Vista panorámica del ministerio del Espíritu Santo en el NT

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

Vale la pena hace un pequeño alto para tratar más a fondo la persona y la obra del Espíritu Santo en su rol único en la vida del creyente.  Hasta ahora Pablo ha tratado los cinco pecados que no caben nunca en nuestra nueva identidad unida a Cristo: la mentira, el enojo, el dar lugar al diablo, el hurtar y que no salgan ninguna palabra corrompida de la boca (Efesios 4:25-29).

El sexto pecado es “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (v.30).  Se notan inmediatamente varias cosas que nos llaman la atención. El verbo “contristar” revela: 1) la personalidad muy sensible del Espíritu Santo. No es un poder o fuerza sino una persona; 2) luego el nombre completo que se le da a la Tercera Persona de la Trinidad enfoca precisamente la esencia de santidad del Espíritu de Dios. Él es el Espíritu el SANTO. La sintaxis [el orden de las palabras] hace resonar ese atributo predominante divino; 3) se destaca la obra maestra del Espíritu, la de sellar al creyente la seguridad eterna de su salvación.

La Verdad de la Trinidad y el Enfoque del Espíritu Santo

La doctrina del Dios Trino es fundamental y es enseñada  implícita y explícitamente en los dos Testamentos.  Se afirma de esta manera: Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, tres personas en una sola sustancia. Entre ellos hay orden y función según la Palabra de Dios. Pero el debido orden no infiere de ninguna manera la inferioridad sino solo una distintiva función entre sí. El Padre envió al Hijo; el Hijo por morir  obedeció al Padre y salvó  por gracia  por medio de la fe a quienes creyeron  en Él; Espíritu es ejecutor de todo lo del Padre e Hijo. El Espíritu Santo hace posible la obra de gracia de Dios en  el creyente.  Pero me limito a grandes rasgos a la relación íntima del Espíritu Santo con el creyente aprovechando varias porciones del Nuevo Testamento.

Cristo mismo introduce la obra explícita del Espíritu en el creyente   

Sabemos muy bien el encuentro de Jesús con Nicodemo, el fariseo sincero pero perdido. A principio Jesús le confunde a Nicodemo que dependía de su confianza en la ley. Primero le dice: ”De cierto, de cierto  te digo, que el que no naciere de nuevo [de arriba], no puede ver el reino de Dios” (v.3). La segunda vez amplía un poco y le confunde más:“. . . el que no naciere de agua y del Espíritu , no puede entrar en el  reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es, No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (vv.3 ,6). De esta manera insistió en un verdadero renacimiento que daría un principio totalmente nuevo.

La regeneración se ha definido como: el acto milagroso por el cual el Espíritu imparte, otorga la vida eterna al creyente a través de la Palabra de Dios. Este es el momento crítico de llegar a ser una nueva criatura (1 Corintios 5:17). A la vez  recibe el verdadero bautismo del Espíritu, como la evidencia de que el creyente se ha hecho parte de la Iglesia el Cuerpo de la Iglesia. Se ocurren a la vez la regeneración y el bautismo de Espíritu según: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13).

El Día de Pentecostés anticipado    Juan 7: 37-39

Luego Jesús en el gran día de la fiesta dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva  Es muy significante  el comentario explicativo del Apóstol Juan al hablar de los “ríos de agua viva”: “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido glorificado” (vv.37, 38).

Claro está que el Espíritu es eterno y opera en ambos testamentos. “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará  vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (Hebreos 9:14). Pero Jesús  en Juan 7 anunció la llegada del Espíritu en nueva plenitud y poder en la inauguración de la Iglesia en el Día de Pentecostés. “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido  del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2:33). Jesús así anticipó su ascensión y el derramamiento del Espíritu.

La Enseñanza del Aposento Alto   Juan 14-16

La prueba mayor de la obra del Espíritu es la enseñanza de Jesús mismo en el Aposento Alto en Juan 14-16. “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad . . .” (Juan 14:16,17). Cuando dijo otro Consolador quiere decir no otro diferente sino  como Jesús les había sido, otro igual a él en todo sentido. Llegaría a ser el Espíritu de Cristo (Romanos 8:9).

Dos veces más Jesús les dice: “Pero cuando venga  el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí (15:26). Finalmente, “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que  oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificara; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío, por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (16:13-15).

Otro ministerio clave del Espíritu es el de convencer al incrédulo y al creyente. “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia and de juicio” (Juan 16:8).

En la Gran Comisión los ordenó Cristo:” Por tanto, id, y haced  discípulos  a todas las naciones, bautizándoles en el nombre [singular] del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:19-20).

El Derramamiento del Espíritu Santo en el Día de Pentecostés

Los Hechos del Espíritu Santo inauguran la Dispensación del Espíritu. La finalidad de Dios en el Gran Designio era  la inauguración de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo. Lo hemos visto claramente en nuestros estudios de Efesios1-3. Y la clave de esta nueva manifestación de Cristo será el pleno ministerio activo del Espíritu Santo.  La evidencia fue la transformación de los apóstoles de hombre miedosos a voceros poderosos del Cristo glorificado. Nadie puede dudar de lo valioso de la llegada del Espíritu.  De ciento veinte a tres mil y a cinco mil en tan poco tiempo:“Y crecían la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaban  grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (Hecho 6:7).

La Gobernación del Espíritu en la iglesia primitiva    Ananías y Safira   Hecho 5

Hubo una ocasión trágica que destacó  la presencia y la gobernación del Espíritu.  En los días de puro avivamiento, los discípulos lo tenían todo en común. Bernabé vendió un terreno y lo donó a la iglesia. Ananías y Safira  también vendieron un terreno, pero elaboraron el complot de sustraer y retener parte para sí. Habían de recibir el aplauso que Bernabé recibió pero sin pagar el precio.  La hipocresía levantó la cabeza fea.

Pero Pedro le dijo a Ananías: “¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? . . . No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras cayó y expiró. Y vino  un gran temor sobre todos los que oyeron” (Hechos 5:3-5). Creo que fueron salvos por ser parte de la iglesia en tiempo de avivamiento, pero la disciplina del Señor cayó sobre ellos “aunque así como por fuego” (1Corintios 3:15; 11:30).

Tanto en el Antiguo Testamento como el Nuevo, Dios juzga a su manera el pecado. (Véase el pecado de Acán, Josué 7:1-26). Con tal trasfondo  se oye con más seriedad la admonición de “No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”.

El Espíritu Santo, el sobreveedor de la obra de Dios en el creyente

Pablo en Romanos 5-8 nos da un acertado análisis teológico del proceso de la obra santificadora del Espíritu Santo.  El orden es importante notar porque muestra los elementos salvíficos y activos en el corazón de Dios para con el creyente. Empieza con una nota de gratitud por la justificación o el haber sido declarado justo al impío que cree, basado todo en la muerte vicaria de Jesús (Romanos 5:1-7).

Sigue Pablo diciendo: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo pecadores, Cristo murió por nosotros (v.8).  De esta manera pone la muerte vicaria de Cristo como el amor de Dios y la base verdadera de la justificación.  Pero  lo hace con el fin de introducir algo totalmente nuevo, lo cual se verá en la santificación. Dios nos perdona nuestros pecados [plurales] a fin de haceros santos como Él es santo. Razona de esta manera: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más estando reconciliados, seremos salvos por su vida ” [resucitada](v.10).

En breve, la justificación o perdón de los pecados [plurales] estriba en la muerte vicaria– ahora el nuevo avance –la santificación estriba en la vida resucitada  de Cristo vivida en el creyente por el Espíritu de Cristo.  Este punto es clave para comprender lo que sigue en el resto de capítulo  5.

El Postrer Adán, Cabeza federal de una nueva raza espiritual   Romanos 5:12-21

Pablo llega al corazón de la victoria en Cristo. Reconoce el desastre de la caída del Primer Adán en pecado.  Dios no trata de remediar la caída. La acepta como la realidad actual y la rechaza terminantemente. Pero mandó a su Hijo humanizado porque con Él iba a empezar de nuevo con una nueva raza. La Primera fracasó rotundamente.  Desplazó al primer Adán y nombró al Postrer Adán, Jesús, como la Cabeza de la nueva raza espiritual (1 Corintios 15: 44-49).

Él es nuestro representante; recibimos en la regeneración  nuestra nueva identidad, la esencia siendo la vida eterna y resucitada de Cristo. Sigue una serie de comparaciones y contrastes  entre el Primero Adán y el Postrer Adán. Pero en el resto del capítulo 5, cinco veces salen MUCHO MÁS el Postrer Adán (vs.9,10, 15,17, 20). La  conclusión final es“Para que así como reinó el pecado para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro (v. 21).

El Eje de la santificación  la muerte del Postrer Adán es la muerte nuestra  Romanos 6

Pablo  llega al grano de la santificación por revelar un aspecto vital de la muerte de Cristo que no ha sido valorado como se debe.  Asociamos debidamente con gratitud la muerte y la sangre de Cristo en el perdón de nuestros pecados [plurales]. Pero Dios ha hecho MUCHO MÁS; ha tratado radicalmente con el pecado [singular], es decir, la naturaleza pecaminosa que heredamos del Primer Adán.

¿”Qué pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado [singular] para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que morimos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?  (vv.1, 2). En los tres versos que siguen Pablo establece  nuestra identificación en la muerte histórica y representativa.  “Sabiendo [mejor-conociendo] esto, que nuestro viejo hombre fue co crucificado con él para que el cuerpo del pecado[singular]sea destruido [rendido nulo, cancelado], a fin de que no sirvamos más el pecado” (v.6). Este es el versículo que cambió totalmente el rumbo de mi vida y ministerio.

 

Aquí entra la obra directa del Espíritu Santo–haciéndonos conocer  en términos prácticos  el poder de esa misma muerte. Un quebrantamiento o un profundo arrepentimiento sigue siendo la obra del Espíritu. De esta manera entramos por fe en esa muerte, sepultura y resurrección. Así identificados con él, nos toca reconocer  que Dios juzgó hace 2000 años mi naturaleza  vieja. Vivo por la nueva  regalada desde Calvario.

Toma nota del contexto de Romanos 6:10: “Porque en cuanto murió [Cristo] al pecado, murió una vez por todas; más en cuando vive, para Dios vive. Así también consideraos[contaos]muertos al pecado [singular], pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (vv.10,11)

¿Captamos la fuerza de esta comparación?  Tanto Cristo murió una vez al pecado [al poder del pecado]como nosotros [al poder del pecado] de la misma manera.

Nos resta el proceso de fe que mantiene viva esta vida resucitada de Cristo en 6:12-14.  No reine, pues, el pecado; sino presentando los miembros a la justicia y presentaos la voluntad y el pecado no se enseñoreará de vosotros.

La Consumación del matrimonio espiritual del Espíritu Santo y el creyente  Romanos 7:1-6

Por fin legamos al Espíritu  de Verdad como lo es, más que sobreveedor y ejecutor. Lo vemos como quien presenta a la desposada , el creyente, a su Novio divino. Otra vez vemos la misma comparación llamativo: “Así también [palabras introductorias claves] vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley [nuestros mejores esfuerzos inútiles]  mediante  el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios . . . pero ahora  estamos libres  de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos , de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (vs. 4,6).

En Romanos  ocho vemos la mutua cooperación  del Espíritu y el creyente en el andar del creyente en este mundo.  “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; . . . más si por el Espíritu hacéis morir las obra de la carne, viviréis” (vv.12-13).

El Coronamiento del Espíritu y el creyente 2 Corintios 3:10-18

Pablo compara  la Dispensación de la ley con la del Espíritu para mostrar de una vez la superioridad de la del Espíritu “Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria  el ministerio de la justificación . . . porque si lo que perece tuvo gloria [la ley], mucho más glorioso será lo que permanece” (vs.9.11).

Pablo concluye su argumento al cual no podemos agregar comentario alguno. “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados (venimos siendo  transformados] de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (vs.17,18).

Tan eficaz  es el Espíritu en promover la santidad de Dios que solo nos cuesta ir mirando a cara descubierta por fe la imagen de Cristo. Como la luna refleja la brillantez de sol, así reflejamos la gloria de Jesús.

Mi Testimonio de la obra del Espíritu en mi vida y ministerio

Cuando quiera comparto mi testimonio, siempre quiero hacerlo solo para la gloria de Dios. Pero  estoy algo renuente, solo porque como Dios trató conmigo nunca es patrón para otro.  El Espíritu Santo es infinito en tratar con los suyos.  Es cierto que hay algunos principios bíblicos involucrados los cuales tenemos que obedecer, pero las circunstancias pueden ser muy diferentes.

Dios me bendijo grandemente desde mi crianza en Winnipeg (1928) en un hogar evangélico; mis padres, especialmente, mi madre santa, me exhortaba constantemente  para mi bien espiritual. Recibí a Cristo como mi salvador a la edad de 12 años.  Pero lo que cambió el rumbo de mi vida entera fue ir con dos primos a Prairie Bible Institute High School [preparatoria] en Three Hills Alberta, Canadá. Fueron los grados 9 -12 como un mini-instituto bíblico (1942-46).  Luego me gradué del Institute en 1949.

Pero lo que me impactó más fue que en la primera conferencia misionera en 1942 a la edad de 14 años, pasé al frente y dediqué mi vida entera a las misiones. Nunca he renegociado ese pacto con Dios. Iba a ir a África.

Durante los 9 años de formación espiritual yo era un lector ávido, leyendo docenas de biografías misioneras y libros sobre la vida más profunda con Dios. Los autores favoritos fueron Andrew Murray, L. E. Maxwell, fundador de Prairie, A.B. Simpson, Watchman Nee, Dr. F. J. Huegel y los místicos. En los siete años allí más dos (1949-51) pensaba que sabía mucho sobre la santificación.  Me llegaron  muchos honores académicos y tenía la reputación de estar muy consagrado.

Al regresar a Winnipeg para estudiar más, tomé mi primer pastorado (1949-1954). Nos casamos en 1950. Después de dos años de predicación expositiva, sentí muy frustrado por la indiferencia de los hermanos.  En mi frustración espiritual pensaba que lo que necesitaban sería un bien estudio profundo de Romanos 6. Un domingo muy frío en el invierno, llegué a Romanos  6:6, nuestra muerte al viejo hombre. Sin duda en la prédica en cierto sentido, yo los iba regañando.

Pero en plena predicación no más, el Espíritu Santo me habló, no en voz audible pero a mi espíritu. Lo que me dijo fue como un relámpago. “Ernesto.  Eres un hipócrita. No conoces nada de lo que predicas.” Me trastornó pero seguí predicando.

Durante el resto de ese domingo, yo era demasiado orgulloso para decirle algo a mi esposa. Pero  en la noche le dije: “Arrodillémonos.” Nos arrodillamos y en mi desesperación, le dijo a Dios: “Cuésteme lo que me cueste. Enséñame Romanos 6:6, Si no, abandono el ministerio “ (No que quisiera abandonarlo, pero no pude más).

Después de unos pocos meses, me puse más tranquilo. De repente recibí una invitación  de ser conferencista en una iglesia en St. Vincent, MN. donde me conocían bien. Me sorprendió  y pensé “Ya me descubrieron”, pero de inmediato rechacé el pensamiento por orgulloso. Me preparé diligentemente  para eso 5 días. Mi primera experiencia de conferencista. Fui diciendo esto es solo para la gloria de Dios, no sabiendo que sería mi crucifixión.

Al llegar el pastor me dijo que había otro conferencista. E. V. Folden. Me pidió que predicara domingo en la mañana. Otra vez: “Ya me escogió a mí” y rechacé el pensar pero era mío.

Prediqué sobre la Entera Consagración , el ofrecimiento de Isaac. Nada  pasó.

En la tarde le tocó al otro. Me senté algo criticón: ¿A ver cómo va a manejar el texto? etc. Pero no oí nada de su mensaje porque Dios me dio una paliza tremenda. Me fijé en que el  conferencista no subió a la plataforma  como yo; solo se puso abajo enfrente.

Dio me mostró mi corazón negro, lleno de “orgullo espiritual”, la derrota de los pecados secretos de que nadie sabía. Vi como si estuviera en la Cruz una cosa muy fea. Le dije:” ¿Qué es? Señor?” “Eres tú como te veo.”

Entonces como aquella voz que me reprendió antes; el Espíritu me dijo: “Ponte en pie y pide la palabra. Diles que eres.” Pero Señor . . . me van a correr a casa . . . .

Pero había dicho al Señor antes: “si tú me dices, te obedezco.” Había dicho: “Cuésteme lo que me cueste”.  Pedí la palabra, aun no terminado el culto. Me puse en pie y les dijo a los hermanos la  pura verdad.  Solo habló poco, porque las fuentes de mi corazón se rompieron. Allí me quedé parado, llorando amargamente. No pude más y me senté en el banco.

Pero al sentarme, dije en mi espíritu: “Sabiendo esto que Ernesto Johnson fue co crucificado con Cristo para que el viejo hombre sea cancelado a fin de que no sirva más el pecado.”  En ese momento de la obediencia de fe, entré en la victoria. Me sentía un gran alivio. No tenía más reputación que fingir. Estaba bien con mi Dios.

¿Qué pasó el culto; no terminó porque los hermanos empezaron a ponerse en pie y confesar sus pecados. Empezó el avivamiento.

Después sentí pena ante el pastor: “¿Qué me va decir?”  Me pidió que predicara en la noche. “Pero, Señor no puedo; no soy digno de hablar”.  “Si, mi hijo, nunca va ser digno, pero habla.” No hubo ningún pensar como antes. Prediqué otro mensaje: la consagración de los sacerdotes de Levítico 8: primero la sangre a la oreja, el dedo pulgar y al dedo pulgar de pie y luego la unción del aceite del Espíritu.

Una cosa más.  Me retiré  a la casa de mi anfitriona; no pude dormirme por el gozo y el alivio de mi alma. Por fin, me dormí. Pero me desperté a la medianoche oyendo un carro llegar en la nieve. Después unas voces abajo y me dormí. En la mañana mi anfitriona me dijo. “Anoche llegó la familia Kochendoffer y nos reconciliamos ante Dios.” Eran las dos familias principales de la iglesia y antes había división.

Luego ella me comentó: “No sabía que ustedes los predicadores tenían un corazón como nosotros!”’ ¡Qué pena nos da!

Una palabra final. No importa tan grande que fuera la experiencia, tenemos que vivir  al pie de la Cruz. Es un andar momento tras momento  en la fe obediente.

Desde esos días, el mensaje de mi vida y ministerio ha sido nuestra unión con Cristo en muerte al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Romanos 6:6, 11-14).

 

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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