Respuestas de diversos pastores y líderes:

Pastor Edwin  Gonzales

Antes de responder, quien escribe predica y enseña dos veces por semana en la iglesia a la cual sirve; sin embargo no devenga un salario por la iglesia, pues por convicción personal, al igual que Pablo con los Corintios “hace tiendas” para “no ser gravoso” a la iglesia local.  No obstante, la Escritura establece principios claros que regulan la manera como los pastores deben ser remunerados por sus labores

  1. El Principio de la Reciprocidad.  Gal 6:6 “El que recibe instrucción en la palabra comparta toda cosa buena con quien le instruye.”  Si recibimos instrucción espiritual, es justo retribuir a los que se apartan de las labores cotidianas, para alimentar nuestras almas comparar con I Co 9:1-14
  1. El Principio de la Equidad (la compensación debe ser conmensurada con la labor realizada) I Tim 5:17 “Los ancianos que gobiernen bien sean tenidos por dignos de doble honor, especialmente los que trabajan arduamente en predicar y enseñar.”  Doble honor = doble honorario, no necesariamente doble salario, pero si una compensación generosa y digna en los que muestran excelencia, dedicación y esfuerzo en sus labores ministeriales
  1. El Principio de la legitimidad: I Co 9:14 “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.”  El salario pastoral no es una práctica conveniente, ni una acción pragmática, sino que sigue una ordenanza directa de Cristo y es por tanto legítimo pagar a sus siervos, una remuneración por sus labores en el ministerio
  1. El principio de la dignidad del salario pastoral: I Ti 5:18 “El Obrero es digno de su salario” El salario pastoral no es una limosna, sino el pago digno de recompensar una labor terrenal con repercusiones eternas
  1. El principio de la generosidad: Fil 4: 14-18 “…Sin embargo, todo lo he recibido y tengo abundancia. Estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, como olor fragante, un sacrificio aceptable y agradable a Dios. 19 Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad vuestra, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Muchas iglesias “retienen más de lo necesario” con sus pastores, y “vienen a pobreza” en el sentido espiritual.  Otras, “reparten y les es añadido más”.  Es vergonzoso ver a supuestos “siervos de Cristo” dilapidar los recursos de la iglesia, pero es igual de vergonzoso ver “iglesias de Cristo” asfixiar a siervos verdaderos del evangelio, con salarios de miseria, mientras se gasta dinero en lámparas, sillas, y adornos

David Ford

Suficiente para las necesidades. Cristo y los apóstoles recibieron apoyo de unas hermanas en la fe para las necesidades de la vida (Luc. 8:3); Pablo recibió sustento de los hermanos de Macedonia y de Tesalónica (2Co 11:9, Fil. 4:16).   Estas necesidades incluyeron cosas como comida, acomodación y transporte.

Adecuado para el ministerio tiempo completo. Pablo a veces tenía que sostenerse a sí mismo: “… estas manos se han ocupado de mis propias necesidades” (Hech 20:34 cp. 18:3).    Pero esto no era normal para él: “El Señor ha ordenado que quienes predican el evangelio vivan de este ministerio” (1 Cor. 9:14).   Usualmente es mejor para la iglesia que el servicio pastoral sea de tiempo completo:”No está bien que nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas”   (Hech. 6:2).

Algo razonable para su labor. El salario pastoral no debe ser tan pequeño que no concuerde con la demanda del trabajo.  En cuanto a sus misioneros, Jesús dice: “… el trabajador tiene derecho a su sueldo” (Luc.10:7). Pablo explica que: “El trabajador merece que se le pague su salario” (1Ti 5:18).  Lo que es razonable depende de los costos locales y los salarios típicos en la sociedad.

El pago más grande: el gozo del Señor. El pastor sirve por razón del llamado de Dios y no para ganancia personal: “… trabajamos día y noche para no serles una carga” (1Tes.  2:9). A veces sufre en su cuerpo (2 Cor.  6:8-10; 11:25-27), es criticado (1 Cor 4:9; Hech. 22:22) y se preocupa por la iglesia (2 Cor.  11:28).    Pero su experiencia es similar a Pablo “… aparentemente tristes, pero siempre alegres; pobres en apariencia, pero enriqueciendo a muchos; como si no tuviéramos nada, pero poseyéndolo todo” (2 Cor.  6:10 cp. 1 Cor.  3:12-14, Mar.10:29-30, Mat.25:21).

David E C Ford


Daniel Hurtado

Recuerdo que cuando comenzamos a servir al Señor a tiempo completo hace más de 2 décadas, 10 líderes de la iglesia decidieron unir sus diezmos y hacer un salario para nuestra familia.

Del conocido pasaje de 1 Ti 5.17, 18, se desprenden 3 principios:

“17 Los ancianos que cumplen bien su función deberían ser respetados y bien remunerados, en particular los que trabajan con esmero tanto en la predicación como en la enseñanza. 18 Pues la Escritura dice: «No le pongas bozal al buey para impedirle que coma mientras trilla el grano». Y dice también: «¡Todo el que trabaja merece recibir su salario!». (NTV).

  1. 1. La compensación honrosa. Tal como lo dice la versión RV60, debe haber: “…doble honra…” (V.17a). Poniendo su énfasis en la calidad del salario, no es una limosna, sino una respuesta de parte de la iglesia que honra al siervo de Dios.
  2. 2. El reconocimiento a su buena labor

Se trata de los que cumplen bien su ministerio pastoral, ellos “gobiernan bien, predican bien, enseñan bien” (V.17), por lo tanto se reconoce el trabajo realizado y no pasa desapercibido. Esto es un gran estímulo al pastor (Fil 4.10).

  1. 3. La participación de los frutos

El buey debía estar sin bozal, para tener la libertad  de poder comer mientras pasaba el trillo. Tal como lo dijo Pablo: “… ¿quién planta viña y no come de su fruto? ¿o quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? (2ª Co 9.7). Si la gente prospera como resultado de obedecer la instrucción pastoral, si la congregación aumenta como fruto de la evangelización que el pastor hace o instrumenta, es lógico que participe de los frutos.


Jim Adams

1. El primer principio bíblico es que el pastor nunca debe evaluar o condicionar su llamado en base al salario ofrecido.  Tiene derecho a un salario digno (I Co. 9:1-14) pero la gloria del pastor no está en sus derechos, sino en su obediencia al llamado de Dios y la predicación de la Palabra de él (1 Co. 9:15-16).

2. El segundo principio bíblico es que la iglesia debe compartir sus bienes generosamente con el pastor.   “El que es enseñada en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Ga. 6:6).

3. Un principio de sabiduría en la aplicación de los primeros dos principios bíblicos es que el salario del pastor deba andar por el promedio de lo ganan los miembros de la iglesia.   Esto obedece a por lo menos tres factores.

a. Si el pastor gana muy poco, existe la tentación de aceptar préstamos, ofrendas especiales, carros, regalos, etc., de los miembros más pudientes de la iglesia, lo cual siempre afecta la integridad del pastor en su predicación y/o  los casos de disciplina.  ¿Será posible que el pastor trate con equidad el caso del hijo de un miembro de la iglesia que le regaló un carro?

b. Si el pastor gana muy poco, presenta una imagen tergiversada en cuanto a la naturaleza del ministro y el ministerio.   De manera particular, los jóvenes ven al pastor como objeto de misericordia en lugar de ser el siervo de Dios.  Les parece que el ministerio es para “perdedores”.   Por ende, no toman con seriedad la enseñanza y los retos que el pastor les hace, y menos la posibilidad de servir en el ministerio a tiempo completo.

c. Obviamente si el pastor gana mucho la imagen del ministro queda de igual tergiversada.  Parece que el ministerio es cuestión de lucro.  Los casos son demasiados para enumerar en que el evangelio carece de credibilidad por el estilo de vida lujoso de pastores que sirven en iglesias de personas de pocos recursos.


Roberto Haskell

En el antiguo testamento los sacerdotes recibían el diezmo por su labor de intercesión en el templo: “A los levitas les doy como herencia, y en pago por su servicio en la Tienda de reunión, todos los diezmos de Israel.” (Num. 18:21) Los levitas también participaban en las fiestas que la gente celebraba como parte de los sacrificios (Deut. 12:11-12).  Los levitas eran la tribu dedicada a Dios y por ello no tenían herencia (tierra) ni manera de ganar dinero (en aquel entonces, la economía dependía de la tierra). Por eso, el resto del pueblo debía cuidar de ellos. El principio es claro: como los levitas habían abandonado lo suyo para servir delante de de Dios de parte del pueblo, ellos dependían de la generosidad de los demás.

Pero interesantemente cuando Pablo arma el liderazgo de la iglesia, él no usa el modelo de los sacerdotes (o sea, para pablo la iglesia no es una re-estructuración del templo), sino el modelo de ancianos. Claro, en el AT los ancianos figuran prominentemente como los líderes del pueblo a quienes, debido a su sabiduría y comportamiento,  se les traían casos para adjudicación en las puertas de la ciudad. Como lo dice el Diccionario Bíblico Ilustrado:

Al tener la posición de jefe de una tribu o de las familias más grandes, el anciano tenía la autoridad de príncipe. Ordinariamente, sólo los hombres de edad madura accedían a estas funciones.[1]

La idea de tener ancianos tiene sus precursores en el consejo de Jetro a Moisés en Ex. 18:13-26. Puede ser que Pablo tiene en mente particularmente este consejo de delegar autoridad cuando él organiza la iglesia bajo la supervisión de ancianos. Ahora, los ancianos de Israel por lo general no necesitaban apoyo financiero porque solo gente de influencia y recursos eran ancianos. Pero en el caso de la iglesia no es así. Como Pablo mismo señala, no muchos en la nueva iglesia eran poderosos o de noble cuna (1 Cor. 1:26). Entonces los ancianos de la iglesia sí requieren apoyo financiero (y si queremos llamarles “pastores” eso también vale). El principio en de apoyar financieramente a nuestros líderes espirituales es también reiterado en el NT:

17 Los ancianos que dirigen bien los asuntos de la iglesia son dignos de doble honor, especialmente los que dedican sus esfuerzos a la predicación y a la enseñanza. 18 Pues la Escritura dice: «No le pongas bozal al buey mientras esté trillando», y «El trabajador merece que se le pague su salario».  (1 Timothy 5:17–18)

Algunos dicen que esto no se refiere a dinero tanto como a respecto, pero eso me parece un poco ingenuo (¡Cuánto convendría dar el mero honor en vez de efectivo!) y el contexto señala que sí se está discutiendo una cuestión de salario y de pago por trabajo recibido.

Bueno, he hablado de mucho trasfondo sin contestar la pregunta (así somos los teólogos).  Pero quería establecer que sí es bíblico paga al pastor o al líder espiritual. La respuesta a la pregunta es, creo, que seamos generosos. Reconozco que hay algunos pastores que se han enriquecido con sus grandes salarios, pero en mi experiencia la realidad de la mayoría de los pastores en el mundo hispanoparlante es que trabajan para el señor y no reciben nada por su labor. La situación es muy triste. Seamos generosos con los que nos guían espiritualmente, pues si los cuidamos bien ellos tendrán la disponibilidad de cuidar mejor de nosotros al no tener que estar trabajando en otras cosas para apoyar a sus familias.


[1] Ventura, S. V. (1985). Nuevo diccionario bíblico ilustrado (56). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.


Suguel Michelen

Principios a tomar en cuenta en la remuneración de los pastores.

  1. Los creyentes deben tener a los pastores en alta estima:

Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra (1Ts. 5:12-13).

Esta estima no debe limitarse a expresiones verbales de aprecio y respeto, sino que debe expresarse también de formas tangibles.

  1. El sostén material de los ministros será siempre proporcional al aprecio del pueblo de Dios hacia las cosas espirituales que ellos proveen. Cuando el pueblo aprecia las cosas espirituales que Dios provee a través de los pastores, es compelido a mostrar ese aprecio a través de una provisión generosa (Gal. 6:6; 1Cor. 9:7-14). R. C. Sproul dice lo siguiente al respecto:

Nosotros vivimos en una economía de mercado en la cual los médicos se encuentran entre los profesionales más pagados. Los ministros del evangelio, por otra parte, se encuentran entre los peor pagados. Nosotros estamos dispuestos a pagar grandes sumas de dinero por el cuidado de nuestro cuerpo. Sin embargo, cuando se trata del cuidado y la nutrición de nuestras almas actuamos en forma avara (El Ama en Busca de Dios; pg. 144).

  1. El sostén de los ministros será proporcional a la calidad y naturaleza de su trabajo (1Tim. 5:17), así como a la carga económica que este tenga (1Cor. 9:5).
  1. La Iglesia está llamada a proveer al ministro una remuneración que le permita sostener a su familia sin tener que realizar trabajos extras, así como también proveerse de los recursos que sean necesarios para realizar su labor (1Cor. 9:7).

Este salario debe revisarse periódicamente, tomando en cuenta el incremento del costo de la vida, el incremento en el ingreso de los miembros de la congregación y el tipo de servicio que este hombre rinde a su congregación.

  1. Debe tomar en cuenta igualmente la necesidad que tiene el pastor de recursos tales como libros, revistas teológicas, capacitación, etc. Cada Iglesia debe proveer estos recursos en la medida de sus posibilidades entendiendo que el crecimiento del pastor redundará en beneficios espirituales para la Iglesia a través de una ministración más efectiva (1Cor. 9:7).
  1. La prosperidad de los miembros de la Iglesia debe reflejarse en el sostenimiento del ministro (Gal. 6:6). El que es enseñado en la Palabra debe mostrar su aprecio hacia aquel que le enseña haciéndole partícipe de toda cosa buena. Esto no se limita a bienes materiales solamente, sino que incluye también muestras de aprecio y palabras de estímulo, pero es indudable que abarca el aspecto material. Esas “cosas buenas” dependerán de la situación económica de cada cual, pero lo que Pablo establece es un principio de reciprocidad similar al que vimos anteriormente en 1Cor. 9:11.
  1. Otras formas de mostrar honra a los pastores: Acción de gracias por los dones que Dios ha puesto en ellos, orando públicamente por ellos, mostrando sujeción a su autoridad (He. 13:17) y mostrando respeto a su oficio.
  1. Dado que el salario de los pastores es incluido en las muestras de honra que la iglesia les debe, esto debe ser tratado en una forma digna, tanto delante de la congregación como delante del pastor. El obrero es digno de su salario; la forma como este asunto es tratado y aplicado debe mostrar tal dignidad.
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