Hechos 1:13 hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron.”

Dos traumas aturdieron a los discípulos en la última semana del ministerio de Jesús, su traición y su muerte. Cuando se pensaban en el apogeo de su ministerio, rumbo a una entrada triunfal en Jerusalén con sus concomitantes gloriosos, sufren el vil revés. Judas, con quien se tuteaban: compañero de aula y colega ministerial por más de 3 años, entrega al salvador a sus enemigos con la sencillez y cinismo de un beso.

Judas, desde entonces, quedó fichado en los anales de la historia como el colmo de la maldad; peor que Nerón, y Hitler aún. El encono que su tradición provocó ha vivido en muchas culturas. En la obra literaria “El infierno”, Dante Alighieri, lo ubica en el compartimento más profundo de los abismos, en compañía de los asesinos de César, Brutus y Casio. En México, durante la semana santa es tradicional hacer un Judas de paja para quemarlo: un linchamiento post-mortem.

Para muchos de nosotros Judas es una figura oscura en la Biblia de la que nadie está supuesto a hablar o ser sujeto de reflexión pues ni aun su nombre es digno de darlo a un perro mal portado.

Espero que tu estomago no se revuelva si te digo que Judas debería ser un ejemplo para nosotros. Spurgeon se atrevio a decirlo de esta manera:

“De no haber sido por Judas, no conoceríamos en cuan negra y siniestra puede convertirse la naturaleza humana…por esto, debemos de fijarnos en el criminal rostro de Judas pues podría ser el faro que nos prevenga ir hacia el pecado que engendra la apostasía. ” (Sermones de Spurgeon Vol. 9)

Para los discípulos, Judas terminó siendo una macabra lección del tema de la apostasía -Pedro en su epístola de despedida advierte que ¨habría falsos maestros como los hubo en antaño.

Seguramente los discípulos pasaron por el amargo ejercicio de preguntarse cómo un discípulo seleccionado por Jesús, predicador del evangelio de salvación, resultase ser un hijo de perdición. De haber podido, hubieran solicitado un reporte de autopsia para poder entrar al corazón del monstruo y resolver el acertijo espiritual que les causó el trauma.

Con el paso de los años los discípulos pudieron reflexionar y, a manera de hablar, revisar las tomas de las cámaras de su vida, para tratar de entender tal fenómeno de maldad. Con estos datos podemos post-mortem compilar una autopsia que nos ayuda a descifrar la causa de la muerte de su alma.

Los apóstoles no comienzan la descripción de Judas como un ser de especie diferente al humano ordinario -como una clase de bebé con cuernos en la cabeza. Judas fue completamente compatible con los hijos caídos de Adán que aunque lucen inocentes, nacen con un corazón depravado. Tanto el corazón de Judas como el corazón humano son de nacimiento ¨marca diablo¨.

Tal miseria humana es reiterada en la Biblia repetidas veces. Cuando Jesús se topa con la incredulidad de los judíos los tilda de hijos del Diablo (Juan 8:44). El apóstol Juan extiende la clasificación a todos los hombres: la humanidad entera se divide entre los que han nacido de nuevo que son hijos de Dios, el resto, son hijos del diablo. Pablo reitera esta verdad cuando identifica los designios del corazón caído como ¨enemistad en contra de Dios¨ (Rom. 8:7). De las dos palabras de odio, utiliza la más intensa en el griego (no Miseo sino Exthros). Por naturaleza somos enemigos declarados de Dios.

No debemos de pensar en Judas como un espécimen del infierno creado en el laboratorio del diablo ajeno a nuestra condición. Era un hijo del diablo, tal como nosotros. Su vida ilustra el potencial de maldad que palpita en nuestro propio corazón cuando no es interceptado por la gracia de Dios.

El predicador escocés John Brown conocía esto. En una ocasión cuando vio a un criminal llevado a la horca por sus crímenes, comentó: “Ahí va John Brown salvo por la gracia de Dios”.

La realidad es que los Judas tanto nacen cómo se hacen. Nos compete estudiar por ende su desarrollo como buen preventivo de la apostasía.

La manufactura de un apóstata

Comienza por una religión sin conversión

Judas fue seleccionado por Jesús como uno de sus discípulos. No fue una selección por azar. No es descabellado pensar que dentro de los aprendices que se arremolinaban en torno de él, Judas mostró atributos -si bien aparentes o netamente externos- que lo calificaron iniciarse en el discipulado oficial.

Tres años después cuando María derramó la libra de Nardo puro en homenaje a Jesús, Judas no se apegaba a la enseñanza de Jesús sino tenía una filosofía propia más atinada. El precio del perfume debió de haber sido convertido en limosna para los pobres -ya mostraba desprecio por el valor de Jesús pues usar el costoso perfume como homenaje a él era un desperdicio. Juan abre una rendija a su corazón que revela ni apreciaba a Jesús ni apreciaba a los pobres, era ladrón y sustraía dinero (Jn 12.6) para su provecho personal.

 

Continúa con privilegios espirituales desaprovechados

Judas ocupó los más elevados posiciones y se le otorgaron los más elevados privilegios. Fue discípulo personal de Jesús -significa que se otorgó un privilegio por el que muchos de nosotros daríamos lo que fuera: escuchó al Verbo de Dios encarnado discurrir, fue uno de los apóstoles personalmente escogidos por Jesús para representar su enseñanza. No es dificil suponer que el predicó e hizo milagros (Mateo 7:21 describe a maestros que tanto profetizaron, como echaron fuera demonios y aún hicieron milagros). Sería ingenuo pensar que cuando Judas salia con el resto de los apóstoles no podía predicar o hacer milagros; el resto de los apóstoles, inseguros de ellos mismos como lo eran, hubieran recurrido a Jesús para inquirir acerca de la falta de poderes de su colega.

El haber gustado la buena palabra de Dios y experimentado los poderes del siglo venidero (Heb 6:5) tuvieron efecto nulo en Judas. La luz del evangelio solo lo endureció más. Un síndrome que ocurre a aquellos que resisten la palabra por demasiado tiempo. Paradójicamente “el mismo sol que derrite la cera, endurece el barro”.

 

Continua con el crecimiento de una obsesión junto a una desilución

El pulso del corazón de Judas mostraba codicia. Su función de tesorero nutría su amor por el dinero. Además,  sus supuestas equidad social (La ayuda humanitaria de los pobres) rechinaba con los valores del reino de Jesús. A medida que avanzaba la enseñanza de Jesús, se incrementaba la desilusión de Judas. Interesantemente, ambos evangelios ubican su primera visita a los Fariseos después de su inconformidad con el episodio del perfume de Nardo puro. Su amargura envilecía a medida que crecía su ambición. Después de tres largos años el pecado de la traición se había fermentado.

 

Termina con influencia demoniaca y como contraportada, la tentación ideal

El refrán “a mente desocupada, taller del diablo” tiene algo de verdad. En el caso de Judas, la decadencia de su corazón vino a ser antro ideal para el demonio. El Diablo sembró una idea y finalmente después de que Jesús le entregó el bocado de pan mojado lo poseyó como a un títere (Juan 13:27).

Judas no se nos presenta como un poseído de nacimiento a quien Jesús negó el beneficio de un exorcismo. Tampoco igual al Anticristo a quien de entrada se escribe como inicuo y que opera con la energía de Satanás y es el máximo protagonista de posición a Cristo. Aunque a ambos se les describe como hijos de perdición (un semitismo) por ser icónicos de la perdición, en el caso de Judas se describe una progresión. Él “ llegó a ser el traidor” (Lucas 6:16).

Cuando ingresó al circulos de los discípulos no era un agente jurado a Satanás, posando de impostor;  descubrió en Jesús algo bueno, positivo. De hecho en Juan 6 cuando muchos de los discípulos dejaron de seguir a Jesús porque sus palabras les resultaron demasiado duras, él permaneció. Hasta ese momento,  sus intereses oportunistas podían coexistir con la enseñanza.  Con el tiempo la angosta senda de Jesús apretó sus planes y la raíz de amargura creció en él (Heb 12:15).

EL crecimiento de la maldad en nuestro corazón siempre demanda libertad de expresión y se torna cada vez más reacio a la reconvención. En el caso de Judas, ni el cuidado del Señor por él, ni el lavado de sus pies, ni el anuncio de su inminente traición, ni el descubrimiento de sus intenciones bastaron para cancelar su plan. Judas estaba resuelto. Con tal endurecimiento de su corazón, se dio la oportunidad ideal.

Uno de los detalles mas perturbadores de la autopsia es que Judas tenía suficiente conciencia como para abominar el premio de su codicia, devolver el dinero y cometer suicidio. Un misterio no por complejo inexplicable. Existe una diferencia entre una conciencia social y una espiritual; muchos son los hombres que sienten remordimiento por desalinearse de las normas de la sociedad o de su familia, pero que nunca experimentan un arrepentimiento genuino.

 

Reflexiones de la autopsia

La autopsia de Judas no revela una condición alieniégica. Por más extrema que fue la decadencia de Judas, siguió la ruta de toda decadencia aunque la suya fue la más extrema y penable.

Es importante entender que la influencia diabólica no se reserva en las Escrituras para casos de exorcismo. Ante la incredulidad de los Judíos, Jesús advirtió acerca del espíritu inmundo que regresa después con siete peores para describir grados de decadencia espiritual correspondientes a grados de influencia demoniaca. La incredulidad que aumenta a plena luz del evangelio se abre cada vez a una más siniestra influencia diabólica.

La actitud correcta ante el caso de Judas es no dejar de sospechar nuestro propio corazón aun como creyentes. Cuando Jesús anunció a los discípulos la inminente traición de uno entre ellos, La reacción de los discípulos no fue una unánime delación de Judas. Uno a uno examinaron su corazón y se preguntaron “seré yo” (Marcos 14.19).

Tu y yo Judas somos, de no ser por la gracia de Dios. Tu corazón, en ciertos momentos necesita escuchar de tu boca ese diagnóstico, de no sentirte así, ¡Cuidado, tu corazón te ha empezado a engañar!

 



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