“Camina con cuidado”; “anda en malos pasos”; “dio un resbalón” dice la gente cuando quiere hablar de la conducta. En español se usa el verbo “caminar” como un sinónimo del comportamiento. Quien “va por buen camino” tiene un comportamiento ejemplar. Sin embargo, quien “anda en malos pasos” se comporta de manera incorrecta.

La Biblia también usa el verbo “caminar” como una metáfora para el comportamiento. En particular, Efesios 4 al 6 nos exhorta a vivir de acuerdo a los valores del Evangelio. La teología cristiana, resumida en los primeros tres capítulos, nos revela el carácter de Dios. Afirma que Dios es santo, que es misericordioso, que juzga con justicia, que ama a la humanidad y que busca la reconciliación de la humanidad. La ética cristiana demanda que los creyentes tratemos de imitar a Dios, encarnando su amor, su justicia y su misericordia. La palabra clave de la segunda sección de Efesios es el verbo griego “peripatéo”, traducido al español como “andar” o “caminar” en 4:1, 17 y 5:1-2, 8 y 15.

Queda claro, pues, que Efesios nos exhorta a “caminar” con dignidad, encarnando los valores que Dios nos ha enseñado por medio de su manera de tratar a la humanidad y que Jesucristo demostró en su ministerio terrenal.

Efesios 5:15 al 20 es la conclusión de la exhortación que comenzó en el primer versículo del capítulo 4. Este pasaje resume las enseñanzas de lo que ha sido una larga exhortación sobre el comportamiento del creyente. Entre los cinco versículos que incluye este pasaje, hay uno que se destaca de manera especial. Efesios 5:18 dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”

Este versículo sorprende por dos razones principales. En primer lugar, parece ser una referencia al día de Pentecostés, donde los 120 creyentes que recibieron el bautismo en el Espíritu Santo fueron acusados de estar borrachos (Hch. 2:13). En segundo lugar, sorprende porque establece una clara conexión entre la ética cristiana y la doctrina del Espíritu Santo. El pasaje afirma que el creyente que “camina” como es digno del Evangelio de Jesucristo vive “lleno” del Espíritu Santo de Dios.

Este es un buen momento para repasar algunos puntos básicos de la doctrina bíblica sobre el Espíritu Santo. Este es uno de los personajes centrales de la historia, dado que ha estado presente desde la creación (Gn. 1:2) y estará presente hasta el fin de los tiempos (Ap. 22:17). El Espíritu de Dios, junto con el Dios Padre y el Dios Hijo, conforma la Trinidad. Por lo tanto, el Espíritu Santo es la presencia misma de Dios en el mundo.

En su discurso final, Jesús de Nazaret afirmó que la tarea del Espíritu Santo sería revelar la verdad (Jn. 14:15-17; 15:26-27); recordarle las palabras de Jesús (14:25-26); y convencer al mundo de juicio, de pecado y de justicia (16:7-15).

El Espíritu Santo es una figura clave para el desarrollo espiritual del creyente. El Espíritu nos lleva a Cristo, nos recuerda sus enseñanzas, nos convence de pecado, nos lleva a la verdad y nos acompaña en nuestro caminar de fe. El Espíritu Santo es quien nos capacita para “caminar” de acuerdo a los valores del Reino de Dios.

En el Nuevo Testamento hay otros textos que hablan de las varias funciones del Espíritu Santo:

  • Hechos 1:8 afirma que el Espíritu da a los creyentes “poder para testificar” acerca de Jesucristo.
  • Romanos 8:26 describe la acción pastoral del Espíritu, quien ayuda a los creyentes intercediendo a su favor en los momentos de debilidad.
  • Romanos 12:6-7, 1 Corintios 12 y 14 y Efesios 4:11 enumeran los dones del Espíritu. Los dones son habilidades y talentos que Dios da a su Iglesia para facilitar el cumplimiento de la misión cristiana.

Todos estos énfasis son importantes y deben tenerse en cuenta a la hora de hablar sobre la labor del Espíritu Santo. Sin embargo, hoy queremos recalcar que el Apóstol Pablo también afirmó que el Espíritu de Dios capacita a los creyentes para “caminar” de acuerdo a los valores del Reino de Dios. Quizás el texto donde Pablo habla con más claridad sobre este asunto es Gálatas 5:22 al 26, el texto que enumera los “frutos del Espíritu”:

22Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26No busquemos la vanagloria, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Cuando Efesios nos exhorta a buscar la plenitud del Espíritu, nos está llamando a encarnar los frutos del Espíritu.

En fin, la persona que está llena del Espíritu Santo puede comportarse a la altura de los valores del Evangelio de Jesucristo.

Efesios 5:18, pues, nos exhorta a buscar la plenitud del poder del Espíritu Santo dado que la llenura del Espíritu nos capacitará para “caminar” de forma agradable a Dios. Interesantemente, la frase “sed llenos del Espíritu” está en el modo imperativo. Es decir, es un mandato o una orden. ¿Por qué el texto nos ordena buscar esa plenitud con lenguaje tan claro, tan directo y tan recio? No sé, esa pregunta puede responderse de diversas maneras.

Quizás Efesios nos ordena buscar la plenitud del Espíritu porque Dios conoce que somos personas pecadoras. Quizás Efesios nos ordena buscar la plenitud del Espíritu porque Dios sabe cuán difícil es alcanzar la madurez espiritual. Quizás Efesios nos ordena buscar la plenitud del Espíritu porque Dios sabe que no estamos llenos de su Espíritu.

Para ser fieles a Dios, tenemos que buscar la plenitud del Espíritu Santo. Sólo los creyentes que aprenden a “caminar en el Espíritu” pueden llegar a ser “firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).

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