El liderazgo y la humildad en el servicio del Maestro (4)

Juan 13: 1-30

Introducción

El líder por excelencia, Jesús de Nazaret, manifiesta en el momento crucial ante sus discípulos la cualidad más sobresaliente del liderazgo bíblico. El Apóstol Juan, siendo testigo ocular, nos relata como manifestó su liderazgo, no por dar un discurso, ni hacer un gran milagro sino por lavarles los pies a sus discípulos a punto de abandonarlo.  ¡Qué lección tan profunda para quien aspire a servir a Dios!

En nuestro estudio del liderazgo, el peligro más cercano es el orgullo, la importancia de uno mismo. En el primer estudio en Mateo 11:20-30, Jesús invita a”los trabajados y los cargados” a venir con el fin de llevar el yugo y aprender de él – la humildad. En el segundo estudio, Pablo en Filipenses 2:1-12 muestra la humildad como la garantía de la unidad entre los hermanos.

Juan apunta a la misma verdad por narrar la última cena que tuvo Jesús con sus discípulos.  Después habría la enseñanza por venir en Juan 13:31- Juan 17:26; esta enseñanza sería la herencia rica de Jesús para los suyos, la enseñanza incomparable del nuevo mandamiento (13:1-38), los discursos de Aposento Alto sobre su salida, la venida del Espíritu Santo y por fin su Oración Pontifical por ellos y hasta por nosotros (17:1-26). Pero tan interesante era que no empezara con el discurso teológico sino con un acto genuino de bajeza y amor. Mas vale el ejemplo que el discurso, la praxis (práctica) que la teoría.

El contexto de Juan 12 informa la verdad de la humildad, signo del liderazgo

Un principio valioso de la interpretación es que hay el contexto inmediato y el remoto. Los dos se deben tomar en cuenta para apreciar a fondo el texto por estudiar. En Juan 12 tenemos la unción de María para su entierro (Juan 12:1-8), la entrada triunfal (12-19), la llegada de los griegos, ocasión para una enseñanza profunda sobre su muerte. Juan 12 nos coloca bajo la misma sombra de la Cruz. Todo lo del capítulo 12 gira alrededor de esta enseñanza. El “grano de trigo” – Jesús mismo –tendría que caer en tierra, morir y llevar mucho fruto. El mucho fruto futuro se vería en la llegada de los griegos y nos incluye a nosotros mismos. Pero más práctico, si Jesús fuera el “grano de trigo,” los discípulos tendrían que ser “grano de trigo” también y morir a sí mismos y luego hallar una vida fructífera a través de la Cruz.

Es claro que Jesús está ocupadísimo de su muerte. “Ahora está turbada mi alma: ¿qué diré? ¿Padre sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.  Padre, glorifica tu nombre” (12: 27, 28). Luego Jesús agrega estas palabras tan cruciales: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y  yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (31,32). Juan agrega;“Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir” (33).

El Maestro en acción enseña por medio de lavar los pies a los suyos  Juan 13:1-5

A primera vista Juan 13 puede parecer bastante diferente de Juan 12. Pero realmente la sombra de la muerte inminente se hace más pesada. Pero “el grano de trigo” está a punto de ilustrar la enseñanza de que primero la muerte y luego el fruto, primero el negarse a sí mismo y luego el agradar a Dios haciendo su voluntad a costo de la de ellos. Se aproxima  la pascua, llena del significado de Éxodo 12:1-14.  La pascua introdujo la liberación de Israel de Egipto y ahora Jesús se prepara a ser “el grano de trigo,” cuya muerte sería expiatoria y sustitucionaria.

Juan puntualiza el profundo significado de este momento en la mente de Cristo. Cristo sabía la importancia trascendental de este momento. No había nada de la casualidad ni de la coincidencia en lo que sigue. Mejor que Juan lo dijera bajo la inspiración del Espíritu Santo. “Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1).

Cuando Juan habla de la hora se refiere directamente a su muerte desde la eternidad pasada. En la boda de Caná de Galilea, Jesús reprendió a María: “Qué tienes conmigo mujer? Aún no ha venido la hora(2:4). Luego a sus propios hermanos que le aconsejaron que fuera a Jerusalem, les dijo: “Mi tiempo [hora] aún no ha llegado” (7:6). Pero en Juan 12:23 al oír de la llegada de los griegos dijo: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.” Anuncia la hora no tanto de su muerte sino la de la glorificación o su resurrección. A pleno conocimiento Jesús usa de este momento para dejarles a sus discípulos infieles la última gran lección objetiva, es decir, visible y palpable. Tomó una toalla y se hizo siervo.

Juan, el Apóstol del Amor estaba presente en dicho momento y recuerda a la hora de escribir su evangelio que Jesús fue motivado por el amor eterno que no tomó en cuenta la debilidad de sus discípulos. Reconoció en el corazón de Cristo la buena voluntad de poner su vida en muerte, ser “el grano de trigo.” Cristo no pide a sus discípulos lo que no estaba más dispuesto que nada hacer por ellos.  Sabiéndolo todo, no tomó en cuenta la traición de Judas Iscariote, ni la negación de Pedro, no los celos entre ellos de cuál sería el mayor, ni el abandono de él  por todos ellos menos las mujeres.  Éste es el amor incondicional.

La Lucha cósmica se libró en tal cena  Juan 13:2, 21-30

“Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón  de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó” (13:2-4).  Es interesante ver la yuxtaposición de estas frases. Ésta fue la primera batalla que se libraría en esos días antes de la cruz. Satanás había sido activa en la vida del “hijo de perdición” (17:12)  Cristo sabía que las huestes malignas se desatarían contra él.  Pero para nada esto cambiaría que el maestro por excelencia no tomara el papel de siervo.  Los discípulos no lo entenderían, pero le valía la pena darles la última lección del “grano de trigo.” Es de notar que en medio del discurso que sigue (13:18), Jesús hiciera alusión a Judas Iscariote citando Salmo 41:9: “Mas para que se cumpla la Escritura: el que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.” Esto sería evidencia concreta de que Jesús sabía quien lo iba a traicionar. Torna una traición por Judas en la confirmación de su misión divina frente a los suyos.

Terminada la cena y la aplicación a los suyos (13:12-20), Cristo vuelve a tocar esta lucha demoníaca. “Habiendo dicho esto, Jesús  se conmovió en espíritu, y declaró: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va en entregar” (13:21). Consternados los discípulos por tal denuncia, se miraban el uno al otro. Juan, quien recostaba a lado de Jesús, movido por la iniciativa de Pedro, le hizo señas a Juan, que le preguntó: “Quién es?” Jesús identificó a Judas con una señal de intimidad – “a quien yo diere el pan mojado, aquél es.” Lo recibió Judas y luego las palabras más temidas que todas: “Satanás entró en él.” De manera callada Jesús le dijo: “Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.” Los demás no entendieron para nada la razón por esta interacción, pero Juan dice las palabras más escalofrías: “Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche (13:30).

En medio del supremo acto de humildad – lavar los pies de los discípulos [inclusive los de Judas Iscariote], vemos al líder por excelencia en total control de la situación. Con una calma que le correspondía, hacía frente a los malentendidos de los suyos y aun a la oposición del diablo mismo. Jesús estaba en control de todo. En el poder de la cruz, “el grano de trigo,” iba a conquistar lo peor que el diablo pudiera hacer.  Sólo por apreciar el contexto remoto (Juan 12) y cercano (Juan 13) y lo que se desenvuelve luego con Judas (Juan 13: 2, 21-30), podemos comprender un poco el significado de este acto final de amor ante los suyos. Otra vez no les predicó un sermón, sino que les mostró el amor infinito, su sumisión total a la voluntad de su Padre.

El Sermón de la última cena –el acto de bajeza, el líder sirve a los infieles.  Juan 13: 5-20

Podemos ahora volver a apreciar el sermón en acción, la humildad en acción. Ya que Jesús se identifica en este escenario como líder por encima del Satanás, la traición de Judas, y la torpeza de los suyos, ¿cuáles son las lecciones que nos corresponden? Primero, el grano de trigo pone su vida en rescate de los suyos. Les advirtió en Juan 12: 23-26 y les dio una ilustración muy concreta de no amar a su vida, no guardar sus derechos legítimos, sino que aborreció su vida para ganar a los griegos que llegaban. Como Cristo abandonó su gloria en el pasado eterno, no le costó nada tomar la toalla y servirles de puro amor “hasta el fin” (13:1). Esto es el liderazgo bíblico en acción.

En la cultura nuestra no nos acostumbramos a lavar los pies a los amigos.  Pero era un deber exigida del huésped (Véase Lucas 7:44-47).  Sin embargo, este deber sólo correspondía al siervo, al esclavo.  Hoy día en el Medio Este tocar o tirar la zapata es un signo de alta descortesía y hasta una maldición.  No le correspondía nunca bajo ninguna circunstancia que el maestro lavara los pies a los discípulos.  Al hacer esto Jesús, realmente no le fue gran cosa que tomase la toalla porque ya se había bajado de la gloria de su Padre celestial a hacerse siervo en la tierra (Fil. 2:5-8). Era un acto de puro amor, una pequeña extensión de su encarnación de haber sido “el grano de trigo”que muere y lleva fruto.

Todo esto no le pareció ni posible a Pedro, víctima de su cultura. Se oye su exasperación y hasta su indignación en su pregunta retórica: “Señor, ¿tú me lavas los pies?” (13:6).  Se sobreentiende  la fuerza de su espanto: no, nunca, de ninguna manera, no te conviene. (Compárese algo semejante de Pedro en Mateo 16:22 ante la cruz). La carne no entiende el rol de la humildad en el líder. La cultura nos domina también con tal terquedad.  Pero ser líder en lo espiritual requiere bajarse, hacerse “grano de trigo.” Éste es el mensaje de la cruz, no común hoy día en el liderazgo actual.

La respuesta de Jesús revela lo indispensable de la humillación verdadera: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.” Pedro da una vuelta de 180 grados y Jesús subraya la absoluta necesidad de la humildad: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (13:7-10).  La humildad en el creyente ( líder) no es una opción por escoger o rechazar; es una marca característica.  A la vez vemos en la respuesta de Jesús no la condenación de Pedro sino la comprensión de que la carne [en los mejores de nosotros] no vale. Pero con la venida del Espíritu Santo, Pedro entendería el concepto de la humildad. {El próximo estudio en el Liderazgo bíblico tratará precisamente de este cumplimiento 1 Pedro 5:1-11.}  ¡Cuán misericordioso es Jesús al tratar con Pedro quien dentro de muy poco lo desconocería!  Pedro tan voluble como siempre responde: “Señor  no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza” (13:9).

Ahora Después de la demostración viene el discurso y la aplicación  Juan 13:12-20

Después de poner el ejemplo escandaloso para la carne, Cristo hace la aplicación sin regaño. ¡Qué lección oportuna para el siervo de Dios que tantas veces se irrita por la carnalidad de otros, pero es ciego ante la suya! La enseñanza de Jesús no necesita comentario alguno: “¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.  Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros . . . De cierto, de cierto os digo: el siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.  Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hicieres.”

En la aplicación a los suyos hace resaltar la diferencia en lo dicho y practicado, discrepancia tan frecuente en nuestras vidas como los siervos de Dios. Pone en alto lo muy evidente: el menor debe seguir el mayor. Fácil es decir: “Señor y Maestro,” pero lejos está vivirlo en la vida diaria. Termina su discurso por identificarse en esta humillación con la voluntad de su Padre.  En tal identificación resulta la entrada en tal íntimo conocimiento mutuo. “De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí (en el contexto de la humildad de servir) recibe al que me envió” (13:20). Nos unimos a Jesús y a su Padre según nuestra acepción del Mensaje de la Cruz, el principio del “grano de trigo” y cae y muere y lleva mucho fruto. No cabe lugar para el orgullo personal en servir a Dios y a los suyos.

No puede haber duda que en esta situación Cristo era el Señor y el Maestro. Pero no perjudica en nada bajarse a servirlos de la manera más humilde.  Al contrario ejerce su autoridad y les garantiza que de esta manera el discípulo entre en una unión vital y práctica consigo mismo y también con su Padre.  El  líder bíblico dirige verdaderamente por poner el ejemplo de la humildad como Cristo lo hizo en su noche final con los suyos.

Las Lecciones por tomar más a pecho por el líder bíblico

1.       El mensaje de la cruz Juan 12 forma la base de la verdadera humildad. Juan 13

2.       El líder vence a  Satanás pero sólo por los medios espirituales 2 Cor.10:3-5

3.       El mensaje de la cruz corre en contra de la cultura humana, pero resulta en ser signo del Reino de Dios “El hacha está puesta a la raíz de los árboles” Mateo 3:10-12

4.       Lavar los pies de los suyos era un acto pequeño en todo el estilo de vida de Cristo visto en la encarnación y por fin en la cruz Fil. 2; 1-11

5.       Pedro no entendió el por qué de este acto de humillación, pero luego la aprendería después de la cruz y su propio quebrantamiento 1 Ped. 5:1-11

6.       Nos toca seguir el “grano de trigo” en poner nuestra vidas a la orden de los suyos 1 Juan 3:16

7.       El atributo supremo del líder es perder su vida y hallarla en servir a Dios y a los suyos. Esto es dirigir en el espíritu del Crucificado “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” Mateo 11.28-30.

Dr. G. Ernesto Johnson

Instituto Bíblico Río Grande

8