Respuestas de diversos pastores y líderes:

Pastor Edwin  Gonzales

La “Gran Comisión” de Mt 28:18-20 define cuál es la “misión principal de la iglesia”: “Id por el mundo (o mientras van por el mundo), haced (o haciendo) discípulos de todas las naciones, bautizándolos y enseñándoles a que guarden todas las cosas que yo os he mandado”.  La promesa de la presencia de Cristo “hasta el fin del mundo” implica que la misión no fue sólo asignada a los reunidos durante la Ascensión del Señor, sino a los discípulos de todas las naciones y generaciones;  ésos por quienes Cristo oró en Juan 17:20 que “han de creer en mí por la palabra de ellos”

De acuerdo a I Tim 3:15-16 Pablo escribió esta carta para dejar instrucciones a Timoteo sobre cómo “conducirse en la iglesia”.  Tanto en esa epístola cómo en la segunda, el énfasis abrumador del apóstol es que Timoteo se dedicara a la instrucción, lectura pública, predicación, exhortación, enseñanza y aplicación de la Palabra de Dios en la iglesia

A Tito, dejado en Creta para afianzar a los discípulos en las iglesias de Creta, Pablo le instruyó sobre cómo enseñar la Palabra en diferentes contextos y a diferentes grupos en la iglesia

A las iglesias de Galacia, Pablo apeló como quien “sufre dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros” Ga 4:19.  A los Corintios, les recriminó que se hubieran desviado de la “simpleza de la devoción a Cristo” 2 Co 11:3.  En fin, el Nuevo Testamento es un tratado de instrucción y enseñanza a discípulos que se reunían como iglesias locales en sus comunidades.  Estos discípulos, son aquéllos a quienes Dios eligió, llamó, y por quienes envió a Su Hijo al mundo

La misión de la iglesia local es hacer la Obra del Evangelio definida por la Gran Comisión y ejemplificada en el Nuevo Testamente a saber, HACER, BAUTIZAR, ENSEñAR Y REPRODUCIR discípulos hasta que Cristo vuelva por ellos.  Como lo esbozan Colin Marshall y Tony Payne en su libro “The Trellis and The Vine”, los discípulos son la vid (los discípulos de Cristo), y todo lo demás (ministerios, música, actividades y programas), son sólo la verja que se coloca o remueve en favor del crecimiento de la vid.

La iglesia militante definida en la Escritura como los discípulos de Cristo en la tierra asociados en una asamblea local, no es una escuela, ni un centro de evangelismo, ni un centro de adoración sino el cuerpo de Cristo, el Templo del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad Rom 12:5-8, I Co 12:12-13, Ef 5:17, 2 Co 3:16, I Tim 3:15-16

La iglesia es un fin en si misma, y no un medio o una herramienta para lograr algo.  La iglesia es el cuerpo de Cristo, aquéllos por quienes El murió, el Pueblo del Pacto, el cumplimiento de la promesa del Padre al Hijo descrita en el Salmo 2: “pídeme y te daré los fines de la tierra por herencia”.  Por tanto la misión de la iglesia es buscar a los adorares que el Padre busca que le adoren Juan 4:23-24,  “hacer discípulos”, a quienes hay que enseñar a que guarden todas las cosas que Cristo ha mandado en Su Palabra, lo cual incluye buscar y hacer nuevos discípulos

Por lo tanto las reuniones, actividades, metas, programas y visión-misión de la iglesia deben estar alineados a la lectura, enseñanza, exhortación, instrucción y  propagación de la Palabra de Dios la cual tal y como se exhorta en Col 3:16 “debe morar en abundancia en nuestros corazones”, de tal manera que hasta en nuestros cánticos, Psalmos e himnos espirituales, haya exhortación, instrucción, amonestación y enseñanza, mientras alabamos y adoramos a Dios el Padre, en el Poder del Espíritu, por medio de Jesucristo

Por supuesto que habrán muchas actividades relacionadas con la iglesia,  adoración, evangelismo, programas, etc., pero si éstos no se alinean con la misión de hacer, entrenar y reproducir adoradores de Dios y discípulos de Cristo, las mismas se alejarán de la Gran Comisión de Mateo 28:18-20 la cual es la verdadera misión de la iglesia

Daniel Hurtado

La MISIÓN PRINCIPAL que define a la iglesia local en este mundo es la de ser testigos de la persona y de la obra del Señor Jesucristo. Se puede evidenciar el plan y propósito de Dios desde los albores de la humanidad en cuanto a su intención de salvar al género humano. (Gn. 3:15; Gn. 12:1-3; Gn. 26:4; Gn. 28:14; Sal 2:8; Is. 42:6, 49:6 , 2 Co. 5:19; Mt. 4:15-17; Ap. 5: 9, etc.).

El mismo Señor dijo ser la luz de mundo (Jn. 8:12) y endosó esta responsabilidad a la iglesia (Mt. 5:14). Todo su ministerio fue enfocado a salvar a los perdidos, aun sus propias enseñanzas revelaban el interés de su corazón (Lc. 15). La famosa Gran Comisión pone en el tapete la mayor carga que embargaba el corazón del Maestro antes de ascender a los cielos (Mt. 28:18-20; Mr. 16:15,16); Lc. 24:47,48; Jn. 20:21; Hch. 1.8).

Pablo, destaca y felicita la excelente labor evangelística y misionera de la iglesia de Tesalónica, de como habían llevado el evangelio a Macedonia y Acaya. (1 Tes. 1:8).

Pedro, luego de hablar en su primera carta de Jesucristo como la piedra principal y de nosotros como piedras vivas, dice que somos un pueblo y una nación “llamados a anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pe. 2.9).

En el libro de Apocalipsis Dios usa al “candelero” como símil de la iglesia, para destacar su función principal: ILUMINAR (Ap. 1:20).

La iglesia lleva adelante el plan maestro diseñado por el creador, compartiendo el evangelio y dándoles a los hombres la oportunidad de responder a la oferta de salvación y de ser discípulos de Cristo.

Tony Segar

Bien lo establece la Confesión de fe de Westminster cuando responde al propósito de la vida del hombre diciendo: conocer a Dios y glorificarle por siempre.

Desde la eternidad el blanco de Dios fue elegir a un pueblo propio para que fuese “para alabanza de su gloria…” (Ef. 1.12). De ahí que la adoración fue estampada en la creación cuando Dios circunscribió al hombre a un horario de 6 días de trabajo y uno de reposo el cual, según se explica en Éxodo 20, es un día santificado: de santa convocación.

El llamado de Dios a su pueblo Israel fue un reclutamiento al sacerdocio “Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa…” (Ex 19.6).

La enseñanza Novo testamentaria no cambia sino confirma esta prioridad cuando Jesús en respuesta a la pregunta de la mujer samaritana responde “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. (Jn 4.23).

Los muros de la iglesia mismos atestiguan acerca de la adoración pues no sol los muros de una escuela o carpa evangelista sino de un templo en donde Dios habita y en done tenemos acceso a Él para ofrecer, según Pedro, sacrificios espirituales como sacerdotes de Dios. IPed. 2:5

Finalmente, cuando miramos dentro del cielo a través de la ventana del Apocalipsis, vemos a los santos dedicados primordialmente a la adoración Apoca. 4.

No obstante la iglesia en la tierra no puede enclaustrarse en la adoración únicamente. Debe de salir a reclutar adoradores por medio de la gran comisión a todas las naciones. Aquellos que se convierten no solo son creyentes sino testigos de Cristo además.

La iglesia asimismo debe de cumplir lo que algunos han nombrado “la gran omisión, es decir, la segunda parte de la gran comisión: “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…” (Mt 28.20).

Aún en estas otras dos actividades la adoración continúa como el epicentro. Pablo reviste su evangelismo en términos de adoración al decir “para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo (Ro 15.16). Asimismo la totalidad de nuestra obediencia es enmarcada en términos de adoración como Pablo lo hace antes de comenzar con las exhortaciones practicas en la epístola de Romanos “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Ro 12.1–2).

En resumen la iglesia adora, evangeliza, aprende y madura todo esto debe realizarse en términos doxológicos. Dios escribió el libro de nuestra salvación nosotros hemos firmado nuestras vidas en dedicatoria.

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