La oración, la clave de la victoria en la guerra espiritual

Efesios 6:18-24

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

La Epístola a los Efesios alcanza su clímax en destacar que la vida cristiana se vive en un “mundo ancho y ajeno”. Jesús oró por sus discípulos en la Oración Pontifical: “Ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti.’ Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros . . .Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco soy del mundo . . . No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal [el maligno]. . . Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad'” (Juan 17:11,15,17).

Esta oración queda registrada en el cielo y así fue contestada en aquel entonces como será contestada en nuestros días. Agregó Jesús: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por su palabra” (v.20). ¡Cristo en ese instante oró por ti y por mí!  Es muy significativo que Jesús terminase los tres años de su instrucción personal con esta oración por los suyos mostrando así el valor inestimable de la oración.

Otra evidencia más de la eficacia de las oraciones del Señor fue su último consejo dado a Pedro antes de su traición con juramentos: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” [toma nota que Jesús usó “vosotros, tú y yo].

Pero en ese momento Pedro responde con la confianza carnal: “Señor, después estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. Y él le dijo: “Pedro, te digo que el gallo no cantará antes que tú niegues tres veces que me conoces” (Lucas 22:31-34). Lo que rescató a Pedro aún después de negación no fue nada más que la oración eficaz del Señor. ¡Qué consuelo que Cristo intercede por nosotros ante el Padre en nuestros momentos de traición!

Pablo en el pleno triunfo de Romanos 8 hace la pregunta: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que demás está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”(Romanos 8:34). Solo el cielo conoce el poder eficaz de la oración en la guerra espiritual que nos urge hoy día; a veces las huestes del maligno parecen ir ganando. Pero al final la fe triunfará porque Cristo mismo triunfó en la Cruz; nada puede cambiar esa gloriosa verdad.

Repaso breve de nuestra panoplia   Efesios 6:10-17

Con todo lo del triunfo de la gracia en Efesios hacia la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, ya recorrido en los capítulos anteriores, queda una verdad urgente. Pero no depende de nosotros, ni aun de nuestros mejores esfuerzos sino que reside en el fiel Espíritu que nos da el “poder [energía potencial] de su fuerza (v.10). Nuestra lucha no es en contra de los seres humanos sino en contra de las mismas huestes de Satanás: los cuarto niveles de la jerarquía maligna son: principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo y las huestes espirituales en lugares celestiales (v.12).

En el tiempo del buen rey Josafat se unieron las tropas de Amon y Moab, enemigos perennes de Judá. En aquel  momento de desesperación y temor, habló el profeta Jahaziel muy a tiempo:

Oíd Judá todo, vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios . . . No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, y ved la salvación de Jehová con vosotros . . . Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados” (2 Crónicas 20:15,17, 20). Pasaron los cantantes adorando a Jehová por delante de las tropas de Judá y Dios les dio una victoria gloriosa.

Claro esta promesa de victoria contra el diablo es cierta con tal que tomemos toda la armadura de Dios. Nos toca solo creer y afirmar y tomar la amplia provisión de Dios. Se necesita saber quién es nuestro enemigo antes de entrar en el combate. Nuestro propósito no es avanzar en forma ofensiva y ocupar el terreno perdido. Muy al contrario, es ponernos firmes y protegidos por la armas provistas en unión con el vencedor. Nos toca solo estar firmes [tres veces tal frase aparece en el contexto]. La victoria nos ha sido ganada.

Tomamos las armas defensivas: 1) ceñidos los lomos de la verdad, 2) vestidos con la coraza de justicia, 3) calzados los pies con el apresto de evangelio de paz, 4) el escudo de la fe. 5)  tomar el yelmo de la salvación.  Además hay una arma ofensiva, 6) la espada del Espíritu, la Palabra de Dios. (vv. 14-17).

El rol único de la oración en la guerra espiritual  Efesios 6:18

Pablo llega al cómo de nuestra victoria en la guerra espiritual, no por darnos otra arma como las anteriores. No lo es pero nos abre el rol de la oración; al tomar cada pieza de nuestra armadura la vamos tomando en un espíritu de oración ferviente, una constante cobertura de dependencia de Dios y petición en plena fe. “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;  ypor mí . . .” (v.18).

Lo que nos llama la atención es lo superlativo de esta actitud. No es mandato per se sino un hábito continuo; “Orando” es la palabra general que abarca toda clase de petición, plegaria, intercesión, súplica; es el participio pasivo/reflexivo presente que trae la idea de un muy activo envolvimiento personal que en todo tiempo se manifiesta en una costumbre o hábito constante.  De esta manera “encarnamos” la guerra en nuestro espíritu echando mano de la energía divina.

Otra faceta que se nota de inmediato es la frecuencia de la palabra todo“; es una característica de Pablo; piensa siempre en lo superlativo, tanto en tiempo como en cualidad. Otra ilustración de lo mismo pero con otro tema: “El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13). No hay nada mezquino en el carácter de nuestro Dios.

A continuación Pablo usa una palabra bien común en decir “tiempo“. En griego hay dos palabras así traducidas “tiempo”: “chronós,” mera duración o secuencia de tiempo, hora, día o semana. Tiene la idea de “pasándolo”. Pero aquí con el adjetivo “todo tiempo” usa “kairós” que quiere  decir: una ocasión ideal, precisa, hasta una sazón preordinada. Así quien ora necesita el discernimiento para saber la voluntad de Dios y cuál es el valor de dicho momento. Con esa guía exacta uno se compromete por pedir y recibir de Dios las fuerzas. Cuando Dios se mueve en poder, nos toca responder en cooperar en la intercesión, la acción, etc.

Otro aspecto que define la eficacia de la oración es “en el Espíritu“. En el capítulo que describe la vida victoriosa Pablo confiesa: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña a los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Romanos 8:26,27).

Es imposible andar en la carne y orar en el Espíritu. Los dos modos de andar son incompatibles. Por lo tanto, la oración y el éxito en la guerra espiritual depende de nuestro andar según la Mensaje de la Cruz “contaos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 6:11). El Espíritu Santo es el único ejecutivo de administrar “el poder [energía] de su fuerza divina” (v.10). En ese poder somos fortalecidos ya muertos con Cristo en la Cruz, habiendo terminado de una vez la vida vieja.

Sigue todavía otro aspecto básico en versículo 18: “velando en ello con toda perseverancia y súplica.” Nuestro Señor les exigía a sus discípulos la vigilancia en todo momento. En el momento de la crisis mayor de Getsemaní, había tomado al trío selecto, Pedro, Juan y Jacobo. Se apartó Jesús de ellos para agonizar a solas con su Padre. “Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: ‘Simón, ¿duermes? No has podido velar una hora?’ Velad y orar, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Marcos14:37, 38).

Queda todavía el último aspecto: “por todos los santos.”  La oración constante en esta guerra espiritual tiene una anchura grandísima, por todos los hijos de Dios. Todos ellos están involucrados en esta lucha. Pedro nos aconseja: “Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (1 Pedro 5:9).

El corazón de Dios abarca a todos y nuestras oraciones deben seguir su ejemplo.  Demasiadas veces entre nosotros, hay distinciones de raza, cultura y estado social, pero en Cristo ya no existen. La Cruz puso fin a tales distinciones en las cuales persiste el orgullo humano. “Ya no hay judío, ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).

En  este versículo solo Pablo abarca el rol de la intercesión y la lucha espiritual. Pero no son armas carnales sino espirituales respaldadas por el mismo Espíritu Santo. Otra vez Pablo subraya la verdad de que “no tenemos lucha contra sangre y carne” sino que nos aprovechemos de toda la armadura del Espíritu (v.12).

La oración por el denuedo de proclamar el evangelio     Efesios 6:19, 20

Pablo sabía lo que quería decir luchar “mano a mano” en el Espíritu. Pablo recuerda bien el momento crucial de lucha espiritual al esperar con ansias la llegada de Tito con referencia de la visita a Corinto. “Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro temores. Pero Dios que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito . . . Por esto hemos sido consolados en vuestra consolación; pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido conformado su espíritu por todos vosotros” (1 Corintios 7:5, 6,13).

Con esa experiencia todavía fresca en su memoria, Pablo suplica que los efesios intercedan por él en prisión en Roma encadenado. “y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio (v.19). Toma nota que no pide nada a su favor, es decir, de su salida de la prisión sino solo que él proclame la palabra de Dioscon denuedo. No hay nada de lástima personal, ni eco de sus sufrimientos. ¡Qué victoria en medio de la cárcel!

De nuevo vemos a Pablo mismo como “el hombre es su mensaje” [frase de Oswaldo Chambers].  Él vivía en carne propia los años de la cárcel, pero ni menciona ello, ni su propia persona sino solo el avance del evangelio, siendo él tan cerca de su martirio. No le aparecían los temores humanos, mucho menos una queja insinuada sino sostenido Pablo por el Espíritu del Crucificado. De veras vivía la verdad de su identificación con Cristo de haber “muerto al pecado pero vivo para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:11).

Sigue Pablo jactándose del honor de sufrir por Cristo. El mismo había escrito a los filipenses en otra carta carcelaria: “Y en nada  intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación y esto de Dios. Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él sino también que padezcáis por él” (Filipenses 1:28,29).

Lejos de quejarse por sufrir en la cárcel, Pablo consideraba la cárcel como su “consulado oficial” y sus cadenas con las credenciales oficiales de su dignidad. Sigue diciendo; “Por el cual soy embajador en cadenas; que con  denuedohable del él, como debo hablar” (v.19).  Ni merece honor especial porque basta la dignidad de ser apóstol enviado por Dios mismo ¿por qué quejarse o sucumbir a la lástima personal?  Pablo vivía la vida resucitada del Cristo triunfante, llevando las cadenas como una medalla de honor.

Vale la pena notar que dos veces Pablo pide que oren por él con el fin de que hablase con denuedo. Pablo mostraba la confianza y libertad que marcaba la presencia del Espíritu Santo en los primeros días después de Pentecostés. En el conflicto entre Pedro y Juan y los líderes del Concilio, los hermanos se reunieron y pidieron esa virtud dinámica. “Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos con todo denuedo hablen tu palabra . . .  ‘Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:29,31).

No puede menos que se compare aquel momento como el “segundo” Pentecostés; el primero fue con estruendo, lenguas de fuego y las lenguas/dialectos según  el propósito misionero de la iglesia, pero este, el “segundo,”, fue con la oración unida, el temblar de la casa y el con denuedo, siendo la señal distintiva de la misión de proclamar la Palabra de Dios y hacer discípulos de todas las naciones.

Tres veces en Filipenses [carta contemporánea], Pablo hacía referencia a sus cadenas/prisiones como incentivo muy positivo para que los hermanos hablasen de Cristo sin pedir disculpas. Pablo llevaba puesto las cadenas como evidencia del triunfo del evangelio (Filipenses 1:7,13,14).

Sigue con tal espíritu que le iba a distinguir acercándose a su martirio pidiendo sus oraciones  “Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”(Filipenses 1:19-21), ¡Qué espíritu de confianza y triunfo frente a los alternativos!  Tal era la vida del Apóstol del Mensaje de la Cruz.

Las despedidas sinceros y breves     Efesios 6:21-24.

Puesto que Efesios ha de haber sido una carta circular, hay poca mención de los últimos detalles personales de Pablo. Es bien diferente su despedida a los colosenses donde expresa tanta gratitud efusiva por tantos colaboradores. Aquí solo menciona la llegada de Tíquico, “hermano amado y fiel ministro en el Señor.” A Pablo le suele dar gracias por sus compañeros de milicia.

Con la despedida hecha famosa por Pablo con sencillez espiritual dice: Paz sea a los hermanos, y amor con fe de Dios Padre y del Señor Jesucristo. La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo, con amor inalterable. Amén.

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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