El andar del creyente en luz con diligencia y en el Espíritu

Efesios 5:9-18

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

Desde Efesios 4 en adelante Pablo ha tenido un solo énfasis, el andar del creyente en la iglesia local, como un reflejo de la Iglesia Mística, el Cuerpo de Cristo. Tiene que haber un cambio radical en conducirse el  creyente. Por una serie de agudos contrastes,  Pablo rechaza rotundamente la conducta que no corresponde a la nueva identidad que Dios en gracia dio en la regeneración.  La esencia de la regeneración es un nacimiento de arriba (Juan 3) acompañado a la vez de una muerte definitiva a la vieja naturaleza y gozarse de la vida resucitada de Cristo

(Romanos 6:1-6).

Pero resta el andar santo en Efesios 5. Su consejo es “Llegad a ser [un proceso] pues, imitadores de Dios como hijos amados” (v.1). Con ese toque de familia Pablo apela cariñosamente al nuevo andar. El primer requisito es dejar que el amor gobierne todo acto y relación. Nos recuerda lo que dijo Jesús a los discípulos cuando les lavó los pies en el Aposento Alto. “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán  todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34,35).

Andar en amor es la primera característica del creyente en la iglesia local     Efesios 5:2

 Andar en amor es la marca del verdadero creyente. Dios queda complacido porque tal amor es la reflexión de su amor eterno para con nosotros. Sigue la comparación de los sacrificios del Antiguo Testamento que Dios ordenó y le resultaron como un olor suave y fragante (5:2) como la ofrenda de Abel. Cristo de la misma manera se ofreció a sí mismo y Dios dijo: “Este es mi amado Hijo, en quien tengo complacencia” (Mateo 4:17). Se infiere también que nuestro andar en amor es como una fragancia continua ante Dios. ¡Qué llamativas son las tres comparaciones!

De repente Pablo denuncia en términos muy fuertes cualquier andar en los pecados de la inmoralidad que surgen de la vieja naturaleza, los cuales Dios condenó y juzgó en la muerte vicaria de su amado Hijo (vv.3-6). Tales pecados le costaron a Dios nadie menos que su amado Hijo.  Ningún creyente puede practicarlos y estar a la vez andando en amor, ni mucho menos ser miembro de su Reino eterno. Son dos mundos antitéticos.

Andar en luz le conviene al creyente como evidencia de su nueva vida     Efesios 5:8-14

Es una realidad de que cualquier ser humano se parece a sus antecedentes porque proceden de la misma fuente. Así la regla se aplica a la vida espiritual. Como “hijos amados” andemos en amor y en santidad.

Pablo  introduce los dos atributos esenciales y básicos de Dios, el amor y la santidad. Puede haber varios otros atributos que describen bien a Dios en sus obras: omnipotente, omnipresente, omnisciente, eterno, bondadoso, misericordioso, sabio, etc. Pero la Biblia eleva  estos dos, la santidad o luz y el amor a un nivel trascendental.

El Apóstol Juan los despliegue en su grandeza: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor . . . En eso se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo. . . En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación  por nuestros pecados” (1 Juan 4: 9,10; Juan 3:16). Al abrir la primera carta de Juan dice: “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Juan 1:5).

Pablo al retar a sus oyentes en la primera sección de Efesios destaca muchas veces la gracia de Dios, pero solo unas pocas veces hace referencia explícita a la triste vida corrupta del paganismo. “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo . . .” (Efesios 2:1). “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento  entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón” (4:17,18).

Su punto de partida cuenta con el cambio radical que Cristo trae al andar diario. Lo expresa exquisitamente: “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor” (v.8). No dice que vivían en tinieblas sino algo mucho más fuerte, “erais tinieblas”.

Las implicaciones de esto son tremendas. El problema de la naturaleza adánica es tan innato, tan arraigado que no habría remedio alguno de modo religioso  o de esfuerzo humano; nada menos serviría sino solo una muerte y un nuevo nacimiento; tal sería la única solución. “Nacido crucificados”  según el título de un libro de mi mentor, L.E. Maxwell. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados  de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón sino de Dios (Juan 1:13).

Y precisamente esto es lo que Dios ordenó y nos hizo de una vez en la Cruz; el Espíritu nos dio vida en el nacimiento de nuevo y a la vez nos condujo a la cruz en muerte con Cristo, muerte para con el poder del viejo hombre. “sabiendo [más acertado-conociendo] esto, que nuestro viejo hombre fue co crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido [cancelado, rendido nulo] a fin de que no sirvamos más el pecado” (Romanos 6:6).

Los múltiples beneficios de andar en luz      Efesios 5: 9-14

Andar en luz quiere decir llevar una vida transparente, obediente, nada de hipocresía  y progresando en probar la bendita voluntad de Dios. Es un andar por fe “contándose muerto al pecado y vivo para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:11). Cristo había dicho claramente: “Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3:21). El Apóstol Juan hace echo de la misma verdad: “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo, su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).

Si andamos en la luz, realizamos en nuestras vidas, familias y ministerio todas las bendiciones  de Dios con unos sufrimientos añadidos que nos refinan aún más. Sigue en nuestro texto un bendito paréntesis; “(porque el fruto del Espíritu [mejor traducción ‘fruto de la luz’] es en todo bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor” (vv.9,10).

En este versículo se oye el eco de Pablo  exhortando al creyente “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto  racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1,2). ¡Qué maravillosa descripción del andar en plena victoria unido al Crucificado andando en la luz!

La luz por ser luz hace desvanecer las tinieblas

El creyente queda prohibido estrictamente de ser partícipe en las obras infructuosas de las tinieblas (v.11).  El verbo “reprender” tiene una gama de sentido.  No es tanto una denuncia verbal sino ponerlos en vergüenza por su manera muy diferente de actuar. Por un lado, no puede ser hipócrita sino íntegro, transparente en su profesión de fe. Su testimonio y su conducta tienen que ser irreprochable y consistente en toda circunstancia.

En 1952, trabajé  en Winnipeg para Coca Cola en un puesto de poco sueldo y menos autoridad,  porque acababa de perder un trabajo mejor en pleno invierno frío. Tuve que mantener a la familia. Pastoreaba una iglesia pequeña que no me pagaba casi nada, pero ni modo.  Sentado yo en un escritorio todo el día solo sumaba las cantidades de las ventas de los vendedores, hombres de lengua muy sucia y profana con frecuentes chistes sexuales.  Sabían lo que yo pensaba, pero no me tocaba predicarles en aquel momento.

Después de unos 6 meses, un amigo, Mike Shewchuk, se acercó a mí y me hizo una pregunta.  “Desde hace tiempo que vengo fijándome en ti, no sonríes nunca al oír las chiste sucias. ¿Por qué eres tan diferente?”  Dios me dio la perfecta oportunidad de decir: “Cristo solo hace la diferencia”. Después nos hablábamos muchas veces. Después de poco tiempo dejaron de maldecir y gradualmente cambiaron mucho su manera de hablar. El ambiente empezó a cambiarse a tal grado que al salir yo para venir a México, el gerente le dijo a mi esposa en la despedida;  “Ernesto cambió nuestra manera de hablar. ¿Qué haremos sin él?”  El poder innato de la vida transformada consistente!

No tenemos que anunciar la llegada de la luz. Muy al contrario la luz no se anuncia porque como el perfume se siente por estar; la luz apaga de inmediato las tinieblas.  Claro que hay un tiempo oportuno de testificar y predicar. “Así se enciende vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

Pero al llegar el creyente desconocido a dicho lugar, tiene que empezar a vivir la luz y en el debido momento habrá el testimonio mucho más poderoso que una reprensión verbal sin el trasfondo de haber andado en la luz. “Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo” (v.13).

La cita que sigue parece ser la combinación de varias porciones. Se han sugerido Isaías 9:1; “Pues al fin llenará de gloria  el camino del mar, de aquel lado de Jordán, en Galilea de los gentiles” una referencia a la venida del Mesías. Hay otras porciones tales como Isaías 3:1,2; 51:7; Algunos han sugerido quizá  un himno antiguo.  Pero el sentido es: Despiértate y deje que la luz llegue a brillar.

El andar con la diligencia que merece la vida nueva     Efesios 5:15,16

 Pablo sigue reforzando la advertencia con un verbo que en la Biblia siempre llama mucho la atención: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios”. Luego nos da la razón urgente “aprovechado bien el tiempo, porque los días son males.” Recuerdo en mi niñez que cuando mi mamá irlandesa, una buena disciplinaria con ese tono de voz y mirada seria, me diría Ernesto, “Mind my word” [mira mi palabra]. Yo sabía que ya llegó el momento crítico de ponerme en acción obediente. Ella no toleraba la flojera.  Pablo describe el andar con diligencia o acertadamente, como el gato se acerca a su pobre víctima.

Del mismo modo el Espíritu Santo define el momento de andar con sumo cuidado, alerta el creyente a la brevedad de tal momento.  Para dar más claridad a la urgencia, Pablo tantas veces usa lo negativo y luego lo positivo. No se puede perder de vista el posible costo de la negligencia. Muy al contrario, el creyente debe aprovechar el momento efímero en que Dios está para actuar.

No se nota en español la diferencia importante en el original, pero usa “tiempo” [kairós] aquí y no la palabra tiempo/hora [chronoi]. El matiz de “kairós” es un momento oportuno y único en que Dios se mueve con un distintivo propósito. La otra palabra solo se refiere al simple pasar del tiempo, las veinticuatro horas.

Otro matiz de la palabra “aprovechando/comprando” en el original es que se tiene que comprar   la ocasión a quien es el dueño ajeno,[1] es decir, que es posible que se tenga que comprar a un costo personal, ese momento que resulte en  divino valor eterno.  El tiempo “kiaros” significa que es de gran valor y exige que estemos alerta y preparados para ser el nuevo dueño de lo que glorifique a Dios.

El andar en la llenura del Espíritu Santo   el clímax de la vida victoriosa      Efesio 5:17-18

Pablo se acerca al fin de su argumento del andar victorioso en la iglesia local, dando un reflejo de la Iglesia Invisible, el Gran Designio de la gracia abundante de Dios. Empezó la aplicación práctica en Efesios 4:1: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”.

 El creyente responde a esta apelación del andar en amor (4:1; 5:2), en luz (v.8) con diligencia (v.15) y ahora por fin, el coronamiento del Espíritu Santo quien es el que lo hace todo en el creyente en nombre de Cristo. Otra vez Pablo sigue su costumbre de negar y luego afirmar la importancia de conocer la voluntad de Dios, “buena, agradable y perfecta.”

 Introduce el tema del andar en la plena llenura del Espíritu Santo. Pero se nota que de nuevo Pablo da una orden rotundamente negativa. “No os embriaguéis con vino en lo cual  hay disolución [desenfreno]”. La borrachera toma control del adicto; le da una euforia no realista; le saca lo peor de su conducta y carácter. Al fin y el cabo le traiciona y lo mata. Pero con este agudo contraste Pablo destaca definitivamente lo hermoso y lo santo de la llenura del Espíritu. Da una vuelta de180 grados hacia lo positivo.

Se debe notar que los dos mandatos, el primero negativo y luego el segundo positivo vienen en el modo imperativo, tiempo presente. En otras palabras, son mandatos que imperan o siguen en pie. El segundo de “estad siendo llenos” no marca el principio de una experiencia por buscar sino una llenura continua que se ha mantenido por fe en base de haber recibido al Espíritu de una vez en la regeneración.

Romanos establece precisamente el “cuando” del recibimiento del Espíritu: “Justificados [habiendo sido justificados],  pues, por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo  . . . Y la esperanza, no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado [habiendo sido dado]” (Romanos 5:1,5).  El párrafo empieza con un participio pasado, voz  pasiva (v.1) y termina con la misma construcción gramatical (v.5), así indicando que en la justificación/regeneración se recibe el Espíritu de una vez. “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros.  Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9).

En su conclusión agrega: “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne . . . porque vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne viviréis. (Romanos 8:12,13).

Dejo para el siguiente capítulo un estudio adicional sobre la llenura del Espíritu, el Día de Pentecostés y el por qué del hablar en lenguas en las tres ocasiones en Hechos 2, 10,19. Como una guía de la hermenéutica, las epístolas del Nuevo Testamento nos ayudan a entender los fenómenos históricos de los Hechos.

[1]Handley  C. G.Moule, Colossian and Philemon Studies, Lessons in Faith and Holiness (London:Pickering & Inglis,Ltd.), pp.256,257.

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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