Profetas de Buen Agüero-Profetas Embusteros

Milton Acosta, PhD

La característica fundamental de los profetas a sueldo es que son embusteros, profetizan falsedades y profetizan para su estómago. Para el profeta a sueldo la profecía está determinada por los dividendos económicos y de bienestar que su palabra representará. Josafat lo sabía. Por eso le cree más a un profeta que a cuatrocientos.

El profeta verdadero es rechazado porque pocas veces dice que va a ocurrir algo bueno, especialmente si quien consulta es un gobernante, y si ese gobernante es particularmente perverso. Pero el descaro es tal que el tal gobernante espera que Dios lo ratifique a él junto con todas sus acciones perversas. De lo primero que debe sospechar el rey de Israel es que ¡cuatrocientos profetas estén de acuerdo! Pero qué va a sospechar, si para eso les paga. No es difícil conseguir profetas de buen agüero mientras les paguen bien.

Micaías, por su parte, además de hablar sólo la Palabra de Dios y no la de su estómago, es un profeta con un buen sentido del humor. Pero el rey de Israel lo tiene como anunciador de desastres. Cuando este rey y Josafat, rey de Judá, vestidos de sus ropas más dignas y sentados en sus tronos reales, le consultan sobre los prospectos de una guerra con Siria, Micaías les hace un chiste en plena plaza pública (1R 22). Pero el rey de Israel no vio la gracia.

Primero los cuatrocientos profetas anuncian a viva voz y con demostraciones histriónicas de cuernos de hierro (símbolo de victoria), que los dos reyes acabarán con los Sirios. Luego el mensajero de los reyes le dice a Micaías que ni se le ocurra dañar el show profético diciendo algo distinto. Micaías con tono de indignación contesta: “Vive Dios que sólo anunciaré lo que el Señor me diga. De eso puedes tener plena seguridad.” En tercer lugar, Micaías llega ante los reyes vestidos de ropas reales y sentados en sus tronos; le preguntan si deben ir a recuperar las tierras que los Sirios les han quitado o no. Micaías contesta: “Ataque, su majestad que saldrá victorioso.” ¡¿Qué?!

Observe el chiste completo y vea cómo nos lo han contado. Si a Micaías nos lo presentan como el profeta de mal agüero en contraste con los cuatrocientos de buen agüero; si los cuatrocientos profetas hacen un show y profetizan grandes victorias; si a Micaías le advierten que no vaya a dañar el show; y si Micaías contesta que él no es hombre de show, sino que dirá lo que Dios le diga, ¿Qué debe seguir en la historia para que esto no sea un chiste? Que Micaías profetice lo que el rey de Israel ha dicho, cosas malas, es decir, algo distinto a lo que han dicho los cuatrocientos profetas. Pero como no profetiza algo distinto, sino que dice lo mismo que han dicho los cuatrocientos profetas de buen agüero, lo cual convierte a Micaías en un profeta de buen agüero también, y como dice algo distinto a lo que el rey de Israel dice que él dirá, haciéndolo quedar mal ante su colega Josafat, entonces Micaías les ha hecho un chiste a los reyes que se encuentran en sus más dignas condiciones, ropas reales y tronos de reyes, en la puerta de Samaria, en presencia del pueblo que allí se congrega. El chiste es real. ¿Lo captó?

El rey de Israel no le vio la gracia; se molesta y le reclama al profeta por haberle dicho cosas buenas. Este es otro chiste. El rey de Israel detesta a Micaías porque le dice “cosas malas”; pero el día que le dice cosas buenas se molesta y reclama. ¿Qué quiere entonces este rey? Es cierto que para algunos la vida sin enemigos no tiene sentido y por eso se aseguran de tenerlos, que no se mueran y no se vayan; pero el rey de Israel ni lo puede disimular. ¿Conoce gente así?

No podemos leer esta historia sin apreciar la gracia, la del chiste y la de Dios. Hay que ver la gracia del autor para contarnos la historia; la de Micaías para hacer el chiste; la del rey de Israel para caer en el chiste; y la gracia de Dios para dar oportunidades con tono humorístico a seres humanos que por su indomable inclinación al mal no quieren escuchar su voz. Lastimosamente el rey de Israel no vio la gracia, ni la del chiste ni la de Dios, pues deja que Micaías sea abofeteado, rechazando así la palabra del profeta verdadero: “no vayas a la guerra”; va a la guerra a encontrarse con la muerte, siguiendo la voz del volumen de cuatrocientos profetas de buen agüero, pero embusteros. ©2009Milton Acosta



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