Mateo 7:7-12
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley
y los profetas.

Este texto es parte del sermón más famoso e impactante de la historia, el Sermón del Monte. El sermón del monte se caracteriza por mostrar la esencia de la obediencia que agrada a Dios. Muestra que Dios no está interesado en que cumplas reglas, protocolos y rituales, sino que su agrado y bendición está con la obediencia de corazón; con los pobres en espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los pacificadores, y los que aman tanto a Dios que están dispuestos a sufrir por su causa.
El Salvador muestra que la obediencia que agrada a Dios es aquella que no es sólo en lo externo sino sobre todo en lo interno; una obediencia radical y totalmente contraria a la naturaleza humana. Notemos algunas de las declaraciones radicales del Salvador que son parte del Sermón del Monte:
� Mateo 5:11-12 – Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
� Mateo 5:21-22 – Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.
� Mateo 5:27-29 – Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
� Mateo 5:38-39 – Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;
� Mateo 5:43-44 – Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
� Mateo 6:19-20 – No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Hay muchos más. Esto es sólo una muestra. Uno lee estos textos y simplemente queda humillado delante de estas palabras y la tendencia de nosotros entonces es a racionalizarlos y buscarle una explicación para que no suenen tan fuertes.
“¿Poner la otra mejilla? Realmente no es eso lo que Cristo quiere decir. Yo tengo derecho a defenderme”
Cuando creas que tu tienes la vida cristiana bajo control y que estás conforme con tus frutos de obediencia, te recomiendo que te sumerjas un rato en el Sermón del Monte para cortar cualquier tendencia a confiar en ti mismo y recordar que tan lejos estás de vivir la vida radical a la cual Cristo te llama.
En ese contexto encontramos nuestro pasaje. Pasemos a examinar el pasaje.\

Pide y Recibirás (vs. 7-8)
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Este pasaje es un mandato del Señor a orar y utiliza 3 palabras para describir la oración. Pedir, buscar y llamar. Más que un mandato, estas palabras del Señor son una promesa. El promete que al que le pide a Dios, Dios le dará, que el que busca a Dios lo encontrará y el que llama a la puerta de Dios, Dios le abrirá ¿Necesitas algo, pídelo? Pídelo a Dios quien puede darte todo lo que necesitas.
El Salvador nos motiva a pedir porque la respuesta es segura. Noten que el verso 8 empieza con la palabra “Porque”. ¿Qué puede ser más estimulante que la seguridad de que nuestras peticiones serán concedidas? ¿Necesitas esperanza? Pídelo y Dios te la dará. ¿Necesitas perdón de pecados? Pídelo y Dios te lo dará Y es aun mejor porque es gratis. No dice que al que pide Dios le presta, sino que al que pide, Dios le da. Esa es su gloria, ser el que da conforme a sus riquezas, porque el que da recibe la gloria.

¿Cómo se que la respuesta es segura? (vs. 9-11)
9¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

El Salvador utiliza el sentido común. La respuesta es segura porque Dios es bueno y tu eres su hijo. Es la misma lógica que utiliza el apóstol Pablo en Romanos 5:10.
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
Si siendo egoísta por naturaleza te complaces en darle buenas cosas a tus hijos, es totalmente razonable esperar que Dios, quien es perfectamente bueno y generoso, infinito en riquezas y recursos, dará buenas cosas a sus hijos. Esta parte del texto es de gran ayuda con las oraciones no contestadas. Noten lo que dice:
¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?

No dice que él le dará un pan. Sólo dice que no le dará una piedra. Él no dice que le dará un pescado. Sólo dice que no le dará una serpiente. Cuando promete lo que dará, dice: cosas buenas .
Cuando oras, confiando en las promesas de Dios en la Biblia, como: todas las cosas obran bien o mi Dios suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria, o el bien y la misericordia me seguirán todos lo días de mi vida – pídele aquellas cosas que crees que necesitas – un empleo, un mejor matrimonio, ayuda en un examen, una visa para viajar – siempre recibirás lo que pidas o algo mejor. Y ese algo puede doler.

Ilustración: Vamos a suponer que mi niña de 2½ años se me acerca y me dice: “Papi, dame una galletita.” Yo busco la caja de galletas y al sacar la galleta noto que tiene moho. La galleta está mohosa. Entonces le digo: “No te puedo dar la galleta porque tiene cosas verdes”. Ella tal vez se ponga a llorar y no entienda. Tal vez quisiera comerse la galleta con todo y “la cosa verde”, pero un buen padre le dará lo mejor. En este caso, sería buscarle otra merienda o simplemente no darle nada.
Eso es lo que Dios nos promete. Si le pides a Dios que te conceda algo que piensas que necesitas y su respuesta es diferente a lo que pediste, puedes estar seguro que es porque te dio algo mejor. Aunque tu no lo veas así.
Efesios 3:20 – Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos,
Nosotros realmente no sabemos lo que necesitamos, como el niño pequeño que quiere una galletita pero si se la come le haría daño.

¿Por qué promete el Señor respuesta a nuestras oraciones? (vs. 12)
Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

El verso 12 inicia con dos palabras claves las cuales lo conectan con los versos que ya hemos considerado. “Así que”. Palabras pequeñas como estas son sumamente importantes. Si no fuera por estas dos palabras lo normal sería pensar que en el verso 12 el Salvador da un giro en su sermón y cambia de tema, pero este “Así que” muestra que hay una relación y entre la promesa de los versos 7-11 y la exhortación del verso 12.
El argumento del Salvador es: Como todo lo que le pidas a Dios él te lo dará ya que el es un buen Padre y tu eres su Hijo, entonces tu puedes amar a los demás de manera radical haciéndole a los demás lo que quieres que ellos hagan contigo.

¿Por qué orar? Porque la vida cristiana es imposible sin el poder de Dios. Obedecer el Sermón del Monte es imposible. En particular es imposible para un hombre natural hacer a los demás lo que él quiere que los demás hagan con él.
Dios te puede dar el poder para sacar la viga de tu ojo antes de ver la paja en el otro, para buscar primeramente el reino de Dios y no afanarte por las posesiones materiales, para hacer tesoros en el cielo, para ayunar y orar en secreto, para amar a tus enemigos y gozarte y alegrarte cuando te maltraten por causa de Cristo.
Esa es una diferencia entre el legalista y el que vive la vida cristiana por fe. El legalista ve los mandamientos de Dios y dice: ¿Tengo que amar a mis enemigos y hacerle a los demás lo que quiero que hagan conmigo? Pues adelante, me armo de valor y cumplo con mi deber. El hombre de fe ve estos mandamientos de Dios imposibles de cumplir para el hombre natural y dice: No hay manera que yo pueda hacer eso. Yo realmente me enojo contra mis enemigos y busco lo mío primero antes que lo de los demás. Se siente humillado, sin fuerzas y desesperado y mira las promesas de Dios – Pedid y se os dará. Pide gracia para amar a tus enemigos y hacer a los demás como tu quieres que te hagan a ti y yo te daré la gracia para hacerlo.

El punto de central de este texto es el Señor Jesús quiere que cuando veas la enorme dificultad de amar al prójimo sacrificando tu propia comodidad recuerdes: “Pedid y se os dará”. Cuando te enteres que el vecino ha estado difamándote y amarlo se vea como imposible, “Pedid y se os dará”. Cuando llevas ahorrando varios meses para comprar algo que deseas y te enteras de una hermana que tiene una gran necesidad y ves como imposible darle a ella lo que tu quisieras que te dieran a ti en esa situación sacrificando los planes que tenías con tus ahorros, “Pedid y se os dará”.
Esto nos enseña algo sobre la oración y su propósito. Oramos a Dios para que nos de todo lo que necesitamos para hacer su voluntad, la cual es imposible hacer sin su poder.
Los cristianos estamos llamados a orar por todo; ropa, comida, casa, transporte, salud, empleo, pero el verso 12 muestra el supremo propósito de la oración, esto es, pedir todo lo que necesitamos para amar a Dios y al prójimo. Hermanos, oremos por las cosas materiales, pero sobre todo oremos por cosas espirituales.

Lo que más necesitamos no es comida, salud y protección. Lo que más necesitamos es gracia para vencer la tentación y amar a Dios y al prójimo. Eso requiere de un mayor milagro que las cosas materiales. Dios hace salir su sol sobre buenos y malos, pero sólo da gracia a los humildes.
Si Satanás orara, es concebible que el ore por su salud, por su empleo, por la protección durante el día, pero nunca pediría lo que pide el salmista en el Salmo 119:36
Inclina mi corazón a tus testimonios, Y no a la avaricia.
Nuestras oraciones revelan los deseos del corazón.

D.A. Carson: Aquellas cosas por la cual damos gracias con mayor frecuencia son las cosas que más valoramos.
Lo mismo se puede decir de nuestras peticiones. No estoy diciendo que ores menos por las cosas materiales y temporales, sino más bien que ores más por cosas espirituales que son más importante. Si quieres aprender, nota las cartas de Pablo cuando él dice cuales son sus peticiones y acciones de gracias.
Sean tus peticiones por cosas materiales siervas de tus peticiones espirituales. O sea, que las cosas materiales por las cuales pidas contribuyan a tu cumplir con la voluntad de Dios, porque la Palabra de Dios enseña que es posible pedir incorrectamente.

Cuidado con pedir mal
Santiago 4:3-5 – Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?

El texto enseña que se puede orar incorrectamente. “Pedís mal”. Oras mal cuando lo que le pides a Dios es para gastar en tu deleites. El apóstol Santiago le llama adulterio. Nuestra traducción de la Biblia dice “Oh almas adúlteras”, pero en el original es una sola palabra, “adúlteras”. Y es femenino a propósito. La iglesia, los creyentes, son la esposa de Cristo según Efesios 5 y el pueblo de Dios es representada como su esposa en Ezequiel 16.
Cuando le pides cosas a Dios para gastar en tus deleites en lugar de Dios estas siendo infiel a Dios como la esposa que usa los bienes que su marido le da para pagarle a hombres extraños para acostarse con ellos.
Noten como Dios se refiere a la idolatría de Israel en Ezequiel 16:32-34:
sino como mujer adúltera, que en lugar de su marido recibe a ajenos. A todas las rameras les dan dones; mas tú diste tus dones a todos tus enamorados; y les diste presentes, para que de todas partes se llegasen a ti en tus fornicaciones. Y ha sucedido contigo, en tus fornicaciones, lo contrario de las demás mujeres: porque ninguno te ha
solicitado para fornicar, y tú das la paga, en lugar de recibirla; por esto has sido diferente.

Es posible pedirle a Dios un bien material y que él no nos lo conceda porque ese bien sería objeto de idolatría, que es lo mismo que adulterio espiritual. Noten los versos 2 y 3.
¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?

Tu deleite ha de ser Dios y no que tu le pidas a Dios lo que realmente te gusta.
¿Es Mateo 7:7- una exhortación a usar a Dios como el genio de la lámpara de Aladino? No. Es claro que el punto de la promesa de Mateo 7:7-11 es pedir con confianza la gracia necesaria para vivir la vida cristiana, pues Dios te lo concederá.
Algo que nos puede ayudar a ver y usar la oración correctamente es reconociendo que es una arma de guerra. En Efesios 6, el apóstol Pablo nos describe cuales son nuestras armas espirituales para luchar.

Efesios 6:17-19 – Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; (18) orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; (19) y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,
La oración es un instrumento de guerra, no una barita mágica para satisfacer nuestros deseos terrenales. El mantener una mentalidad de guerra nos ayudará evitar peticiones malas.
John Piper: La oración no es un interfono doméstico, sino más bien un walkietalkie de guerra.
Un interfono doméstico es el instrumento de comunicación que utilizan las personas adineradas para solicitar los servicios de sus mayordomos, mientras que el walkie-talkie es un instrumento de comunicación que utilizan los soldados en la guerra para pedir municiones y refuerzos, informar la ubicación del enemigo, pedir asistencia para los heridos, etc. Así han de ser nuestras oraciones. Todo lo que pidamos ha de ser para contribuir con la causa de la guerra.

Oremos por todo para la gloria de Dios
Hermanos, en ninguna manera es nuestra intención y mucho menos la intención de nuestro Salvador que dejes de orar por las cosas materiales. Orad sin cesar. Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego. La intención es que nuestras oraciones están cada vez más saturadas por peticiones espirituales y que aun las peticiones por cosas materiales y temporales sean con el propósito de glorificar a Dios con nuestras vidas y aumentar nuestro gozo y deleite en él más que en sus dones.
Ahora más que nunca pidamos con la seguridad plena de que Dios nos concederá todo lo que le pedimos que contribuya para nuestro mayor bien y gozo.

Pastor Luis Arocha
10 de Diciembre, 2006
Iglesia Bautista de la Gracia
Santiago, Republica Dominicana

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