TristezaDice la Escritura que el corazón del hombre es engañoso. Consecuentemente, no resulta una tarea fácil escudriñar el corazón, sobre todo tomando en cuenta todas las sutilezas que el pecado usa para engañarnos y la tendencia que todos tenemos a justificarnos a nosotros mismos. Es por esa razón que muchos creyentes comienzan a declinar en su fe sin darse cuenta y cuando vienen a despertar ya están sumidos en una condición deplorable.

A la luz de esa realidad, toda persona que profese ser creyente debe conocer cuáles son los síntomas de que ese proceso de decadencia espiritual está comenzando en su corazón, porque si descubrimos ese proceso en sus inicios será más fácil detenerlo y erradicar el mal.

En un libro titulado, La Declinación Personal y el Avivamiento de la Religión en el Alma, Octavius Winslow enumera algunos de los síntomas de un creyente que ha comenzado a decaer espiritualmente. En este artículo trataremos con el primero:

Ese estado de decadencia espiritual se caracteriza, no por una declinación marcada en nuestra percepción de la verdad, sino en la ausencia de gozo y deleite espiritual.

Este creyente continúa teniendo percepción de la verdad, puede definir los puntos principales de su fe y explicar teológicamente la interrelación de cada uno de ellos. Pero aun así no está experimentando el gozo y el deleite que deben producir tales doctrinas en el corazón.

Dice Winslow al respecto: “El juicio no habrá perdido nada de luz, pero el corazón sí habrá perdido mucho de su fervor; las verdades de la revelación, especialmente las doctrinas de la gracia, ocuparán la mismo posición que tenían antes… pero aun así la influencia de estas verdades serán escasamente experimentadas”.

Este creyente puede encontrarse en el culto congregacional, cantando junto a todos los demás acerca de la majestad de Cristo y de su obra redentora. Con su mente él está captando perfectamente el significado de cada una de sus palabras, pero su corazón no reacciona con el gozo y la confianza que esas verdades deberían producir en un verdadero hijo de Dios.

Los hermanos que están a su lado no pueden darse cuenta de que algo no anda bien, porque él está haciendo exactamente lo mismo que están haciendo todos los demás. Él no ha llegado a ese estado tan profundo de deterioro donde el creyente ni siquiera abre su boca para cantar. Pero su corazón no está involucrado en esa actividad de alabanza (comp. Mt. 15:8).

Alguien ha dicho muy acertadamente que la religión que no se deleita en Dios no es religión verdadera. Si has llegado al punto en que no encuentras deleite en Dios y en Su verdad revelada; aunque conozcas tales verdades, y tu mente siga creyendo en ellas, debes saber que estás comenzando a padecer de decadencia espiritual. Todo verdadero creyente es susceptible de pasar por períodos de frialdad espiritual; pero no podemos quedarnos en esa condición; de inmediato debemos volver a Cristo en arrepentimiento y fe.

En otros artículos continuaremos exponiendo otros síntomas que nos ayuden a hacer un diagnóstico certero del estado espiritual en que se encuentran nuestras almas.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Sugel Michelén

Autor: Sugel Michelén

estudió para el ministerio en 1979. Posteriormente fue enviado por la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo (IBSJ), en Santo Domingo, República Dominicana, a la ciudad de Puerto Plata, a comenzar una obra allí. Pero a finales del 1983 fue llamado a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ, donde sirve al Señor desde entonces, exponiendo regularmente la Palabra los domingos. También es autor del blog Todo pensamiento cautivo.


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