El hogar cristiano y las relaciones de la vida a luz de Cristo

Efesios 6:1-9

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

 

El Apóstol Pablo acaba de definir en términos bíblicos el matrimonio como Dios mismo lo había instituido desde la creación. Para comprender  mejor el plan original, Dios puso en marcha la familia como la primera institución; por lo tanto Dios creador tiene todo derecho de diseñar la formación y la actuación de la familia.

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza . . . Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó . . . Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí era bueno en gran manera. . . . Y dijo Dios: ’no es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él’ . . . Dijo entonces Adán: ‘Esto es ahora hueso de mi hueso y carne de mi carne . . . Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y será una sola carne’” (Génesis 1:20,27,31;2:18,23,24).

Claro que entró el pecado con todo su daño trágico, pero Dios había puesto a su unigénito Hijo como propiciación por el pecado (Romanos 3:25). A la vez salvó en pura gracia al que cree en su Hijo. Con el perdón del pecado y la regeneración del Espíritu Santo (Juan 3:5, 6,16), Dios vuelve a reconstruir en gracia el matrimonio y la familia.  Tiene todo derecho de hacerlo y además es el único que sabía hacerlo.

Hemos venido estudiando la gracia de Dios en Efesios que triunfó en la Cruz “para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Efesios 2:15,16).  

Pablo compara la Iglesia, el Cuerpo, Cristo siendo la Cabeza como un modelo del matrimonio. La vida nueva en Cristo empieza  y se mantiene por la llenura del Espíritu Santo (Efesios 5:18) sometiéndoos el uno a otros en el temor de Dios(v.21).

Desde ese trasfondo de la sumisión mutua de todos, la casada es leal al marido (v.22); el marido la ama como Cristo amó la iglesia (v.25).  La harmonía de la comparación mayor, Cristo y la iglesia, refleja en la menor, siendo el matrimonio (vv.26-30). Desde ese ambiente Pablo tratará todas las demás relaciones del hogar. Su punto de nueva partida es la Cruz y la transformación que el Espíritu efectúa en el creyente obediente.

El hogar cristiano y los hijos   Efesios 6:1

Con Efesios y Colosenses  Dios nos da su plan divino para una vida familiar tranquila y fructífera. La primera relación de verdadera importancia es la de los cónyuges, la base de todas las demás relaciones familiares. Ya establecidos bien el amor y la sumisión de los padres resulta así el ambiente de paz, orden y mutua amistad en el hogar; entonces  los hijos crecerán confiados y protegidos. Sus primeras memorias y experiencias en el hogar cristiano irán creando su concepto bíblico de Dios y la fe de sus padres.

El primer mandato es: “Hijos, obedeced en el Señor, a vuestros padres, porque es justo” (v.1). Es directo, explícito y sin dar vueltas o razones.  Amplía la orden “en el Señor” porque es, al fin y al cabo, un hogar cristiano; tal es su razón de existir. Dios y su presencia ha de permear toda relación y así se elimina cualquier cosa que no sea a su perfecto agrado. Implícito en la frase “en el Señor” es el punto de partida muy en contra del espíritu de este mundo. En agudo contaste el espíritu de este mundo resiste y rechaza todo lo de Dios santo.

El verbo en el original “obedecer” (6:1) es más directo que el que pide sumisión de parte de la casada (5:22).  Ella es igual al hombre y unida a él como una sola cosa. Por lo tanto su sumisión es de otra calidad que el hijo quien depende de los padres para vivir; les debe su buena voluntad, al recibir de ellos la comida, la ropa y el amor de ellos. En la crianza del hijo, la madre tiene igual autoridad y, a veces, aún más acceso al hijo. Ella en nada es inferior al marido en la disciplina. El rol de los dos se complementan.

La aplicación prioritaria de la orden se le da al hijo que vive en casa, de menor edad. Se entiende que no hay nada indebido en lo que el padre le pide. Al llegar a la edad de la responsabilidad personal, la obediencia al padre queda sujeta a la autoridad mayor de la Palabra de Dios. Sin embargo, el hijo puede respetar y honrar a sus padres hasta la vejez en gratitud por lo dado y visto en ellos.

El hogar cristiano es la defensa número uno contra el ambiente maligno del mundo. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno  ama al mundo, el amor del padre nos está en él” (1 Juan 2:15). El  mundo actual ha degenerado tanto  que el fin apocalíptico se acerca. No es el mismo mundo que conocí al nacer.

La otra frase que describe el mandato es breve y sucinto: “porque esto es justo.” No hay otra alternativa. En el hogar basta que los padres se comprometen por mantener las normas de conducta que glorifican a Dios. Su ejemplo, sus palabras y sus hechos protegen al hijo contra todas las presiones ajenas que se aumentarán  viviendo él en este mundo perdido.

Esta declaración “porque esto es justo” es tan explícita y a la vez afirma que hay normas bíblicas a que el hijo tiene que obedecer. Existen el bien y el mal, la verdad y el error; son mundos aparte. Hoy en día la familia sufre mucho por la cultura tan presente en todo aspecto de la vida. Son los jóvenes que tienen que hacer frente diariamente a la presencia 24/7 del Internet, la pornografía, los medios sociales que no tienen ni fronteras morales. Añadidos a esto la influencia de los compañeros exige tanta presión sobre los adolescentes hacia lo inmoral.

La ley mosaica respalda la autoridad de los padres      Efesios 6:2, 3

Pablo apela a la ley al cuarto mandamiento del decálogo, un deber prioritario del hijo: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu dios te da” (Éxodo 20:12). La cita en Efesios altera ligeramente el mandamiento, suavizando y adaptando la aplicación al Nuevo Testamento. “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento [primero en ser aprendido y avalorado por el hijo] con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (vv.2, 3). De esta manera Pablo apela al hijo que realmente debe darse cuenta de que siempre le llega provecho personal al obedecer a los padres. Dios les da la promesa de una vida mejor.

Una palabra final cierra con letra de oro. “Pues este es el amor  de Dios, que guardamos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3).

El modelo de la crianza de los hijos en Deuteronomio

En la porción más clave de todas, Moisés dio resumen al repetir a la nueva generación sacada de Egipto. Es la declaración que mejor define a Dios y la debida crianza de las generaciones futuras.

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio 6:4-9). Es larga la cita y ni exige ningún comentario más; para los padres obedecer a la ley y vivirla delante de los hijos es la mejor manera de criar a los hijos “en el temor de Dios.”

El hogar cristiano y los padres      Efesios 6:4

Le toca al padre un mandato igualmente directo y fuerte.  El hogar debe ser refugio de paz y confianza en el amor del padre para con todos. Pablo se dirige al hombre como la cabeza del hogar. A veces la palabra “padre”  incluye a la madre como en Éxodo donde los padres encontraron a Moisés en el río Nilo (Hebreos 11:23). Pero una vez más el liderazgo cae sobre el hombre.

“No provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (v. 4). Muy frecuentemente Pablo usa el estilo de dar una orden negativa pero seguida de inmediato de una positiva para llamar más atención del lector a la verdad clave.

La misma palabra “criadlos en disciplina es” se deriva de la palabra originalmente “instrucción de niños”. Se devolvió en querer decir castigar/corregir porque es la única manera efectiva de tratar con la naturaleza pecaminosa del niño. De esta manera la palabra combina la esencia de criar a los hijos.

El autor de los Hebreos recalca la misma enseñanza, pero como Dios cría a los hijos de Dios: “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo . . . Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12: 6,11).

Es muy contraproducente así provocar al hijo a la ira por demasiadas reglas, tono de voz y exigir lo que el hijo o niño ni puede logar hacer por su edad o inmadurez. Al fin y al cabo, un niño es niño y necesita ser educado [latín: llevado o sacado adelante].  No cabe duda de que criar al niño es trabajo constante y cuesta energía, paciencia y mucho tiempo.  La reacción muy humana del padre/madre a veces puede ser brusca e irritada por mucho que lo amara. Pero Dios mantiene responsable al padre/madre por falta de la paciencia y el amor hacia el hijo.

El cómo de criarlos en disciplina y la amonestación del Señor

El padre lo cría en disciplina. La disciplina se puede expresar de muchas maneras de acuerdo a veces según la naturaleza del hijo. Todos nacimos con la naturaleza adánica y al niño no le faltan la ira, la mentira y el desorden. Pero cada niño es diferente y merece la atención adaptada a su carácter y temperamento. El padre debe saber adaptar el trato según lo que produzca el mejor resultado. A veces con una mirada determinada, un golpecito o una prohibición que afecte al gusto del niño.

Mi querida madre irlandesa no tenía que decirme mucho, solo con una mirada de disgusto o llamarme con ese tono de voz y bastaba para hacer sentir mi mal. Nunca recuerdo que me tocara. Su amor y disciplina eran tan consistentes y evidentes; por eso quería agradecerla. Pero desde mis memorias más tempranas veía su amor, su ejemplo y firmeza con lo cual me corregía.

En la maravilla de la creación de Dios cada niño(a) al nacer es una “tabula rasa” [tabla vacía} que se puede formar según el trato dado. ¡Qué tremendo reto se le presenta al padre al tratar como crear a esa tabla sensible!

En estos días nos visitaba nuestra nieta y su esposo con sus dos hijos, uno de 3 años y el otro de 3 meses. Al ver su esmera y atención a los dos y cómo respondían me maravillaba. Había una mescla de firmeza y, a veces, luego un toquecito de cariño, cambio de voz para lograr dicha reacción según el temperamento del niño.  Había cierta firmeza y consistencia de mando.  Claro hubo a veces una reacción recia de él de tres años; pero con el poco tiempo pudimos ver el cambio de actitud. Luego le dije a mi esposa: ¡Qué duro es criar a los hijos!

Con razón Dios dijo: “No provoques a ira sino que críalos en disciplina y amonestación del Señor” (6:4).  La orden se varía un poco en Colosenses pero con el mismo énfasis y reto: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos para que no se desalienten” (3:21).  

El uso de la fuerza física no es la mejor manera de corregir al hijo porque no se puede aumentar la disciplina sin hacerle daño. Demasiadas veces resulta mal a causa la ira o la impaciencia del padre; resulta en una peor reacción del parte del hijo. La Biblia permite el uso limitado del castigo pero se define no en términos solo de lo físico.

Escucha la sabiduría de los Proverbios: “La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” (29:15). “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (13:24). Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza [solo en temprana edad] en tanto que hay esperanza. Mas no se apresure tu alma para destruirlo” (19:18).

Dios nos permitió criar a nuestras cuatro hijas ya casadas con yernos llamados al ministerio y ahora con sus propios hijos. Ningún padre puede decir que siempre ha obedecido perfectamente estas órdenes, pero por la gracia de Dios con la enseñanza de la Palabra y el ejemplo pudimos verlas aceptar a Jesús a una edad tierna. Luego al casarse en la voluntad de Dios las cuatro hoy sirven con su esposo en el pastorado o la Educación Cristiana. Luego los bisnietos  (8) vienen y las vemos criándolos a muy tierna edad en el temor de Dios. ¡Qué grande la bendición al ver a la próxima generación seguir en los pisados del Señor.

Unas precauciones para los pastores

Tristemente dicen que son los hijos de los pastores que son los rebeldes. No puedo juzgarlos todos porque hay muchos factores desconocidos y que solo Dios sabe. Sin embargo, tantas veces los hijos no han oído ni visto desde la más temprana edad el debido ejemplo bíblico de los padres. En base de mis 65 años de experiencias en la obra ministerial, sugiero algunas razones por qué sus hijos del pastor no hablan bien del ministerio. El honor del evangelio está en la balanza.

Desde la más temprana edad los padres no deben discutir las faltas, personalidades, y los problemas del ministerio en la presencia de los niños. No deben “comer al anciano” de la iglesia domingo al mediodía. Aunque los hijos parecen ser oyentes inocentes, van evaluando sub- conscientemente el ministerio en base de las quejas oídas. Tenía un tío, obrero en un buen ministerio en el Canadá, que perdió a unos tres hijos por haber discutido libremente sus supuestos problemas con otros obreros. Si hay por qué tratar un asunto bíblico, hazlo en confianza con la esposa y no delante de todos.

Pero si los hijos oyen frecuentemente la gratitud a Dios por el privilegio de servirlo y el gozo al recibir las provisiones generosas que Dios da de fuentes inesperadas, sí que tendrán el concepto correcto del ministerio. Realmente servir a Dios y andar por fe nos permiten ver la generosidad de Dios y así la vida se llena de sorpresas inesperadas.

Relaciones entre el esclavo y su amo        Efesios 6:5-9

En breve, Pablo destruye el supuesto abismo entre lo espiritual y lo material en el trabajo diario. A pesar de la crueldad que practicaba la esclavitud romana, el esclavo creyente tiene que darse cuenta que primero no sirve a su amo duro sino a Dios, su amo mayor, a quien algún día le daría su aprobación. “Siervos, obedecer a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo, no sirviendo al ojo, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios” (vv.5, 6).

Toma nota de las dos frases: “con temor y temblor” y “como a Cristo”; tales frases se reservan exclusivamente para Dios, pero en esto caso describen al creyente transformado por la gracia de Dios  Tal actitud sería radical en gran manera. Claro que no se limita a aquel día sino que incluye todo trabajo por pequeño que fuera que nos toca hacer.  ¡Qué diferente serían los trabajos tan cotidianos!  ¡Hasta un barrer el piso sería hecho con más esmero!

Pablo no condena la teoría abstracta del terrible sistema de la esclavitud, sino que hace algo mucho más importante. Socava el sistema por darse cuenta que todos deben trabajar como si trabajaran para Dios por encima del amo o cualquier superior. La esclavitud tarde o temprano terminaría frente a tal cambio de corazón que solo Cristo podría efectuar.

Pablo de la misma manera muy justa se dirige al amo, creyente o incrédulo. “Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay aceptación de personas” (v.9).  

Justo hubo un caso semejante precisamente en la carta de Filemón, una carta acompañante a la de Efesios.  Filemón era amo creyente de Onésimo, cuyo siervo le había robado pero luego en prisión recibió a Cristo a través de ministerio de Pablo. “Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario. Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibiese para siempre; no como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuanto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo” (Filemón 13-17).

¡Qué cuadro diferente del sistema de aquel día cuando el evangelio invade y transforma los corazones tanto del esclavo/trabajador [Onésimo] como del amo/jefe [Filemón] hoy día! El evangelio de la gracia de Dios santifica toda relación desde el matrimonio, de las de los hijos y hasta las de los negocios.  A Dios sean las gracias.

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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