La iglesia en guerra con las huestes malignas

Repaso del Antiguo Testamento – Efesios 6:10-17

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

Pablo se acerca  ya al fin de Efesios que ha exaltado la gracia triunfante de Dios. Desde el principio la gracia triunfó en escogernos a ser santos y sin mancha desde antes de la fundación del mundo. No pudo haber habido ni mérito ni buenas obras nuestras (1:4). Además, aunque muertos nosotros en delitos y pecados, nos dio vida, nos resucitó, nos hizo sentar en lugares celestiales con Cristo para mostrar las abundantes riquezas de su gracia (vv. 5-8).

Por encina de todo esto, Dios creó en sí mismo el misterio de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Esto era Su obra mayor: “Misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres  . . . que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (3:5,6).

Para Pablo, la maravilla de la gracia era que Dios hiciese a un antiguo fariseo el Apóstol a los gentiles para declarar la multiforme sabiduría ante los principados y potestades en los lugares celestiales (3:7,10). Luego habiendo constituido la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, les dio apóstoles, profetas, evangelistas, maestros/pastores para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio (4:12,13). La gracia de Dios les enseñó a vivir una vida santa y aun transformada toda relación humana para la gloria de Dios (Efesios 4:17- 6:9).

Ya listo para terminar Pablo la epístola bajo la inspiración del Espíritu Santo, le queda una realidad hostil que enfrentar.  Esta iglesia, el Cuerpo de Cristo, sirve a Dios en un mundo muy enemigo respaldado por el “dios de este sigo”. Se encuentra en una guerra espiritual. Pero otra vez la gracia triunfará. Solo tienen que tomar toda la armadura  de Dios y quedar firmes y fuertes en la victoria de la Cruz.  Allí Dios “despojó a los principados y las potestades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos la cruz” (Colosenses 2:15).

El mismo mundo maligno del Antiguo Testamento

A veces hay la tendencia de separar los dos testamentos inspirados por Dios. Hay avance y diferencias entre los dos, pero hay mucho más que los une: el mismo Dios Trino, la misma gracia y la misma fue en el Mesías que iba a venir. Solo hay la misma salvación, no una anterior e inferior y otra más tarde y superior.  Esta salvación “por gracia por medio dela fe” es una sola cosa (Efesios 2:8). En el Antiguo Testamento miraba para delante a aquel que vendría, hacia la Cruz y en el Nuevo miramos atrás hacia la Cruz, la obra consumada de Cristo.

En la ley Dios definió el pecado en preparación para la encarnación y obra salvífica de Cristo. “Entonces, ¿ para qué sirve la ley?  Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa . . . Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes”  (Gálatas 3: 19).

Cuánto más medito y leo el Antiguo Testamento tanto más entiendo las mismas grandes virtudes del amor de Dios, la santidad de Dios, la corrupción del corazón humano y la obra regeneradora del Espíritu. Bien ha dicho Agustín: “El Nuevo está latente en el Antiguo y el Antiguo patente en el Nuevo.”

Nuestro punto de partida es que Dios nunca jamás es autor del mal. Al contrario puede permitirlo, o restringirlo o dejar que lleve a cabo sus propósitos santos de conducir al arrepentido al perdón o dejar caer el debido castigo merecido.

La rebelión del maligno, Lucero [Satanás], y sus huestes

Desde antes de la eternidad  pasada hubo en el cielo una rebelión permitida por Dios sin tener por qué darnos las razones. A través de la cortina histórica del príncipe de Tiro la describe Ezequiel. “Tú, querubín grande, protector, y te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad . . . Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a cause de tu esplendor; yo te arrojé por tierra; delante de los reyes  . . . Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tus santuario; yo, pues, saqué fuego por en medio de ti, el cual te consumió” (Ezequiel 28:14,15,17, 18).

Es imposible atribuirlo todo esto al príncipe de Tiro. El querubín, Satanás, contempló la hermosura que Dios le dio y así brotó el orgullo, el primer pecado original. Nos es misterio cómo llegó el mal en la creación de Dios. Pero Dios es Dios y no nos da razones ni quiere que examinemos más de cerca el mal.

Hay otra revelación bajo el nombre del gran rey de Babilonia, el rey mayor de la antigüedad.  “Desde al Seol caíste tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama y gusanos te cubrirán. ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitaste a las naciones. Tú que decías en tu corazón: ‘Subiré al cielo; en lo alto junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; Sobre las altura de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.’ Mas tú derribado eres hasta el Seol a los lados del abismo” (Isaías 14:11-15).

Es casi una copia de carbón de Lucero, acompañado Lucero de ángeles caídos reservados en cadenas (2 Pedro 2:5) y demonios.  Así en el mundo antiguo se movía el diablo, el acusador, el tentador.

La caída del Eva y Adán    Génesis 3:14,15

Sabemos bien la historia de la tentación de Eva y Adán por la astucia de la misma serpiente identificado claramente en Apocalipsis 20:2: “Y prendió al dragón, y la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años.”   Pero en el mismo momento de maldecir al diablo Jehová lanzó tu plan eterno de salvación por  el Mesías.  “Y Jehová Dios dijo a la serpiente:’ por cuanto esto hiciste, maldita eras entre todas las bestias . . . Y pondré enemistad entre ti y la mujer [la virgen concebirá], y entre su simiente [linaje mesiánico] y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza [la cruz], y tú le herirás en el calcañar [sufrimiento vicario]’ ” (Génesis 3:14,15).

Muy lejos de triunfar la serpiente, Dios usó esta ocasión para maldecirla sin posible remedio y a la vez anunciar su eterno plan salvífico, la salvación de los engañados.  Otra vez la gracia triunfó.

El libro de Job

De este libro singular no hay ni datos biográficos de Job, ni fecha fija; se calcula la etapa por el tiempo de Abraham ya que no hay ninguna mención de la ley. Dios revela en el libro de Job unas verdades que son las más profundas de la Biblia misma.  Analiza el valor del sufrimiento en la perfección de los santos. No hay libro más relevante en sacar a luz el pecado peor del creyente, su propia justicia, y la victoria por medio de la Cruz.

Dios purifica a Job a pesar de las maniobras defensivas de Job, dándole a Satanás límites muy estrictos; Dios le permite dos “rounds” del boxeo con Job. Toma nota de lo poco que sabemos de Job, pero la gran estima de Jehová mismo. “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1). De pocos lo dice Jehová esto.

Presenciamos el encuentro de Dios y Satanás en el cielo. ¡Qué revelación! Nos sorprende mucho la pregunta de Dios. Dios mismo da inicia al encuentro “Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?  Responde Satanás con sarcasmo: “¿Acaso teme Job a Dios de balde?”Desafía a Dios por retarle a extender tu mano y quitarle las bendiciones. Sabemos la historia que Dios le puse cierto límite, un gran consuelo para cualquier santo en las tribulaciones.

De repente y de golpe Job pierde todos sus bienes y a su familia. “Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró y dijo:”Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá . Jehová dio y Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito” (1:8-12, 20, 21).Pronto hubo el segundo encuentro en el cielo y se le puso aún peor. Job perdió su salud y el amor de su esposa (Job 2:7-10).  ¡Qué más tendría Job? Solo Dios y su gracia.

Lo importante es que sale del escenario Satanás y no se aparece jamás en el resto de libro. El santo no trata para nada con Satanás. Dios usó a Satanás solo para que en su propia gracia le revelara a Job el pecado de su propia justicia a un nivel no conocida antes.

Job sufre las entrevistas con sus tres amigos (4-26), comparte su mucha sabiduría y su propia defensa que Dios no quiso oír (27-31) y luego la plática del joven Eliú (32-37). Finalmente Dios le hace 80 preguntas y no puede ni contestar ni una (38-41). Así quebrantado y crucificado con Cristo dice Job ya muerto a su propio “yo”: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” . . . Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job: 42:5,6,10).

Aquí el Antiguo Testamento revela las verdades de la Cruz. Dios es soberano y por el amor de su nombre tuvo el derecho de hacernos morir al propio “yo.”  No existe la verdadera santidad sin un quebrantamiento personal y la toma por fe de lo que Dios en la Cruz nos hizo de una vez: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue co crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido [rendido nulo, cancelado], a fin de que no sirvamos más el pecado” (Romanos 6:6 [mi versículo favorito]).

El espíritu mentiroso bajo el mando de Jehová     2 Crónicas 18

Josafat, el buen rey de Judá, hizo parentesco con Acab, el rey malo de Israel, tocante a una batalla en Ramot de Galaad. Josafat le preguntó: ¿Hay un profeta en Israel? Acab llamó a sus cuatrocientos profetas, los cuales unánimemente le dijeron que fueran y Dios les daría la victoria. Cuando Josafat preguntó: “¿No hay un profeta de Dios? Sí que lo había y pero Acab decía que no me profetisa el bien; lo aborrezco. Se llama Micaías.

Se abre la escena en el cielo. Micaías dice: “Yo he visto a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaban a su mano derecho y a su izquierdo . . .  ¿Quién inducirá a Acab para que suba y caiga  en Ramot de Galaad? Y uno decía así, y otro decía de otra manera. Entonces salió un espíritu que se puso delante de Jehová y él dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué modo? Y él dijo: Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas. Y Jehová dijo: Tú le inducirás, y lo lograrás; anda y hazlo así” (2 Crónicas 18:19-21).

Dios usa de un espíritu de mentira para lograr su propósito de juicio santo contra Acab. Dios es soberano y usa de medios desconocidos por nosotros pero sin perjudicar su integridad. Así lleva a cabo su voluntad.

La visión de Daniel      Daniel 10

Dios encomendó a Daniel, su fiel siervo, unas visiones de gran importancia para el mundo de aquel entonces, del futuro de Israel y aún del mundo entero. La carga era demasiada y Daniel desmayaba. Levantó  sus plegarias pidiendo entendimiento y las fuerzas.

Dios respondió a Daniel: “Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré,

y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba eso conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo; Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido.

“Mas el príncipe del reino de Persa se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. He venido a hacerte saber lo que ha de venir en los postreros días; porque la visión es para esos años” (Daniel 10:11-14).

Más adelante el ángel me dijo: “¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá. Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe”(vv.20, 21).

Nadie hoy puede desenvolver estas verdades, pero pueden ilustrar nuestro texto: “Porque no  tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las  regiones celestes” (Efesios 6:10).

Josué, el sumo sacerdote ante el acusador     Zacarías 3

En el tiempo del profeta Zacarías, Josué fue el sumo sacerdote. Zacarías  revela otra escena celestial. “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová [Cristo pre encarnado] y Satanás estaba a su mano derecho para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: ‘Jehová te reprenda, oh, Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda, ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?’ Y Josué estaba vestido de vestiduras viles y estaba delante de ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: ‘Quitadle esas vestiduras viles.’ Y a él le dijo: ‘Mira que he quitado de tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala’” (Zacarías 3:1-4).

En el contexto que sigue Dios estuvo a punto de dar otra profecía mesiánica, pero quería recalar la importancia de su intervención cumpliendo sus pactos y profecías. “Escucha, pues, ahora Josué sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, porque son varones simbólicos. He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo” (Zacarías 3:8).

Una vez más Dios hace correr la cortina celestial para darnos una vislumbre sin mucha explicación de las actividades celestiales de Dios y su enemigo Satanás, el adversario y acusador de los hermanos (Apocalipsis 10:12).  Los santos del Antiguo Testamento leyeron estas verdades y como nosotros no entendieron plenamente el antagonismo de Satanás hacia su creador.

Sabemos que el primer pecado, el orgullo que se levanta su puño en cara de Dios, se originó en un ángel creado. Por eso Dios nunca quiso proveer a tal rebelde y a sus seguidores nada menos que el infierno, su destrucción total (Mateo 25:41).. Pero a ella la engañada a Eva, la madre de los seres humanos, sí que la iba redimir y a su simiente del linaje del Mesías. A Dios sean las gracias.

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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