Ayuda Pastoral

Una amplia reserva de contenido del corazón de maestros bíblicos

Todos queremos la mejor y más rápida manera de hacer las cosas; aquella que nos signifique un menor esfuerzo, menor responsabilidad y que nos de los mejores resultados. La Biblia nos dice cómo.

Lo que me intriga sobremanera es ¿por qué siendo tan sencilla la receta nos negamos a seguirla?

Esta mañana leía una síntesis de esta receta en Job 11:13-19 y lo que nos ofrece. Mira todos los beneficios: un rostro limpio de mancha (honor), fortaleza, valor, olvidar la miseria, claridad en esta vida, confianza, esperanza, dormir seguro y no tener más temor.

Pero ¿que hay que hacer? Léelo por ti mismo:

Si tú dispusieres tu corazón,
Y extendieres a Él tus manos;
Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti,
Y no consintieres que more en tu casa la injusticia,
Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha,
Y serás fuerte, y nada temerás;
Y olvidarás tu miseria,
O te acordarás de ella como de aguas que pasaron.
La vida te será más clara que el mediodía;
Aunque oscureciere, será como la mañana.
Tendrás confianza, porque hay esperanza;
Mirarás alrededor, y dormirás seguro.
Te acostarás, y no habrá quien te espante;
Y muchos suplicarán tu favor.

Pero los primeros cuatro versículos nos cuestan tanto trabajo ¿verdad? Solo tenemos que disponer nuestro corazón, venir delante de Dios con sinceridad y reconocer nuestro pecado y pedir su perdón en arrepentimiento. 1 de Juan dice que Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. No dejes pasar otro día, ven ante Dios y entrégale tu vida.

Dios te bendiga,

Publicado en La Paz de Cristo el 4 de Abril de 2015 por Jorge A. Salazar

Cuando el pueblo de Israel andaba por el desierto hicieron una carpa, un tabernáculo, donde la presencia de Dios se encontraba con Moisés como nos lo explica el capítulo 33 del Éxodo. 

En el versículo 11 nos dice lo que sucedía cuando Moisés entraba en el tabernáculo: “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.”.

Muchos de nosotros no podemos imaginar lo que experimentó Moisés y nos impresiona, pero quiero llamar tu atención a otra persona; el joven Josué.

Dice que el siervo de Moisés, Josué, quien más tarde en la historia toma su lugar como líder del pueblo de Israel y es quien los guía a tomar la tierra prometida, ¡este jovencito nunca se apartaba de en medio del tabernáculo! 

Qué ejemplo de devoción y amor por la presencia de nuestro Dios. Muchos de nosotros en ocasiones hemos experimentado por un breve instante la presencia de Dios en nuestras vidas. Ya sea en medio de la alabanza y adoración, durante un sermón o en nuestro tiempo devocional, hemos sentido la presencia de nuestro Dios para después seguir adelante con nuestra vida cotidiana. Este joven experimentó estar cerca de la presencia de Dios y no quería apartarse de en medio del tabernáculo.

Me pregunto cómo sería nuestra vida si en realidad nos empeñáramos en vivir en la presencia de Dios en todo momento. ¿Qué decisiones tomé el día de hoy que reflejen mi anhelo por la presencia de Dios? ¿Qué cosas dije o hice que le demuestren a Dios cuánto lo deseo?

David escribió: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos; de todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.

Es mi oración que la Palabra de Dios sea nuestro deleite y conforme Dios obre en nuestras vidas le busquemos de todo corazón.

Dios te bendiga.

Publicado en La Paz de Cristo el 9 de Agosto de 2014 por Jorge A. Salazar

 

“A los hombres no les Carlos-Spurgeongusta predicar siempre lo mismo. Hay atenienses en los púlpitos y en las bancas de las iglesias, que no hacen otra cosa sino escuchar algo nuevo. No se contentan con decir repetidamente, una y otra vez, este simple mensaje: “El que cree en el Señor Jesucristo tiene vida eterna.” Así que toman prestadas ciertas novedades de la literatura y maquillan la Palabra de Dios con palabras enseñadas por la sabiduría humana. Envuelven en misterio la doctrina de la expiación. La reconciliación por medio de la sangre preciosa de Jesús deja de ser la piedra angular de su ministerio. Su propósito principal es adaptar el Evangelio a los deseos enfermizos y a los gustos de los hombres, por encima de cualquier intención de reformar la mente y renovar el corazón de los hombres, para que puedan recibir el Evangelio tal como es. No podemos decir adónde van a parar los que dejan de seguir al Señor con un corazón verdadero e íntegro, descendiendo desde una profundidad a otra mayor, hasta que son recibidos por la negrura de la oscuridad, a menos que la gracia lo impida.
Tomado del sermón La Vieja, Vieja Historia.

Ahora están proponiendo la prohibición de las pelas o disciplina corporal a los hijos. ¿A dónde se habrá ido el discernimiento? ¿No se dan cuenta que no se puede meter todo en un mismo macuto? La violencia siempre es condenable. Pero, ¿quién ha dicho que la violencia y una disciplina corporal ejercida en el marco del dominio propio sean lo mismo? ¿Ahora pretenden ser más sabios que Dios? 

Si como están las cosas los hijos están creciendo acostumbrados a la anarquía y al irrespeto, ahora es que la sociedad se irá por un derrotero irreversible. Lo que sucede es que ya nadie se quiere tomar la molestia de instruir y corregir como realmente se necesita, pues implica dejar nuestra comodidad y sacar el tiempo para enseñar, estimular, conversar y, sí, corregir a los muchachos. 

Una prohibición como ésta lo único que logrará será quitar a los padres una de las herramientas principales que poseen para gobernar bien a sus hijos (1 Timoteo 3:4-5). Ahora queremos imitar todo lo incoherente e inmoral de las naciones desarrolladas. ¿No es obvia la degeneración moral en la que se encuentran esas naciones? Con razón dijo el Duque de Windsor: “Lo que más me impresiona de América es la manera en que los padres obedecen a sus hijos”. 

La visión de Dios es muy diferente: “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor”(Colosenses 3:20). Es evidente que en su orgullo y soberbia, los hombres están confiando más en el juicio de sus semejantes que en el juicio de Dios. Cuando eso ocurre, nuestra única esperanza es si decidimos de corazón volvernos a Dios. La autodestrucción de muchas naciones “avanzadas” ya comenzó hace mucho. Nosotros todavía estamos a tiempo para mantener las normas más elementales para la subsistencia de nuestra sociedad. 

¡Abajo la violencia y el abuso! ¡Arriba la autoridad paternal y el amor que se manifiesta en la corrección de los hijos! “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24). “La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” (Proverbios 29:15).

 

 

verdadero-falsoJesucristo ha asignado muchas responsabilidades a su iglesia. Una de ellas es que debe ser guardiana de la sana doctrina,“columna y baluarte de la verdad” (1 Tim. 3:15). Toda la iglesia tiene una contribución que hacer en esto, no sólo los pastores y maestros. Lo que está en juego en gran medida importante.

Nadie pasa a ser de Cristo creyendo y abrazando el error. Un fallo en esto puede ser fatal para el destino de cualquiera. No nos salvamos creyendo cualquier cosa, como si las buenas intenciones bastaran para alcanzar la gloria. Hay un amor por la verdad que es imprescindible para la salvación (2 Tes. 2:10), y Jesús ofreció severas advertencias contra aquellos que habían abrazado una versión ligera y superficial del evangelio.

La edificación de la iglesia no se logra alimentándose del error. Necesitamos instrucción para poder desempeñar nuestra función como miembros del cuerpo de Cristo (Efesios 4:11-12) y el propósito es que todos (no sólo algunos) alcancemos la debida madurez en Cristo (v. 13). Una de las señales de esa madurez es la firmeza doctrinal: “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (v. 14). De manera similar, el autor de la Epístola a los Hebreos advierte a sus lectores sobre el mismo punto: “No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas” (13:9a). El lenguaje utilizado nos da la idea de alguien que es arrastrado por la corriente. Nuestro vigor y estabilidad doctrinales deben ser tales que podamos nadar en contra de la corriente en un mundo donde abundan los desvaríos ideológicos. En los días del apóstol Pablo tenían a aquellos que prohibían el matrimonio y el consumo de ciertos alimentos, prohibiciones que el apóstol catalogó como “doctrinas de demonios” (1 Tim. 3:1-3).

No es de balde que Satanás es calificado como ‘el maligno’. Siempre buscará la manera de hacer el peor daño. Es por esa razón que se disfraza como ángel de luz. “El error raras veces está totalmente equivocado. A menudo es una media verdad enseñada como si fuera toda la verdad” (Maurice Roberts). El creyente está llamado a velar, pues sólo se necesita una gota de veneno para recibir el daño. Sus enseñanzas están contenidas en libros que son éxitos de venta, en páginas y blogs cristianos, en canciones y revistas.

Ante esta realidad, estamos llamados a estar atentos a las diversas maneras en que la falsa doctrina tratará de inmiscuirse entre el pueblo de Dios.

“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:17-18).

¿Te recomendaron un libro o lo viste en una librería? ¿Conoces al autor? ¿De qué se trata? No todos los temas tienen la misma trascendencia. Pregunta, indaga. El tiempo es escaso; los libros abundan. Mejor lee un libro que estés seguro que es bueno y recomendable y no diez de dudosa reputación.
La iglesia debe procurar que la proclamación del evangelio se encuentre libre de error. Es posible que el texto que primero venga a nuestras mentes sobre esto sea Gálatas 1:6-8.

“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”.

Cuando se predica ‘otro’ evangelio, las personas se convierten a otro ‘Cristo’, a otro dios. El pecado es diluido; el arrepentimiento es reinterpretado; el perdón y la justificación son parcialmente necesarios. Lo que tenemos como fruto es la introducción de seudo creyentes en las iglesias, gente que se consideran salvos sin estarlo.

Nuestra misión es contender ardientemente por la fe, por la verdad de Dios y por el evangelio (Judas 1:3-4).

En la actualidad, una de las áreas que recibe la mayor cantidad de ataques del maligno es la relativa a la familia. La revolución moral de la que estamos siendo testigos ha traído al tapete temas de los que da vergüenza tener que hablar. El tema gay está de moda. Los famosos salen del closet. Se está abogando por la eliminación de ciertas palabras del vocabulario. Como ahora hay uniones de personas del mismo sexo y no se quiere ofenderles, se propone que no se usen los términos papá y mamá. Ya hay niños que no saben a qué género pertenecen. ¿Qué les han hecho creer? Que una cosa es el sexo con el que uno nace y otra el género al que uno quiere pertenecer, como si fuera algo de elección personal.

Me gustó mucho un artículo que leí esta semana sobre este tema. El autor decía: considera el caso de un hombre blanco de Finlandia que de repente decide identificarse como de ascendencia africana de la región sur del Sahara. El individuo se somete a procedimientos que oscurecen su piel y que dan forma a su cráneo para parecer africano. ¿Sería realmente esa persona de ascendencia africana? Obviamente no. Su apariencia podría ser muy similar, pero su ascendencia sigue siendo finlandesa.

O imaginen el caso de un hombre de 70 años, dice el autor, que de la nada comienza a identificarse como un joven de 16. ¿Sería intolerancia y prejuicio que le digamos con todo el respeto que realmente no tiene 16 años y que el identificarse a sí mismo de esa manera no cambia en nada su edad. A lo mejor lo hace porque desea hacer cosas que hace un joven de 16, pero eso no le hace un joven de 16. Y si persiste en su afirmación, ¿no sería lo correcto que fuera examinado a ver cuál es el problema?

No importa cuánto nos diga una persona que padece de anorexia que está gorda; si realmente está delgada, está delgada. La creencia de la persona está equivocada. Las cosas no son como dice y punto. A nadie se le ocurre ahora tratarla como si tuviera 300 libras. Pero en lo que concierne al género, nos quieren hacer creer que el asunto es de identificación personal y no algo determinado por el sexo con el que nacemos. La evidencia biológica nos habla de manera inequívoca. SON VIENTOS DE FALSAS CREENCIAS Y DOCTRINAS. Las ideas tienen consecuencias, y el mundo sólo está viendo la punta del iceberg en cuanto al tsunami de consecuencias que la humanidad vivirá por los errores abrazados.

Muy bien lo expresó Chesterton: “Las falacias no dejan de ser falacias porque se pongan de moda”. El mundo entero puede intentar redefinir el matrimonio que Dios inventó, pero Dios dijo lo que dijo y siempre será así. Los hombres vienen y van, pero la Palabra de Dios permanece para siempre.

Qué me cuenta del culto y la ética

Milton Acosta Benítez, PhD

El Salmo 50 dice que Dios no come; que no come de los sacrificios que Israel le ofrece. Y añade, con tono irónico, “Si tuviera hambre, no te lo diría, pues mía es la tierra y todo lo que hay en ella” (v. 12).[1] El salmo dice eso porque la gente piensa que Dios sólo está interesado en los sacrificios que le ofrecen los creyentes. Por eso, Israel y Judá en muchos momentos de su historia llegaron a desobedecer a Dios en todo, menos en los sacrificios (v. 8). Pensaron: “Dios con barriga llena, tendrá el corazón contento. Si culto es lo que quiere, culto le daremos.”

El problema no son los sacrificios en sí, sino creer que eso es todo lo que cuenta en la relación de Dios con su pueblo. El segundo problema es la forma de hablar, tener siempre en la boca versículos bíblicos (v. 16). Pero, al tiempo que ofrecen los sacrificios y citan la Biblia, participan de adulterios, robos, engaños, murmuraciones, infamias y males sin cuenta (vv. 18-20). Por eso Dios les pregunta, “esto haces ¿y me voy a quedar callado? ¿crees que soy como tú?” (v. 21); he aquí el tercer problema.

A la luz de lo anterior, nos parece que una mejor traducción para la palabra todah (תוֹדָה) en los vv. 14 y 23 no es “gratitud” o “alabanza”, sino “confesión”, la cual está dentro del campo semántico del término. De hecho, en la larga historia de la lengua hebrea, el sentido de confesión del término parece ser exclusivamente bíblico.[2] Así pues, el problema no es de alabanza o de gratitud, sino de reconocer que se ha actuado mal. El creyente está más presto y dispuesto a cantar que a confesar. Por eso es más fácil hacer culto, ceremonias y celebraciones que obedecer a Dios en la cotidianidad. Este problema, propio de todos los creyentes, es el que señala el Salmo 50.

En resumidas cuentas, este problema es natural y es teológico; lo que muestra que hay cosas que pueden ser naturales, pero no por eso están bien. A los seres humanos nos es natural hacer el mal, ver las cosas de manera distorsionada y todavía pensar que todo está bien. La tarea de este salmo, y de la palabra de Dios en general, es hacernos ver eso, porque de cuenta nuestra no podríamos.

Si a esto que es torcido, pero natural, le sumamos predicadores que lo refuerzan, pidiéndole a la gente que den y hagan cosas para Dios, pero pasando por ellos, entonces tenemos la unión del hambre con la comida. No tendrá que esforzarse mucho en ganar adeptos el dueño de un micrófono que invita a ofrecer sacrificios a Dios, a hacer más cultos y a cantar. Pero cuesta arriba es la tarea de quien predica que Dios no come de sus sacrificios, que exhorta a la confesión de pecados y que le dice a la gente que deje de ser hipócrita. Así pasa porque detestamos la disciplina (v. 17)

Hablando de otra cosa, la supervivencia del Salmo 50 muestra lo contrario de lo que dicen los revisionistas, pues a pesar de contener la perspectiva de los perdedores, de no ser popular y de tener el menor número de seguidores, sobrevivió. ¡Buen provecho!©2015Milton Acosta

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[1]Las traducciones del texto hebreo son todas del autor. Num 28:2 Dios le dice a Moisés que la ofrenda que el pueblo de Israel le presenta es “mi comida”. Num 28:8 dice que esa ofrenda quemada con fuego es “de aroma grato al Señor.” En las instrucciones para los sacrificios de la pascua dice que “es un alimento que consiste en una ofrenda presentada por fuego, de aroma grato al Señor” (Num 28:24). Suponemos que se tomaron en serio algunas metáforas de la Escritura.

[2]Como lo traduce la Biblia del Peregrino. Véase Luis Alonso Schökel, Diccionario bíblico hebreo-español (Madrid: Trotta, 1994), 793–794. Véase también Judit Targarona Borrás,Diccionario hebreo/español: bíblico, rabínico, medieval, moderno (Barcelona: Riopiedras, 1995), 1350.

El Creyente y su identidad en unión con Cristo

Efesios 4:20-22 y unas reflexiones

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Rio Grande

Nuevas reflexiones personales en resumen

Mis estudios personales de Efesios me han dado una nueva perspectiva más equilibrada de la maravilla de la gracia de Dios en la vida del creyente. Claro que sí siempre ha sido la gracia el fundamento de mi creencia. Pero ya comprendo más de la hondura y la altura de esa gracia. En la doxología trinitaria me llamó mucho la atención: “Nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:3.4). No puede quedar lugar alguno para mérito ni logros nuestros.

La doxología trinitaria

En esa bendita doxología, Dios Padre nos escoge (vv.3-6) y en Gran Designo se realiza en Cristo (vv. 7-12) y creemos y el Espíritu Santo que nos sella (vv.13, 14). Y resuena vez tras vez el lema de la eternidad: “para la alabanza de la gloria de su gracia” (vv. 12, 14). Con todo esto, es seguida la doxología de una oración ferviente que Dios nos dé el conocimiento de él, la esperanza de nuestro llamado y las riquezas de nuestra herencia y “cuál es el supereminente grandeza de su poder para con nosotros que creemos, según la operación de su poder” (v.19).

La Gracia en pleno desarrollo

En Efesios 2: 1-3 Pablo establece la realidad de nuestros pecados, pero con rápida secuencia y agrega la iniciativa divina en darnos vida, en resucitarnos, en sentarnos en lugares celestiales para mostrar las abundantes riquezas de su gracia en su bondad.”Porque por gracia sois salvos [santificados] por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe(vv.5-9). Para poner fin a toda obra meritoria nuestra dice: “Porque somos hechura suya [poema suyo], creados en Cristo Jesús, para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (v.10).

Toma nota de la gama o el espectro que desde ‘antes de la fundación del mundo” hasta las “obras preparadas de antemano” exalta la gracia sublime y nos deja pasmados ante la gracia de Dios. No nos permite nada menos de “por medio de la fe”— una fe que brota de la Palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo (Romanos 10:17). ¡Dónde entran nuestras mejores intenciones y servicio ante el Dios de tanta gracia!

En Efesios 3 Pablo se maravilla de su llamado divino por ser el instrumento de predicar a los gentiles la maravilla de la gracia en constituir a la Iglesia, el Cuerpo de Cristo “para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz, reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (vv.15,16).

El impacto práctico de la gracia en acción

Así como empezó el primer capítulo con una doxología y una oración termina la primera mitad de la carta con otra hermosa oración y doxología. ”Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura y de conocer el amor de Cristo, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (vv.17-19).

Ante este desarrollo deslumbrante de la gracia de Dios para con nosotros, ¿Quién pudiera jamás meter el “yo” o el orgullo humano ni en nuestra salvación, ni en dones o talentos recibidos de parte de Dios, ni en la educación o los “supuestos” logros de los años de fiel servicio cristiano? Quedemos pasmados y absortos en su gracia y el amor de Dios

Volveremos en Efesios 4 a ver como esta gracia abundante pone las siete unidades de la fe nuestra fe (vv.4-6) como la base de la Iglesia; luego constituye los cuatro ministerios del Cuerpo de Cristo, apóstoles, profetas, evangelistas y pastores/maestros (v.11). Sobre todo, pone a Cristo como la dinámica del andar de la nueva identidad del creyente (vv.12, 13).

La vida en Cristo no se basa en nuestras mejores y más sinceras intenciones de leer la Biblia, orar and servir a otros. Tantas veces tratamos de “poner nuestra parte” hacer la lucha y esforzarnos y quedamos frustrados como el Apóstol Pablo cuando se puso bajo la Ley y no bajo la gracia en Romanos 7:24, 25 “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Pero lueguito, “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.”

Pablo ya está en medio de la epístola de la gracia y está a punto de profundizar a fondo la realidad de la nueva identidad que tiene el creyente. No tan solo explora esa identidad en unión con el Crucificado desde la regeneración sino que ahora reta al creyente que ande por fe ya habiendo recibido al Espíritu. El creyente va confiando, afirmando y obedeciendo la verdad que está en Cristo.

Para dar mayor alcance e impacto al creyente, Pablo solemnemente manda: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor que ya no andéis como los gentiles, que andan en la vanidad de su mente” (Efesios 4: 17). Otra vez recalco la importancia de la pequeña conjunción “pues”. Es importantísimo el papel que juega en donde frecuentemente aparece porque da una mirada para atrás a un argumento clave pero ya establecido más allá de duda. Ese argumento en el contexto (vv.13-16) es el “andar modelando la verdad en amor” (v.15) hasta hacer crecer el Cuerpo de Cristo en su plena madurez. Tal es el Gran Designo de Efesios (Efesios 1:11).

Para hacer destacarse en agudo contraste con la pasada identidad en el Primer Adán, el Apóstol a los gentiles describe en términos no exagerados sino verdaderos la depravación absoluta de la vida anterior. Pero ellos mismos, sus lectores, ya no son “gentiles” ante Dios sino sus propios hijos. Pero estos efesios tienen que darse cuenta de este cambio radical. Han dejado de ser “gentiles”, los del Primer Adán, sino que ya son solo hijos de Dios en plena posesión de todo lo que tal identidad nueva les da en plena gracia. Esto se verá claramente en su propio ser y en su andar. En el resto de la epístola Pablo irá haciendo resplandecer esta transformación en base de su identidad nueva en Cristo. La frase “En Cristo” viene siendo el lema de Pablo. Aparece unas 40 veces en sus escritos.

El eje práctico de la aplicación en el andar del creyente   Efesios 4: 20

Para mayor claridad acudimos al Diccionario de la Real Academia Española para definir el “eje”, la quinta definición figurativa: “Idea fundamental en un raciocinio; tema predominante en un escrito o discurso; sostén principal de una empresa; designio final de una conducta.”

La traducción más fiel al griego es: “pero vosotros NO aprendisteis así a Cristo” (v.20). Tantas veces nuestra versión española sustituye el tiempo presente perfecto en lugar del tiempo aoristo/pasado que identifica un hecho final y decisivo. El verbo en el presente perfecto sugiere que tal acto ya pasado está todavía en vigor. Pero no nos deja con toda claridad el aspecto muy clave de ese momento definitivo en el pasado y que no se puede repetir.

¿Cuando fue ese momento clave en la vida de Pablo? Claro que sí fue cuando se encontró con Cristo en el camino a Damasco. “Pero por esto fui recibido a misericordia para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1 Timoteo 1:16). En el caso nuestro fue cuando el Espíritu nos regeneró o cuando Cristo nos llegó como nuestro suficiente redentor. Lo más clave es la obra instantánea cuando del Espíritu nos selló y cuando “así aprendimos a Cristo” precisamente como nos dice el texto (v.20).

Hemos venido dando más énfasis en ese momento crítico en que recibimos el perdón de los pecados y dimos principio a la vida cristiana. Pero con ese énfasis más general y presente, perdimos el aspecto radical de que fue de una vez “así aprendimos a Cristo.” En ese momento Dios nos tocó, nos hizo de golpe de una vez para siempre nuevas criaturas en todo sentido, no en grados o lentas etapas de madurez.

”De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas’’ (2 Corintios 5:17). La última oración que Pablo escribió al final de la Epístola a los Gálatas fue el ápice de toda la epístola. “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva criatura(Gálatas 6:15).

En Efesios 2 Pablo nos da un resumen inmediato de la totalidad de la obra redentora. Ante él en gracia “nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos [santificados] por medio de la fe; y esto no de nosotros, pues, es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:5-9).

Toma nota que Pablo en esta porción abarca de golpe en una sola oración toda la trayectoria de la salvación desde esa primera intervención de Dios, antes de la “fundación del mundo” hasta “las obras preparadas de antemano para que anduviéramos en ellas” Esta porción nos da el cuadro desde la perspectiva exclusiva de Dios quien lo hizo en gracia y nos mantiene a través del Espíritu Santo quien es la única dinámica de la vida cristiana, no nuestros esfuerzos en leer la Biblia, orar, servir y diezmar.

Pero necesitamos tomar mucho más en cuenta el punto de vista de Dios y lo que ya está hecho en su Hijo. Cuando desde la Cruz dijo Jesús: “Consumado es,” eso abarcó todo aspecto de la salvación y así en él nos hizo “nuevas criaturas”. Esta perspectiva bíblica va a cambar radicalmente el concepto nuestro ante lo que nos corresponde en nuestro andar solo por fe.

Así en adelante la vida cristiana será basada NO en la pura fuerza de nuestra voluntad humana, en nuestras mejores intenciones y esfuerzos, sino que lo que en nosotros hizo Dios en “ese aprendizaje” inicial (Efesios 4:20). La fe nuestra deja que el Espíritu haga la obra quien vino para tomar lo de Cristo y revelárnoslo. “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:16:14). Cristo será visto en nosotros solo por dejarle la preeminencia en todo.

La suficiencia de la sola gracia en todo aspecto del andar cristiano Efesios 4:21

Que Dios nos ilumine por el Espíritu de la Verdad. En el discurso del Aposento Alto, Jesús cuatro veces describe el Espíritu como el Espíritu de la Verdad (Juan 14:17, 25; 15:26; 16: 13). Pablo vuelva a confirmar lo dicho en el v. 20: “Mas vosotros NO aprendisteis así a Cristo” [una traducción más acertada que la de la versión ‘60] La declaración negativa da doble énfasis al agudo contraste con su condición anterior. Para subrayar tres veces lo más importante dice: “Si 1) en verdad, le habéis oído, y 2) habéis sido por él enseñados, conforme 3) a la verdad que está en Cristo. En cuanto a la pasada manera de vivir despojaos del viejo hombre . . .” (vv.21-22).

Examinemos más de cerca el texto sagrado porque nuestra versión Reina Valera de ‘60 da bien un sentido general, pero no traduce fielmente el matiz del griego solo por falta de las diferencias lingüísticas de los idiomas. Pero perdemos el matiz clave del original. Por toda mi vida cristiana he enseñado “despojaos” como una orden, un mandato en el modo imperativo que me toca hacer de mi parte. Parecía ser según la gramática española como una orden dirigida al creyente.

Pero ahora aquí entra mí nueva perspectiva más equilibrada. La dinámica no es mi esfuerzo, a veces frustrante, sino el poder de la nueva identidad que ya tengo en Cristo. Él habita y reside en mí (Efesios 3:17). En lugar de ser un deber viene siendo un querer, un descanso en Cristo. Ahora la vida cristiana es un andar por FE y solo por FE descansando en lo que Él hizo en la Cruz (Mateo 11: 28-30; Hebreos 4:9).

Ahora puedo vivir en carne propia la verdad de Romanos 6:11—en efecto me es la mejor definición teológica breve de la vida victoriosa. “Así también consideraos [contaos] muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.” Toma nota de nuestra nueva identidad en nombre de la dignidad del título más completo de Jesús. Así Pablo nos reta a que posesionemos por fe todos los recursos ya nuestros en Cristo.

Tomemos en cuenta las frases de versículo 21: “Si en verdad . . . .” Es una figura literaria que le urge a uno responder y confirmar a una palabra retórica. “Es una condición de primera clase con el aoristo indicativo[1]” En la traducción española nuestra la serie of afirmaciones de los verbos de vv.20, 21—“no habéis aprendido, habéis oído, habéis sido por él enseñados (vv.20, 21) son traducidos como si fuesen en el modo imperativo, tiempo presente; parecen ser órdenes o mandatos pero no lo son.

Más bien en el original es un infinitivo aoristo, no modo imperativo; el infinitivo revela la acción indicada sin tomar en cuenta el tiempo, pero el aoristo afirma algo pasado o de aspecto decisivo. [pido disculpas por la gramática porque hace 60 años que enseño la gramática española e inglesa y en la exégesis y la hermenéutica se exigen el valor indispensable de la gramática].

¿Qué Quiere decir todo esto?

Este cambio del imperativo/orden al infinitivo aoristo tiene muchas repercusiones en la predicación. Claro que hay órdenes que corresponden al creyente en el debido contexto, pero aquí en esta porción clave la base de la vida victoriosa se encuentra en nuestra identidad en Cristo desde el momento de nuestra salvación La dinámica está en el que vive en nosotros y por fe lo dejamos manifestarse.

“Creyentes han sido hechos nuevos en la actitud de su mente; ellos ya no son fútiles en su pensar, ni entenebrecidos en su comprensión e ignorante (vv.18, 19). Estos no son órdenes/mandatos, porque la construcción aquí(y en el pasaje paralelo en Colosenses                                                                                                                   3:9,10) no es el modo imperativo.[énfasis mío] Son los hechos o la realidad que el creyente ha aprendido como es visto en Romanos 6:2-10 y 2 Corintios 5:17. Los creyentes son personas nuevas en Cristo y por lo tanto no pueden seguir viviendo como los gentiles.”[2]

Esta cita del Dr. Harold Hoehner claramente declara que los verbos en Efesios 4:20,21 y los de Colosenses 3: 9,10 no son órdenes sino las consecuencias o resultados de nuestra nueva identidad. No es cuestión de mi esfuerzo; es cuestión de dejar que Cristo quien resida en mí y que se manifieste. Claro que es un proceso progresivo [santificación] y requiere la afirmación de nuestra fe, pero la victoria en Cristo es precisamente la obra exclusiva del Espíritu.

No depende de mis mejores esfuerzos en servir a Dios, leer la Biblia y orar y diezmar, tales buenas obras pueden ser productos de la carne y aun resultan tantas veces en el orgullo “espiritual” o el orgullo que Dios no tolerará ante el Tribunal de Cristo. Creo en las disciplinas de la vida cristiana—leer Biblia, medita en ella y memorizarla, en servir a Dios, pero son los resultados de nuestra identidad y no los medios para logar tal victoria. Hay una diferencia muy grande.

Nuestra identidad en Cristo nos da gusto en leer la Palabra de Dios, orar y andar en obediencia en el poder del Espíritu Santo, todo para la gloria del Dios Trino.

[1] A.T. Robertson, Word Pictures in the New Testament (Boardman Press: Nashville, TN). Vol.V1,1931, p.540.

[2] Harold W. Hoehner citado en The Bible Knowledge Commentary-A Exposition of the Scriptures by Dallas Seminary Faculty, Edition of the New Testament (Victor Books: Wheaton, Il), 1983. pp.636.637./(Traducción mía)

¿Qué lección práctica podemos aprender del ejemplo de Moisés?

a) Si deseas ser un verdadero cristiano debes elegir el camino de Dios y no el camino del mundo. Tienes que estar preparado para aceptar cosas duras y difíciles, y para rehusar esas cosas fáciles y confortables que no sean la voluntad de Dios. El mundo en nuestro día es como era en el día de Moisés: los corazones de la gente están endurecidos todavía contra Dios, y el pueblo de Dios es todavía despreciado. La pregunta importante es: ¿Quieres ser salvado? Entonces recuerda que has de elegir a quién servirás. Tienes que dejar a los hijos de este mundo. No puedes servir tanto a Dios como al mundo.

¿Estás haciendo tales sacrificios? ¿Te cuesta algo tu religión? ¿Estás dispuesto a renunciar a todo aquello que te impida acercarte a Dios? ¿Hay algo en tu forma de vida que colisiona con tu religión? ¿O has suavizado y redondeado todo en tu religión para que se adapte convenientemente a la manera en que vives? ¡Escudriña y ve!

b) Lo único que te capacitará a elegir a Dios en vez del mundo es la fe. Una religión que ha de sobrevivir tiene que tener un cimiento vivo y no hay ningún otro sino la fe. Tiene que haber una creencia real de que las palabras de Dios son confiables prescindiendo de cuán desagradables pudieran parecer, y que Su camino es correcto y todos los demás son erróneos.

Tienes que aprender que las promesas son mejores que posesiones; que lo que no es visto es mejor que lo que es visto; que la alabanza de Dios es mejor que la alabanza de hombres y mujeres. Entonces y sólo entonces tomarás una decisión como Moisés y preferirás a Dios sobre el mundo. Noé, Abraham, Rut, Daniel, todos ellos actuaron como lo hicieron porque creyeron en Dios, como Moisés.

c) La razón por la cual tantas personas son impías y mundanas es porque carecen de fe. No piensan realmente que lo que Dios dice es verdadero. Hay incluso muchos que se llaman a sí mismos cristianos que no pensarían nunca en hacer lo que hizo Moisés.

Tales personas no creen en el infierno, y por tanto, no huyen de él. No creen en el cielo, y por tanto, no lo buscan. No creen en la culpa del pecado y así no se apartan de él. No creen que necesitan a Cristo y así no confían en Él. No sienten confianza en Dios, y entonces no hacen nada por Él. La fe que no influencia nuestra norma de vida no es verdadera fe.

d) El secreto de hacer grandes cosas para Dios es tener una gran fe. En tu caminar con Dios irás sólo tan lejos como creas y no más allá. Tu paz, paciencia, valor, celo y servicio para Dios no serán más grandes que tu fe en Él.

Cuando lees las vidas de los grandes cristianos del pasado encontrarás que fue su fe la que fue la inspiración de su santidad. Eran tan entregados a la oración porque la oración es la fe hablando con Dios. Eran tan diligentes porque la diligencia es fe en acción. Eran tan valientes porque el valor es fe cumpliendo su deber. Eran santos porque la santidad es fe en el proceso de hacerse visible.

¿Deseas dejar en claro que, como Moisés, tú elijes a Dios y no al mundo? Entonces anda y clama al Señor Jesucristo pidiéndole: ¡Señor, aumenta mi fe! La fe es la raíz de un carácter cristiano verdadero. Si tu raíz es la debida, serás fructífero. Tu prosperidad espiritual será siempre tan grande como tu fe. ¡Toma a Moisés como ejemplo para ti!

El-mundoJuan 3:16 contiene una de las declaraciones más sorprendentes de toda la Escritura: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. El amor de Dios es tan inmenso, tan sorprendente, que Él amó al mundo. Pero ¿qué significa eso? ¿Cómo podemos medir el amor de Dios, tomando en cuenta que Él amó al mundo?

Muchos interpretan este grandioso versículo de la Biblia como si estuviera diciendo que el amor de Dios es tan basto que Él envió a Su Hijo a morir en una cruz por todas y cada una de las personas que han vivido, viven y vivirán en el mundo. Según algunas estadísticas, en el mundo han nacido hasta la fecha unas 70 mil millones de personas. Y quién sabe cuántas más nacerán antes de que la historia humana llegue a su fin. “Pero el amor de Dios es tan grande, dicen algunos, que Él envió a Su propio Hijo a morir por todas y cada una de esas 70 mil millones de personas. Así de grande es el amor de Dios”.

Y aunque parezca sorprendente que Dios pueda amar a tantas personas a la vez, no pienso que esa sea la medida que Juan está usando aquí para mostrarnos la grandeza del amor de Dios.

No olvidemos quién es ese Dios que amó de tal manera al mundo. Nuestro Dios no tiene límites de ningún tipo en ninguna de Sus capacidades. Dice el profeta Isaías, hablando obviamente en lenguaje figurado, que toda el agua de todos los océanos cabe en el hueco de Su mano y que Él puede tomar la medida del Universo con Su palmo. Y por si todo esto fuera poco, Él conoce por nombre cada una de las estrellas de todas y cada una de las galaxias. “Tal es la grandeza de Su fuerza, y el poder de Su dominio”, dice en Is. 40:26.

Así que no podemos medir la grandeza del amor de Dios tomando como punto de referencia la cantidad de personas que pueblan nuestro planeta. Eso sería tan sorprendente como el hecho de que un levantador de pesas olímpico fuera capaz levantar un grano de arroz.

Por otra parte, aquellos que interpretan la palabra “mundo” de esa manera, sin darse cuenta, y estoy seguro que sin quererlo, terminan empequeñeciendo y limitando el amor de Dios. Permítanme explicar a qué me refiero.

Es evidente que no todas las personas se salvan. Así que si la palabra “mundo” aquí señala a todos y cada uno de los seres humanos que han vivido, viven y vivirán en el planeta, tenemos que llegar a la conclusión de que lo único que Dios hizo a favor de todos esos individuos fue abrirles un camino de salvación y luego dejar en sus manos la posibilidad de salvarse. Como si el texto dijera que Dios amó de tal manera a todos y cada uno de los seres humanos que han vivido, viven y vivirán en este mundo, que dio a Su Hijo unigénito para hacer posible que cualquier de ellos pueda salvarse, pero sin asegurar la salvación de ninguno.

Pero es imposible que interpretemos este texto de esa manera. Si Dios dejara en nuestras manos la decisión final de aceptar a Jesús, nadie sería salvo, porque ningún hombre en su estado natural está inclinado a creer en Él y someterse a Su autoridad. Escuchen lo que sigue diciendo Juan en los versículos 19 al 20: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”.

Todo el que hace lo malo aborrece la luz y, por lo tanto, no viene a la luz. Y ¿cuántas personas del mundo hacen lo malo? Todas y cada una de ellas, como dice Pablo en Rom. 3:12: “no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. De manera que si Dios el Padre se hubiera limitado a enviar a Su Hijo a morir por todos los habitantes del planeta, y luego hubiera dejado en nuestras manos la decisión final de la salvación, nadie hubiera sido salvo. Pero Cristo vino al mundo a salvar y no simplemente a crear la posibilidad de que alguien se salvara.

¿Qué significa, entonces, que Dios amó al mundo? Cuando Juan usa la palabra “mundo” en su evangelio, generalmente es para referirse al sistema de maldad imperante en este mundo y que se opone radicalmente a Dios y a Sus caminos. Más adelante, en los capítulos 14 al 16 del evangelio de Juan, el Discurso del Aposento Alto, uno de los temas prominentes de ese discurso es la oposición que el mundo levanta contra los cristianos por el simple hecho de ser cristianos: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros” (Jn. 15:18). Es por causa del aborrecimiento que el mundo siente por Cristo que el mundo aborrece a todos los que son de Él. Pero fue precisamente por amor a ese mundo que lo aborrece, que Dios el Padre envió a Su Hijo.

Como dice el teólogo Benjamin Warfield, lo que Juan quiere mostrarnos en este texto no es “que el mundo es tan grande que hace falta mucho amor para abarcarlo todo, sino que el mundo es tan malo que hace falta un amor” demasiado grande para poder amarlo, y sobre todo cuando pensamos en el hecho de que ese amor le costó entregar a Su Hijo.[i] Ese Dios, sigue diciendo Warfield, “cuya santa justicia se inflama de indignación ante la visión de toda iniquidad, y cuya absoluta santidad se aparta con horror ante cualquier impureza, ama a este mundo pecador a pesar de todo… de tal manera que ha dado a Su Hijo unigénito para que muera por él”.[ii]

[i] Benjamin Warfield; El Salvador del Mundo; pg. 96.

[ii] Ibíd.; pg. 96-97.

Llegar a la meta

Muchos creyentes suelen aprovechar el final de un año y el inicio de otro para examinar sus vidas y plantearse nuevos retos (o seguir trabajando con ánimo renovado en aquellos que no fueron alcanzados en el año que pasó). Pero si tuvieras que señalar un propósito primordial, aquel que será tu principal prioridad en el 2015, espero que se encuentre alineado con lo que Pablo expresa acerca de sí mismo en Fil. 3:7-14.

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Cuando Pablo conoció a Jesús de inmediato consideró todo aquello en lo que antes se gloriaba como basura en comparación con “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús” – o como lo traduce la Biblia de las Américas,“el incomparable valor de conocer a Cristo Jesús”. Sin embargo, su meta en la vida era seguir cultivando esa relación personal con Cristo en una forma cada vez más intensa y parecerse cada vez más a Él.

Ahora bien, Pablo estaba consciente de que era imposible para él crecer en la semejanza del Señor sin el poder del Cristo resucitado. “Yo quiero conocer a Cristo y ser semejante a Él, por eso quiero experimentar en mi vida el poder de Su resurrección” (vers. 10). Así como no tenemos poder alguno en nosotros mismos para ser salvos, así tampoco tenemos poder alguno en nosotros mismos para ser santos. La buena noticia, es que el poder del Cristo resucitado está disponible para todo aquel que cree (comp. Rom. 6:1-6).

Por otra parte, Pablo también sabía que esa semejanza a Cristo implicaba sufrimiento: “y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en Su muerte”. Pablo tenía una perspectiva realista de lo que implica ser como Cristo. En la misma medida en que nos parezcamos más a Él, en esa misma medida experimentaremos más sufrimientos (comp. Jn. 15:18-20). Pero aún así, ese era el anhelo que dominaba Su vida. Noten los verbos que usa en los vers. 12-14: “prosigo”, “me extiendo”, “prosigo a la meta”. Y ¿qué hace Pablo para avanzar hacia esa meta?

En primer lugar, examinarse honestamente a sí mismo: “No que lo haya alcanzado, ni que ya sea perfecto…”. El mero hecho de tenerlo como una meta es una muestra de que él sabía que no había llegado. Pablo se conocía muy bien y sabía que en muchas cosas debía seguir creciendo a la semejanza del Señor Jesucristo porque para eso fue salvado: “Yo quiero asir aquello para lo cual yo fui asido por Cristo”; en otras palabras, “quiero alcanzar aquello para lo cual yo fui alcanzado por El” (Rom. 8:28-29; Ef. 1:3-4).

En segundo lugar, Pablo se concentró en la obtención de su meta: “Una cosa hago…”. Es como un hombre corriendo una carrera; él no se distrae contemplando el paisaje o las personas del público; ni siquiera debe enfocarse en los que están corriendo a su lado.

En tercer lugar, y finalmente, Pablo nos dice que él tenía su mirada puesta en la meta que se había propuesto alcanzar (vers. 14). Es posible que Pablo tuviera en mente las carreras olímpicas en Atenas, donde el vencedor recibía una corona de laurel, la suma de 500 dracmas, su manutención de por vida y un asiento de primera fila en el teatro. Pero cuando Pablo corría, sus ojos estaban puestos en el sublime propósito del llamamiento de Dios.

Y ahora yo te pregunto, ¿puedes tú decir igual que el apóstol Pablo que conocer a Cristo y ser como Él es la gran meta de tu vida? ¿Puedes decir igual que él que estás empeñado en alcanzar esa meta, de tal manera que todo lo que haces y todas las decisiones que tomas están supeditadas a ella? ¿Qué tan consciente estás de la presencia de Cristo en tu vida y cuán intencionalmente estás procurando agradarle a Él en todo lo que haces? ¿Estás creciendo en tu intimidad con Cristo?

Examina tus deseos por medio de las cosas que pides a Dios en oración, o a través de aquellas cosas en las que sueñas cuando sueñas despierto. ¿Puedes decir que tu más profundo anhelo es parecerte cada vez más a Cristo, en dependencia de Su Santo Espíritu? Recuerda que nosotros tenemos a nuestra disposición el poder de Su resurrección; no hay razón alguna para que te quedes en el estado en que estás. Pídele al Señor que te ayuda a concentrarte en esta meta, y pídele también la gracia que necesitas para seguir avanzando hacia ella cada día.

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