Josué – fiel y valiente frente a lo desafiador (8)
Éxodo 17:8-16; Números 13-14; Josué 1-7
Introducción
Después de ver los principios del liderazgo bíblico como están vistos en Jesús, la humildad, la mansedumbre y la santidad, consideramos a unos personajes del Antiguo Testamento que han dejado huella: Enoc anduvo con Dios y halló gracia en Génesis 5; Moisés mostró la mansedumbre y la fuerza de carácter para hacer frente de la severa crítica de su propia familia, Números 12 y la de Coré, Números 16. Tal es la vida del dirigente que Dios usa. Veamos a Josué, el asistente de Moisés en la larga trayectoria de Egipto a Canaán, una tarea casi insuperable.
El trasfondo de Josué en la providencia de Dios
Dios llama y prepara a los dirigentes desde el mero principio de su aprendizaje. Josué era de la tribu de Efraín y hasta su nombre refleja su llamado – Hosea, «salvación»; Moisés lo llama Josué (Heb. 4:8) «Jesús» la contracción griega. ¡Qué portento! La primera mención de Josué en Éx. 33:11 menciona “pero el joven Josué, hijo de Nun, su servidor nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.” Josué desde su juventud estaba al lado de Moisés como asistente, y luego de administrador y guerrero.
Hay una grande ventaja en empezar a servir a Dios desde la mera juventud. La gracia nos salva en toda edad, pero es mejor una base firmemente puesta como Timoteo quien “desde la niñez ha(s) sabido las Sagradas Escrituras, las cuales le (te) pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 3:15). {Dios permitió quien escribe esto poder dedicarme la vida enteramente a la obra misionera desde la edad de 14 años.}
Josué introducido temprano en la guerra espiritual Éxodo17: 8-16
Hoy se habla mucho de la guerra espiritual como si fuese algo sólo del Nuevo Testamento, pero la guerra espiritual era una realidad desde el Huerto de Edén, el primer encuentro con la serpiente (Gen 3:15). Reciente salido Israel de Egipto en “los quince días del segundo mes” (Ex. 16:1) hubo la altercación de la falta de pan; Dios les dio el maná y luego la falta de agua en Refidim (17:1,2). En seguida “Entonces vino Amalec y peleó contra Israel.” Moisés le dio a Josué la primera orden, así nombrándolo el guerrero principal lo cual sería su llamado hasta el fin de su vida. “Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano” (17:9). Ya se libró la guerra espiritual. Es cierto en el valle estaban los ejércitos, pero la batalla se libró y se ganó realmente arriba donde Moisés mantenía la vara levantada contra Amalec, un gran tipo de la carne.
No era ninguna coincidencia que cuando Moisés se cansaba y los brazos se bajaban, las huestes malignas de Amalec abajo prevalecían, pero cuando Aarón y Hur le levantaban los brazos, Josué abajo prevalecía. Se veía el impacto directo, según la causa es el efecto, la vital importancia de la intercesión. La lucha no fue “contra sangre ni carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Moisés no nos da una explicación teológica, pero es tan patente la causa como el efecto. Esto sería para Josué una lección para la vida. Todo líder debe saber la eficacia de la oración intercesora. Hace la gran diferencia en la lucha espiritual.
Moisés, el autor del Pentateuco, nos da el verdadero significado de este evento que marcó la salida de Israel. A Josué le tocaría completar en cierto sentido la conquista de Canaaán. Jehová le dijo a Moisés “escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.” Esto fue una extensión de la guerra espiritual original, “pondré enemistad entre ti y la mujer . . . ” (Gen 3. 15). No podría ser ni una tregua ni transigencia con la carne, la enseñanza clarísima en el N.T. (Gal. 5:17). Lo significativo es que “Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi (Jehová es mi estandarte)” Ex.17:15). Esta batalla sirvió como la preparación para la vida futura de Josué. No se olvidaría de Amalec “por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.” Todavía vivimos esa enemistad (Rom. 8:5-8).
Josué y Caleb líderes en la encrucijada de Kades Barnea Números 13, 14
Moisés, después de una severa crisis y crítica de parte de María y Aarón, su propia carne y sangre [Números 12 – un previo estudio en esta serie] hizo frente a un nuevo desafío: “Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán la cual yo doy a los hijos de Israel” (Núm. 13:1). De acuerdo con este mandato se escogieron doce hombres, los principales de las doce tribus entre los cuales fueron Josué de Efraín y Caleb de Judá. Sabemos bien la historia: reconocieron toda la tierra, los montes, los valles, las ciudades y las plazas fortificadas (19). Además regresaron llevando”un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo y las granadas de los higos” (23).
El reporte minoritario incluyó 24 palabras de lo bueno de la tierra pero el mayoritario con 54 palabras negativas. En tal momento de tomar decisiones, Caleb, el vocero de Josué, aquél siendo no cabe duda el mayor de edad, respondió: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos” (30). Moisés recuerda la respuesta de la incredulidad y desobediencia de los diez espías con 65 palabras más de rebeldía. El comentario inspirado del Nuevo Testamento sobre este evento se puede leer en Hebreos 3:7-19. Tal comentario nos da el resumen final: “Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad” (3:19).
Los diez exageraron grandemente lo negativo e infundió temor en el pueblo.”Se quejaron contra Moisés y Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ‘¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto, o en este desierto; ojalá muriéramos! Por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?” (Núm.14: 2-3). En medio de todo esto Josué y Caleb, los únicos valientes y esforzados, rompieron sus vestidos y de voz unánime apelaron a los israelitas que tuvieran fe en Dios y ocuparan la tierra.
Aparece primero Josué agregando su voz: “si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo . . . porque nosotros lo comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis” (14:8-9). ¡Qué palabras de fe y confianza de parte de Josué y Caleb unidos en la batalla! Me gusta la comparación: lo comeremos como pan. Lejos de debilitarnos, nos darán nuevas fuerzas.
Moisés responde de parte de Dios ya bien enojado por tanta rebeldía: ¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan? . . . Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone y a Josué hijo de Nun. Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo lo introduciré y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis” (14:27, 30, 31). Por fin los diez incrédulos murieron, pero quedaron con vida Caleb y Josué. ¡Qué tributo al liderazgo de fe!
Ése fue el momento que definió el carácter de Josué, siendo la más joven pero puesto por Dios como el futuro sucesor a Moisés. No es nada fácil andar en la sombra de un gigante de fe, tal como era Moisés. Pero Josué se probó digno de ser el futuro líder. Cuando todos los demás decía que no, dijo: “Lo comeremos como pan.” Éstas son las cualidades del verdadero líder. Pablo nos advierte bien de que no sea uno reciente en la fe. No importa que notorio ha sido la conversión se debe probar. Pero “no puede ser un neófito, no sea envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” (1 Tim. 3: 6).
Muerto Moisés, Josué en el momento de tomar las riendas de Israel Josué 1: 1-18.
Moisés había fallado al pegar dos veces la roca (Núm. 20:1-13). Dios le apoyó delante del pueblo, pero le negó que entrase en la tierra prometida. Antes de la muerte de Moisés, Dios le había designado a su sucesor y Moisés mismo le dijo: “Esfuérzate y anímate, pues tú introducirás a los hijos de Israel en la tierra que les juré, y yo estaré contigo” (Deut. 31: 23).
¿Quién podría remplazar a Moisés, el gran caudillo, el profeta tipo del Mesías mismo?
Pero llegó el momento de hacer esta transición dificilísimo. Dios mismo le dijo a Josué: “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel” (Josué 1:2). Así empezó la gran jornada.
Esta vez no fue el Mar Rojo sino Jordan, en la temporada en la cual sobre inundaba la rivera. Pero Dios le hizo saber que todo no dependía de Josué a pesar de sus años de experiencia “desde joven en el tabernáculo” (Ex. 33.11). Dios mismo les daría la tierra. Era cuestión de levantarse y tomarla.
Pero cuando Dios da un mandato tan exigente, le da también sus promesas. “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desamparé.” Para animarle más, Dios hizo que el pueblo le respondiera al reto de Josué diciendo: De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti. Solamente que Jehová tu Dios esté contigo como estuvo con Moisés” (Josué 1:17). El líder nunca se encuentra solo; la presencia de Dios y la fidelidad de sus promesas bastan para cualquier crisis. Pronto vendría una muy grande para Josué.
Después de la victoria de Jericó, la complacencia ante el pueblito de Hai Josué 7
Josué, guerrero con mucha experiencia, aceptó de buena gana la estrategia extraña de rodear a Jericó los siete días. Pero algo imposibilitó la conquista del pueblito de Hai. Hubo dos pecados: primero el de Acán tomando del anatema y luego la complacencia, la auto satisfacción de mandar a unos pocos ya que sería fácil de conquistar. Perdieron ya esa confianza total en Jehová tanto para lo grande como para lo pequeño. ¡Qué fácil es volver a pensar según la carne!
Cualquier líder es frágil; se vuelve tan incrédulo como el pueblo de Dios. Al huir ellos delante de los de Hai, perdiendo a treinta y siete soldados, quedaron desanimados el pueblo, los ancianos y aun Josué mismo. “El corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua.” (Jos.7:5). Peor aún Josué rompió sus vestidos y: “¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán! ¡Ah, Señor! ¿Qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos?”(7:6-8). ¿Cómo pudiera Josué mismo haber fallado tan rotundamente? La respuesta es fácil. En el momento de la crisis la carne reaparece tan rápidamente.”La carne para nada aprovecha” (Juan 6:63). Ningún líder es invulnerable, mucho menos frente a su propia carne y el «yo».
De inmediato Jehová pone el dedo en la llaga. “Jehová le dijo a Josué: Levántate; por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aún han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entres sus enseres. Por esto, los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos” (7:10-12). ¡Qué tremenda lección para Josué, asimismo como Ananías y Safira en la iglesia primitiva Hechos 5:1-11.
Cuando hay pecado en el campamento (iglesia), no puede haber la victoria. Quizá el pecado de Acán nos parece pequeño –el dinero, el manto, el lingote de oro, pero ante Dios no es la cantidad sino la calidad de la acción. Existe una solidaridad en el pueblo de Dios que hasta un pecado escondido puede hacer daño a todo el cuerpo. Le corresponde al líder no voltear la cara y echarle la culpa a Dios, diciendo: “qué voy a decir yo” como si eso fuese importante para Dios. El pecado en el campamento requiere sacarlo a luz, el descubrimiento, cueste lo que cueste. No es fácil y hay pocos líderes que tengan la valentía de tratar directamente con tal pecado. Más fácil es dar vueltas y encubrirlo. Peor aun cuando en el líder está el mal. Pero no hay otra salida, ni éxito barato.
Por fin Josué sacó a luz el mal de Acán. Nos parece muy extrema la sentencia de muerte pero nos da una idea de cómo Dios ve nuestro mal. “Le dijo Josué: ¿Por que os has turbado? Túrbate Jehová este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos . . . y Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el Valle de Acor (‘por puerta de esperanza’ Oseas 2:15) hasta hoy” (7:25,26). Por fin Josué el líder aprendió a valorar la obediencia de todo el pueblo para que la bendición de Dios posase sobre su pueblo y pudiera cumplir con sus promesas de dar la victoria en medio de la lucha.
Lecciones fuertes por aprender por el líder bíblico
1. Desde la juventud Dios llama y prepara a los líderes futuros. No hay por qué dudar.
2. La voluntad de Dios en cualquier situación nos involucra en la guerra espiritual.
3. Los medios espirituales son las únicas armas que bastan 2 Corintios 10:3-5.
4. Adherirse a la voluntad de Dios puede meternos en la minoría contra la mayoría.
5. No es cosa ligera dudar de Dios. Una generación entera murió en el desierto.
6. Dios honra a quienes optan por creer y ponerse a lado de la fe y la obediencia.
7. Aun un buen líder puede fallar y dudar de Dios, repitiendo las misma palabras del pueblo infiel – Josué ante la derrota de Hai.
8. A quien Dios llama, le da las fuerzas y la seguridad de sus promesas y presencia.
9. Al final de cuentas todo depende de Dios, no de la experiencia y los talentos del líder.
10. Dios puede equipar al líder que sigue a aun un gran hombre de fe como Moisés. La obra y el éxito son de Dios, y no de nosotros. Ten fe y “levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel” (Josué 1:2).
Dr. G. Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande

8