“Dios” no es el nombre de Dios. Las palabras que se traducen “Dios” en la Biblia son palabras generales que, al igual que nuestra palabra española, podrían aplicarse a cualquier deidad. En hebreo las palabras son El Elohim, y en el griego la palabra es theos. Pero Dios sí tiene un nombre propio, que es revelado específicamente en Éxodo 3,

13 Entonces dijo Moisés a Dios [Elohim]: He aquí, si voy a los hijos de Israel, y les digo: “El Dios [Elohim] de vuestros padres me ha enviado a vosotros,” tal vez me digan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les responderé? 14 Y dijo Dios [Elohim] a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: Así dirás a los hijos de Israel: “YO SOY me ha enviado a vosotros.” 15 Dijo además Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: “El Señor [YHWH], el Dios [Elohim] de vuestros padres, el Dios [Elohim] de Abraham, el Dios [Elohim] de Isaac y el Dios [Elohim] de Jacob, me ha enviado a vosotros.” Este es mi nombre para siempre, y con él se hará memoria de mí de generación en generación.

¿Qué sucede en este pasaje? Dios apareció a Moisés para enviarlo a liberar a los judíos, que estaban esclavizados en Egipto. Moisés responde a esta comisión con ¿Y quién soy yo para rescatar a los judíos? (3:11-12) Dios le dice que no se preocupe porque él (Dios) estará con Moisés. O sea, no importa quién es Moisés, solo importa con quién está. El pasaje nuestro surge como respuesta a esta promesa de Dios: pues Moisés quiere saber, lógicamente, ¿Quién eres tú? ¿Quién les digo a los hijos de Israel viene conmigo? La respuesta de Dios es: YO SOY EL QUE SOY y luego YO SOY. Estas declaraciones no son el nombre de Dios, son explicaciones del nombre de Dios. En hebreo son el verbo “ser”en primera persona y gramaticalmente connotan acción perpetua: “estoy siendo el que estoy siendo” o “estoy siendo el que es.” La idea no es tanto el concepto abstracto la eternidad de Dios como su presente y continuo ser en acción. La conexión a los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, señala que el YO SOY es igual a lo que fue en aquel tiempo. No ha cambiado, y por lo tanto su interés en Abraham y su descendencia es también igual. YO SOY no se ha olvidado de sus promesas y por eso mismo está ahora enviando a Moisés a Egipto para liberar a los hijos de Abraham. Entonces una de las connotaciones principales the YO SOY es fidelidad. Yo soy fiel. Yo soy el que continúa haciendo lo mismo que estoy haciendo.

Pero es en versículo 15 que se revela específicamente el nombre de Dios: YHWH. Estas cuatro letras son una derivación del verbo “ser” que ya se ha usado tres veces en el contexto, señalando que el sentido de YHWH está relacionado intrínsecamente al concepto de existencia permanente, fidelidad, constancia de propósito. La idea que los judíos deberían haber asociado con el nombre de Dios era esa combinación: Como Dios es el Dios que siempre existe, él es fiel y constante en sus buenos propósitos hacia nosotros. Esa es la destilación del sentido del YHWH, el nombre de Dios. Eso es lo que deberíamos pensar al pronunciarlo.

Pero, nos preguntamos, ¿porqué es que este nombre que se usa unas 6000 veces en el AT no aparece en nuestras Biblias? Es una buena pregunta. Algo tan importante como el nombre de Dios debería estar disponible para los que le adoran. En todas las ediciones de la Reina Valera aparece una aproximación de YHWH, que es la palabra Jehová. No la podemos llamar una traducción ni tampoco una transliteración. Realmente es, sin intención de menospreciar su referente, lingüísticamente, una distorsión.

La historia fue así: Los judíos ya en los tiempos de Jesús, para mostrar su respecto al nombre de Dios, no lo pronunciaban. Puede ser que esta reverencia del nombre de Dios surge del temor de romper el segundo mandamiento: “No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano.” (Ex. 20:7) Es fácil de obedecer si no lo pronuncias. Por otro lado es obvio que la Biblia no prohíbe pronunciar el nombre de Dios pues en ese caso no sería necesario el segundo mandamiento. En la traducción antigua del AT al griego, la Septuaginta, escrita unos 200 años antes de Cristo, tampoco se intentó una transliteración del Nombre, sino que se remplazó con la palabra griega kurios, que quiere decir “Señor”. Esta práctica de no pronunciar el nombre de Dios se nota también en el Nuevo Testamento, aunque no es consistente. Por ejemplo, para Mateo el reino de Dios es el reino de los cielos. Se piensa que Mateo hizo esto por respecto a las sensibilidades judías, pues la audiencia de Mateo es primordialmente judía. También el Sanedrín le pregunta a Jesús si es el hijo del bendito (Marcos 14:61). Obviamente, no quieren ni pronunciar el nombre. ¡Imagínense el escáldalo cuando Jesús se autodenomina el hijo de Dios!

La práctica judía de no pronunciar el nombre de Dios continúa a través de los siglos y es incorporada en los manuscritos del antiguo testamento de los masoretas, los copistas medievales judíos que preservaron el texto hebreo. Como este texto está repleto de referencias al nombre de Dios los masoretas incluyeron en los mismos manuscritos una señal para recordarle al lector que no diga el nombre de Dios en voz alta. La práctica recomendada era que cuando uno llegara a la palabra YHWH en un pasaje, en vez de decir YHWH, diría Adonai, que quiere decir “Señor” en hebreo. Para acordarse de ese cambio los masoretas incluyeron las vocales de Adonai entre las consonantes de YHWH. Entonces, si uno va a una biblia hebrea hoy, todavía verá esas vocales: YaHoWaH o en español Jehová. Es importante reconocer que los masoretas nunca pronunciaron esta palabra, ni nadie antes de ellos tampoco. Las vocales solo servían como recordatorio para cambiar palabras. En vez de decir YHWH, se decía Adonai. La palabra “Jehová” es, entonces, un accidente semántico surgido de un malentendido. Pero claro, es perfectamente adecuado en el mismo sentido en que Dios puede ser nombrado con cualquier palabra en cualquier idioma. Y además de eso no es después de todo tan diferente.

A algunos nos gustaría regresar la pronunciación original, pero surge un problema. Como por muchos siglos no se pronunció el nombre, y como el hebreo antiguo no tenía vocales, ¡no sabemos cómo pronunciar la palabra! Pero sí tenemos algunas pistas. El padre de la iglesia Clemente de Alejandría en el tercer siglo cuando, se espera, había todavía una memoria del sonido de la palabra, nos da una transliteración de YHWH al griego: iaoue. Teodoreto lo tiene como iabe. Estas traducciones y nuestro conocimiento del verbo hebreo “ser” (hayah) sugieren las vocales y el resultado es Yahweh. Es lo más cerca que podemos llegar a la pronunciación del nombre de Dios que fue revelado a Moisés.

Pero otras Biblias (LBLA, NBLH, DHH, NVI) no usan Jehová, sino SEÑOR (notar mayúsculas). O sólo Señor. A veces se traduce como DIOS porque la frase Adonai Yahweh (Señor Yahweh) se usa mucho en el AT y saldría un poco raro decir Señor SEÑOR. Como ya hemos visto, traducir Yahweh con Señor corresponde a la práctica que se usó en la primera traducción del AT al griego, la Septuaginta. Isaías 61:1 es un buen versículo para comparación porque tiene, primero Adonay Yahweh, y segundo Yahweh. Veamos cómo se han interpretado estas palabras en las mayores traducciones castellanas:

  • El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová (RVR60)
  • El espíritu de Jehová, el Señor, está sobre mí, porque me ha ungido Jehová (RVR95)
  • El Espíritu del Señor Jehová está sobre mí, porque me ha ungido Jehová (RVA)
  • El Espíritu del Señor DIOS está sobre mí, porque me ha ungido el SEÑOR (LBLA)
  • El Espíritu del Señor DIOS está sobre mí, porque me ha ungido el SEÑOR (NBLH)
  • El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha consagrado (DHH)
  • El Espíritu del SEÑOR omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido… (NVI)

Al ver al caos de las otras versiones, quizás el usar Jehová no fue tan mala idea después de todo. Personalmente, cuando yo veo SEÑOR o DIOS hago al revés de los masoretas y pronuncio el nombre Yahweh. Por alguna razón reveló su nombre.

(De paso, no puedo resistir esta observación que poco tiene que ver con el tema de este artículo. En Isaías 61:1, igual que en Génesis 1:1-3, vemos la Trinidad en el Antiguo Testamento: el espíritu de Dios, el ungido, y YHWH.)

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