Ayuda Pastoral

Una amplia reserva de contenido del corazón de maestros bíblicos

Cada vez que debuta una nueva versión de Logos se levanta una pluralidad de voces entusiastas con el singular anhelo de descargar la contraparte en español. Este clamor se ha vuelto repetir con el lanzamiento de la versión 6 aún con más ahínco. Cuando la ola de entusiasmo rompió en Octubre en la división de inglés se levantó entre nuestros usuarios otra de anticipación por el debut de la versión hispana de Logos 6. Por diversos canales, foros, correo electrónico, teléfono la pregunta que no cesa de reverberar es: ¿Por qué toma tanto tiempo el desarrollo de la versión de español?.

No es como que el equipo del departamento hispano ha estado durmiendose en sus laureles. Al contrario, al unísono con muchos usuarios, anhelamos el día de poder ofrecer un lanzamiento simultáneo con la división de inglés. Un deseo que con cada versión se palpa cada vez más cercano pero que todavía dista de la realidad.

El lanzamiento de una nueva versión es un proyecto de tal envergadura que exige que todo aquel que pueda contribuir sea reclutado, llamado a desligarse de su oficio normal y  consagrado a terminar la nueva versión contribuyendo con lo que sabe hacer, aprendiendo lo que no sabe hacer y apoyando a otros en su quehacer.

Pero aún más. Además del arduo trabajo, requiere también una colaboración uniforme con la división de inglés. A diferencia de otras versiones, para la división de inglés,  Logos 6 demandó una vasta y compleja producción en nuevas tecnologías. Fue una carrera contra reloj que mantuvo a muchos de sus equipos en secuestro prácticamente hasta horas antes de su lanzamiento haciendo de un debut simultáneo con español algo inalcanzable.

No obstante, todo esto no nos ha frenado. Más bien, hemos acelerado a fondo para alcanzar una segunda meta que estamos seguros dejará a muchos usuarios rebosando de alegría. Hemos logrado ofrecer Logos 6 en español a tiempo para las Navidades, aún si ha tenido que ser con la pintura todavía fresca.  ¡Así es!, Logos 6 debuta el 4 de Diciembre en la web y por teléfono aun antes, desde el el primero de Diciembre.

Logos 6 llega como un gran banquete compuesto de nuevos recursos, avanzados bases de datos y exquisitas funciones interactivas. Pero si bien los platos principales están listos para que los que quieran participar se sienten a la mesa, algunas funciones incluidas en el menú continuarán sirviendose hasta el fin de Diciembre. He aquí lo que está listo y las funciones venideras:

Listo:

Enciclopedia
Esquemas de texto bíblico
Trasfondo cultural
Búsqueda completa
Relaciones gramaticales implícitas
Variantes textuales
Copia visual
Wikipedia
Días de la creación
Etiquetas comunitarias
Ver sólo texto (filtro)
Convertidor de pesos y medidas
Explorador de Proverbios (solo en Tesoro)
Explorador de Salmos (sólo en Tesoro)
Infográficos interactivos
Los días de la creación
Navegador de periodos bíblicos
Orden de los 10 mandamientos
¿Quién mató a Goliat?
Visualizador arqueológico
Tutor del alfabeto griego
Tutor del alfabeto hebreo
Lector de los Evangelios en paralelo

Venidero (para fines de Diciembre):

Personajes bíblicos destacados
Comparación de cánones
Fiestas y sacrificios de los Israelitas
Inscripciones antiguas
Convertidor de texto
Tabla morfológica
Convertidor de números
¿Qué es un interlinear inverso?
Cantilenas hebreas
Mapas narrativos
Convertidor de texto
Atlas focalizado
Biografias destacadas
Guía de libros bíblicos (dentro de Enciclopedia)

Agradecemos a nuestros usuarios por el entusiasmo con que nos han acompañado a lo largo del cada lanzamiento. Asimismo, por la paciencia que han tenido estos meses mirando en la vitrina de la web de inglés las imagenes y videos de Logos 6 sin poder todavía participar del manjar. Esperamos que junto con miles de usuarios que se encuentran explorando las excelencias de esta nueva versión puedan comprobar que lo que hemos puesto en la mesa no solo son unas cuantas botanitas sino un verdadero festín de tecnología de estudio bíblico. ¡Feliz navidad!

En el sitio web de Logos me topé con un comentario acerca de una colección que me causó pesar. En la sección de recomendaciones una persona opinó categóricamente: “Precio alto por ser libros anticuados.”

Todos celebramos los títulos de recién estreno con novedosas portadas, temas de actualidad, tono contemporáneo e ideas frescas. No obstante, me parece que el lector cristiano no busca ante todo las “novedades”. A diferencia del lector ordinario que primero pregunta ¿qué hay de nuevo?, el lector cristiano comienza preguntando ¿qué tiene de bueno?, ¿cuál es el provecho?, ¿cómo me edifica?

La antigüedad del autor -o de la obra- no debe llevarnos a mover un libro del estante de lectura al archivo del olvido. La antigüedad del cofre poco importa si su contenido es un tesoro. Bástenos pensar en la Biblia. El mundo la tacha de anticuada y anacrónica. Para el creyente, no obstante, es de inestimable riqueza. Es el libro más bueno pese a ser el más viejo. Su autor es la verdad misma, insuperable. Sus amanuenses, hombres de talla espiritual sin paralelo. La ancestral Biblia es de vigencia perenne, relevante para toda cultura y edificante a tiempo y a destiempo.

Estas características son también compartidas -en menor grado- en una variedad de clásicos de la historia. Son cofres viejos, pero con ricos contenidos. Sus autores no han sido inspirados como los Apóstoles, pero si han sido iluminados para producir un néctar espiritual sin fecha de caducidad. Su contenido no envejece cuando la pluma que lo escribió es gobernada por la lealtad a la mente de Dios y la fidelidad a las almas de los hombres. Sus libros son condecorados como clásicos.

En el firmamento de estos clásicos relucen autores como J.C. Ryle. Su luz se ha propagado e iluminado el entendimiento de miles de cristianos sin atenuarse por el tiempo o difuminarse por las diferencias culturales. Al igual que Spurgeon, sus antiguos escritos nunca han cesado de ver nuevas ediciones.

Precisamente, fué contemporáneo de Spurgeon. Las pronunciadas diferencias denominacionales no permitieron que caminaran juntos, aunque sí con las mismas pisadas espirituales. Se reconocían y apreciaban a distancia. Cuándo Spurgeon publicó Discursos para mis estudiantes, Ryle le envió una nota con efusivo aprecio:

“Si bien no debes desear alabanza alguna del hombre y no le atribuyes valor. No obstante, debo decirte cuanto me gustan tus discursos a tus estudiantes. Pocas veces he visto tantos clavos martillados justo en la cabeza. Me gustaría obsequiarle una copia a cada joven clérigo en la Iglesia de Inglaterra.” Asimismo cuando Ryle publicó sus Meditaciones sobre los evangelios, Spurgeon rindió tributo en su libro Comentando sobre comentarios describiendolos como volúmenes apreciados por él.

Se dice que los líderes no nacen sino se hacen. En el caso de Ryle fue a la inversa, no fue un líder hecho. Primero fue deshecho, desmantelado por Dios antes de ser formado -he aquí una lección: los andamios de nuestra edificación espiritual descansan sobre las cenizas de nuestras vidas.  A sólo tres años de su nuevo nacimiento sufrió un inesperado golpe a su familia que cambió el curso de su destino.

El padre de Ryle era un prominente banquero con grandes planes para su hijo. Ryle era un estudiante con distinciones académicas, se había propuesto por meta terminar en el parlamento inglés. Si nos remontamos al siglo XIX encontraremos a ciertos magnates cuyos ingresos eran 300 veces mayores que los del obrero común. Esta opulenta nobleza ha sido descrita por la autora Jane Austin en su obra Orgullo y prejuicio en la que el personaje principal ganaba anualmente diez mil libras. La inaudita realidad, es que J. C. Ryle estaba destinado a recibir de su padre un ingreso de quince mil libras anuales. El ministerio no era algo que compaginara con esa realidad.

El golpe vino un día inesperado cuando el padre de Ryle lo perdió todo, ¡todo! Ryle escribió en su diario: “nos despertamos un día de verano con el mundo delante de nosotros y nos acostamos completamente minados”. El golpe causó una abrumadora ola de dolor y humillación, y una desorientación que revolcó a toda su familia por cierto tiempo. Años después Ryle comentaría retrospectivamente: “a Dios le agradó cambiar los prospectos de mi vida”. Su biógrafo, correctamente, percibió el pulso de Dios sobre el evento: “Dios cerró la puerta del parlamento porque quería a Ryle en el ministerio. No para ser ministro del Estado, sino de Su Iglesia”.

Su inicio en el ministerio se dio en condiciones diferentes a las que estaba acostumbrado. La flor de su opulencia se marchitó y sólo quedó una modesta supervivencia de cien libras anuales de estipendio. Se despidió de la gran mansión y su gloria antigua para laborar dentro de pequeñas iglesias rurales. Dios le enseñó a tener por mayor tesoro el vituperio de Cristo que las riquezas de su familia. Lección que él mismo enseñara después: la felicidad no depende de nuestras circunstancias sino del estado de nuestro corazón.

El mundo lo percibió como un golpe de mala suerte, pero para Ryle fue un toque maestro de la providencia de Dios. Así como Dios utilizó la prisión como un estudio de escritura para el Apóstol Pablo, la iglesita rural se volvió en el recinto de lectura y escritura donde Ryle pudo concentrarse en muchos de sus libros alejado del trajín de la ciudad.

A la manera de Moisés, cuando menos lo esperaba, su exilio en las zonas rurales terminó después de 40 años. Una carambola de intrigas políticas pusieron el nombre de Ryle en el escritorio de la reina Victoria, cuya aprobación elevó su rango ministerial a obispo de Liverpool, la tercera ciudad más prominente de inglaterra.

Por los siguientes veinte años, Ryle se consagró infatigablemente a su llamado con resultados excepcionales: Liverpool se convirtio en una de las ciudades más evangélicas de Inglaterra; desarrolló una legión de líderes que tuvieron gran impacto en el futuro religioso de la nación; 42 nuevas iglesias fueron edificadas y 48 misiones abiertas para alcanzar el crecimiento de nuevas comunidades en la ciudad.

La obra literaria de Ryle no conoció fronteras durante su vida ni aún después de su muerte. Sus obras han sido traducidas al francés, alemán, italiano, ruso, hindú, chino y muchos otros idiomas. No obstante, es en el terreno espiritual donde se ha visto mayor penetración. Los escritos de Ryle aciertan con gran tino a la conciencia. No se conformaba con embotar la mente de doctrina o sacudir las emociones sin fundamento. Pasando por la mente, proyectaba la doctrina a la conciencia para inducir a la obediencia. Tal era el poder de sus palabras, que cuando su tratado intitulado Verdadera libertad fue leído por un fraile Dominicano en México, cambió su disposición de terminar con toda influencia protestante entre los Católicos a predicar el mensaje que anteriormente se habia dispuesto a destruir.

El lector que aprecia una espiritualidad bíblica no encontrará en las obras de Ryle un contenido rancio por antigüedad sino, como un buen vino, uno añejo, el tiempo sólo ha podido mejorarlo. Te invitamos a leer las Meditaciones sobre los evangelios, especialmente descontadas hoy para celebrar el Mes del Pastor. Encontrarás un potente tónico para infundir vitalidad a tu vida espiritual y el aprendizaje de lo que otros han descrito como un “cristianismo musculoso”.

Más detalles

Uno de los métodos más populares de estudio de la Biblia disfrutado por muchos cristianos es el uso de referencias cruzadas. Con ese fin, la mayoría de las Biblias en español proporcionan algunas referencias cruzadas alineadas con el texto bíblico.
Si le gusta este método de investigación de la Biblia, es posible que esas referencias cruzadas estén algo limitadas. Así que si desea buscar más referencias bíblicas de un tema determinado, pruebe esta estrategia que incorpora varias características de Logos:
• Haga clic en el icono de la Biblioteca para abrir la biblioteca electrónica (A)
• Haga clic en Priorizar en la esquina superior derecha de la biblioteca (B)
GG1
• Escribe Diccionario de temas (Nuevo índice de temas de la Biblia de Nave ) en la busqueda de la Biblioteca (C)
Arrastre Diccionario de temas bíblicos a la lista Preferir estos recursos (asegúrese de que este recurso esté en los primeros cinco de sus libros tópicos priorizados, como diccionarios y enciclopedias) (D)
GG2

Para seguir, visita La Voz Logos  y termina esta de leer esta capacitación!

 

Israel y PalestinaEl conflicto entre Israel y Palestina suele levantar muchas pasiones entre creyentes e incrédulos. Y lamentablemente, las opiniones tienden a polarizarse de tal manera que podemos perder de vista la realidad de que ambos pueblos están sufriendo el impacto de este conflicto armado. Aún los creyentes podemos limitarnos a discutir acerca de esto en un plano meramente teológico, dejando de lado el drama humano que se vive actualmente en esa región.

Es mi oración que la postura bíblica presentada en este blog pueda ser ponderada con objetividad, y que los que no tenemos la misma opinión podamos defender nuestra postura con el respeto y la consideración que se le debe a un hermano en Cristo. También les ruego leer con atención los textos bíblicos citados a continuación.

En cuanto a quiénes son los herederos de las promesas dadas por Dios a Abraham, voy a abordar esta cuestión tomando como punto de partida otra pregunta: ¿Era Abraham judío cuando Dios lo llamó a salvación y le hizo las promesas de Gn. 12:1-3? Obviamente no, porque la nación de Israel no existía en ese tiempo. Esa nación habría de salir de Abraham, pero Abraham mismo no era más que un gentil incircunciso cuando Dios lo llamó y lo justificó por medio de la fe (comp. Gn. 15 y 17). Basado en ese hecho histórico, Pablo arriba a algunas conclusiones en el capítulo 4 de su carta a los Romanos. Luego de establecer el hecho de que la justificación es por la fe sola, usando como ejemplo precisamente el caso de Abraham, y luego de citar el Sal. 32, Pablo continúa diciendo:

“¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia. ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión. Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado. Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa” (Rom. 4:9-14).

Dios hizo las cosas en ese orden, primero el llamamiento a salvación y luego la circuncisión, para que todos los creyentes, judíos y gentiles, fuesen abarcados por la promesa contenida en el pacto de Abraham. De ahí las palabras de Pablo en Rom. 2:28-29 y 9:6-8, así como en Gal. 3:6-9: “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Rom. 2:28-29).

¿Quiere eso decir que Dios dejó de cumplir las promesas que hizo de manera específica a los descendientes físicos de Abraham? Pablo trata con este problema en Rom. 9: “No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes” (Rom. 9:6-8).

En otras palabras, Dios nunca prometió que todos y cada uno de los descendientes físicos de Abraham habrían de salvarse. A través de toda la historia de la redención vemos que dentro del Israel natural había un Israel espiritual, un remanente, compuesto por aquellos israelitas que fueron escogidos por Dios para salvación. Como veremos en el próximo artículo, este tema del remanente es clave para interpretar Rom. 11.

Pablo lo plantea de este modo en Gal. 3:6-9: “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham”.
Por eso decíamos en un artículo anterior que Israel como nación fue usada por Dios en el antiguo pacto como un instrumento para llevar a cabo el plan que Dios tiene de salvar personas “de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Ap. 5:9).

Luego Pablo pasa a explicar que la salvación de los pecadores no depende de su obediencia a las obras de la ley, sino de la obra de Cristo y de la cual nos apropiamos por medio de la fe. Para entonces llegar al punto clave de toda esta discusión, en Gal. 3:16: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”.

Dios hizo un pacto con Abraham y su simiente. Pero ahora Pablo aclara que esa simiente de Abraham no es otro que nuestro Señor Jesucristo; dado que todos aquellos que creemos en Cristo, hemos sido unidos a El por la fe, nosotros somos también herederos de esa promesa, independientemente de nuestra nacionalidad: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gal. 3:24-29).

El pueblo de Dios del nuevo pacto está conformado por judíos y gentiles que creen en Cristo, de modo que ahora todos participamos de las promesas contenidas en los pactos que Dios hizo con Su pueblo (comp. Ef. 2:11-13, 19). Es por eso que en Ef. 6, cuando Pablo dirige unas palabras a los hijos, es decir, tanto judíos como gentiles, les dice en los vers. 1-3: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”. El texto que Pablo está citando aquí es Ex. 20:12, donde dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”, una clara referencia a la tierra prometida en el pacto con Abraham, que ahora Pablo aplica a estos hijos gentiles en la iglesia en Éfeso.

Es obvio, entonces, que la tierra de Canaán apuntaba hacia una promesa mucho más amplia, y de la cual somos partícipes todos aquellos que hemos creído en Cristo. Noten el comentario de Pablo en Rom. 4:13, enfatizando de nuevo que la justificación es por la fe y no por las obras de la ley: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería HEREDERO DEL MUNDO, sino por la justicia de la fe”.

De manera que no estamos alegorizando los textos bíblicos al afirmar que los herederos de la promesa dada por Dios a Abraham son todas aquellos que están unidos a Cristo por la fe, sean judíos o gentiles; simplemente estamos interpretando el AT con la luz que nos provee el NT.

Ahora bien, la gran pregunta que permanece en el aire es la que Pablo pasa a responder en el capítulo 11 de Romanos: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo?” Su respuesta es contundente: “¡En ninguna manera!” Espero en el Señor publicar otro artículo este próximo lunes, analizando más ampliamente la respuesta de Pablo en el resto del capítulo.

La iglesia que no conocemos

Y Saulo estaba allí, aprobando la muerte de Esteban” (Hch 7:60, 8:1)

“Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?… Yo soy Jesús, a quien tú persigues…”

(Hch 9:4-5)

Las noticias que se dan a conocer en relación a los atentados que sufren los cristianos en diferentes lugares del mundo nos hacen pensar y reflexionar. “Esta agresión no se limita a intimidar personas, expulsarlas y recortarles sus derechos, sino que llega al asesinato” [1]

Un informe reciente de una organización cristiana enfocada en el Medio Oriente y Norte de África nos informa que “hay unos 260 millones de cristianos que enfrentan discriminación y hasta persecuciones por causa de su fe. Aproximadamente uno de cada cuatro países pone restricciones de distinto tipo para la libertad religiosa. Millones de niños sufren por la persecución contra sus padres y familiares”[2].

La persecución toma muchas formas; desde la opresión y la discriminación hasta la negación tajante de las libertades constitucionales o reconocidas internacionalmente. La persecución religiosa es la supresión deliberada del derecho de una persona o comunidad de retener y manifestar sus creencias religiosas

Algunos han sido encarcelados, torturados o incluso asesinados por su fe en Jesucristo. Frecuentemente su dolor y sufrimiento ha sido silencioso. Ellos son aislados de su familia y de la comunión cristiana. Son vulnerables al abuso de las fuerzas de seguridad del Estado, de grupos extremistas, de sus comunidades y de sus familias. Los cristianos son llamados no sólo a esperar que haya persecución, sino también a luchar contra la injusticia. Responder a la injusticia de la persecución es parte de nuestro llamado como cristianos”[3]

El poder abusivo y autoritario de los regímenes gobernantes nos recuerda el caso de Esteban que relata el capítulo siete de Hechos de los Apóstoles. La intolerancia y persecución están a la vista. Lucas en su evangelio expresa las palabras del Señor Jesucristo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23:34).

Jesús rogó por aquellos que le crucificaban y este Señor está dispuesto a perdonar a los enemigos de su iglesia. Esteban en su grito final exclamo: “¡Señor no les tomes en cuenta este pecado!

Lucas en los primeros capítulos de Hechos nos muestra un contraste muy interesante entre el pueblo y sus jefes. Los últimos son los que oprimían y perseguían a los cristianos no solo por motivos religiosos sino también de poder y control. En el capítulo nueve de Hechos el representante de esos jefes era Saulo. Se encontraba persiguiendo a la Iglesia pero el Señor le dice: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues…”.

La relación entre Jesús y la Iglesia implicaba que perseguirla a ella era perseguirle a él. Se produjo entonces un encuentro con el poder transformador del Señor que tocó la vida de Saulo. Nuestros enemigos pueden transformarse en hermanos en Cristo.

Lo cierto es que lo sucedido en el comienzo del cristianismo también está pasando hoy. Países en que los poderosos persiguen a los cristianos o buscan modos de que su voz no se oiga. En estas situaciones algunos pueden estar tentados a pensar que debe haber una destrucción total de los malos antes que ellos nos destruyan. Esas palabras serían de condenación odiando a los malos y convencerse que para ellos no hay esperanza de salvación. Pero justo aquí se interpone el relato de la conversión de Saulo que muestra el poder transformador del evangelio. El evangelio de Jesucristo nos ha alcanzado a nosotros y ahora puede alcanzarles a ellos.

Nuestra oración en este momento es por aquellos que persiguen a su iglesia, maltratan, excluyen, descalifican y matan. Orar para que tengan un encuentro con el Señor como lo tuvo Saulo. Que el Mesías se les aparezca en medio de su camino y lo que parece ser un poderoso e implacable enemigo caiga al suelo como cayo Saulo. Que se quite el abuso del poder, la injusticia y la persecución.

El Compromiso de Ciudad del Cabo 2010 (Movimiento Lausana) en su segunda parte nos dice: El amor de Cristo nos llama a sufrir y a veces, a morir por el evangelio (IIC2) El sufrimiento podría ser necesario en nuestra participación misionera como testigos de Cristo, como ocurrió con sus apóstoles y con los profetas del Antiguo

Testamento(2 Co 12:9-10; 4:7-10). Estar dispuestos a sufrir es la prueba de fuego de la autenticidad de nuestra misión. Dios puede usar el sufrimiento, la persecución y el martirio para hacer avanzar su misión.

 

El martirio es una forma de testimonio que Cristo ha prometido honrar de manera especial. Muchos cristianos que viven en la comodidad y la prosperidad necesitan volver a oír el llamado de Cristo para estar dispuestos a sufrir por él; porque hay muchos otros creyentes que viven en medio de tales sufrimientos como el precio de dar testimonio de Jesucristo en una cultura religiosa hostil. Tal vez hayan visto a seres queridos martirizados, o hayan soportado torturas o persecución por su obediencia fiel, pero siguen amando a quienes los han lastimado tanto.

  • A- Escuchamos y recordamos con lágrimas y oración los testimonios de quienes

sufren por el evangelio. Junto con ellos oramos por gracia y valentía para “amar

a nuestros enemigos” como nos ordenó Cristo. Oramos para que el evangelio

pueda dar fruto en lugares que son tan hostiles a sus mensajeros. Mientras

nos afligimos, como corresponde, por quienes sufren, recordamos el dolor

infinito que siente Dios por quienes resisten y rechazan su amor, su evangelio

y a sus siervos. Anhelamos que se arrepientan y sean perdonados, y que

encuentren el gozo de estar reconciliados con Dios[4].

Este compromiso también afirma que “El amor trabaja en favor de la libertad religiosa para todas las personas (IIC6). Apoyar los derechos humanos mediante la defensa de la libertad religiosa no es incompatible con seguir el camino de la cruz cuando somos confrontados por la persecución. No existe ninguna contradicción entre estar dispuestos a sufrir personalmente el abuso o la pérdida de nuestros propios derechos por el bien de Cristo y estar dedicados a defender y hablar por los que no tienen voz ante la violación de sus derechos humanos.

Debemos distinguir también entre defender los derechos de personas de otras creencias y avalar la verdad de sus creencias. Podemos defender la libertad de los demás, de creer y practicar su religión, sin aceptar esa religión como verdadera.

  • A- Esforcémonos por alcanzar la meta de la libertad religiosa para todas las

personas. Esto requiere una defensoría ante los gobiernos a favor de los

cristianos y también de las personas de otras creencias que son perseguidas.

  • B- Obedezcamos a conciencia la enseñanza bíblica de ser buenos ciudadanos, de

buscar el bienestar del país donde vivimos, de honrar a los que están en

autoridad y orar por ellos, de pagar los impuestos, de hacer el bien y de tratar

de vivir quieta y reposadamente. Los cristianos somos llamados a someternos

al Estado, a menos que el Estado nos ordene lo que Dios prohíbe, o prohíba lo

que Dios ordena. En consecuencia, si el Estado nos obliga a escoger entre la

lealtad a él y nuestra lealtad superior a Dios, debemos decir “no” al Estado,

porque hemos dicho “sí” a Jesucristo, como Señor (Jer 29:7; 1 P 2:13-17; 1 Ti 2:1-2; Ro 13:1-7; Ex 1:15-21; Dn 6; Hch 3:19-20; 5:29)

En medio de todos nuestros legítimos esfuerzos en favor de la libertad religiosa

para todas las personas, el anhelo más profundo de nuestro corazón sigue siendo

que todos lleguen a conocer al Señor Jesucristo, pongan libremente su fe en él y

sean salvos, y entren en el reino de Dios.”[5].

El apóstol Pablo expreso: “Anteriormente, yo era un blasfemo, un perseguidor y un insolente; pero Dios tuvo misericordia de mí porque yo era un incrédulo y actuaba en ignorancia. Pero la gracia de nuestro Señor se derramó sobre mí con abundancia, junto con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús. Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero precisamente por eso Dios fue misericordioso conmigo, a fin de que en mí, el peor de los pecadores, pudiera Cristo Jesús mostrar su infinita bondad. Así vengo a ser ejemplo para los que, creyendo en él, recibirán la vida eterna” (1 Ti 1:13-16)

Oramos por una transformación radical en las personas, los gobernantes, las naciones y que se experimente el nuevo nacimiento en Jesucristo. Oramos por la iglesia y por todos aquellos que están pasando situaciones de persecución. Nuestra responsabilidad y desafío es que “toda la iglesia” trabaje en unidad, solidaridad y cooperación a favor de los más débiles y desprotegidos, llevando el evangelio de la paz, justicia, verdad y amor.

Renovemos nuestra confianza en el Señor que nos dice: “Edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella” (Mt 16:18). Llevemos “todo el evangelio” a “todo el mundo” hasta que el Señor vuelva.

Preguntas para la reflexión

¿Qué implica ser testigo de Jesucristo?

¿De qué manera práctica podemos estar en comunión (koinonia), solidaridad y cooperación con la iglesia perseguida y ayudar a nuestros hermanos?

¿Qué significa e implica que debemos amar a nuestros enemigos?

 

[1]Fuente: Diario La Nación, Argentina. Ver en: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1340156

[2]Middle East Concern, MEC

[3]Daniel Bianchi por medio de MEC, Middle East Concern

[4]Movimiento Lausana. El compromiso de Ciudad del Cabo 2010, Una confesión de Fe y Un llamado a la Acción, Segunda parte: IIC Vivir el amor de Cristo entre personas de otras creencias religiosas, “El amor de Cristo nos llama a sufrir y a veces, a morir por el evangelio” (IIC2)

[5]Ibíd., El compromiso de Ciudad del Cabo 2010, “El amor trabaja en favor de la libertad religiosa para todas las personas (IIC6).

¿Cómo facilitamos el proceso de la preparación de siervos como agentes de transformación en la Misión Local y Global (GloCal)?

Introducción: La iglesia local con su ministerio de enseñarnos, equiparnos, darnos oportunidades para servir, desarrollar dones espirituales, con sus oportunidades de grupos pequeños, con la posibilidad natural de desarrollar relaciones profundas a través de las luchas comunes en la vida y en el ministerio, es el invernadero dado por Dios, para crecer y prepararnos  para cualquier ministerio que el Señor tenga, ya sea misionero u otro diferente.

Nos preguntamos: ¿Quién sostendrá a los misioneros? ¿Quién dará para su financiamiento? Noserán las instituciones. Será su familia más cercana. Serán sus amigos. Las personas con quienes se han fortalecido en el ministerio. ¿Quién orará por ellos? La base sólida de oración estará compuesta por las personas que los aman y que no se olvidarán de ellos. ¿Dónde se construyen esa clase de relaciones? Congregándose, orando juntos, reuniéndose como familias, trabajando unidos en los diferentes ministerios y oportunidades de servicio, confiando en Dios para lo imposible y viéndolo actuar. ¿Quién les enviará notas para animarles, presentes para navidad, regalos para sus cumpleaños y aniversarios? ¿Quién los visitará? Serán sus familiares, amigos, aquellos que los extrañan debido a su relación. ¿De dónde vienen estas personas? De su red de relaciones, de sus iglesias, familia y compañeros de ministerio.

La iglesia: La iglesia tiene la responsabilidad mayor en el proceso. Allí empieza la preparación del candidato a misionero.  Continúa en los ministerios de la iglesia y con su propio crecimiento espiritual. Cuando siente el llamado del Señor para salir al campo de servicio, es la iglesia,  los pastores, ministros y consejo, quienes aprueban su llamado. Una vez aprobado, evalúan su preparación actual según los criterios que mencionaremos a continuación, y lo pueden poner bajo la supervisión de un área de extensión local y global para coordinar el proceso de preparación y envío.

El área de extensión o grupo de trabajo puede tener la responsabilidad de elaborar, con la participación del candidato, pastor y facilitadores, el plan particular de capacitación, tomando en cuenta su edad, preparación previa, nivel de educación, experiencia en el ministerio, estado familiar y clase de trabajo que realizará en el campo.

Instituto bíblico o seminario: Parte de la capacitación es la preparación teológica. Según el trabajo que realizará en el campo dependerá su capacitación.  Por ejemplo, si su ministerio tendrá que ver con el área médica, su nivel de preparación teológica no será igual de quien va a pastorear una iglesia o enseñar en un Instituto Bíblico.

Instituto de capacitación misionera: Otro paso adecuado, es tomar cursos de preparación misionológica. Es aquí donde vemos el papel de las instituciones especializadas en la capacitación.

Agencia misionera: En el transcurso del proceso de preparación puede suceder que se requiera la ayuda de una Agencia Misionera. El área de extensión podría ayudar al candidato en la búsqueda de una Agencia Misionera en caso de ser necesario. Esta decisión tiene mucho que ver con el tipo de ministerio, la gente o etnia, ciudad o nación donde el Señor lo está llamando a servir.

Las fases de preparación del candidato: Se puede planificar un proceso intencional de capacitación basado en los siguientes criterios:

  • Fase Uno

La iglesia local en su Capacitación Informal: Involucrarse en varios Ministerios de la Iglesia. La experiencia en una variedad de ministerios, colaborando con diferentes personas, con diferentes oportunidades de servicio, es la base de toda la preparación. La educación secular es muy importante, como también la capacitación bíblica, pero sin la base de mucha experiencia en el ministerio, utilizando los dones espirituales, aprendiendo a confiar en Dios, desarrollando el Fruto del Espíritu, todo lo demás puede venirse abajo por falta de estabilidad espiritual. El entrenamiento tiene por finalidad, disminuir el agotamiento y producir misioneros o siervos más efectivos; por lo tanto, un desarrollo curricular podría ser realizado sobre las realidades en el campo y no únicamente por las academias tradicionales. Dado que los siervos como agentes de transformación estarán ministrando desde un contexto de sociedad, se debe tener en cuenta que “hay un clamor fuerte para que se involucren en los problemas presentes de cada sociedad.” El aprendizaje debe estar relacionado con la vida, y los siervos deben tener experiencia previa en la iglesia y el mundo. También incluye su trabajo habitual en la sociedad local y sus relaciones familiares. La capacitación informal es el entrenamiento que tiene que ver con el Ser. En su capacitación informal la iglesia tiene que tener en cuenta:

El Ser: Mario Loss en su libro Choque Transcultural dice: “Un obrero mal preparado es un mal obrero”. Debe estar preparado en los siguientes aspectos: carácter espiritual, perseverancia, dependencia de Dios, capacidad para tomar iniciativas, ver la vida con ojos realistas,  entender que sufrir con Cristo es un privilegio, conocimiento adecuado de la Biblia, experiencia en ministerio con resultados positivos como ser la fidelidad, humildad, personas guiadas a Cristo, saber llevarse bien con otros, etc. Cuanto menos experimentados sean los obreros, más supervisión de cerca necesitan. Pablo y Bernabé podían trabajar sin supervisión, pero Juan Marcos, no.”

El ser tiene que ver con una vida de relación. “La vida misionera es una vida de relación. El misionero se vinculará con otros colegas,  (generalmente de varias nacionalidades y trasfondos), con cristianos nacionales, con autoridades gubernamentales y con otros a quienes va a servir. No se nace sabiendo cómo tener buenas relaciones; hay que aprenderlo, y aprenderlo bien. La dificultad para tener vínculos sanos hará que la persona esté discapacitada para el servicio y le ocasionará más de un quebranto.

El ser tiene que ver con confiar en el Señor y con depender de Él. Mario Loss dice: “Muchas veces el obstáculo grande del obrero es su propio complejo de inferioridad. Confiamos en lo que somos y no en el Señor, pero cuando estamos en El, y viviendo en su plenitud, aunque somos incompetentes por naturaleza, nuestra fe vence al mundo y a nuestra carne, porque es Dios quien trabaja en nosotros. Dios es mayor que nuestras circunstancias, y aun que nuestra incapacidad. Él es el Señor, tanto de mi vida como de las circunstancias”. Otras veces, el obstáculo es un alto sentido de superioridad. En ambas situaciones, es menester tener una perspectiva clara, ya que no debemos confiar en lo que somos,  ni  al punto de decir “no puedo”,  ni tampoco para creer “yo puedo, lo sé todo”. La perspectiva correcta es: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

 

El ser tiene que ver con la vida espiritual, el fruto del Espíritu y la comunión personal con el Señor. Esta área afecta las otras, por lo tanto, deberíamos hacernos las siguientes preguntas: ¿Es el obrero o siervo una persona de oración? ¿Dónde busca su alimento espiritual? ¿Cómo reacciona ante la frustración? ¿Está abierto para cosas nuevas? ¿Se evidencia un correcto desarrollo del carácter y se ve madurez?

Se anhela que se pueda evidenciar la llenura del Espíritu y el Fruto del Espíritu Santo (Ef 5:18, Gá 5:22-26). Un carácter que revela el fruto del espíritu, es la demostración de una vida transformada por Jesús, y hecha semejante a Él. Somos llamados a encarnar este tipo de carácter e imagen en toda cultura, tiempo y situación. Se espera que aprenda a cuidarse por sí mismo, mediante una vida devocional activa y práctica, alimentarse de la comunión con Dios diariamente, estudiar temas bíblicos, ser autodidacta.

  • Fase Dos

La Capacitación No Formal: Es el entrenamiento que tiene que ver con el saber hacer. Normalmente, esta fase de preparación no se encuentra en la iglesia local ni en los institutos bíblicos: son cursos de antropología, adaptación cultural, experiencia transcultural, aprendizaje de idiomas, etc.

El saber hacer: Daniel Bianchi de Argentina, comparte: “Servir en misiones es estar en un contexto cultural diferente, en ocasiones totalmente opuesto y aún antagónico. La persona debe tener un sentido crítico de su propia cultura y a la vez,  contar con herramientas para conocer la cultura anfitriona. Algunos pequeños indicios son: capacidad para escuchar con atención, y mirar las cosas desde el punto de vista del otro, disposición al estudio de otros idiomas, interés por otras culturas, deseo de ayudar a personas extranjeras, gusto por las expresiones artísticas étnicas, placer por comidas exóticas, conocimiento actualizado de la situación mundial, etc.”

Raimundo Morris que fue misionero en Chile y Argentina comenta: El Saber Hacer tiene que ver con la Observación. El misionero, siervo u obrero debe observar, escuchar, ver, preguntar, ser aprendiz,  formular sus teorías en base a lo observado, y luego, averiguar la veracidad o error de sus propias teorías, como un procedimiento para su vida en la nueva cultura o situación.

El Saber Hacer tiene que ver con Comprender, Identificar y Aceptar nuevos Valores Culturales. Somos producto de nuestra cultura y las experiencias formativas a través de ella. Nuestros valores culturales determinan cómo vemos al mundo. Cuando entramos a una cultura anfitriona, debemos contextualizarnos con los nuevos patrones que se nos proporcionan.  Es encarnar la nueva cosmovisión sin renunciar a los principios bíblicos.

Proceso de Capacitación Informal y No Formal (Fase 1 y 2 conjuntamente)

Donald Parrott nos comparte, Lo podemos dividir en dos áreas:

A) Área de Carácter (capacitación informal, fase 1):

1-      Madurez espiritual.

2-      Celo en la evangelización-

3-      Responsabilidad y disciplina.

4-      Flexibilidad.

5-      Correcta relación con Dios.

6-      Relación correcta con su familia.

7-      Relación correcta con la iglesia.

8-      Relación correcta con la comunidad.

 

Esta área se desarrolla a través del trabajo en los ministerios de la iglesia.

Se busca el desarrollo del Fruto del Espíritu:

Amor                             auto – sacrificio.

Gozo                              depende del control de Dios, no de las circunstancias.

Paz                                 tranquilidad en medio de los problemas.

Paciencia                        auto – control bajo presión.

Benignidad                    amor que se ve en acciones.

Bondad                          hace lo bueno aunque no lo merezcan.

Fidelidad                       se puede contar con él o ella.

Mansedumbre                puede disciplinar o responder con ternura.

Dominio propio             auto-control sobre la carne.

¿Qué significa esto?

Que cada día se vea más a Cristo formándose en nuestra vida.  Es el Espíritu Santo que modela y evidencia a Cristo en nuestra vida

Ser autodidacta. Aprender de la Biblia, libros, comentarios, cursos, etc.

Estudiar  temas bíblicos.

Aprender a alimentarse espiritualmente por sí mismo.

Crecer en el entendimiento de permitir que Cristo viva a través de nosotros.

 

B) Área del Ministerio (capacitación no formal, fase 2)

¿Cómo se va desarrollando el fruto del Espíritu en la vida del candidato?

Se suele dar a los candidatos una variedad de trabajos. Ministerios importantes y otros que no lo son tanto, que se ven y que no se ven, en la plataforma, en el depósito, limpiando, teniendo oportunidades de servir, de liderar, de planificar, de dirigir, de iniciar un nuevo ministerio, servir en todas las áreas de la iglesia, etc.

Se desarrolla utilizando la iglesia como  base y apelando a otros recursos cuando sean necesarios. Se sugiere que haya supervisión de un responsable, que observa, que evalúa, que informa a la persona responsable de la preparación.

Normalmente, se hace un calendario – un plan – de preparación (Gráfico de Gantt). La duración depende de la edad, experiencia, preparación previa, tipo de ministerio que vaya a tener, disponibilidad de recursos,  necesidades, etc.

En el área de ministerio se podría ver que:

1-      Se muestran disciplinas espirituales.

2-      Entiende la guerra espiritual.

3-      Se comunica bien en su propio idioma.

4-      Hace amistades.

5-      Comunicación y experiencia transcultural.

6-      Aprende otro idioma.

7-      Evangeliza y predica.

8-      Puede enseñar, capacitar y discipular.

9-      Puede formar un ministerio, una nueva iglesia.

10-  Es mayordomo de su tiempo y recursos

11-  Tiene fuerza suficiente para enfrentar el estrés y la soledad

 

  • Fase Tres

La capacitación Formal en la Sociedad y los Estudios Bíblicos.

La capacitación formal es el entrenamiento que tiene que ver con el Conocer. Esta fase tiene que ver con los estudios diversificados, ya sean bíblico-teológicos, de misionología, en la universidad, su experiencia en el trabajo, formación profesional, etc. En esta etapa hay mucha variedad. Todo depende del interés de la  persona, sus habilidades y talentos, etc. Lo que si podemos asegurar es que un candidato como agente de transformación necesita de preparación bíblica, estudiar en un seminario o instituto bíblico el tiempo que se necesite, o bien una preparación informal lograda por sus muchos años de estudio y servicio en su iglesia.                                                                                            

El Conocer es parte de una Actitud Proactiva. Daniel Bianchi comenta: “Debemos buscar personas comprometidas para crecer y desarrollarse en todas las áreas de su vida. Esto incluye la formación bíblico-teológica y misionológica. En otras palabras, si alguien dice que tiene una carga o llamado para la obra misionera, es de esperar que esté dando pasos en pos de esa meta, como ser: lectura de libros misioneros, participación en eventos, experiencias misioneras locales, intercesión y ofrenda misionera regular, servicio en el ministerio misionero de la iglesia, etc. Hay muchas personas que tienen un ideal romántico e inerte de la obra misionera, pasan los años y no hacen nada práctico con su inquietud”.

El Conocer tiene que ver con una Educación Continua. Como actitud y como principio, el misionero nunca deja de estudiar en alguna forma u otra. El principio de la educación de adultos postula que todo proceso educativo debe ser continuo y de por vida. Nunca debemos dejar de estudiar. Siempre debemos avanzar en la educación, tanto formal como no formal e informal. Necesitamos más siervos y pastores con conocimientos, grados y experiencias ministeriales transculturales.

 

Carlos Scott

stott_desktopNo es descabellado pensar que un buen número de hispanos desconocen el nombre de John Stott o que lo recuerden como un hombre de la talla de un Luis Palau. Si tú estás entre ellos te sería interesante descubrir que en John Stott se dieron cita cualidades que a pocos hombres le han sido conferidos por la providencia de Dios. Su vida nos presenta una singular devoción a Cristo, experiencia evangelistica, un profundo conocimiento bíblico, una gran aptitud teológica, un liderazgo de talla mundial extrañamente combinado con una pericia y tacto pastoral. Darte una cita con él, es darte una cita con la historia.

John Stott nació en cuna aristocrática. Hijo de un eminente médico inglés. Stott creció pensándose cristiano, y no le faltaba razón. Su entorno estaba saturado de cristianismo. Tanto su madre como su nana le enseñaron la fe cristiana. Recibió lección tras lección en la escuela dominical de su iglesia “All souls”. En ambas escuelas a las que asistió, Oakly Hall y Rugby School, asistía a los cultos de capilla y servicios religiosos (13 por semana en esa institución). Según Rugby School, todo aquel bautizado y confirmado en la iglesia Anglicana era cristiano como por derecho de nacimiento en la cultura inglesa. Todo este pedigrí religioso no fue suficiente para Stott, pues hasta entonces no había llegado la cita soberana que Cristo había concertado para adueñarse de su corazón.

Todo cambió el día que el predicador Eric Nash visitó Rugby School y compartió el evangelio con gran pasión a los estudiantes adolescentes… siga leyendo en La Voz Logos!

israel-palestina-fuente-ap

El 27 de Octubre de 1994, en un discurso pronunciado en la Knésset o Parlamento israelí, el entonces presidente de EUA, Bill Clinton, citó las siguientes palabras que un pastor le dirigió a él antes de llegar a la presidencia: “Si tu abandonas a Israel, Dios nunca te lo perdonará… Es la voluntad de Dios que Israel, el hogar bíblico del pueblo de Israel, continúe por siempre y siempre”.

Y luego concluyó su discurso con estas palabras: “Hasta que alcancemos una paz comprensiva en el Medio Oriente y después de que esa paz comprensiva sea alcanzada…, sepan esto: Vuestra travesía es nuestra travesía, y América permanecerá a vuestro lado hoy y siempre”. Independientemente del propósito político que pueda haber detrás de estas palabras, hay tres aseveraciones aquí que no podemos pasar por alto: En primer lugar, según el presidente Clinton, si EUA abandona a Israel estaría cometiendo un pecado contra Dios; en segundo lugar, según él, Israel posee un derecho divino sobre la tierra de Palestina; y en tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior, EUA está comprometido con prestar una ayuda incondicional a la nación de Israel. Ahora bien, a la luz de las enseñanzas de las Escrituras, ¿cuál es el lugar que ocupa la nación de Israel actualmente dentro del plan redentor de Dios? ¿Se cumplió alguna profecía bíblica en mayo de 1948, cuando David Ben Gurión proclamó el nacimiento del Estado de Israel en las Naciones Unidas?  Estas son algunas de las preguntas que quiero responder en estos artículos, ahora que Palestina fue reconocida en la Asamblea General de Naciones Unidas como “Estado Observador no miembro” de la organización, el 29 de Noviembre pasado.

Para comprender el drama que hoy se vive en Medio Oriente debido al conflicto árabe – israelí, debemos retroceder en el tiempo a mediados del siglo II d.C. cuando los judíos fueron expulsados definitivamente de la tierra de Israel por el Imperio Romano. Unas 6 décadas después de que el templo de Jerusalén fuera destruido por Tito, en el año 70 d.C., el emperador Adriano se propuso reconstruir Jerusalén como una ciudad griega. Esto fue considerado por los judíos como una profanación de sus lugares sagrados, lo que provocó un violento levantamiento en el 132 d.C. que duró unos dos años y medio, liderados por Bar Kochba.

Aunque el ejército romano sufrió muchas bajas en esta revuelta, finalmente logró someter a los judíos, cuyos sobrevivientes fueron expulsados definitivamente de Jerusalén o vendidos como esclavos. Entonces la ciudad de Jerusalén fue reconstruida como una ciudad griega y rebautizada con el nombre de Aelia Capitolina. Mientras que a la provincia de Judea se le comienza a llamar “Palestina” o tierra de los filisteos, en un intento de borrar completamente la memoria del pueblo de Israel en conexión con ese territorio.

Unos años más tarde, en el 637 d. C., los musulmanes conquistan las localidades situadas en la franja costera y se inicia una época en que Palestina cambió de manos varias veces, incluyendo el dominio de los famosos cruzados; hasta que en el 1291 vuelve a pasar a mano de los musulmanes en tiempos de Saladino. Los sultanes turcos, herederos del Califa, extendieron su dominio al territorio Palestino en 1516, viniendo así a formar parte del Imperio Otomano hasta la primera Guerra Mundial. De manera que, durante 400 años Palestina, estuvo en manos de los turcos.

En el ínterin, los judíos que fueron desterrados establecieron comunidades en los cinco Continentes, sufriendo mal trato en muchas ocasiones, en mayor o en menor grado. Para finales del siglo XIX se levantó un fuerte antisemitismo, tanto en Europa Central como en Europa Occidental, lo que fortaleció la identidad judía y la convicción de que la única solución factible para ellos era radicarse en un estado judío independiente.

Así nace el sionismo, un movimiento político organizado, de corte secular (no religioso) y nacionalista, que impulsa el retorno de los judíos a la tierra de Palestina, en un momento en que el Imperio Otomano se encuentra muy debilitado. En 1882 comienzan las oleadas de inmigrantes a regresar a Palestina, de manera que para 1914 había unos 85,000 judíos en la región. Esto trae como consecuencia un despertar del nacionalismo Árabe que no ve con buenos ojos la inmigración y asentamiento de los judíos.

El asunto toma un  giro más complejo durante la Primera Guerra Mundial cuando, en 1917, los británicos ponen fin al control del imperio Otomano sobre Palestina en Diciembre de ese año, tomando el mando de la situación, y teniendo como agenda el establecimiento en Israel del Hogar Nacional de los judíos, tal como estaba contemplado en la famosa declaración Balfour fechada el 2 de Noviembre de 1917. Esta declaración señalaba “que no se hará nada que perjudique los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”. Lo que no estaba claro era cómo habría de establecerse un hogar nacional para el pueblo de Israel, sin afectar a los palestinos que habitaban esas tierras por generaciones.

Con la llegada de Hitler al poder, en 1933, las inmigraciones legales e ilegales se multiplicaron como nunca antes, de tal manera que para 1936 la población judía era de unos 400,000 habitantes. Los conflictos entre árabes e israelíes se fueron haciendo cada vez más violentos, hasta que en 1947 los ingleses decidieron poner en mano de la recién creada ONU el problema de estas dos comunidades en continua lucha. La ONU recomienda la partición de Palestina en dos Estados independientes, uno árabe y el otro judío, dejando a Jerusalén como zona internacional. Los israelitas aceptan el plan de partición en el que a ellos se les otorga el 55% del territorio de Palestina, pero los árabes lo rechazaron rotundamente, alegando, entre otras cosas, la injusticia de que se le cediera a Israel un territorio mayor cuando apenas tenían unas décadas allí y eran casi 3 veces menos en número.

Finalmente, el 14 de mayo de 1948 David Ben Gurión proclama unilateralmente el nacimiento del Estado de Israel, lo que trae como consecuencia que al día siguiente ejércitos árabes invadieran Palestina. Al término de la guerra, en julio de 1949, Israel sale victoriosa ocupando el 77% del territorio de la Palestina histórica (ese territorio sería aún mayor después de la guerra de los 6 días, en junio de 1967, cuando Israel añadiría a su territorio unos 69 mil km2).

Como consecuencia de este conflicto un poco más de 700.000 árabes palestinos se vieron obligados a abandonar sus hogares y convertirse en refugiados en los países vecinos, quedando sólo unos 100.000 palestinos en territorio israelí. Actualmente la población Palestina asciende a 4.260.000 personas, un tercio de los cuales vive en Gaza y Cisjordania, mientras que más de un millón vive en el mismo Israel.

Esa es, básicamente, y visto de una manera muy resumida, el trasfondo de la crisis que hoy se vive en Medio Oriente, para la cual no se vislumbra una solución a corto plazo. David Ben Gurión resumió en pocas palabras la naturaleza y profundidad de esta crisis, cuando dijo en cierta ocasión: “Todo el mundo considera problemáticas las relaciones entre judíos y árabes. Pero no todos ven que esta cuestión es insoluble. Un abismo separa a las dos comunidades… Queremos que Palestina sea nuestra nación. Los árabes quieren exactamente lo mismo”.

Sin embargo, como vimos al principio, para muchas personas este conflicto está tan claro como la luz del medio día. Si el pueblo de Israel es la nación escogida por Dios, y la tierra de Palestina es suya por derecho divino, entonces lo ocurrido en 1948 no fue más que el cumplimiento del plan profético de Dios para con ese pueblo. Pero, ¿es realmente así? ¿Fue el nacimiento del Estado moderno de Israel el cumplimiento de alguna profecía bíblica? ¿Posee Israel algún derecho divino sobre la tierra de Palestina?

Eso lo veremos más adelante, si el Señor lo permite.

Hagar no es conocida como “una mujer de oración”. Tampoco dice la Biblia que Ismael desde niño tenía una envidiable “intimidad con Dios”. Sin embargo, Dios los escuchó a ambos, ¡Y de qué manera! Lo importante de sus vidas en el momento cuando Dios los oye no es la técnica empleada para torcerle el brazo a Dios y obtener su favor, sino lo que Dios hace con Hagar por gracia cuando ella y su hijo se han quedado sin alternativas.

Cuando Hagar es expulsada de la casa de Abraham por una segunda y última vez,1sale con su hijo, con pan y agua. Agotados el pan y el agua en el desierto,2 Hagar se aleja de su hijo para no verlo morir. Se sienta a llorar3 desconsoladamente; primero morirá su hijo y luego ella (Génesis 21:8-21).

Pero la historia no terminó así. Dios escuchó el llanto, la única oración que este niño y su madre podían hacer. No conocen de manuales de oración, ni de pasos, ni de fórmulas, ni secretos; lloran y Dios los oye. Para Ismael y Hagar hacer otra cosa en estos momentos hubiera sido un acto de falsedad y fingimiento; en ese momento sus fuerzas son tan pocas que no les alcanzan para fingir espiritualidad. La única oración que les sale del alma es el llanto.

Muchos de los libros populares sobre la oración intentan contestar la pregunta ¿Qué debemos hacer para que Dios nos escuche? La oración se trata como al dinero y las plantas: ideas para que crezcan y den mucho fruto. Por eso se convierte la oración en técnicas y términos, en pasos y plazos. El colmo del comerciante espiritual sería desarrollar para las iglesias una nueva técnica a partir de la historia de Ismael y Hagar, la del llanto, pues Dios no oye al que ora sino al que llora. Kimberly-Clark se pondría feliz pues serían los primeros en responder a la inusitada demanda de Kleenex en estas Iglesias.

Las lágrimas nunca vienen solas; siempre están acompañadas del “humor espeso y pegajoso… que fluye por las ventanas de la nariz”;4 es decir, los mocos. Este dato podría ser considerado por algunos como bajeza humorística innecesaria y hasta vulgar. Pero no lo es.

La notamos porque para muchos el cristianismo, además de haberse reducido a secretos y técnicas, y en parte por eso mismo, se ha convertido en una extraña paradoja: antropocéntrico y deshumanizado. Antropocéntrico, porque la fe pareciera girar alrededor del ser humano: todo depende de lo que yo haga para que Dios actúe; y deshumanizado porque en el desarrollo de las técnicas nos olvidamos que somos humanos y que en muchos momentos de la vida, por muy creyente que uno sea, es perfectamente normal no saber qué hacer. Llorar para Hagar es no saber qué hacer, qué pensar ni qué decir. Llegar a ese punto es ser humanos. No necesitamos pretender ser otra cosa delante de Dios.

Imagínese a Hagar dando “el testimonio” en nuestra iglesia el siguiente fin de semana. Quizá le preguntaríamos “Cuéntanos Hagarcita, ¿Qué hiciste para que Dios te escuchara, te salvara y te diera todas esas promesas? ¿Cuál es el secreto?” Con seguridad contestaría desconcertada, “¿Hacer yo? Dios lo hizo todo; nosotros apenas si podíamos llorar. Eso fue todo.”

Aunque mucho de la oración es un misterio, dos cosas son seguras según la Biblia: (1) la forma de la oración depende de la situación del orante (esto se aplica tanto para la oración espontánea como para las oraciones hechas); y (2) la respuesta depende de la voluntad de Dios. En otras palabras, no existe en la Biblia una forma de orar que garantice la respuesta de Dios. En conclusión, así como es importante y bonita la intimidad con Dios y las oraciones elaboradas, también el llanto cuenta como oración que Dios escucha. Dios no solamente nos da permiso para llorar, sino que como buen padre toma nuestro llanto como una oración digna de ser escuchada y respondida. ©2011Milton Acosta

_________________

1Génesis 16 relata un episodio parecido, pero muy distinto. Véase Cotter, Genesis, 175-6.

2Para un paralelo entre la experiencia de Hagar y la de Moisés en el desierto, véase García López, El Pentateuco: introducción a la lectura de los cinco primeros libros de la Biblia, 105.

3El texto hebreo dice literalmente: “y levantó la voz, y lloró”, lo cual es la expresión típica para llorar audiblemente (también en Gen 27:38; 29:11; Rut 1:9, 14). Es decir, no dice que Hagar “clama a Dios” (calls upon God) como afirma un comentarista. Véase Cotter,Genesis, 175. De hecho, el relato afirma (v. 17) que “Dios oyó la voz del niño”. Voz en este caso se debe traducir como “llanto” por razones lexicales, proximidad lingüística (v. 16) y por la trama del relato.

4http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=moco

 

 

Milton Acosta, PhD

 

Acompáñeme por el túnel del tiempo, y retrocedamos a la ciudad de Uz. En esa ciudad, había un ciudadano que todos respetaban. Era un hombre intachable, recto, temeroso de Dios y llevaba una vida limpia. Tenía diez hijos, ganado en abundancia, terrenos extensos, una multitud de criados y una cantidad substancial de efectivo. Nadie negaría que era “más grande que todos los orientales” (Job 1:3), ya que se había ganado esa reputación mediante años de trabajo arduo y tratos justos con los demás. Se llamaba Job, sinónimo de integridad y piedad.

Sin embargo, en cuestión de horas llegó a ser, como lo dice un verso de la obra La Comedia de Errores de Shakespeare: Un alma infeliz, maltratada por la adversidad.¹

La adversidad, sin anunciarse, le cayó encima a Job como una avalancha de piedras puntiagudas. Perdió su ganado, sus sembradíos, sus tierras, criados y, aunque usted no lo crea, todos sus diez hijos. Como si esto fuese poco, después perdió su salud, la última esperanza humana de ganarse la vida. Permítame pedirle que deje de leer un momento. Cierre sus ojos por sesenta segundos, e identifíquese con ese buen hombre que fue aplastado bajo el peso de la adversidad.

El libro que lleva su nombre anota una entrada que Job escribió en su diario poco después de que las piedras de la tragedia cayeron sobre él. Con mano temblorosa escribió: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (1:21).

Después de esta increíble declaración, Dios añadió: “En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno” (1:22).

Es justo aquí, en este momento, que tengo moviendo mi cabeza. Me estoy preguntando: “¿Cómo pudo Job, hacerle frente con tanta calma, a toda esa serie de odiseas mezcladas con aflicción?” Piense en el resultado: bancarrota, dolor, diez tumbas recién tapadas. Y la soledad de aquellas habitaciones vacías.

No obstante, leemos que él adoró a Dios; que no pecó, ni le echó la culpa a su Hacedor.

Las preguntas lógicas son: “¿Por qué no lo hizo? ¿Cómo pudo lograrlo? ¿Qué le impidió hundirse en la amargura o incluso pensar en el suicidio?” Sin querer simplificar demasiado la situación, sugiero tres respuestas básicas que he descubierto al investigar el libro que lleva su nombre.

Primero, Job afirmó la soberanía amorosa de Dios. Creía que el Señor que le dio lo que tenía, también tenía todo derecho de quitárselo (1:21). En sus propias palabras dijo: “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (2:10)

Job miró hacia arriba, afirmando el derecho del Señor de gobernar su vida. ¿Quién fue el necio que dijo que Dios no tenía derecho de añadir arena a nuestro barro, marcas a nuestra vasija o fuego a lo que hace con su mano? ¿Quién se atrevió a levantar su puño de barro hacia el cielo y cuestionar el plan del Alfarero? Job no lo hizo. Para él, la soberanía de Dios estaba entretejida con su amor.

Segundo, Job tenía la promesa divina de la resurrección. ¿Recuerda usted sus palabras inmortales? “Yo sé que mi Redentor vive y al fin he de ver a Dios” (Job 19:25–26).

Miraba hacia adelante, apoyándose en la promesa de su Señor de hacer todas las cosas brillantes y hermosas en la vida más allá. Sabía que en ese tiempo quedaría eliminado todo dolor, muerte, tristeza, lágrimas y adversidad. Sabiendo que “la esperanza no avergüenza” (Romanos 5:5), soportó el hoy con una visión del mañana.

Tercero, Job confesó su propia falta de comprensión. ¡Qué alivio da esto! No se sintió obligado a explicar el por qué. Escuche su sincera admisión: “Yo conozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que se esconda de ti. . . Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas [demasiado profundas] para mí, que yo no comprendía. . . Te preguntaré, y tú me enseñarás’” (Job 42:2–4).

Miró dentro de sí mismo y confesó su ineptitud de entenderlo todo. Descansó en Dios durante su adversidad, sin sentirse obligado a responder por qué.

Tal vez usted esté empezando a caer lastimado por las piedras de la adversidad. Tal vez la avalancha ya ha caído o tal vez no. La adversidad puede estar a diez mil kilómetros de distancia. Así es como Job se sentía pocos minutos antes de perderlo todo.

Repase estos pensamientos al apagar las luces esta noche, amigo mío y amiga mía Simplemente, por si acaso. Algunas vasijas de barro se vuelven bastante frágiles al estar expuestas a la luz del sol día tras día.

 

1. William Shakespeare, The Comedy of Errors, 2.1.34, in William Shakespeare: The Complete Works (New York: Dorset Press, 1988), 169.
Copyright © 2010 por Charles R. Swindoll, Inc.

 

Tomado con permiso del ministerio Visión Para Vivir de lo pastores Charles Swindoll y Carlos Zazueta

No te lo pierdas

Recibe lo último en noticias, contenido, y más de Ayuda pastoral —¡inscríbete hoy!