El matrimonio transformado en unión con la Cabeza de la Iglesia

Efesios 5: 22-33

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

“El perfeccionamiento del hogar es la obra maestra del evangelio. Nada en la tierra es tan bello como el hogar perfecto y requiere el Nombre de Cristo y la gracia de su Espíritu para producir el fenómeno completo. Y entonces, donde el hogar sea perfecta, ello es bello con una belleza que debe difundirse por doquier, porque el hogar es la escuela de la generosidad mutua y el deber, donde el amor sigue haciendo siempre su obra de buscar la felicidad del otro.”[1] Así empieza el obispo Moule al tratar este pasaje.

El argumento principal de Efesios es la obra redentora de Cristo en escogernos en Cristo desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4) y luego ya adoptados y unidos los creyentes tanto judíos como gentiles forman un solo cuerpo (2:15,16). Cristo es la Cabeza y los miembros todos participan en su vida resucitada (4:12,13). Ahora con el contexto remoto del Dios Trino, tres en perfecta armonía, Pablo describe el santo matrimonio, la primera institución del hogar que Dios creador formó como un reflejo humano de tal unidad majestosa.

Tal contexto del pasaje así tomado en cuenta ennoblece en gran manera el concepto bíblico del matrimonio. A la vez provee los recursos divinos abundantes para la realización de la familia como Dios la diseñó.

El contexto inmediato que introduce el matrimonio y el hogar se dirige a todo creyente lleno del Espíritu Santo “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracia a Dios por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (5:19,20). Podemos decir que tenemos aquí la misma culminación de la vida victoriosa en unión con Cristo aún vivida en el hogar.

Pero Pablo establece en Efesios 5:21 por medio de un participio del verbo “someterse” [acción del verbo, tiempo presente progresivo] que tiene a veces la fuerza de un mandato; así describe como la vida cristiana se vive. Esta es la condición que debe ser siempre prevaleciente entre los hermanos en todas las relaciones de la vida. Esas relaciones las va a introducir pronto en el resto de la epístola. ¿Cuál, pues, es ese mandato?

“Someteos uno a otros [mejor el participio – sometiéndoos] uno a otros en el temor de Dios (5:21). La orden es corta, directa y se aplica a todo creyente sin distinción cualquiera. Es tan enfática que ese verbo mismo no se repite en la orden dirigida luego a las casadas (v.22). Se da por entendida la misma acción del verbo. Esto, claro, no minimiza la sumisión voluntaria de la esposa sino que la pone en la perspectiva correcta; es una sumisión mutua entre sí en el temor de Dios. Esta sumisión mutua se debe influir mucho en interpretar el resto del capítulo.

Cuando dice “en el temor de Dios” apela al uso frecuente en el Antiguo Testamento. No es un “temor” que cohibe o infunde terror en nadie sino que le permite la confianza en lo debido en toda circunstancia de acuerdo con la plena complacencia de Jehová. “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Proverbios 1:7). “El temor de Jehová es aborrecer el mal” (Proverbios 8:13).

El rol de las casadas en el hogar   Efesios 5:22-24

Pablo se dirige primero a las casadas porque reconoce el debido orden que permanece en la familia que Dios establece en el hogar. Dios es Dios de orden. En otra porción que trata de la iglesia y su adoración pública dice Pablo: “pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14.:40). La anarquía en ninguna forma trae la aprobación de Dios. Pablo examinará el tema bajo diferentes analogías que siguen.

El obispo Moule, mi exégeta erudito en griego [1841-1920], traduce el mismo participio/verbo “someterse” [sometiéndoos] aquí en 5:21[para con todos] y 5:22 [para con las casadas] y también en el pasaje paralelo (Colosenses 3:18) donde Moule traduce el versículo como siendo leales a los maridos como les conviene en el Señor.” Están todos de acuerdo que el trasfondo del verbo puede ser militar, pero hay otros factores por tomar en cuenta.

 Pero Moule explica que tanto el marido como la casada son iguales ante el uno a la otra, pero ante Dios les corresponden orden y lealtad voluntaria como el soldado se somete por amor a la patria y así obedece a quien le corresponde como siempre un soldado leal. Del mismo modo la casada se somete, no con resistencia sino con aceptación, a quien Dios le ha puesto, es decir, al marido.[2]

El contexto aquí no permite la idea de una orden severa, injusta y caprichosa. La sumisión de la casada viene respaldada con el amor y la lealtad. El texto agrega “como al Señor.” A veces en la vida otros nos pueden representar al Señor mismo. Ya que la orden viene del Señor a la casada se pone la sumisión en otra perspectiva; es para con el Señor de quien fue dicho: “Has amado la justicia, y aborrecido la maldad” (Hebreos 1:9).

A veces el trasfondo militar del verbo “someterse” se ha llevado a una exageración errónea por parte del feminista de que implica que la función de la cabeza es la de dar órdenes. Muy al contrario la cabeza es el guardia y el protector del cuerpo. Una fractura del brazo resulta en mayor cuidado del brazo de parte de la cabeza. Así Cristo es atento a toda necesidad de la casada. No hay nada que temor.

Cristo es la Cabeza de la Iglesia y así el marido lo es pero a diferente nivel    Efesios 5:23

Pablo ahora introduce otra motivación efectiva para la casada. Hasta ahora Efesios ha venido revelando la Iglesia Mística, el Cuerpo de Cristo como el triunfo mayor de la obra redentora frente a “los principados y potestades en los lugares celestiales” (3:9,10). Cristo como la Cabeza amó y se entregó por la Iglesia; él sigue siendo la Cabeza de ella de la cual proceden el amor, la protección la provisión y a todo creyente miembro de su Cuerpo.

En Efesios ya se ha establecido esta verdad: “y sometió todas las cosa bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todos las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (1:22, 23).

La comparación ahora se hace: Así para con Cristo, la Cabeza del Cuerpo, así también para con el marido de parte de la casada. Pero se hace una distinción muy evidente. De ninguna manera eleva al marido a una posición de control, domino e injusticia sino muy al contario solo es como Cristo en un sentido limitado. El marido corresponde a Cristo solo como una sombra a la sustancia o un reflejo somero. Dios le da el liderazgo del hogar pero de él exige un amor “agapao”.

Otro aspecto que merece atención es la relación humana del hombre/marido ante Dios quien recibe la lealtad de la casada. “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón de la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Corintios 11:3). Es cosa seria que el varón tome muy en cuenta cómo ejerce su liderazgo matrimonial que Dios le ha permitido. Tendrá que dar cuenta de su actuación. No puede actuar como déspota nunca. Además Dios es la cabeza de Cristo y refleja la perfecta armonía entre Dios Trino sin existir entre sí ninguna inferioridad. Otra vez Dios es el Dios del orden.

Se debe tomar en cuenta y reconocer que aquí en estos versículos hay unas referencias dobles, a veces a Cristo a la Iglesia o a veces al marido a la casada. Tal es la intimidad de ambas relaciones: las del miembro a Cristo y de la casada al marido (5:23.24).

¿Cómo se interpreta la frase: “él es su salvador”? Moule sugiere que la idea aquí de “salvador” es de rescate y liderazgo”. Tal uso se aprovecha de la doble relación entre Cristo y la del marido. Una vez más Pablo pide prestado la idea del marido con su defensor o protector. La relación es solo semejante a tal relación del marido la cual que es limitadísima.

Pedro habla de la mujer como un “vaso más frágil” solo en el sentido de lo físico y para con el rol asignado por Dios de ser madre (1 Pedro 3: 6,7). Puede haber una referencia oblicua al castigo dado por Dios a Eva: “A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti” (Génesis 3:16).

El rol del marido para con su esposa   Efesios 5:25-27

Le toca al marido recibir su consejo divino. No cabe duda que en cuanto al rol y la responsabilidad del marido, Dios a él le exige mucho más de lo que la casada le debe al marido. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (v.25). Esta orden, no más, elimina al marido porque el amor de Cristo para con nosotros transcendió infinitamente el pobre amor y liderazgo que el marido puede ofrecer.

Hay tres verbos que se traducen el concepto del “amor”: 1) “erao” la fuerte pasión sexual del hombre para la mujer. Es notable que la Biblia nunca usa este verbo; 2) “phileo” que expresa la amistad y afecto dentro de la familia; 3) “agapao” el amor sacrificial que no busca su propia satisfacción ni aun el afecto de nadie sino que siempre busca el bienestar del otro.[3] Es el amor que da y sigue dando sin tomar en cuenta el costo. Solo Dios Trino pudo amar absolutamente a ese nivel y fue manifestado de manera sublime solo en la Cruz de Cristo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Pero hay otro texto que se refiere a ese amor expresado en los mismos términos y por este amor y mi co crucifixión vivo yo. “Con Cristo estoy juntamente co crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó de sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Tantas veces se pone todo el énfasis en la primera manifestación del amor de Dios en redimirnos. Pero en esa misma muerte Dios me juzgó el viejo hombre y yo morí en Cristo y ahora Él vive en mí. Cuando captamos esa verdad doble, el amor del marido hacia la mujer se hace fácil. Volver a la Cruz es el mejor consejo pre matrimonial y además basta por la vida entera.

Si una pareja joven me pide la consejería matrimonial, la llevo siempre primero a una exposición detallada y completa de Romanos 6 donde morimos de una vez al viejo hombre, el cual es el gran enemigo del matrimonio. Cuando Cristo empieza a vivir en la pareja se desaparecen la mayoría de los problemas humanos. Cristo es la solución perfecta para el matrimonio feliz. Doy gracias a Dios por mi esposa amable de 65 años.

En Efesios 5:26, 27 Pablo vuelve a hablar exclusivamente de Cristo y la Iglesia, su Cuerpo, y no del matrimonio. Antes ha habido una doble referencia, una analogía perfecta–la Iglesia y después una analogía algo remoto pero un reflejo en sí de la de Cristo. Pablo así sube y ennoblece para siempre el matrimonio por describir aquel amor divino“. . . amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha, ni arruga ni cosa semejante, sin que fuese santa y sin mancha.”

Pablo deja la comparación del matrimonio para asegurarnos de gran día futuro de las Bodas del Cordero. Pero antes de eso da regresa a la doxología trinitaria a la eternidad pasada por citar: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:4). Pero ya consumado el plan divino de la Iglesia, nos adelanta al glorioso futuro reservado para los suyos. “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (Apocalipsis 19:7).

El resumen y la aplicación al matrimonio       Efesios 5: 28-33

El marido en realidad le debe a su mujer ese tipo del amor divino. Tan íntima y espiritual que ha llegado a ser la unión de los dos en una sola carne que amar así a su mujer se ama a sí mismo. Cristo aclaró que el matrimonio es de dos en una sola carne. “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo. Y dijo: ‘Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos será una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto lo que Dios juntó, no lo separe el hombre’” (Mateo 19:4-6).

La consumación del acto conyugal es sello y testimonio de que los dos son una sola carne. Sobre esta base Dios ordenó la santa procreación de la familia. Con razón dice la Escritura: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4). Toma nota de la sintaxis que expresa estas verdades tan fuerte y santamente.

Como si todavía fuese necesario decir más del amor del marido, tierno, sensible e íntimo, lo describe como el amor y el cuidado de los padres hacia sus hijos (v. 29). Pablo así describe su propio cuidado de sus convertidos tesalonicenses: “Antes fuimos tiernos entre vosotros como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos” (1Tesalonicenses 2:7).

Pero es interesante que al destacar el sensible amor de marido a su mujer, Pablo hace una declaración que solo se reserva a Cristo y a su Cuerpo. Vuelve otra vez a la relación íntima y profunda del miembro con la Cabeza de la Iglesia. “Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne, y de sus huesos” (v.30).

De este versículo sacó mi mentor, Dr. F J. Huegel, cuando intituló su libro clásico: Hueso de sus huesos. Lo leí en mi adolescencia y en mis clases he requerido la lectura de él. Miles de mis alumnos han testificado de la bendición de esa lectura. Lo recomiendo altamente.

Pablo lo resume todo: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne” (v.31). Pero de repente vuelve a esa relación única tan superior, la de Cristo a su Iglesia. Exclama Pablo con asombro sublime: “Grande es este misterio, mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (v. 32). Empieza Efesios con la asombro de nuestra elección antes de la fundación del mundo. Termina el tema del matrimonio con el mismo asombro.

El sumario es corto y preciso. Deja a un lado lo de la Iglesia que ha servido bien de una ilustración para regresar al tema del matrimonio y luego sin interrupción las demás relaciones de la vida transformada por el evangelio. En este resumen cambia el orden según la importancia de la relación. “Por lo demás, cada uno de vosotros [hablando al varón] ame [orden] también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (v.33).

Se puede notar en la conclusión que hay dos órdenes; es la misma para el varón, pero para la mujer hay un cambio ligero: respetar o ser leal o reverenciar al marido por el orden que Dios mismo instituyó. Termina con la naturaleza espiritual y física del matrimonio, solo una sombra de la Cabeza de la Iglesia y sus miembros.

Unas observaciones pertinentes

La lectura cuidadosa de este pasaje nos rinde unos consejos valiosos.

  1. De parte de Dios Pablo habla solo de los deberes de los cónyuges, nada de sus derechos.

Generalmente nos acercamos primero a nuestros derechos y no resulta ningún acuerdo.

  1. Se toma por sentado que el matrimonio es entre un varón y una mujer, nada de lo que la

cultura propone y aprueba. En Romanos 1:24-28: “Dios los entregó [tres veces] a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen.”

  1. En el matrimonio Dios prohíbe la unión de un creyente con un incrédulo 2 Corintios

6:14-18, 1 Corintios 10:19-22.

  1. Según el plan original de Dios no debe existir el divorcio de dos creyentes. Cristo nunca

rechaza a un miembro de su Cuerpo. Si hay el divorcio, es un triste fracaso en sí y es por la “dureza del corazón” (Mateo 19:7-9). En Cristo hay la manera de resolver cualquier enajenación.

  1. En toda la discusión del matrimonio, Dios mantiene la pureza y la santidad del aspecto

físico del cuerpo al lado de lo espiritual, los dos íntimamente involucrados en el matrimonio sagrado. Ante Dios Santo y el voto de la fidelidad entre los cónyuges, sagrado es el sexo, la base del compañerismo y la procreación de la familia.

 

[1] H. C. G. Moule. Ephesian Studies, Lessons In Faith And Walk (London: Pickering & Inglis, Ltd). pp.282,282. (traducción del autor)

[2] H. C. G. Moule, Colossians and Philemon Studies, Lessons in Faith and Holiness (London: Pickering & Inglis Ltd). pp.234, 235. (traducción del autor)

[3] Francis Foulkes, Ephesians, an Introduction and Commentary (London: The Tyndale Press), 1963, p.157.

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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