La “anatomía” de nuestra victoria en Cristo

Comparación del tema en Romanos y Efesios

Romanos 5-8 y Efesios 2-4

Dr. G Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

Pablo ha llegado al corazón del Mensaje de la Cruz en el andar del creyente en Efesios 4: 20-24. Tiene que ver directamente con cómo se lleva y se comporta el creyente en la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Hasta ahora en Efesios se ha visto más énfasis en aquello de parte de Dios y la maravilla de su gracia en llamar y equipar a cada creyente para el funcionamiento eficaz de la Iglesia: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y delconocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto [maduro], a la medida del estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4: 12,13). Es una meta sumamente admirable, pero surge la pregunta cómo se logra y cuáles son los recursos para que arribemos a tal objetivo tan sublime. Pablo está para dirigirse a tal cuestión urgente.  Pero antes de que se trate el desarrollo del contexto tan clave en la vida práctica del creyente, vale la pena hacer un alto y considerar la “anatomía” de la victoria en términos de un creyente cualquiera o uno carnal y derrotado que pida consejo de cómo poder salir de una vez de su pantano de frustración. La “Anatomía” de la victoria a partir de Romanos  5-8 El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra, “anatomía” así: entre varias definiciones con respecto del cuerpo, da  la esencia figurativa:análisis, examen minucioso de alguna cosa.” Primero quiero examinar la victoria desde Romanos porque ahí da Pablo la base teológica de nuestra unión con Cristo y luego volveremos al contexto de Efesios que magnifica en gran manera la gracia de Dios. Con mucha razón escojo la carta a Roma, la gran capital del impero que Pablo no había visitado antes, pero él volvería a morir como mártir por la fe. Al escribir Pablo su obra maestra, su expresado deseo fue el de definir, describir y defender el evangelio ante una iglesia destinada para grande importancia futura en el mundo de aquel entonces. El fundamento teológico de la justificación   Romanos 3:21-4:25   En Romanos 3:21-4:25, Pablo presenta al Dios amante  y santo y a la vez el Justo Juez que ofreció perdón y aceptación al pecador sobre la única base de la muerte de su unigénito Hijo. Esa salvación en gracia tendría una base firme pero doble: la justificación con el derramamiento de sangre o la muerte expiatoria de Jesús y la santificación, esto es, nuestra identificación y participación en el resucitado Cristo, ambas verdades igualmente disponibles sobre la mismísima base: por gracia por medio de la fe. (Efesios 2:8,9). Estas dos verdades complementarias, la justificación y la santificación, constituyen  nuestra salvación ante Dios. Esta verdad doble no nos ha sido enseñada como se debe. Se predica mucho la justificación, como se debe hacer, la primera parte, pero raras veces se oye la segunda parte, nuestra muerte al pecado con Cristo. La falta de tal énfasis resulta en una carnalidad que no debe estar. En Romanos 5: 9-11 Pablo establece un puente teológico entre estos dos elementos de la salvación tan unidas: la justificación y la santificación; A la vez lanza el origen del mal desde  la caída del hombre en Adán, la cabeza federal de la raza terrenal. “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres,por cuanto todos pecaron” (v.12). Nacimos todos en pecado en la cabeza federal de la raza humana, el Primer Adán. Pero hay un gran “pero”. En la regeneración o el nuevo nacimiento, Dios nos dio vida eterna y nos trasplantó en su Hijo. Fue en el momento de nuestra conversión. De ahí en adelante nuestra posición oficial ante Dios es que estamos en el Postrer Adán con todos los derechos y privilegios ya nuestros. Por medio de cinco comparaciones y contrastes en Romanos 5:12-21, salimos cinco veces más victoriosos en Cristo, llamada nuestra atención por las palabras claves, MUCHO MÁS (vv. 9, 10, 15, 17, 20).  [En un partido de futbol, el marcador 5 a 0 es un triunfo más que convincente o por el pobre perdedor es un perfecto desastre] No puede haber semejante comparación con la “pasada manera de vivir” (Efesios  4:22). Cristo es la Cabeza Federal de la nueva raza espiritual y compartimos todo lo que Él ha hecho en nosotros y para con nosotros (1 Corintios 15:45-50). La piedra cuadrangular de la victoria      Romanos 6 Sigue en Romanos 6 la pregunta clave y urgente.“¿Qué, pues, diremos? Perseveraremos en el pecado [la naturaleza adánica] para que la gracia abunde?  En ninguna manera. Porque los ***morimos al pecado[aoristo/pasado]. ¿Cómo viviremos aún en el? (vv.1, 2). Ya que morimos en nuestra Cabeza Federal hace dos mil años, una verdad ya establecida más allá de duda, ¿cómo puede ser que sigamos viviendo bajo la tiranía del pecado?  Es una pregunta retórica incuestionable; semejante cosa sería una anomalía doctrinalmente imposible. Siguen los tres versículos que analizan nuestra identificación absoluta con esa muerte (vv.3-5) y luego nos da la síntesis y el ápice de nuestra nueva posición en Cristo: “‘Sabiendo [conociendo-gerundio y aspecto muy personal y progresivo] esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado [co crucificado] con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido [anulado, cancelado], a fin de que no sirvamos más al pecado” (v. 6).  Esta verdad  muy a menudo no se oye, pero es clave: es el verdadero eje de la vida victoriosa. Esta era la Magna Carta [el origen histórico de la democracia inglesa en AD 1215] de la libertad del creyente frente a la “pasada manera de vivir” (Efesios 4:22). Esta es la verdad que cambió totalmente el rumbo de mi propia vida y ministerio en mi primer pastorado en el Canadá. Pablo se apresura a aplicar esta verdad libertadora al creyente. Destaca la unión nuestra con Cristo por decir: “Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, ***al pecado murió una vez para todas, mas en cuanto vive para Dios vive. Así también vosotros consideraos [contaos] *** muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.”Esta comparación es el eje nuestro de la vida victoriosa en Cristo.  TantoÉl murió al pecado como de igual manera nosotros morimos al pecado en unión con Él. La clave de la victoria – nuestra entrada por fe        Romanos 6: 11-14 Toma note de la misma frase *** “morir al pecado” en cuanto a nosotros aparece dos veces (vv. 2,11) y una vez lo mismo en cuanto a Cristo (v.10). La misma muerte de Jesús que rompió los lazos de nuestros pecados perdonados en la justificación es la misma muerte/resurrección que ahora rompe el poder  del viejo hombre. Puede ser y sí que persiste la presencia de la naturaleza adánica en el creyente mientras vive en el cuerpo. Pero esa naturaleza ahora no tiene derecho alguno de reinar y controlar al creyente. Esta es la proclamación de nuestra victoria en Cristo.   Ahora lo que nos toca, está en el verbo que sigue, “consideraos” [mejor aun“contaos” un término de la contaduría, la compra y venta]. Por primera vez en el capítulo Pablo ahora introduce el modo imperativo tiempo presente. Así como el dueño que compra y vende tiene seguro el dinero en su banco, nosotros contamos con el banco del cielo, los amplios recursos de esa muerte/resurrección.  Así que a la vez  tenemos a disposición nuestra el poder de los derechos de la nueva vida resucitada, nuestra nueva identidad. Es por medio de la fe; Pablo se refiere explícitamente a ella en la enseñanza de Efesios “Porque por gracia han sido/ sois salvos [justificados y santificados] por medio de la fe;  y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8, 9). Nuestra fe está fundada solo en lo que Dios hizo de una vez en la cruz. Es el eje de la victoria. Toma nota como Pablo niega rotundamente las obras nuestras en desarrollar la justificación y así del mismísimo modo en la santificación  Las dos son igualmente dones de Dios (Romanos 6:23). Somos ortodoxos en el evangelismo en aplicar esa verdad al incrédulo al buscar a Dios, pero imponemos los esfuerzos nuestros como “debemos” leer la Biblia, orar, diezmar para tener comunión con Cristo. Esas virtudes  buenas no son medios para alcanzar la victoria sino resultados de haber mantenido lo que la fe toma, obedece and dar gracias a Dios. La triste verdad  es que los púlpitos de hoy pasan por alto la verdad, como cosa omisa, de que morimos al pecado. Casi limitamos totalmente tal muerte a la justificación. Si se oye una referencia pasajera a nuestra muerte en Cristo, se despide como una posición meramente teológica o teoría doctrinal. Pero esa muerte abrazada, objeto de nuestra fe activa, es aquello que rompió de una vez el poder del orgullo, el “yo.” El poder de esa muerte judicial y espiritual está en la fe basada en nuestra co crucifixión. Solo resta la obediencia de la fe (vv. 12,13); la verdadera fe siempre obedece al rumbo del corazón hacia nuestra muerte judicial.  “No reine, pues, el pecado . . .” (v.12). Otra vez “pues”  esa conjunción clave que establece la firme base de lo anterior y ahora continúa en lo que sigue, es decir, que no reine porque morimos ya. Estamos en el Postrer Adán y vivimos en su vida resucitada. Puede haber una admisión tácita de que el creyente puede pecar, pero nunca jamás puede reinar el mal. Si el creyente pecase, sería por no ir creyendo, una falta de la fe. Dos resultados de la obediencia de la fe establecen progresivamente la victoria: “no presentando más vuestros miembros al pecado” [verbo-tiempo presente progresivo] y luego “presentaos a vosotros mismos y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia” [verbo-aoristo/pasado, acto definitivo].  Ahora sigue el colmo de la victoria en Romanos. “Porque el pecado[naturaleza adánica] no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley [los mejores esfuerzos nuestros], sino bajo la gracia” (vv.13, 14). Pero quedan dos verdades más. Para mí el orden de las verdades introducidas en Romanos es precisamente el orden de la aplicación correcta. Hasta ahora en Romanos ha habido solo una referencia pasajera alEspíritu de la santidad en la introducción (v.4) [muy significante el título dado]. Pero la primera referencia en su contexto: ” . . . el amor de Dios ha sido derramado  en nuestros corazones por el Espíritu Santo el que nos fue dado”(Romanos 5: 5), es una clara referencia a nuestro renacimiento o a la regeneración por el Espíritu. Pero en todo el capitulo 6, la base de la victoria está basada en nuestra co crucifixión y fe en ello; no hay ni referencia a la Tercera Persona de la Trinidad. Primera la verdad creída y abrazada y luego puede empezar el bendito ministerio del Espíritu Santo. Sin embargo, Romanos 7 ahora mismo es oportuna la plena introducción del ministerio del Espíritu.  Es imperativo que nos demos cuenta de haber muerto al pecado y que entendamos que morimos ya a la ley y vamos andando, no bajo la ley sino bajo la gracia.  Primero, contarnos muertos y contarnos vivos  y solo en ese entonces entra la bendita enseñanza de nuestro matrimonio espiritual “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muertoa la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios . . . Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen  nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7:4,6).   Lo inesperado sigue en Romanos 7:7-24. Pablo hace lo mejor posible para andar  tratando de obedecer a las demandas de la ley. Sabía de la doctrina pero no la practicaba a través de  los medios “por gracia por medio de la fe(Efesios 2:8,9). Por supuesto él fracasa rotundamente y en su desesperación llega al final de sus pocos recursos: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24). Ahora sigue Romanos 8 el capítulo de victoria. Pablo se ha contado muerto y vivo, abandonadas sus propias obras. El Espíritu por primera vez hace la obra de la victoria. El perfecto equilibrio aparece finalmente en Romanos 8:12, 13: “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis [no es opción para el creyente]; mas si 1) por el Espíritu 2) hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” Tanto la justificación como la santificación son dones de Dios y descubrimientos de la maravilla de la gracia–el énfasis de Efesios; sigue el énfasis de Romanos la obra maestra de Dios en Cruz, enviando a su Hijo que murió por nosotros y en quien morimos al pecado para vivir para Dios en plena victoria. Nuestra nueva identidad, el camino a la victoria en Efesios – una perspectiva nueva En Efesios 1 Pablo nos deja pasmados con la maravilla de la gracia que “nos escogió antes de la fundación del mundo.” La iniciativa de Dios Padre nos bendijo; se realizó el Gran Designo Cristológico y el Espíritu Santo nos sella“hasta la redención  de la posesión adquirida, para alabanza de  su gloria.” Hay solo una mención de la fe nuestra en la plegaria que nos toca (v.13) como evidencia de su gracia. En  resumen es obra soberana de Dios a favor nuestro. Para mí es muy significativo que sea seguido de inmediato de  una plegaria dirigida a Dios que “nos dé  espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento [“epignosis”– conocer práctico] de él.” Nos toca elevar esa oración en plena dependencia en Él para que Él haga la obra, no la nuestra. Efesios 3 da fin a la primera mitad de la epístola de la gracia de Dios con otra oración u otra plegaria nuestra que termina con otra doxología sublime. ¡No es esto una mera coincidencia! Entre este paréntesis glorioso Efesios  1 y 3, Pablo nos relata en Efesios 2 los principios operantes que constituyen  nuestra victoria en Cristo.  EmpiezaEfesios 2 con el hecho de que a pesar de estar antes muertos en delitos y pecados, Dios 1) nos dio vida, 2) nos resucitó, 3) nos hizo sentar en lugares celestiales en Cristo. Toma nota el cambio del tiempo del verbo: “Porque por gracia sois [han sido – tiempo presente perfecto – todavía en vigor] salvos por medio de la fe; esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (vv. 8,9).   Este cambio recala que ambos medios de gracia están en pleno vigor y disponibles hoy día en la vida del creyente. Subraya que la gracia y la fe siguen siendo los únicos medios tanto para la justificación como para la santificación. Hemos perdido, en gran parte, esa verdad.  Solo la fe y la intervención de Espíritu en gracia pueden dar y mantenernos en la victoria. En Efesios Pablo establece firmemente que el andar del creyente está basada en su nueva identidad en Cristo lograda por la gracia infinita de su amor  Actuamos según la nueva identidad regalada  por gracia por medio de la fe. No se basa en nuestros mejores esfuerzos y más sinceros deseos. Nuestra identidad en Cristo nos da gusto en leer la Palabra de Dios, orar  y andar en obediencia en el poder del Espíritu Santo, todo para la gloria del Dios Trino.

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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