La Biblia describe al hombre natural como alguien que está ciego a las realidades espirituales y es incapaz de siquiera desear el remedio contra su ceguera (2 Cor. 2:14, 2 Cor. 4:3). El hombre incrédulo está espiritualmente ciego. Él cree que ve pero la realidad es que no ve. Este es el tema del Marcos 8:1-26.

Una lección repetida para un grupo de alumnos de lento aprendizaje (Mr. 8:1-9)

De nuevo una multitud grande rodeó al Señor Jesús quienes por tres días estuvieron absorbidos en las enseñanzas del maestro, pero en este día ellos ya no tenían que comer. Al ver Jesús a la multitud, el evangelista nos dice que Él tuvo compasión de la gente. El Señor Jesús es un Señor tan compasivo que se preocupa hasta de nuestras necesidades físicas, y se compadece de nosotros al punto que actúa para intervenir para suplir nuestras necesidades.

En vez de recordar que Jesús había obrado un milagro en una situación similar, sus discípulos preguntaron a Jesús qué habían de hacer con esa multitud. Tenemos un serio problema para aplicar lo que conocemos del Señor, mas el Señor en Su compasión no desecha a Sus discípulos y les enseña de nuevo la misma lección que les enseñó en Marcos capítulo 6. Una de las cosas que podemos recordar con este milagro es que podemos echar nuestras ansiedades sobre Él, porque Él tiene cuidado sobre nosotros (1 P. 5:7).

Palabras de juicio para un grupo de ciegos que no quiere ver (Mr. 8:10-13)

Los fariseos buscaron a Jesús para ponerle a prueba. Este grupo de hombres había decidido rechazar todas sus enseñanzas porque les eran ofensivas. El mensaje del evangelio de gracia que predicaba el Salvador era ofensivo para sus oídos; por lo tanto le exigieron una señal del cielo como prueba. Jesús no respondió a la demanda de los fariseos porque ellos no necesitaban más señales; necesitaban arrepentimiento. Esto es solo una evidencia más de que los hombres amaron más las tinieblas que la Luz que vino al mundo (Jn 1:9-10).

El Señor es muy paciente, pero hay un momento en que el incrédulo traspasa una línea de no retorno donde termina toda oportunidad de arrepentimiento. Ese día probablemente estos fariseos la cruzaron, por lo tanto Jesús los abandonó.

Los líderes religiosos estaban completamente ciegos, pero sus discípulos también tenían un problema de fe.

Unas palabras de reprensión para un grupo de creyentes con miopía espiritual (Mr. 8:14-21)

Jesús en la barca advierte a sus discípulos a que se cuiden de la levadura de los fariseos, saduceos y de los herodianos. De la misma manera nosotros hoy en día debemos tener cuidado de los legalistas (sabiendo que el principal legalista somos nosotros mismos), de aquellos que atacan la autoridad infalible de la Biblia, y de la mundanalidad. Un poco de levadura puede corromper toda la masa.

Mas el punto principal de esta historia es la reacción de los discípulos a la advertencia de Jesús; quienes discutían entre sí que no tenían panes. Jesús había repetido la enseñanza de la multiplicación de los panes, pero ellos estaban tan preocupados y ansiosos que ahogaron el efecto de las palabras que Jesús les estaba diciendo. La preocupación por la falta de pan no era más que un resultado de su falta de fe y esa falta de fe que producía preocupación entorpecía su entendimiento. Jesús les estaba haciendo ver que un corazón regenerado puede experimentar un grado de endurecimiento. Nos resulta tan difícil conectar los puntos, olvidamos por completo lo que Él ha hecho y quién Él es en medio de las dificultades. El Señor no se cansa de enseñarnos. Aquellos que tienen luz de la esperanza de Dios en sus corazones deben anhelar crecer en su conocimiento de esa luz.

Un milagro esperanzador (Mr. 8:22-26)

Los evangelios son biografías teológicas. El autor de este evangelio quiere enseñarnos algo con el recuento de este milagro. Este es el único milagro registrado en dos etapas. Jesús quería tratar con este hombre ciego de una manera personal. Cristo quería mostrarles de una manera gráfica de su necesidad de crecer en su entendimiento y de la obra que Jesús iba a seguir haciendo en ellos. Al igual que el hombre podía ver de forma borrosa cuando Jesús le abrió los ojos, los discípulos solo veían de forma borrosa las verdades de Cristo. Al mismo tiempo afirma que Jesús seguirá afinando su visión hasta que lleguen a Su presencia. Si sientes que te hace falta mucho por crecer, anímate porque eso significa que la gracia te ha alcanzado y Jesús te ha abierto los ojos.

Sugel Michelén

Autor: Sugel Michelén

estudió para el ministerio en 1979. Posteriormente fue enviado por la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo (IBSJ), en Santo Domingo, República Dominicana, a la ciudad de Puerto Plata, a comenzar una obra allí. Pero a finales del 1983 fue llamado a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ, donde sirve al Señor desde entonces, exponiendo regularmente la Palabra los domingos. También es autor del blog Todo pensamiento cautivo.


Etiquetas:


No te lo pierdas

Recibe lo último en noticias, contenido, y más de Ayuda pastoral —¡inscríbete hoy!