Abraham, su fe probada y proyectada hasta la eternidad

Hebreos 11: 9-19; Génesis 22:1-18

Dr. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

A través de unos 25 años Dios iba revelándose a Abram. A partir de la edad de 75 años en fe y obediencia salió con su familia a donde no sabía (Génesis 12: 1-3). Unos años después  ya en la tierra prometida le tocó la visión de Dios como El Shaddai  que le dijo; “No temas, Abram, yo soy tu escudo y tu galardón será sobremanera grande.” A pesar de su primera reacción negativa, al contemplar Abram las estrellas creyó a Dios y Dios le dio una gran visión del futuro del pueblo de Dios (Génesis 15:6-18).

A pesar de unas fallas de parte de Abram, Dios le confirmó un pacto en Génesis 17:1-27 a la edad de 99 años. Le dio un nombre nuevo: de Abram a Abraham, padre de naciones; este cambio de nombre introdujo ya un hombre nuevo ante Dios y el recipiente por fin de la promesa dada en Ur.

Este pacto fue sellado ceremonialmente por la circuncisión, [significa la muerte del viejo hombre incrédulo en el Nuevo Testamento — Romanos 6:6  Filipenses 3:3]. La fe produjo en Abraham una nueva capacidad de entender el pacto glorioso por delante. Se le cambió a quien Dios pudo anunciar el cumplimiento de la promesa dada, un hijo en su vejez, así llevando a cabo su llamado de ser el padre de la fe. Tal es la narración de Génesis 12-17.

La fe en acción señala la ciudad eterna cuyo constructor es Dios mismo   Hebreos 11: 9-16

Volviendo a Hebreos 11 el autor interrumpe la narración histórica para meditar con temor reverente sobre la fe de los antiguos. Según su descripción de la fe es la certeza y la convicción de lo no visible.  Se deduce que la fe de éstos echaba mano de la seguridad de lo esperado y lo que no se veía. Tomaron como certeza y convicción una ciudad eterna e infinita. Su fe les confirmó aquello aunque vivían en tiendas como extranjeros. “Esperaban la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (vv.9-12).  

Esta fe se manifestó en que hasta la misma Sara, siendo estéril y de uno casi muerto diera a luz aun fuera del tiempo porque creyó fiel a aquel le había prometido (vv.11,12).  Dios había tardado en responderles hasta que toda esperanza humana se perdiera — Abraham con 99 años y Sara con 90. Precisamente en el momento oportuno intervino Dios respondiendo a la fe que Él mismo creó en ellos.  

Para poder apreciar la seguridad de la fe de los antiguos dice el autor, “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria” (vv.13, 14). Todos estos quedaban contentos con la certeza de la fe y la convicción de aquella ciudad que Dios les había prometido.

La proyección de semejante prueba jamás vista antes o después      Génesis 22:1-4

En toda la Biblia no hay ninguna prueba humana mayor que ésta. Abraham había esperado a un hijo tal como prometido por más de unos 35 años. [No sabemos la edad de Isaac cuando iba a ser ofrecido]. No podemos imaginarnos de la manera hasta brusca como Dios se acercó a Abraham con la orden de sacrificar a su único hijo. No podemos fácilmente sentir con Abraham las grandes repercusiones emocionales extraordinarias frente a tal orden de la Palabra de Dios.   

“Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: “Abraham, Y él respondió: ‘’Heme aquí’. . . Toma ahora tu hijo, tu único hijo, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Génesis 22:1,2).

Ponte en el lugar de Abraham y [de Sarah] al oír tan directa la orden casi imposible de procesar humanamente. Hubieran pasado por su mente tantas experiencias del pasado, buenas y malas. Pero el silencio tan elocuente de Abraham ante Dios en no responder nada revela la profundidad de su fe.  El texto es conciso y breve. “Y Abraham se levantó muy de mañana y enalbardó su asno, y tomó dos siervos suyos y a Isaac, su hijo; y cortó leña para el holocausto y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo” (v. 3).

El proceso de la  prueba    Génesis 22: 5-10

Esta orden dirigida a Abraham habla del compromiso que Abraham tenía para con Dios. Imagínate ¿por tres días en camino de qué pudieran haber hablado? Siguen las instrucciones de Abraham a los dos siervos de que se quedaran  y que él e Isaac irían. “Yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos y volveremos a vosotros” (v.5).  Con esta declaración tan seca debiera haber dicho en pura fe. En verdad, Abraham sí sabía lo que Dios le había demandado. Para Abraham el futuro estuvo puesto en manos del Dios todopoderoso y Él tendría que guardar su propia palabra previa.

Sigue la historia. Abraham cargó sobre Isaac la leña y él tomó el fuego y el cuchillo; fueron los dos juntos.  Imagínate el puñal tan agudo y cómo debió haber penetrado el corazón de Abraham al oír de parte de Isaac la pregunta tan inocente: “Papi, he aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? (v.7).  Tal pregunta revela que Isaac estaba bien familiarizado con tal manera de adoración. ¡Qué pregunta más lógica y a la vez más devastadora para Abraham!

Otra vez la calma con que le respondió nos deja con boca abierta.  Lo que sigue no se puede procesar. “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío” (v.8). E iban juntos.

No se puede posponer lo inevitable. Al llegar a Moriah [símbolo de Calvario], Abraham  edificó el altar, puso la leña y ató a Isaac  y “extendió  Abraham  su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. (vv. 9,10).

La provisión de la prueba jamás vista antes      Génesis 22:11-18

En dicho momento a punto de matar a su único hijo, Abraham oyó dos veces la voz ya familiar: “Abraham, Abraham.” Su respuesta fue como antes un reverente: “Heme aquí.”  No extiendas tu mano . . .  Porque ya conozco que temes a Dios por cuanto no me has rehusaste tu hijo, tu único.” (v.12).  

Estas palabras repiten la primera orden de sacrificar a Isaac como holocausto (v.1, 2).  Pero revelan mucho más.  Al decir “ya conozco” usa el verbo “conocer”  de íntima relación, no el verbo de información “saber.”  Dios en esta ocasión toma en cuenta que en la eternidad pasada Él mismo había enviado a su propio Hijo, su único Hijo, a morir en la cruz por el mundo (Apocalipsis 13:8; Juan 3:16)). [Más adelante examinaremos este concepto infinito] Nos damos cuenta de que también el Ángel de Jehová no fue ángel cualquiera sino que fue Dios pre- encarnado, Cristo.   

La provisión del cordero trabado en un zarzal fue oportuna evidencia de que Dios ya lo había planeado exactamente como Abraham en fe le había contestado a Isaac; “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío.” No se puede explicar de otra manera.  Abraham como de costumbre nombró el lugar tan significativo: Jehová jireh — Jehová proveerá. Dios siempre es muy a tiempo en Su provisión. Esta serie de coincidencias no lo eran sino más bien el plan perfecto de Jehová.  El creyente que anda en obediencia será testigo de semejante fidelidad.

Cuando Dios habla por segunda vez esto significa lo importante de la lección. “Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tú único; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas la naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (vv.16-18).

Toma nota que Dios aquí repite en esta aseveración final la promesa dada en Génesis 15:1-18  comparando la descendencia como las estrella y la arena  y así asegura el futuro del pueblo de Dios, siendo Abraham el padre de la fe de Israel. A la vez se puede ver que Dios con la  repetición varias veces de la frase con el “hijo amado,” “tu único hijo” comprendía  a fondo cuánto iba a costar a Abraham la obediencia.  En esta narración hemos visto el proceso de la fe (vv.1-8), la provisión del cordero (vv. 9-14) y la promesa re-confirmada de parte de Cristo pre- encarnada (vv. 15-18).

La fe de Abraham prevé en el sacrificio de Isaac la misma resurrección del Nuevo Testamento

Hebreos profundiza más esta verdad clave. “Por la fe, Abraham cuando fue probado ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió de recibir” (Hebreos 11: 17-18). Bajo la inspiración divina Abraham se reconcilió  con esta muerte exigida por orden divina porque en tal situación Dios no tendría otra alternativa que la de resucitarlo de muerte a vida.  La obediencia de la fe, pues, exigió la resurrección corporal en dicho momento futuro. Logró Abraham de aceptar la lógica de la resurrección de Cristo en el tercer día.

Esta verdad da nuevo significado a la fe como “la certeza y la convicción de lo que no se veía.”

La fe da el trasfondo de lo que Dios hace. Lejos de ser del hombre la esencia de la fe es más bien Dios mismo en acción y luego hace entrar la fe de manera inconcebible en el que cree, afirma y obedece. Pero en todo esto la gloria de Dios queda siempre en manos de Dios

Una verdad salvadora mucho mayor se desvela tras la prueba que Dios le dio a Abraham

Considero que el sacrificio de Isaac fue un modelo en miniatura de otro sacrificio infinitamente mayor que el de Isaac.  Pero sí que puede en algunos aspecto servir de trasfondo de lo que pasó en Calvario. Entre los dos el de Abraham nos sugiere unos rasgos o matices del mayor.

Abraham tuvo que matar a su hijo Isaac. Dios Padre abandonó a su Hijo por tres días en Calvario. “Y a la hora novena  Jesús clamó a gran voz: ‘Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?  Dios mío, ¿por qué me has desamparado?’” (Marcos 15:34).  Dios proveyó  el cordero trabado en el zarzal.  Dios Padre  nos proveyó el Cordero de Dios que puso su vida por nosotros. Entra la fe que hasta introdujo la resurrección de Cristo y la provisión del pacto mejor.   

Cuando brotó en el cielo la rebeldía de Lucero (Isaías 14:12-15) o el querubín grande (Ezequiel 28:14- 17), “Dios no los perdonó a los ángeles que pecaron sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio”  (2 Pedro 2:5). La justicia de Dios cayó de inmediato sobre los espíritus no creados a la imagen de Dios a gran diferencia de nuestra imagen creada a la imagen de Dios.

Pero cuando Satanás tentó a Eva y a Adán y cayeron en pecado en el huerto de Edén fue muy diferente la respuesta del Dios Santo porque éstos eran creados a la imagen de Dios. Su pecado era moral y en contra de Dios mismo. No pudo Dios perdonar de modo de un “fiat” u orden tal pecado moral. Tuvo que haber la muerte del pecador o su substituto.

Pero antes en los concilios eternos, Dios Trino había propuesto por amor a los suyos, la manera justa de perdonarlos y aún rescatarlos a su favor.  Dios Padre enviaría a su propia Hijo, Cristo, quien, sin perder nada de su deidad, se hizo hombre, “nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4). “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. (Juan 3:16.17).

El Apóstol Pablo dice lo mismo: “Todo esto proviene de Dios . . . Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados . . . Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hecho justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:18-21).

 Así desde el Antiguo Testamento Dios había dado indicaciones de su gran amor. “Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno Príncipe de Paz” (Isaías 9:6,7). Más adelante y más específico Isaías revela: “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá su linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada” (Isaías 53:10). ¡Qué maravillas son el amor y la gracia de Dios para con los suyos!

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


Etiquetas:


No te lo pierdas

Recibe lo último en noticias, contenido, y más de Ayuda pastoral —¡inscríbete hoy!