Jesús llama a los discípulos de todos los tiempos a una nueva manera de vivir. Le pone nombre a este nuevo estilo de vida: es amarse unos a otros. “Este mandamiento nuevo les doy; que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros” (Jn 13:34). Es ver la vida e interpretarla con un sentido de calidad que se debe manifestar en acciones concretas a favor de nuestro prójimo.

El evangelio de Juan comenta los discursos de la despedida de Jesús y la enseñanza que se desarrolla con el lavado de los pies (Jn 13:1-17). Jesús era una persona que amaba y nos mostraba su corazón. Encontró un lugar para su gente y no fue egoísta. Ofreció su servicio a personas que no lo merecían, lo abandonarían y también a una persona que se oponía. Llego hasta las últimas consecuencias. Los amó hasta el fin.

El Padre había puesto todo bajo su dominio y autoridad.  Jesús conocía su identidad y sabía quién era. ¿Qué hizo Jesús con todo ese poder? Lo utilizó para servir y se humillo lavando los pies de los discípulos. Jesús no necesitaba el poder para manipular a la gente, sentirse importante o llenar un vacío. Podemos mal usar el poder cuando no sabemos quiénes somos. Su vida nos muestra el poder del amor y no el amor al poder.

Una de las preguntas que nos solemos hacer es ¿Cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas?

El apóstol Pablo nos dice: “Lleven una vida de amor” (Ef 5:2). “Hace muchos siglos el famoso Agustín resumió bien la vida cristiana con este consejo: “Ama y haz lo que quieras”. Es decir, el mandamiento de amar al prójimo incluye todos los quehaceres, todas las responsabilidades, toda la vida [1].

El amor es el cumplimiento de la ley (Ro 13: 8-10). El hombre nuevo es el hombre que ama, el que ha sido libertado para una existencia creadora al servicio de los demás[2]  “Les hablo así, hermanos porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más bien sírvanse unos a otros con amor. En efecto, toda la ley se resume en un solo mandamiento: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Ga 5: 13-15)

¿Cómo podemos definir al amor?

El primero y fundamental paradigma es Jesucristo mismo. En El, el propio amor se hizo realidad concreta y visible. Andar en amor y seguir a Jesucristo es, pues, la misma cosa… El Señor se ha hecho servidor a fin de limpiar y purificar la vida de los hombres. Es aquí donde comprendemos que es el amor, la total entrega de sí; “por eso nosotros también debemos entregar nuestra vida por nuestros hermanos”[3]

La dirección del amor está enfocada en el prójimo “El amor se define así, en primer lugar, como la inquebrantable disposición a acudir al servicio del “otro”, sin preguntarse quién es, ni si tiene la culpa; sino solo considerando su necesidad. Para ser más precisos, no se trata simplemente de ofrecer un servicio o una ayuda, sino de la entrega de uno mismo, de una total solidaridad que no repara en el costo… Amar es tomar la forma de ser y de obrar que Jesucristo exhibió. La vida del que ama está totalmente determinada por la necesidad del prójimo[4]

“Amar es someterse al propósito creador de Dios manifestado en los distintos órdenes de la vida humana”[5]. Tanto en la presencia de Jesús o su ausencia los discípulos podían entender con claridad la parte que les tocaba. Si no entendían las circunstancias y acontecimientos que vendrían debían aferrarse a la tarea que Jesús les encomendaba.

Hemos sido llamados a servir a los demás y se nos llama a ejercitar el amor “ágape” basado en la responsabilidad, compromiso, voluntad y decisión. Es el amor sacrificial a semejanza de Jesús que llega hasta las últimas consecuencias. Nos muestra un modelo de vida y servicio que rompe con los patrones culturales de la jerarquía, poder y  manipulación.

Entonces, ¿Cómo debemos entender esta declaración que se amen los unos a los otros?

“Ese amplio verbo “amar” se hace visible en una serie de verbos concretos: honrar, respetar, pagar, hacer justicia, proteger, restituir, libertar, trabajar y descansar. Si bien ninguna de estas cosas en sí misma garantiza que una acción sea verdadero amor, un amor que pretendiera desvincularse de esas acciones no sería el que la Biblia enseña. El amor es activo[6]

Es servir al prójimo concretamente en la familia, en el orden económico, en el orden político”[7] (Lev 19:1-3, 9-18) y en las naciones “Yo te pongo ahora como luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra” (Is 49:6). “No es gran cosa” pensar y detenernos en lo que se ha logrado. El pueblo misionero de Dios es un pueblo de alcance universal llevando todo el evangelio a todo el mundo.

Llevar una vida de amor no se trata de una ley más que hay que satisfacer. Jesús quiere que vivamos con alegría interpretando la vida no como una carga sino valorando la misma. Implica servir en las cosas sencillas y rutinarias de lo cotidiano, ayudando al conyugue, a los padres, a los hijos, vecinos, tener gestos de amabilidad, bondad, y mansedumbre. Es hacer algo por el otro aunque no se lo merezca.

Se nos alienta a renovarnos en nuestra mente, aprovechando al máximo cada momento oportuno, entendiendo su voluntad. Es buscar el SÍ de Dios. El sí, a la verdad, entrega, generosidad e integridad. Es el Sí, de la alegría, paciencia y amabilidad. Es bondad y fidelidad. Es el Sí, de la mansedumbre, las buenas palabras, animando a otros. Es la fe, la humildad y el dominio propio.

El Sí de Dios, es el mensaje del evangelio que transforma toda la existencia humana. Es el Sí a la justicia y la paz en la visión totalizadora del Reino de Dios. Es el Sí, del envió a semejanza de Jesucristo. “Como el Padre me envió a mí, así yo los envió a ustedes” (Jn 20:21).

El Señor nos llama a encarnar un estilo de vida y una nueva manera de vivir que va más allá de la vida dentro de la iglesia. Las personas necesitan palpar este amor en la comunidad del Reino de Dios y su servicio en el mundo.

“El amor no es cuestión de palabras ni de sentimientos, sino de acciones sencillas de servicio para el bien de los demás”  [8].

Preguntas para la reflexión

¿Qué significa que el Señor nos ha dado un nuevo mandamiento? ¿Qué significa que debemos amarnos unos a otros “como yo los he amado”? ¿Cómo lo aplicamos en la vida diaria?

¿Cuál es el impacto más fuerte que puede producir la iglesia en nuestro tiempo? ¿Cuál es el modelo de siervo y servicio? ¿Qué acciones concretas se deben encarnar a favor de los menos evangelizados?

Carlos Scott

Misión Local y Global (GloCal)

[1]Slade, Stan: Evangelio de Juan, Comentario Bíblico Iberoamericano, P. 285, Ediciones Kairos 2006

[2]Bonino, José Miguez. Ama y Haz lo que quieras, P 61, Editorial La Aurora, Bs. As, 1976

[3]Ibíd., P 63, Editorial La Aurora, Bs. As, 1976

[4]Ibíd., P 64, Editorial La Aurora, Bs. As, 1976

[5]Ibíd., P 70, Editorial La Aurora, Bs. As, 1976

[6]Ibíd., P 65, Editorial La Aurora, Bs. As, 1976

[7]Ibíd., P 71, Editorial La Aurora, Bs. As, 1976

[8]Ibíd.,  P 277 ,  Evangelio de Juan, Comentario Bíblico Iberoamericano, Ediciones Kairos 2006                                                                        

 

Carlos Scott

Autor: Carlos Scott

Carlos es miembro del comité ejecutivo y del consejo de liderazgo global de la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial (WEA), Reside en Buenos Aires.



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