La llenura del Espíritu Santo  el adorno por excelencia del andar cristiano

Efesios 5:18-21

 

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

De nuevo recogemos el hilo de la lógica de Pablo en esta epístola maestra. Después de trazar en Efesios 1-3, la magnificencia de la gracia de Dios desplegada en la doxología trinitaria en la cual resonaba tres veces el lema: “para alabanza de la gloria de su gracia (1:6,12,14), seguida de una oración ungida de “que os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él ” (1:17-19), Pablo introduce el Gran Designio del Dios Trino ya consumado: “para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (2:15,16).

Termina la primera mitad de la epístola en un gran crescendo, llevándonos hasta las gloriosas fronteras futuras con una oración profunda y otro magnifica doxología: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas más abundantemente de lo pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Jesús Cristo, por los siglos de los siglos, Amén” (3:20 21).

En la segunda mitad de la epístola sigue con el mismo tema  pero de un punto de vista muy diferente pero igualmente clave. Empezamos con el creyente, judío o gentil, unido a Cristo llevando la misma vida resucitada de Cristo en la Iglesia. “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).  Es un andar del nuevo hombre en el pleno poder del Espíritu Santo.

Desde  este nuevo principio apela Pablo: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (4:1) Este nuevo andar como miembro de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, se perfecciona en el hogar, en el matrimonio siendo un reflejo de la función de las Tres Personas en Uno. El último crescendo se ve en esta vida resucitada transformando a  los creyentes a la imagen de Cristo y se culmina en estar parado el creyente en la plena victoria de Cristo sobre las huestes malignas (Efesios 4-6).

La plenitud del Espíritu en el creyente  el adorno de la gracia de Dios

El tema del andar cristiano, pues, viene siendo el corazón de la carga apostólica. Unas siete veces aparece la palabra “andar”: en amor, anda como hijos de luz y, finalmente, “antes bien sed llenos del Espíritu Santo.”  El Espíritu Santo es el ejecutivo que hace posible las maravillas de la gracia de Dios en la vida del creyente.

La gramática enfoca el modo imperativo, un mandato y en el tiempo presente, una condición progresiva y constante. No es una experiencia por lograr sino un andar siendo una constante llenura en la vida cotidiana desde el punto de vista de la provisión de Dios.    

Puede haber una experiencia falsificada

Tristemente a veces se ha tratado la llenura del Espíritu Santo como si fuera en una experiencia emocional lograda después de una búsqueda ferviente y, a veces, muy sincera. Se defina a los hermanos como quien tiene o no tiene dicho “bautismo”. Así otros hacen la lucha y si no logran dicha experiencia, se quedan frustrados. Lo peor es que algunos logran un “dizque bautismo” psíquico; no es la llenura del Espíritu que resulta siempre en la humildad, el amor y el espíritu servicial, las verdaderas marcas del Espíritu.

Recuerdo hace años que llegó al valle de Texas un líder carismático bautista de la nueva ola que nos dijo que podría enseñarnos a hablar en lenguas: “Deja en blanco la mente; relaje la lengua; trate de formar unos sonidos. A principio puedes no lograr nada, pero si sigues, lograrás hablar en lenguas.” De ninguna manera fue así como cayó el Espíritu en la casa de Cornelio.  En otra ocasión en el Canadá traté con una hermana que buscaba la experiencia. Un dizque evangelista puso sus manos en ella, pero resultó una experiencia diabólica. Dios luego la libró. Soy testigo ocular de estos casos.

Un repaso de cómo logar este andar glorioso

Se ha dicho que: “Un texto fuera de su contexto es un pretexto.” Por eso el contexto de nuestro texto (Efesios 5:18), nos describe el verdadero andar en su definición clásica: “Aun estando nosotros muertos en pecado, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús?” (Efesios 2:5-10). Viene siendo la obra de Dios mismo desde la regeneración por el Espíritu. Es la nueva posición permanente [justificación] que por fe llega a una nueva condición moral/ética de santidad [santificación].

Romanos 6-8 define con más amplitud el mismo andar hecho por Dios mismo en la Cruz; lo hizo de una vez. “Sabiendo [conociendo] esto, que nuestro viejo hombre fue co crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido [anulado, cancelado], a fin de que no sirvamos más el pecado” (Romanos 6:6)  Lo único que ahora nos corresponde: “Así también vosotros consideraos [contaos] muertos al pecado [la naturaleza adánica], pero vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Sobre esta base puesta por Cristo lo que  a continuación nos toca en fe es no dejar reinar el pecado, ni ir presentado nuestros miembros al pecado. Resulta que “no se enseñoreará de vosotros el pecado.” (Romanos 6:11-14). Tal es el andar a diario que se define como sed siendo llenos del Espíritu. Si creemos, el Espíritu hace la obra que a él solo le corresponde. Él es fidelísimo.

Una palabra de precaución

Dios es soberano en tiempos de gran avivamiento como en el de Wesley y Whitfield; puede haber permitido experiencias extraordinarias a nuestra manera de pensar. Es mejor no tratar nunca de duplicarlas. Dejamos que la historia dé evidencia de la santidad que resulta o no a largo plazo.

En Gales en 2005 hubo un verdadero movimiento del Espíritu que se extendió al África y a la India. Dios se manifestó grandemente; don Evan Roberts fue el hombre que Dios usó. El lema que resonaba era: Obedece al Espíritu. Empezó bien, pero no se tomaron en cuenta los límites y la autoridad de la Palabra; el diablo pronto falsificó el lema por enviar señales falsas y malignas. Se distrajo el avivamiento.

Dios levantó a una maestra muy bíblica, la Señora Jesse Penn-Lewis que con Evan Roberts escribió el libro magno, “Guerra contra los santos” [War on the Saints]. La fuerte énfasis expositiva era la enseñanza netamente bíblica de Romanos 6-8, nuestra muerte al pecado, el propio territorio de Satanás y los espíritus malignos. Nuestra unión con Cristo nos libra de su poder e influencia.

En lo personal esta enseñanza trajo una liberación en nuestra casa hace tantos años. He venido atesorando esas verdades libertadoras y compartiéndolas en toda mi enseñanza en el aula y en los libros en los dos idiomas.

Quiero reconocer a varios autores que han impactado mucho mi vida espiritual. Les debo mi gratitud y los recomiendo a mis lectores: F. B. Meyer, bautista inglés, Andrew Murray de Sud África, Mrs.Penn-Lewis, Watchman Nee, L.E Maxwell, Fundador de Prairie Bible Institute and Dr. F.J Huegel, destacado misionero de México.

El gran valor del espíritu humano renovado en la regeneración

Jesús mismo dijo “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu espíritu es[toma nota de la minúscula en el texto bíblico]. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:6,7). Pablo reafirma lo mismo: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).

Una enseñanza muy sabia es que el Espíritu Santo comunica solo con nuestro espíritu renovado, no directamente con nuestro cuerpo, a veces muy sujeto a fuerzas ajenas y emociones inestables. La Biblia lo afirma varias veces. “Peroel que se une al Señor un espíritu es con él” (1 Corintios 6:17). “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:18). En resumen Pablo lo dice: “Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne” (Filipenses 3:3).

Jesús mismo dijo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. ‘Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él, pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido glorificado’” (Juan 7:38,39). El comentario de Juan da la perspectiva histórica del gran Día de Pentecostés y la inauguración de la iglesia y el nuevo derramamiento del Espíritu.

Aun en las experiencias verdaderas que Dios le da al espíritu del creyente, puede haber emociones humanas que rebosan, pero la obra permanente de Dios está hecha en nuestro espíritu y no en las emociones que vienen y se van.  Nunca debemos  buscar un “thrill” físico  o ir buscando un nuevo sentir.

Los espíritus inmundos están siempre tan cerca para engañar y captar el cuerpo. Los demonios tienen una gran atracción hacia el cuerpo, lo cual el Espíritu de Dios no tiene.  Andamos por fe fundados en la Palabra de Dios y siempre vigilantes contra lo ajeno y aún, lo demoníaco.

El orden divino del ser regenerado se nos da en la doxología: “El mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensiblemente para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1Tesalonisenses 5:23,24).

Santiago nos da otra perspectiva del andar en sabiduría en Cristo

En Proverbios 8:22-31 la sabiduría es personificada con una referencia oblicua a Cristo quien había de venir. Ya que Cristo morar en el creyente su sabiduría debe ser la marca característica  nuestra. Santiago pone en agudo contraste las dos fuentes antagónicas de la sabiduría, la de abajo y la de arriba. “Porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal [humana], diabólica.Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna [dispuesto a ceder al otro–en inglés la versión de NKV], llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (Santiago 3:15.17).  Es otra perspectiva inspirada que describe nuestro andar en Cristo.

La llenura del Espíritu se manifiesta en el gozo que Cristo da    Efesios 5:18-21

A través de Efesios Pablo ha enseñado por medio de agudos contrastes (Efesios 4:17-32).  De esta manera se destaca claramente la verdad del error.  Introduce la llenura del Espíritu Santo por la negativa: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución [desenfreno]; antes bien ser llenos del Espíritu Santo”’ Si se dice de otra manera: si hay desenfreno o descontrol en tomar el vino, del modo muy contrario, en ser lleno del Espíritu hay el control santo, la disciplina de la santidad. “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, templanza [control propio]; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22,23).

Cristo en el Aposento Alto frente a la Cruz dijo: “Estas cosas he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo  sea cumplido” (Juan 15:11). Nehemías había dicho: “. . . día santo  es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10). Esta es la herencia de cada  creyente que mora en Cristo. El gozo y la paz  de Dios gobiernan la vida.

Bishop H. C.G. Moule, mi exégeta favorito, describe la llenura del Espíritu con el “exceso con calma” [calm excess]; parece ser contradictorio, pero abarca  las dos cosas–energía divina pero bajo control sereno. De esa manera se evitan extremos, pero existe gran poder con la discreción moral. Así era Cristo cuando andaba sobre la tierra; hacía milagros, pero siempre con un propósito de autenticarse y glorificar a su Padre.

Por medio de cuatro gerundios [una acción verbal progresiva y siempre en aumento] describe el andar lleno del Espíritu [como profesor de la gramática por 60 años aprecio la precisión del pensar] La llenura resulta en un constante chorro de la edificación propia; “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y  alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Surge un gozo genuino y profunda gratitud como evidencia de la victoria que vive el creyente. Pablo y Bernabé en el primer viaje misionero dejaron así los discípulos de Antioquía de Pisidia: “estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo” (Hechos 13:52).

Pero en un pasaje bien paralelo, Pablo agrega “la palabra de Cristo” acompañando el gozo, tan característico de la llenura del Espíritu? “Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo moreen abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos, e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:15-17).

Al fin y al cabo la Palabra de Cristo es la espada del Espíritu según Efesios 617.  La llenura del Espíritu no es una experiencia emocional sino más bien  un conocimiento más profundo de la Palabra de Dios. ¡Qué aptas y  precisas son estas descripciones del andar de la vida llena del Espíritu–nunca quedan divorciados ni el Espíritu ni la espada del Palabra el uno de la otra!

Otra verdad acompañante – sumisión como evidencia de la llenura bíblica   Efesios 5: 21

En verdad no empieza un párrafo nuevo. Sigue con el mismo pensar. La llenura del andar diario  resulta en grande gozo, pero se ve del modo que guarda la unidad el Espíritu, sometiéndose el creyente el uno al otro en el temor de Cristo. El texto es claro y balancea el gozo anterior: “Someteos [Sometiéndoos] unos a otros en el temor de Dios [mejor de Cristo]. Pablo sigue con otro gerundio presente progresivo que tiene a veces la fuerza de un mandato.

No asociamos el gozo con la sumisión. Al contrario, es muy común querer estar en control, asumir el puesto que hemos logrado a nuestro parecer. En la cultura latinoamericana el infame machismo redonda por doquier.  El orgullo tan prevaleciente entre nosotros no quiere ceder al otro. Cada uno quiere defender su supuesto terreno dando por todas partes su daño carnal.

Pablo es fiel en reprender a los corintios: “Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? (1 Corintios 3:3). ¡Qué tristes las riñas entre cristianos y aún entre las iglesias enteras también! El orgullo destruye la unidad. La buena voluntad hacia la sumisión manifestada en la humildad une a los hermanos y cubre una multitud de pecados en nombre de quien vino como el siervo por excelencia.

Pero la esencia de la humildad es la sumisión buena y voluntaria el uno al otro ante el temor de Cristo.“ . . . el que  quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro servidor; como el Hijo del  Hombre no vino  para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:26-28).

Aún ante  su Padre celestial Jesús había dicho: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer el Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo” (Juan 5:19).

Jesús dijo con respecto a la Tercera Persona de la Trinidad:”Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad, porque no hablará de su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere” (Juan 16:13).

Así se comporta entre sí la misma Trinidad; cada uno de buena voluntad cede al otro en reconocimiento de la debida función que le corresponde. Cuánto más nos debemos ir sometiéndo en todas las relaciones nuestras!  Con el Dios Trino existe poder, orden, amor mutuo y  suprema unidad.  Pablo va a recalcar estas verdades al tratar en el texto que viene con el matrimonio y el hogar.

 

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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