrolla. Esta etapa es conocida como la etapa del Respeto, la cual tiene que ver con autoridad moral, o a lo que llamo, “presidencialidad.”

El pastor moderno terminó de ser el experto en todo. No podemos hacer la obra del Señor en el presente con la tecnología y metodología del siglo pasado y esperar resultados positivos. Habrá situaciones donde, al iniciar una obra, el pastor o líder tendrá que hacerlo todo en un tiempo limitado pero pronto capacitará gente que ha ganado y les delegará responsabilidad. El pastor debe ser capaz de desarrollar una médula de liderazgo y armar a un equipo, ya que la obra es grande.

“Hombres para una labor ardua y difícil y muy peligrosa, largas horas de trabajo en completa oscuridad. Regreso seguro es dudoso. Honor y reconocimiento si se logra el éxito”. Este es un anuncio que apareció en un periódico en Inglaterra y fue firmado por E. Shacklton, quien buscaba un grupo para la exploración del Polo Sur. El siguiente día por la mañana había más de cinco mil hombres esperando que se abrieran las puertas de las oficinas para llevar a cabo su aplicación. En 1907 el señor Shecklton llegó al Polo Sur porque el pueblo aceptó el desafío.

Tú debes definir tus valores básicos, porque si tú como líder no sabes definir tu administración, tu administración te definirá a ti. Es por esa razón que como líder debes tener cuidado para no ser cambiado, sino para generar el cambio.

El éxito o el fracaso están en ti. Tú eres el llamado a guiar y cuidar la grey que Cristo compró con Su propia sangre.

Los asuntos legales de Iglesia deben ser atendidos por el pastor. Los informes deben ser indicados al Estado de California como una corporación sin lucro. También, uno debe de asegurarse de las siguientes labores: las aplicaciones para la exención de los impuestos de la propiedad, los seguros del templo de responsabilidad pública, el informe anual de contribuciones, aprender las leyes y códigos de la ciudad y del estado en cuanto a edificios y estacionamientos, hacer aplicaciones para préstamos, mantener los archivos legales y record de la Iglesia. Esto no quiere decir que el pastor lo hace todo, sino que debe de estar al tanto y conocer como hacerlo.

En Eclesiastés 4:12 Salomón expresa: “Y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”, estoy seguro que si el ministerio pastoral en nuestras iglesias tomara en serio las tres fases mencionadas, el pastor profeta, sacerdote y rey, nuestras congregaciones no serian estériles, sino fructíferas y frondosas.

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