El ejemplo de Pablo en el andar victorioso

Efesios 4 y la despedida de los ancianos de Éfeso   Hechos 20:17-38

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

La epístola de los Efesios se divide en dos secciones. Empieza con una magnífica doxología–”nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos” (Efesios 1:4). Dios lanza el Gran Designo en Cristo seguido de una ferviente oración. Termina la sección con otra oración ardiente y otra doxología. “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas” (3:20). La gracia de Dios ha triunfado en el Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

 Entre las dos secciones, Dios nos dio vida, nos rescató y nos hizo sentar en los lugares celestiales.  Además ha hecho de los dos un solo y nuevo hombre mediante la cruz (2:5,6,15). La Iglesia, el Cuerpo de Cristo, será el último triunfo de la multiforme sabiduría de Dios dada a conocer  a los principados y potestades en los lugares celestiales (Efesios 3:10). ¡Qué panorama glorioso de la Iglesia el Cuerpo de Cristo!

 La última sección empieza  con el fuerte deseo de Pablo de que ahora la iglesia local sea una reflexión verdadera de la Iglesia Invisible en los cielos.  Ahora pone en acción al creyente con su nueva identidad regalada en la regeneración y en el bautismo del Espíritu, como así se comporta. No será por el esfuerzo de nuestra mejor intención sino solo por dejar que permitamos ser vista la naturaleza de Cristo en nosotros al mundo alrededor.

  “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno [a compás de] de la vocación con que fuisteis llamado, con toda humildad  y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (4:1-3)  De esta manera Pablo establece el primer paso del creyente en la iglesia local, siendo parte íntegra de la Iglesia de Cristo. ¡Qué diferente sería la vida en la iglesia local, si hubiéramos obedecido estos consejos!

 Sigue con la base doctrinal (vv.4-6) mostrándonos la importancia de la doctrina en la iglesia local. La gracia de Dios se revela en la liberalidad de Dios: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (v.7). Finalmente siguen los dones del Espíritu en los ministerios espirituales: apóstoles, evangelistas, profetas y pastores y maestros (vv.8-11).Todo lo de arriba para llevar al creyente a un “hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (vv.12,13).

 La naturaleza de Cristo, la nueva identidad nuestra desde la llegada del Espíritu

 Ahora Pablo muestra en muy agudo contraste como antes vivíamos en la avidez de la inmoralidad. Pero un gran “pero”,  no caben jamás esos pecados de antier (vv.17-19). La nueva naturaleza misma establece  nuestra manera de andar: despojado el viejo hombre, renovándose la nueva y vistiéndose según Dios, “en la justicia y santidad de la verdad: (vv. 22-24). Reitero como siempre que la gramática griega no lo pone en el modo imperativo como si dependiera de nosotros sino en el infinitivo o participio. Solo Cristo en nosotros puede responder así. Él es la dinámica nuestra.

 Pablo niega que los siete pecados clásicos pertenezcan a la vida del creyente: la mentira, el enojo, el dar lugar al diablo, el de hurtar, ni salir de la boca palabra corrompida jamás de la boca y el contristar al Espíritu y finalmente que se quiten de entre los creyentes  “toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (vv.31, 32). El hecho de que se repiten varias veces estas actitudes del viejo hombre subraya la realidad que están como raíces de

amargura en el creyente. “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que alguna raíz de amargura, se estorbe, por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:15).

Estos son los pecados que arruinan las relaciones tan importantes entre los miembros unos con otros. Desacreditan totalmente al liderazgo de quien tolere o mantenga tal veneno.

 Sin embargo, rehusa Pablo a tolerar tal cosa en el miembro del Cuerpo de Cristo y los pecados rechazados en el contexto arriba. Pablo expone en su precisión la virtud o actitud que debe reinar por “la gracia de Dios para la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (Romanos 5:21).“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (v.32).

 El impacto culminante de este reto fuerte y claro de llevar una vida cristo-céntrica debe hacernos  examinar muy de cerca nuestros hábitos y costumbres.  No podemos llevar la vida cristiana bajo la esclavitud de la carne ni defendiendo las debilidades nuestras por la pobre excusa que así era mi padre, así soy yo. Esto es contristar y apagar al Espíritu. Al contrario, Cristo mismo quiere llevar su propia vida en nosotros.

 Es evidente que Pablo reconoce que habrá roces y malentendidos entre los hermanos, aun entre los mejores hermanos. Por eso empezó al principiar este capítulo con el gerundio, acción progresiva: “con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros” (v.1). Él es realista pero levanta el hito al decir: “perdonándoos unos a otros, como Dios  también os perdonó a vosotros en Cristo” (v.32). ¡Cuántas dificultades y líos no existirían en la iglesia local, si solo pudieran los hermanos  seguir este consejo y mejor dejar que la naturaleza de Cristo abunde en ellos!

 Todo el mundo reconoce que hay innumerables comparaciones entre Efesios y Colosenses  escritas por el mismo tiempo, epístolas carcelarias. Pablo así se repite al decir: “Haced morir, pues, lo terrenal . . . pero ahora dejad estas cosas, ira, enojo, malicia  . . . y revestido del nuevo . . . Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos si alguno tuviere queja con otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3: 5-14).

 Una palabra final con respecto a este capítulo cuatro tan clave en el desarrollo espiritual de la iglesia local, Paul pone énfasis fuerte en las virtudes más misericordiosas y tiernas. No habla de las señales, ni milagros, ni esos encuentros de poder frente al diablo sino solo la paciencia, la humildad y la pronta habilidad de soportar y perdonar el uno al otro. Aquí entra el mensaje de la Cruz donde Dios nos juzgó el viejo hombre y por el Espíritu deja que él haga su obra de santidad y humildad en nosotros.

 El Llamado de ser imitadores de Dios    Efesios 5:1

 Considero que Efesios cuatro es un sumario de la vida cristiana en la iglesia local.  La nueva  identidad unida al Crucificado predomina y cambia  las relaciones y abre la puerta al Espíritu que haga su obra confirmatoria. Claro hay más por venir en el resto de Efesios, pero será una aplicación más específica a las iglesias de Asia.  “Sed, pues, imitadores [seguidores] de Dios como hijos amados” (Efesios 5:1).  Cuando Pablo usa la pequeña conjunción  “pues” es clave de lo que viene establecido antes en el argumento del capítulo 4 será la nueva dinámica que resultará en la transformación del creyente a la imagen de Cristo.

 El verbo “imitar” y de allí imitadores fue costumbre de Pablo al referirse a sí y aun a Dios. El verbo, sin embargo, tiene varios usos, algunos dudosos y otros buenos. Si un vendedor de la calle en la plaza de Reynosa, México, le dice: “Le tengo una ganga fantástica, un reloj, Rolex, por 1,000 pesos”. “No lo compre”.  ¿Por qué? porque es fraude; es una pobre imitación no más. Cuando tratamos de llevar la vida cristiana en nuestros propios esfuerzos es una pobre imitación. Es hipocresía.

 Pero la palabra tiene el buen uso en el sentido de ser seguidores, quienes tienen muchísimo en común para el bien. Así Pablo lo usa.  Se requiere una vida bastante auténtica  para que podamos comparar nuestro andar como el de Cristo. Pero Pablo  había entrado a fondo en tal muerte y resurrección y así el Espíritu le permite este uso. Pablo agrega varias veces: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). “Por tanto, os ruego que me imitéis”(1 Corintios 4:16). “Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del  Señor . . . ” (1Tessalonicenses 1:6).

 La Emocionante despedida de Pablo ante los ancianos de Éfeso   Hechos 20:17-38

 Voy a tomar cierta desviación, pero no me lo es. Quiero re-vivir en mi exposición aquella última despedida, un momento tan emocionante en la vida de los ancianos de Éfeso. Para tal que hubiera oído: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” volvería a vivir la despedida apasionada. Pablo había pasado tres años trabajando diariamente con las manos para sostenerse y a sus compañeros (Hechos 20:31). Pablo había vivida la misma vida de Cristo delante de ellos tan de cerca que pudiera haberles dicho: “Sed imitadores de mí como yo del Señor” (1Tessalonicenses 1:6).

 En este único discurso de Pablo dirigido a creyentes, les recuerda cómo llegó y se comportó delante de ellos como un obrero auténtico, un modelo que deben imitar o seguir.

 Ubiquemos en la situación histórica.  Pablo venía terminando el tercer y último viaje misionero. Después de una visita algo tensa en Corinto (2 Corintios 13:5,6), iba rumbo a Jerusalén con la ofrenda para los pobres. Cruzó el mar y arregló un breve encuentro con los ancianos de Éfeso. No pudo visitar a la ciudad por las presiones de llegar a tiempo a Jerusalén  De Éfeso a Mileto  fue una caminata de 3 días. Pero valían la pena estos arreglos de emergencia dándonos una indicación del afecto que existía entre Pablo y los ancianos. Pablo sentía grande simpatía para los efesios por los 3 años que los pudo servir.

 El Perfil del líder que abre su corazón pastoral como imitador del Señor

 A.    Pablo, su ejemplo espiritual y su mensaje   Hechos 20:18-21

 Con toda confianza se dirige a su auditorio tan atento.” Vosotros sabéis cómo me he comportado entre todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia” (v.18). Pablo no era como un evangelista que llega con mucha pompa por unos pocos días y se va y quién sabe más de él. No, desde el primer día por casi tres años, Pablo era modelo e imitador de Jesús. Había mantenido una vida constante, transparente e íntegra; los que lo conocían mejor estaban muy de acuerdo.  Esto no es orgullo de su persona cuando sigue diciendo: “sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos” (v.19). Puedo imaginarme ver a los ancianos con su fuerte afirmación.

 Oswald Chambers ha dicho que “El hombre es el mensaje.”  En cierto sentido es verdad. Cristo fue de nuevo encarnado en Pablo y sin orgullo alguno dice la verdad. Notemos las tres cosas  características: 1) con toda humildad, 2)muchas lágrimas y 3) pruebas. Muy pocos podrían decir con toda humildad por casi tres años de agitado servicio. El reto de Pablo en Efesios 4:2: “Yo pues, en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre . . .” es un fuerte eco de como él se comportó por tres años ante los hermanos.

 Las muchas lágrimas no eran las de su propia compasión y lástima sino de un corazón tierno. capaz de mostrar la verdadera compasión a los más duros y rebeldes. Las pruebas de parte de los judíos era su suerte por siempre jamás. Él compartía el llamado y la carga de Jesús crucificado por los suyos. Pablo vivía la vida crucificada en plena identificación. ¡Qué reto tan fuerte!

 Sigue hablando de su fidelidad a todo costo a la verdad en todo momento y en toda situación. Su corazón era constreñido por la autoridad de la Palabra para su bienestar, de manera pública o privada. El mismo mensaje era para todos. No suavizó ni adaptó el mensaje a los oidores sino que mantenía las demandas y las promesas del mensaje de la Cruz. En breve, eran los dos elementos indispensables tanto para la justificación como la santificación: el arrepentimiento para con Dios, y de la fe de nuestro Señor Jesucristo” (v.21).

 B.    Pablo hace frente a su futuro – la vida crucificada abrazada    Hechos 22-24

 Llegamos al meollo del líder que Dios usa. A todo el mundo el futuro es desconocido. Eso en sí puede crear cierto temor. Pero Pablo es un soldado  bajo órdenes del Señor y no le dan ningún temor. Iba ligado en su espíritu teniendo que dar cuenta a su Señor. Confiesa que ya sabe lo que viene en el futuro en base de lo que ya venía sufriendo.

 Dentro de poco llegaría a Cesaría. El profeta Ágabo tomó el cinto de Pablo, lo ató sus pies y manos; de esa manera dramática reveló lo que le pasaría. La respuesta de Pablo reveló su buena voluntad de sufrir por su Señor. Les dijo: “¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto a no sólo ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús” (Hechos 21:13).

 Dentro de unos pocos años en otra carta carcelaria, Pablo expresa su resuelta decisión. “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura [estiércol] para ganar a Cristo, Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia que es la por ley, sino la que es de Dios, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación [koinonía] de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3:8-10). Me emociona al leer  “el conocimiento de Cristo Jesúsmi Señor . . . .”

 Es esa resuelta determinación que explica la profundidad de su unión con el Crucificado. “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí de la gracia Dios” (v. 24). Pablo había muerto a sí mismo y por eso su vida no le era preciosa. Mi versículo favorito establece para siempre jamás  el juicio de Dios sobre lo viejo en el creyente: “Sabiendo [conociendo] esto, que nuestro viejo hombre fue co crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido [cancelado, rendido nulo], a fin de que nos sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6).

 En varias ocasiones cruciales en mi vida, he tomado versículo 24 como mi lema. “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera  con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracias de Dios” Estando yo ante una encrucijada, he tomado decisiones fuertes. El ejemplo de Pablo y mi propia muerte al “yo’ en mi primer pastorado en Winnipeg, Canadá, (1949-1954) me vuelve a este verso.

 Mi hermano mayor, siendo muy rico, casi millonario, y siendo un creyente no bien fundado en la fe, le dijo a mi madre: “¿Por qué se ha enterrado Ernesto en ese instituto tan pequeño en Texas?  Debe realizar su educación y talentos en algo mejor.”  Él sabía que Dios me había dado gran éxito en breve tiempo con un proyecto de promoción nacional entregado a mí por Coca Cola Canadá. Por fin me resultó ser honrado por un discurso en el mejor hotel de Toronto por el presidente de la compañía que me felicitó y me prometió personalmente un puesto muy  alto, si me quedara con la compañía. Pero yo le había dicho a él que iba a salir en tres meses para el sur de Texas para ser misionero donde no me pagaría sueldo.  Pero años después un poco antes de su muerte, ya fundado más en el Señor, mi hermano me llamó por teléfono y la última vez que hablé con él, me dijo: “Tú escogiste mejor que yo.”

 Hubo otra ocasión habiendo llegado yo hace solo cuatro años a Rio Grande que mi propia hermana se fijó en un tumor en mi cuello. Fui con un especialista en la medicina interna. Lo palpó y dijo que era del tamaño del dedo pulgar y que estaba cosa seria; estaba pegado a los tiroides y cerca de las glándulas y que el tumor presionaba las cuerdas vocales. Si fuera maligno, tendría de quitar las cuerdas vocales para salvar mi vida. Le dijo a mi esposa: “Si la operación dura 3 ó 4 horas, tendría que quitarle las cuerdas vocales; si es de una hora y media, no.

 Postergó la operación por 15 días durante los cuales Dios me habló profundamente. Pero vino a mi corazón. “Pero ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida  para mí mismo . . . ” (v.24). Apenas yo había empezado dando las primeras clases en español y perder las cuerdas vocales. ¿Qué  . . .?

 Pero Dios nos dio mucha paz en esos días; fuimos a Harlingen, unas 40 millas, para la operación cantando los himnos de fe y victoria. Resultó la operación de una hora y media y sacaron el tumor encapsulado y benigno.  ¡Bendito sea nuestro Dios!

 Ahora sesenta años después de llegar a Rio Grande, puedo decir que la vía de la cruz  es la mejor. He podido por la gracia de Dios enseñar y retar a unos 3,500 misioneros  y 2,500 estudiantes latinos, viajar por 17 países varias veces en papel de conferencista. Y he escrito  6 libros en los dos idiomas, con dos más en camino. Estoy por terminar mi carrera con gozo y el ministerio de recibí de la gracia de Dios.

 C.   El Corazón pastoral y su amor profundo para el bienestar de la iglesia   Hechos 20: 25-31

 Es bien evidente que Pablo sentía una carga tremenda hacia la iglesia en Éfeso y para con estos líderes. Por ser la última vez de verlos, como un moribundo quien habla a sus seres queridos, no va a gastar la palabra en cosas de ningún valor. A la vez como el atalaya  de Ezequiel 33, Pablo no quiere faltarles en ningún aspecto. “Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio  de la sangre de todos, porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” (v.26).

 Ezequiel fue atalaya puesto por Dios para Israel en tiempo de gran peligro.Jehová le había dicho  “Pero si el atalaya viere venir la espada y no tocare la trompeta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo  la espada, hiriere de él a alguno, éste fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya. A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte”(Ezequiel 33:6,7).

 Con la misma intensidad Pablo los reta que miren por sí mismos  y de igual manera por todo el rebano alimentándolo como obispos o sobreveedores que algún día darían cuenta a Dios (v.28). Luego Pablo hace una profecía alarmante que doblaría su responsabilidad.  Vendrían lobos rapaces para arrastrar  tras sí a los discípulos. Les encarga: Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche  y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (vv.30,31).

 D.   Su Último encargo de corazón apoyado por una vida íntegra    Hechos 20:32-35

 Este breve encuentro termina con la pasión de Pablo. Su corazón late de amor y respira el deseo de su llamado. Sus motivos en todo momento eran puros y urgentes. Esto les hace tremendo impacto en los oyentes. “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (v. 32).

 Termina este apasionado encuentro con protestas que los oyentes habían visto con sus propios ojos, así sellando la verdad y su agradecimiento. Apela a sus manos trabajadoras, su corazón limpio de toda avaricia. Por fin, nos descubre una nueva bienaventuranza del Señor: “Más bienaventurado es dar que recibir”(v.35).

 Vivamos de nuevo aquella despedida en las palabras gráficas de un testigo ocular, el doctor Lucas. “Cuando hubo dicho estas cosas [Pablo], se puso de rodillas, y oró con todos ellos. Entonces hubo gran  llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose  en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Le acompañaron al barco”(Hechos 20:36-38).

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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