Los Distintivos de Hebreos que llaman la debida atención

 

El libro de Hebreos se destaca de entre los demás libros del Nuevo Testamento. Nos presenta con retos muy grandes: un autor no nombrado, una homilía o sermón bien pulido, no una epístola como las trece de Pablo, destinatarios no identificados, ni fecha tampoco. Sin embargo, la pasión pastoral por sus lectores nos llama mucho la atención. Ciertas advertencias nos sorprenden pero, sobre todo, la cualidad del contenido bien merecía su lugar en el canon autorizado [lista de los libros inspirados] por la aceptación de la entera iglesia primitiva.

La presentación única de la unión de la deidad de Cristo y la encarnación de Jesús nos convence de que Jesús es el Mesías Salvador prometido desde el Antiguo Testamento; Jesús ahora es el Sumo Sacerdote sentado a la diestra de Dios. Su Real Sacerdocio de Cristo es prefigurado en el Antiguo Testamento, explicándolo y aplicándolo precisamente como el Nuevo Testamento nos muestra.

Por supuesto cada libro de los dos Testamentos fue inspirado por Dios de igual manera. Más literalmente fueron “respirados” por Dios, una extensión de su propio ser divino.  Si se permite que un libro se destaque entre los demás, se puede nombrar: Romanos en su desarrollo teológico de la salvación, Apocalipsis en el triunfo de Dios en los días finales, en el evangelio de Juan la deidad de Cristo. Pero a Hebreos se le da la eminencia única en unir los dos Testamentos en la persona de Jesús, el Mesías como el sumo sacerdote de Hebreos.

No tan solo es la persona de Jesús el cumplimiento final de la ley del Antiguo Testamento sino que Él es el real sacerdote sentado a la diestra de Dios. “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote, que traspasó los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda  compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:14-16).

Los seis distintivos de Hebreos

La primera distinción es la frecuencia con que Dios se revela a sí mismo a los suyos. No

es un creador ausente sino que sobre todo Dios es comunicativo. Revela su gran amor y su santidad y quiere compartir esos atributos con los que creen. La palabra “Dios” aparece 68 veces en Hebreos. No es tanto la repetición del nombre sino la proyección de su corazón, proveyendo la salvación por su gracia. Dios está en el centro y la circunferencia de Hebreos; Él es trama y urdimbre de su mensaje salvífica.

El segundo distintivo es la repetición del nombre Jesús 13 veces. Generalmente aparece solo tal como en Hebreos 2:8: “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de  gloria y honra, a causa del padecimientos de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.”  Tal presentación de Jesús revela tanto su deidad absoluta como también su humanidad, semejante a la nuestra, menos nuestro pecado. Es Hijo y sumo sacerdote a la vez. “Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (7:24.25).

El tercer concepto central es la salvación personal. El meollo de la salvación es la obra del sacerdote al ofrecerse a sí mismo a Dios.  Jesús llegó a ser el sumo sacerdote y a la vez el sacrificio mismo, La salvación abarca el pasado,habiendo efectuado la purificación” (1:3); “e hizo perfectos para siempre a los santificados” (10:14); el presente, “acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia” (4: 16); el futuro,así que recibiendo nosotros  un reino inconmovible, tengamos gratitud y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia ” (12:28).

El  cuarto distintivo es el frecuente manejo de las Escrituras, mayormente los Salmos y el Pentateuco de manera sobresaliente. Una hojeada rápida de las citas a pie de cada página de Hebreos revela muchísimas alusiones del Antiguo Testamento. Se han calculado unas 53 alusiones.  Hay 35 citas directas. El consenso de los eruditos es que no citan del texto hebreo sino que citan de la Versión Septuaginta (LXX), una traducción del hebreo al griego en el siglo tercero A.C.  A veces el texto pasa por encina del autor quien escribe el texto y se lo atribuye directamente al Espíritu Santo. Tal era la firme convicción de la inspiración divina. De los Salmos hay 14 citas, del Pentateuco 13 y de los Profetas mayores 5.

Del manejo del Antiguo Testamento se establece la convicción de que las Escrituras hablan siempre de Cristo. Sin problema alguno el autor interpreta los pasajes para que resplandezcan más las glorias del Mesías. Creen firmemente de que Cristo era activo desde el principio en la historia de Israel. La autoridad de las Escrituras y la de Cristo eran idénticas.

El quinto distintivo es la estructura literaria de Hebreos; es maravillosa y da evidencia de ser una homilía o un sermón bien elaborado con una pasión pastoral. “Os  ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente” (Hebreos 13:22). El autor conoce bien a sus lectores y lleva una carga muy grande por ellos. No parece ser una epístola, con el saludo ordinario y los toques personales sino más bien un argumento bien pulido en el cual establece las bases de su tema tan importante. [Capítulo 13 puede ser una ligera excepción por amor a los lectores]. Hebreos posee una unidad tan orgánica e íntegra que se pierde algo al separar lo que realmente es una sola cosa.

Los eruditos han discutido mucho el estilo griego muy elegante que usa el autor. Domina con elocuencia el idioma; aquello da más filo al argumento ya poderoso. El trasfondo cultural es hebreo pero el manejo de griego; es obra de maestro. La obra  del autor se debe al Espíritu Santo quien obró soberanamente en la vida del creyente que queda anónimo para la mayor gloria de Cristo.

Finalmente, el sexto distintivo son las cinco advertencias que vienen intercaladas en el desarrollo del tema.  Parece que el autor pausa para aplicar con cierto temor las verdades que sus lectores van tomando más y más en menos cuenta.  Debemos tomar en serio las cinco advertencias y no tratar de explicarlas de tal manera que no tengan aplicación a nadie. Sin embargo el otro extremo es interpretarlas independientemente de argumento completo del libro. Toma nota especial de este consejo.

La advertencia  de Hebreos 6: 4-8 ha sido a menudo mal interpretada no tomado debidamente en cuenta el contexto y lo que sigue en el desarrollo que enfatiza mucho el cariñoso ambiente pastoral. El autor los advierte con una pasión pastoral, un corazón cargado pero a la vez muy positivo al respecto de su retorno al mensaje del real sacerdocio de Cristo. Un comentarista habla de los “rigorismos” de Hebreos. Deben servir de su propósito pastoral y práctico sin torcerlas para comprobar ciertas doctrinas soteriológicas nuestras.

Otro aspecto de las mismas precauciones es que el autor intercala la advertencia con la enseñanza de tal manera que el intérprete deba tomar los dos aspectos muy en cuenta y mantener un buen equilibrio hermenéutico. Esta combinación maravillosa de la gracia de Dios y la fuerza de la ley logra el propósito práctico. Muchas veces, sin embargo, confunde al intérprete que siempre quiere ordenar las cosas según su propia lógica teológica.

Debemos dejar que Hebreos nos hable aun si a veces nos confunde un poco nuestro sistema doctrinal. Debemos mantener en debida tensión lo que a veces nos parece dos verdades diferentes. Dios es al fin de cuenta el árbitro y sabe bien animar y advertir.  Su gracia trasciende nuestros conceptos limitados.

Autoría  de Hebreos

Desde la iglesia primitiva ha habido mucha discusión que ha resultado definitivamente en cuanto a la paternidad literaria de Hebreos. Clemente de Roma cita el libro para el año 95 D.C. pero no da ninguna evidencia con respecto a su procedencia, destino o autor. Otros padres de la iglesia pudieron haber sabido del libro, tales como, Policarpo y Hermas; Eusebio, historiador de la iglesia primitiva cita a Clemente de Alejandría que recordaba que Panteno in 200 D.C. había sugerido que fue Pablo.  Orígenes había oído lo de Panteno, pero por fin dice: “Solo Dios sabe quien escribió Hebreos.”

Se debe entender el problema con respecto a su canonicidad [un proceso gradual y largo por el cual la iglesia primitiva venía nombrando los libros inspirado, no por un concilio sino el uso frecuente de los libros]. Siendo una carta anónima, habría sido muy problemática que se admitiese al canon inspirado. El libro, sin embargo, por su contenido tan claro merecía su puesto legítimo en el canon, pero la duda de su destino por los líderes hacía muy improbable que ganase su debido lugar. Pero al ser atribuido a Pablo por los líderes de la iglesia oriental se salvó su aceptación, aunque ninguno habló con toda certeza ni con los datos que comprobaron su autoría. Las iglesias del occidente eran los últimos en aceptar la autoría de Pablo. Aun cuando lo hacían Jerónimo y Agustín, lo hacían con reservaciones.

A través de los años otros autores han sido sugeridos, tales como, Lucas, Bernabé, Aquila y Priscila, et al. Tal variedad revela la incertidumbre de su autoría.

La única cosa que sabemos es que en Hebreos 2:3 el autor dice “la cual [la salvación]  habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron.”  El autor parece incluirse con los que oyeron el mensaje por medio de la segunda generación de creyentes.  Pablo, en cambio, siempre sostenía que no a través de otros recibió el evangelio sino que le fue revelado directamente del Señor (Gálatas 1:12-24). Nos conviene decir que el autor queda anónimo para que la gloria de su mensaje redunde más para la gloria de Dios trino.

Los Destinatarios

Otra vez hay poca información interna que nos conduce  a confirmar quienes fueron los lectores de este libro.  E título “A los hebreos” viene verificado por Panteno  [siglo 2] y por Tertuliano en el occidente. No se sabe  si es auténtico el título pero a lo menos da alguna indicación de que eran hebreos. El contenido  parece favorecer tal detalle porque el libro se mueve en el ambiente de la ley, el tabernáculo y la historia del pueblo de Dios. No se puede identificar más específicamente en cuanto a la ciudad aunque no cabe duda de que el autor anónimo escribió a un grupo muy definido.

Se ha sugerido por destino la ciudad de Alejandría por las citas del LXX [Versión Septuaginta] de Egipto el griego elevado y algunas semejanzas con Filón el gran judío filósofo. Sin embargo, hay grandes diferencias entre Filón que alegorizó el Antiguo Testamento y la interpretación muy sólida del autor.

Otros lugares ha sido sugeridos: Jerusalem en Palestina, Corinto y Cesarea.  La sugerencia más probable  es la ciudad de Roma ya que había allí unos hebreos exiliados. La primera cita del Hebreos fue por Celemente de Roma (95 D.C.); da evidencia de que ya era conocido por los de Roma. Otro argumento que va en contra de la autoría de Pablo es que en el occidente tardaba mucho la iglesia en admitir que Pablo era el autor. La cita (12:24) “Los de Italia os saludan” se puede interpretar de varias maneras. Más lógico sería: los que han salido de Roma [un centro comercial] mandan saludos a su cuidad y a los creyentes allí.

El Trasfondo espiritual de la Iglesia

Lo que sigue es una vista a vuelo de pájaro de la condición espiritual de los lectores de Hebreos.  En el estudio que sigue vamos a ver en gran detalle estos factores que influyen mucho en la interpretación correcta. Solo abajo aparecen en conjunto para que sintamos más a fondo la pasión de autor y la condición de ellos a quienes el autor anónimo se dirige.

Si no sabemos a dónde fue enviada la homalía, sí que sabemos bastante de quienes la recibieron.  Estaban en peligro de volver atrás (3:12); el peligro de endurecer sus corazones (3:15; 4:7); eran tardos para oír (5:11); debían haber sido ya maestros por los años en el evangelio (5:12); sin embargo, el autor los tenían en confianza plena del Señor por haber “servido a los santos, y  sirviéndoles aún” (6:10); parece que algunos habían dejado de congregarse con los hermanos y así iban perdiendo su contacto con la iglesia local (10:25).

Trae a la memoria su fidelidad en medio de todavía mucha persecución y hasta la pérdida de sus bienes por el Señor (10:32-35); todavía no habían sufrido hasta el máximo pero no deben perder ánimo (12:4,5); en el último capítulo hay varias referencias a su falta de respeto hacia sus pastores (13:17. Por fin concluye su carta con una nota pastoral que sufran la exhortación que él les hace por amor a ellos (13:22)

La Fecha de Hebreos

Una vez más el autor no nos da ningún dato definitivo para establecer la fecha de la carta. Él habla, sin  embargo, varias veces como si el templo estuviera en pie ((8:13; 9:6-9).  Parece que indica que la peor persecución no les había llegado (12:4) como llegó más tarde bajo Nerón (64-66 D.C.). Si Jerusalem hubiera caído y los ritos del templo hubiesen cesado, habría sido un argumento fuerte  en contra de la tentación de volver al sistema viejo del judaísmo siempre reconocido por los romanos. El cristianismo no fue así reconocido; más bien constituía una amenaza al estado por no adorar al emperador los creyentes. La mención de la liberación de Timoteo (13:23) presta cierto valor a la década de los 60. Ya que Jerusalem cayó en 70 D.C, la fecha sugerida más comúnmente ha sido entre 60-70 D.C.

Ya que Hebreos es un libro entre muchos, nos ayuda mucho si tomamos muy en cuenta estos distintivos históricos.  De esta manera mantenemos una perspectiva balanceada. Tristemente si no se toman en cuenta, puede resultar la enseñanza errónea, o aun peor no apreciamos debidamente las profundidades ricas de un libro cuyo Alfa y Omega es Cristo Jesús.

Ya estamos preparados para la majestuosa introducción única: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo [se omite el artículo- el mensaje es Cristo, solo Cristo], a quien constituyó heredero de todo, por quien  asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, sustenta todas la cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1: 1-3).

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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