Respuestas de diversos pastores y líderes:

Edwin Gonzales

Pastor Edwin Gonzales

Edwin González se recibió de Ingeniero Civil en 1986 y estudió teología en el Colegio Pastoral de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en República Dominicana.  Reside en Miami FL junto a su esposa y tres hijos, donde labora como pastor en la iglesia Cornerstone Bible Church www.cornerstonebiblechurch.com desde Enero del 1999

La perspectiva debe ser la misma de la Biblia en Mt 5:21, Mt 19:1-12 y I Cor 7:10-15 (Jesús resume el principio moral de los textos del AT en Mateo y Pablo amplía la perspectiva del Señor en su "digo yo no el Señor" en I Cor 7)

La posición clásica reformada es que la Biblia enseña:
1. Que Dios aborrece el divorcio Mal 2:16
2. Que el matrimonio es una ordenanza divina de la creación y su vínculo es insoluble excepto por la muerte Rom 7:2-3, I Co 7:39
3. Que ningún hombre tiene autoridad para desatar lo que Dios une en el matrimonio Mt 19:6
4. Por causa del pecado y de la dureza del corazón, Dios ha permitido dos cláusulas de excepción que disuelven el vínculo matrimonial (Dios lo disuelve, no el hombre), para proteger a la parte inocente
a) Pecados de inmoralidad sexual de un cónyuge μη εϖπι. πορνεια "excepto por causa de PORNEIA" (cualquier actividad o inmundicia sexual fuera del matrimonio heterosexual y monógamo). En ese caso la parte ofendida queda exceptuada de cometer adulterio si se casa de nuevo, pues Dios autoriza la disolución del vínculo matrimonial
b) Por abandono del deber conyugal de un cónyuge incrédulo por causa de la fe del Cristiano I Co 7:15 "si el incrédulo se divorcia" (χωριζεται) no está el hermano (o la hermana) sujeto a esclavitud en semejante caso
c) Hay casos que podrían ameritar separación, pero no nuevo matrimonio; en estos casos la persona debe "quedarse sin casar" o "reconciliarse con el cónyuge" I Co 7:11 (ej: abuso físico, peligro de muerte, etc.)

La iglesia debe tratar a los divorciados como trata a cualquier otro pecador, con la gracia perdonadora, restauradora y redentora del Evangelio de Cristo

 

Daniel Hurtado

1. ¿Qué perspectiva debemos de tener respecto al divorcio entre creyentes?
2. ¿Cuál debe ser la actitud de la iglesia en relación a las personas divorciadas?

Tenemos que responder a dos preguntas. Una de carácter conceptual, teórico y posicional; la otra de carácter pragmático, eclesial y conductual.
Vayamos por parte:
En más de 24 años como misionero plantador de iglesias y pastor, siempre nuestro mensaje fue que el Señor hacía nuevas todas las cosas (2 Co. 5:17). Bajo esa premisa hemos visto con gozo como el Señor restauraba las vidas y rearmaba los matrimonios luego del nuevo nacimiento. Nos asombra hoy que este mensaje de que: "Cristo hace nuevas todas las cosas", no pueda plasmarse en la vida de tantos cristianos, líderes y pastores. ¿Será que debemos cambiar el mensaje?, seguro que no. El problema no está en Dios y su Palabra, sino en los cristianos que hemos aguamos el cristianismo.
Siempre que viene a mi mente la palabra "divorcio", recuerdo la contundente expresión bíblica: "16 Yo aborrezco el divorcio—dice el Señor, Dios de Israel…"[1](Mal. 2:16) y la máxima del Señor: "6 Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". [2] (Mt.19:6).
El matrimonio es mucho más que acto legal y una ceremonia religiosa, es un "Pacto" delante de Dios, tal como lo dice Proverbios 2:17: "…se olvida del pacto de su Dios". Por esto, desde la iglesia y la pastoral se debe hacer todo lo posible para evitar el divorcio, siempre y cuando no sea un caso de "adulterio" y la situación sea irreversible (Mt. 19:9). (Este tema merece una autocrítica muy sincera de la iglesia latinoamericana).
La siguiente respuesta apunta a cómo proceder ante un hecho consumado, que hasta a veces tiene el agravante de que los divorciados asisten a la misma iglesia. Esto si que es un cuadro muy complejo y solo en la gracia de Dios se puede llegar a acomodar.
¡La realidad es esta!, ya no hay que esperar que suceda, sino que hoy es parte del escenario evangélico. El posmodernismo ha hecho creer a muchos que el matrimonio también en un relativo más en el universo de las cosas descartables que hoy fácilmente se cambian.
En respuesta a esta realidad necesitamos:
1. Una pastoral bien preparada mental, experiencial y bíblicamente (2 Ti. 2:15).
2. Educar a la iglesia sobre su ministerio de restauración, siendo una comunidad terapéutica tendiente a fortalecer y a sanar (Ef. 4:1-3; 1 Jn. 3:14-18).
3. Crear espacios de integración, para que estas personas se sientan incluidas, aceptadas y perdonadas (Mt. 7:9; Jn. 13:34).
4. Trabajar en el área del carácter, previniendo nuevos fracasos (Ga. 4:19; Col. 1:28).
5. Haciendo tarea preventiva en los hijos, afianzando los valores cristianos (Pr. 22:6; 2 Ti 3:15).
6. Ser expresión cabal de la gracia divina, actuando como médicos y no como jueces (Jn. 1:16, 8:7; 2 Pe. 3:18).

 

Elías Rodriguez

Robert F. Stahmann y William J. Hiebert en su libro Premarital & Remarital Counseling, reportan datos tomados del censo de los Estados Unidos, los cuales revelan que de cada cien matrimonios, cincuenta y cuatro son primer matrimonio para los esposos, y cuarenta y seis son matrimonios en los cuales al menos uno de la pareja se ha casado previamente. Ellos continúan diciendo que de los cuarenta y seis recasamientos, once son el primer matrimonio para las novias y recasamientos para los novios. Otros once son recasamientos para las novias y primer matrimonio para los novios. Los veinticuatro restantes son recasamientos tanto para los novios como para las novias. Estas cifras muestran la triste realidad que afecta al matrimonio, dentro y fuera de la iglesia.
La semana pasada conocí a una pastora que me dijo que su ministerio está dedicado a la familia, enfocada en las parejas. Al hablarme sobre el divorcio, me expresó que cuando dos creyentes se divorcian es básicamente porque ya han negado la fe. A pesar de que esta declaración suena radical, y es la apreciación personal de dicha hermana, creo que es digna de consideración.
Cuando los fariseos tentaron a Cristo con la pregunta de si era lícito que el hombre repudiara a su mujer por cualquier causa [itálicas para énfasis], (Mateo 19:3-12), Jesús comenzó su respuesta llevándolos al "principio." Les recordó que Dios creó un hombre y una mujer, y les relató las palabras del pacto realizado por Dios entre ellos por las cuales se convirtieron en marido y mujer, con la sentencia de que "lo que Dios juntó, no lo separe el hombre." Esta respuesta no convenció a los fariseos quienes a seguidas le hicieron otra pregunta a Jesús: "¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?" La respuesta de Jesús fue: "Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres, mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera."
Estas palabras de Jesús nos muestran que el matrimonio sigue siendo una institución monógama, entre un hombre y una mujer, y que además, es un pacto, que no puede disolver el hombre, ya que es hasta que la muerte los separe. Creo que el problema con muchas personas hoy es que cuando se casan no asumen que están entrando en un pacto sino en un contrato, el cual pueden disolver cuando ya las condiciones no son favorables para uno de los socios. Me llama la atención, que para responder las dos preguntas que le hicieron los fariseos a Jesús, él se remontó al principio de la creación cuando Dios instituyó el matrimonio. Jesús sacó a luz que la razón por la cual Moisés (no Dios) dio carta de repudio fue por la dureza del corazón de ellos, no por una razón valedera, señalando el pecado de adulterio para aquellos que se volvían a casar. "Por cualquier causa" se volvió el slogan de los hombres para despedir alegremente a sus esposas cuando no estaban conformes con ellas usando cualquier excusa de las que se pudieran asir. Jesús fue específico mencionando que a menos que no fuera "por causa de fornicación" el hombre no debía despedir a su mujer.

En Romanos 7, Pablo para referirse al poder de la ley sobre el cuerpo usa la analogía del matrimonio, declarando que mientras el marido vive, la mujer casada está sujeta por la ley al marido; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido, y entonces está libre para unirse a otro marido, sin ser adúltera (Rom. 7:1-3). En 1 Cor. 7: 10-11, el apóstol aconseja "a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer." Estos pasajes de la Escritura nos enfatizan que el matrimonio es, en primer lugar, hasta que la muerte separe a los cónyuges, o que si por alguna razón deciden separarse que se queden sin casar. El apóstol recomienda la reconciliación y el no abandono entre esposos. Creo que cuando hay temor de Dios en los esposos, cuando el marido ama a la esposa y la esposa respeta a su marido, los problemas maritales se pueden resolver sin llegar al divorcio (Efesios 5:21-33).
El apóstol Pablo ve la relación matrimonial como un ejemplo de lo que es la relación entre Cristo y la iglesia. Si los cristianos viéramos nuestros matrimonios desde ese punto de vista, creo que la tasa de divorcio en nuestras filas se reducirían drásticamente. Muchas parejas ven el divorcio como una puerta de escape, sólo para luego descubrir que esa no era la solución a sus problemas. La consejería premarital es importante para preparar a los futuros esposos en su vida conyugal.
Con relación a las parejas divorciadas que viene a nuestras iglesias, creo que debemos aceptarlos con amor y ayudarlos a evitar errores del pasado. La iglesia es la casa de gracia y perdón donde podemos encontrar el amor del Padre (Lucas 15:11-32).

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