Ayuda Pastoral

Una amplia reserva de contenido del corazón de maestros bíblicos

Casi todas las personas siempre queremos un poquito más de dinero. Puede que una persona tenga todo lo suficiente para vivir bien, realizar sus actividades y hasta disfrutar de esta vida que Dios le ha dado, pero invariablemente “si pudiera tener un poquitito más estaría más contento”.

Me pregunto si ese afán de tener más es provocado por el mundo a nuestro alrededor. Por los anuncios espectaculares, los comerciales en la radio o la televisión, las revistas o la ideología del cine que nos dice que mientras más tenemos más valemos, que seremos más populares si usamos ropa de alguna marca en particular o mejor aceptados si sabemos usar los últimos inventos tecnológicos.

Hace algunos años escuche a un hombre decir que su sueño era tener un perro Golden Retriever al que llevaría a correr a la playa con un paliacate rojo al cuello, mientras él, su amo, corría al lado sin playera exhibiendo su marcado pectoral atlético. ¿Le pregunté que de dónde había sacado semejante idea? “no sé” me dijo, “¡pero se vería bien!”.

¿Cuántas cosas hacemos por cómo “se vería”, para que la gente se sorprenda de nosotros o sencillamente para que vean lo exitosos que somos?

A veces me pregunto si nosotros viviéramos en la selva o en una montaña alejada de la “civilización”, si querríamos las mismas cosas que anhelamos ahora. ¿De qué me servirían entonces los lentes de sol de marca exótica? ¿la bolsa de diseñador? ¿Los zapatos de piel que cuestan casi toda la quincena?

Creo que tenemos nuestras prioridades volteadas y hemos caído en el juego del mundo. ¡Pero nosotros hemos sido puestos aquí para mostrar a este mundo las verdaderas riquezas! Por eso dice Pablo “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”.

¡Busquemos el tesoro del cielo!

Publicado en La Paz de Cristo  el 19 de Abril, 2016  por Jorge A. Salazar

En el ambiente moral en el que nos encontramos, es muy fácil para los cristianos sentirse bien porque no están tan mal. Recordemos que el estándar de la justicia y de la santidad no son los demás, sino el carácter de Jesús y de su santa Palabra.

La insensibilización ha surtido su efecto cuando no vemos pornografía triple X, pero sí del tipo de pornografía “suave” que aparece en las películas clasificadas R. Si justificas con tranquilidad el ser testigo de tales imágenes bajo el argumento de que “esa es la realidad que se vive en el mundo”, significa que el agua ya comenzó a hervir y ni siquiera te habías dado cuenta.

¡Qué diferente es la reacción de Lot! Este hombre vio esas cosas en otra pantalla a su alrededor. Como si hubiera podido entrar en su corazón, el apóstol Pedro nos describe lo que Lot sentía al ser testigo de las obras abominables a su alrededor. Se sentía “abrumado por la conducta sensual de hombres libertinos” (2 Pedro 2:7), y “sentía su alma justaatormentada por sus hechos inicuos” (v. 8).

¿Has sentido tú algo de eso en estos días de tanta corrupción? Pero Pedro nos dice que eso no es lo único que perturba al cristiano. Conocer el destino de los injustos no es una carga menos pesada en el alma del creyente. El apóstol nos dice que están reservados bajo castigo para el día del juicio (v. 9).

Lo que es abominación para Dios debe también ser abominación para nosotros. Con razón Pablo exhortó a los efesios “que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos; ni obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas” (Ef. 5:3-4). Esas cosas no se corresponden con la obra de gracia que Dios ha llevado a cabo en su pueblo al darles una vida nueva en Cristo y al santificarles cada día para hacerles más semejantes a Él. Sencillamente hay cosas que no son apropiadas. Debería entristecernos sobremanera ver el lenguaje de los impíos en los labios de los que profesan ser hijos de Dios. A veces utilizan un lenguaje corrompido como para congraciarse con los que están a su alrededor, en lugar de buscar hacer la diferencia.

Cuidémonos de la insensibilización, porque siempre será bienaventurado “el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores” (Sal. 1:1).

Hagar no es conocida como “una mujer de oración”. Tampoco dice la Biblia que Ismael desde niño tenía una envidiable “intimidad con Dios”. Sin embargo, Dios los escuchó a ambos, ¡Y de qué manera! Lo importante de sus vidas en el momento cuando Dios los oye no es la técnica empleada para torcerle el brazo a Dios y obtener su favor, sino lo que Dios hace con Hagar por gracia cuando ella y su hijo se han quedado sin alternativas.

Cuando Hagar es expulsada de la casa de Abraham por una segunda y última vez1, sale con su hijo, con pan y agua. Agotados el pan y el agua en el desierto,2 Hagar se aleja de su hijo para no verlo morir. Se sienta a llorar3 desconsoladamente; primero morirá su hijo y luego ella (Génesis 21:8-21).

Pero la historia no terminó así. Dios escuchó el llanto, la única oración que este niño y su madre podían hacer. No conocen de manuales de oración, ni de pasos, ni de fórmulas, ni secretos; lloran y Dios los oye. Para Ismael y Hagar hacer otra cosa en estos momentos hubiera sido un acto de falsedad y fingimiento; en ese momento sus fuerzas son tan pocas que no les alcanzan para fingir espiritualidad. La única oración que les sale del alma es el llanto.

Muchos de los libros populares sobre la oración intentan contestar la pregunta ¿Qué debemos hacer para que Dios nos escuche? La oración se trata como al dinero y las plantas: ideas para que crezcan y den mucho fruto. Por eso se convierte la oración en técnicas y términos, en pasos y plazos. El colmo del comerciante espiritual sería desarrollar para las iglesias una nueva técnica a partir de la historia de Ismael y Hagar, la del llanto, pues Dios no oye al que ora sino al que llora. Kimberly-Clark se pondría feliz pues serían los primeros en responder a la inusitada demanda de Kleenex en estas Iglesias.

Las lágrimas nunca vienen solas; siempre están acompañadas del “humor espeso y pegajoso… que fluye por las ventanas de la nariz”;4 es decir, los mocos. Este dato podría ser considerado por algunos como bajeza humorística innecesaria y hasta vulgar. Pero no lo es.

La notamos porque para muchos el cristianismo, además de haberse reducido a secretos y técnicas, y en parte por eso mismo, se ha convertido en una extraña paradoja: antropocéntrico y deshumanizado. Antropocéntrico, porque la fe pareciera girar alrededor del ser humano: todo depende de lo que yo haga para que Dios actúe; y deshumanizado porque en el desarrollo de las técnicas nos olvidamos que somos humanos y que en muchos momentos de la vida, por muy creyente que uno sea, es perfectamente normal no saber qué hacer. Llorar para Hagar es no saber qué hacer, qué pensar ni qué decir. Llegar a ese punto es ser humanos. No necesitamos pretender ser otra cosa delante de Dios.

Imagínese a Hagar dando “el testimonio” en nuestra iglesia el siguiente fin de semana. Quizá le preguntaríamos “Cuéntanos Hagarcita, ¿Qué hiciste para que Dios te escuchara, te salvara y te diera todas esas promesas? ¿Cuál es el secreto?” Con seguridad contestaría desconcertada, “¿Hacer yo? Dios lo hizo todo; nosotros apenas si podíamos llorar. Eso fue todo.”

Aunque mucho de la oración es un misterio, dos cosas son seguras según la Biblia: (1) la forma de la oración depende de la situación del orante (esto se aplica tanto para la oración espontánea como para las oraciones hechas); y (2) la respuesta depende de la voluntad de Dios. En otras palabras, no existe en la Biblia una forma de orar que garantice la respuesta de Dios. En conclusión, así como es importante y bonita la intimidad con Dios y las oraciones elaboradas, también el llanto cuenta como oración que Dios escucha. Dios no solamente nos da permiso para llorar, sino que como buen padre toma nuestro llanto como una oración digna de ser escuchada y respondida. ©2011Milton Acosta

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1Génesis 16 relata un episodio parecido, pero muy distinto. Véase Cotter, Genesis, 175-6.

2Para un paralelo entre la experiencia de Hagar y la de Moisés en el desierto, véase García López, El Pentateuco: introducción a la lectura de los cinco primeros libros de la Biblia, 105.

3El texto hebreo dice literalmente: “y levantó la voz, y lloró”, lo cual es la expresión típica para llorar audiblemente (también en Gen 27:38; 29:11; Rut 1:9, 14). Es decir, no dice que Hagar “clama a Dios” (calls upon God) como afirma un comentarista. Véase Cotter,Genesis, 175. De hecho, el relato afirma (v. 17) que “Dios oyó la voz del niño”. Voz en este caso se debe traducir como “llanto” por razones lexicales, proximidad lingüística (v. 16) y por la trama del relato.

4http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=moco

Quizás en toda la historia de la iglesia no ha habido un predicador más poderoso y persuasivo que el apóstol Pablo; sin embargo, unas de las peticiones que comúnmente hacía a las iglesias era que oraran por él (Rom. 15:30; Ef. 6:19-20; Col. 4:2-4; 2Ts. 3:1-2).
Estudiando la carta a los Colosenses, vimos recientemente cómo Pablo pedía a los miembros de esta iglesia que oraran por él, no sólo para que Dios le abriera una puerta para predicar Su Palabra, sino también para que pudiera hacerlo en una forma apropiada:
“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar” (Col. 4:2-4).
En otras palabras: “Oren para que yo encuentre las palabras más precisas y claras, las ilustraciones más apropiadas, los argumentos más convincentes, de tal manera que todos los que me escuchen puedan entender el mensaje. Oren para que Dios me libre del temor a los hombres, y yo pueda predicar con toda confianza y libertad, movido únicamente por el deseo de que los pecadores sean salvados”.
Eso es lo que todo predicador necesita: que las iglesias supliquen a Dios por ellos, no sólo para que Dios les abra puertas para predicar el evangelio de Cristo, sino también para que puedan aprovechar esas oportunidades predicando la Palabra con claridad y poder, para la salvación de los pecadores y la edificación de los creyentes.
Predicar con claridad no es una tarea fácil. O para ser más preciso: eso es algo que no puede hacerse sin la ayuda de la gracia de Dios. Es por eso que si queremos ver a Dios obrando en medio nuestro es imprescindible que peleemos nuestras batallas de rodillas.
Oremos, entonces, con un sentido de urgencia por aquellos que ministran la Palabra de Dios; porque si hay algo que este mundo y las iglesias necesitan, son hombres fieles que proclamen el evangelio de Cristo con claridad y poder del Espíritu Santo, respaldados por un ejército de hombres y mujeres que oran incesantemente por ellos.

 

celebraajesusLa Navidad no es lo que solía ser cuando se celebraba a Jesús solamente. El cambio ha sido lento pero seguro. Comenzó con la adopción del legendario San Nicolás cuya benevolencia se ha convertido en una cornucopia materialista que año con año le roba cámara a las bendiciones espirituales de Jesús.

La cosa se ha empeorado en las últimas Navidades. Continúa subiendo el volumen del materialismo mientras que la algarabía cristiana se atenúa más. Este mismo año, por ejemplo, la cafetería Starbucks ha desnudado el rojo navideño de toda decoración tradicional en sus tazas dejando un rojo incógnito que cada uno puede interpretar a su antojo.

Esta es una realidad que entristece, más no debe de alarmarnos. El mundo jamás celebrará a quien prefieren crucificado. La Navidad es un negocio redondo para el mundo maquillado de un evangelio de tolerancia. Mientras se llenan sus cofres a manos llenas, se promueve a un Cristo que en vez de venir a salvar a pecadores viene para invitar a todos indistintamente a su festejo.

En Logos tenemos una mejor manera de celebrar la Navidad. No solo regresando a la celebración tradicional, sino dando un paso más allá para tener un festejo tan correcto como completo. La celebración comienza con el niño Jesús en Belén aunque no termina ahí. Pues si bien su humanidad pudo contenerse en una cuna de paja, la gloria de su persona ni aun los cielos la puede contener. Por esto en las Escrituras Cristo porta múltiples títulos que describen diferentes aspectos de la riqueza de su gloria.

Para ayudarnos a comprender esto, hemos separado doce días para celebrar a Jesús según doce títulos distintos. Te invitamos a partir del 9 de Diciembre a que nos visites y escuches una breve exposición de cada título por parte de reconocidos líderes cristianos quienes expondrán en nuestra página navideña los distintos atributos de Jesús como:

  • Hijo de Dios
  • Creador
  • Gran Profeta
  • Verbo
  • Mediador
  • Sacerdote
  • Hermano Mayor
  • Emanuel
  • Consejero
  • Novio
  • Juez
  • Rey Eterno

Asimismo te invitamos a aprovechar de las diferentes ofertas que te ayudarán a saber más de Jesús y poder adorarle en esta época en una forma espléndida.

Después de leer la historia de los pecados de David contra Betsabé y Urías, cualquiera puede ser llevado a pensar que Urías, como la persona que perdió la vida en el proceso, fue el ser más afectado por las acciones de David. Sin embargo, al momento de su confesión expresó: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos…” (Salmo 51.4, RVR60). La realidad es que la persona más afectada por todo fue Dios —el corazón del Señor fue el más herido de todos. Las implicaciones del asunto sobre Urías fueron irreversibles; ¡perdió su vida! Pero lo más horrible de todo fue que pecó contra Dios.
¿Dónde radicaba la esperanza de David? ¿En que Urías le perdonara? No, pues ya no podía traerle a la vida de nuevo. La verdadera esperanza de David estaba en Dios, quien es amplio en perdonar. Él puede limpiar hasta la conciencia de un asesino sin que la persona asesinada diga media palabra. Aun después de todo esto, el Espíritu de Dios guió las cosas para que quedara registrado en la Biblia el hecho de que David era un hombre conforme al corazón de Dios. ¡Cuánta misericordia!

PADRES IDEALES

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Existe una vasta diferenpadres fielescia entre ser progenitor a ser padre. El uno procrea, el segundo cría. La procreación toma un momento, la crianza toda una vida. El primero piensa que la paternidad se tiene, el segundo que se aprende, que no viene por instinto, que se debe de estudiar para poder ser apto.

Al hablar de estos dos modelos ¿Puedes adivinar a quién me estoy refiriendo? Es fácil pensar identificar al hombre sin Cristo como el progenitor ausente de la crianza de sus hijos, mientras que al cristiano como el verdadero padre siempre envuelto en la crianza. Lamentablemente muchas veces esta imagen no es más que un espejismo.

Basta estudiar las Escrituras para encontrar tantos principios de crianza, como pobres modelos de su aplicación…

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Todos queremos la mejor y más rápida manera de hacer las cosas; aquella que nos signifique un menor esfuerzo, menor responsabilidad y que nos de los mejores resultados. La Biblia nos dice cómo.

Lo que me intriga sobremanera es ¿por qué siendo tan sencilla la receta nos negamos a seguirla?

Esta mañana leía una síntesis de esta receta en Job 11:13-19 y lo que nos ofrece. Mira todos los beneficios: un rostro limpio de mancha (honor), fortaleza, valor, olvidar la miseria, claridad en esta vida, confianza, esperanza, dormir seguro y no tener más temor.

Pero ¿que hay que hacer? Léelo por ti mismo:

Si tú dispusieres tu corazón,
Y extendieres a Él tus manos;
Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti,
Y no consintieres que more en tu casa la injusticia,
Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha,
Y serás fuerte, y nada temerás;
Y olvidarás tu miseria,
O te acordarás de ella como de aguas que pasaron.
La vida te será más clara que el mediodía;
Aunque oscureciere, será como la mañana.
Tendrás confianza, porque hay esperanza;
Mirarás alrededor, y dormirás seguro.
Te acostarás, y no habrá quien te espante;
Y muchos suplicarán tu favor.

Pero los primeros cuatro versículos nos cuestan tanto trabajo ¿verdad? Solo tenemos que disponer nuestro corazón, venir delante de Dios con sinceridad y reconocer nuestro pecado y pedir su perdón en arrepentimiento. 1 de Juan dice que Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. No dejes pasar otro día, ven ante Dios y entrégale tu vida.

Dios te bendiga,

Publicado en La Paz de Cristo el 4 de Abril de 2015 por Jorge A. Salazar

Cuando el pueblo de Israel andaba por el desierto hicieron una carpa, un tabernáculo, donde la presencia de Dios se encontraba con Moisés como nos lo explica el capítulo 33 del Éxodo. 

En el versículo 11 nos dice lo que sucedía cuando Moisés entraba en el tabernáculo: “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.”.

Muchos de nosotros no podemos imaginar lo que experimentó Moisés y nos impresiona, pero quiero llamar tu atención a otra persona; el joven Josué.

Dice que el siervo de Moisés, Josué, quien más tarde en la historia toma su lugar como líder del pueblo de Israel y es quien los guía a tomar la tierra prometida, ¡este jovencito nunca se apartaba de en medio del tabernáculo! 

Qué ejemplo de devoción y amor por la presencia de nuestro Dios. Muchos de nosotros en ocasiones hemos experimentado por un breve instante la presencia de Dios en nuestras vidas. Ya sea en medio de la alabanza y adoración, durante un sermón o en nuestro tiempo devocional, hemos sentido la presencia de nuestro Dios para después seguir adelante con nuestra vida cotidiana. Este joven experimentó estar cerca de la presencia de Dios y no quería apartarse de en medio del tabernáculo.

Me pregunto cómo sería nuestra vida si en realidad nos empeñáramos en vivir en la presencia de Dios en todo momento. ¿Qué decisiones tomé el día de hoy que reflejen mi anhelo por la presencia de Dios? ¿Qué cosas dije o hice que le demuestren a Dios cuánto lo deseo?

David escribió: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos; de todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.

Es mi oración que la Palabra de Dios sea nuestro deleite y conforme Dios obre en nuestras vidas le busquemos de todo corazón.

Dios te bendiga.

Publicado en La Paz de Cristo el 9 de Agosto de 2014 por Jorge A. Salazar

 

“A los hombres no les Carlos-Spurgeongusta predicar siempre lo mismo. Hay atenienses en los púlpitos y en las bancas de las iglesias, que no hacen otra cosa sino escuchar algo nuevo. No se contentan con decir repetidamente, una y otra vez, este simple mensaje: “El que cree en el Señor Jesucristo tiene vida eterna.” Así que toman prestadas ciertas novedades de la literatura y maquillan la Palabra de Dios con palabras enseñadas por la sabiduría humana. Envuelven en misterio la doctrina de la expiación. La reconciliación por medio de la sangre preciosa de Jesús deja de ser la piedra angular de su ministerio. Su propósito principal es adaptar el Evangelio a los deseos enfermizos y a los gustos de los hombres, por encima de cualquier intención de reformar la mente y renovar el corazón de los hombres, para que puedan recibir el Evangelio tal como es. No podemos decir adónde van a parar los que dejan de seguir al Señor con un corazón verdadero e íntegro, descendiendo desde una profundidad a otra mayor, hasta que son recibidos por la negrura de la oscuridad, a menos que la gracia lo impida.
Tomado del sermón La Vieja, Vieja Historia.

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