El Creyente y su identidad en unión con Cristo

Efesios 4:20-22 y unas reflexiones

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Rio Grande

Nuevas reflexiones personales en resumen

Mis estudios personales de Efesios me han dado una nueva perspectiva más equilibrada de la maravilla de la gracia de Dios en la vida del creyente. Claro que sí siempre ha sido la gracia el fundamento de mi creencia. Pero ya comprendo más de la hondura y la altura de esa gracia. En la doxología trinitaria me llamó mucho la atención: “Nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:3.4). No puede quedar lugar alguno para mérito ni logros nuestros.

La doxología trinitaria

En esa bendita doxología, Dios Padre nos escoge (vv.3-6) y en Gran Designo se realiza en Cristo (vv. 7-12) y creemos y el Espíritu Santo que nos sella (vv.13, 14). Y resuena vez tras vez el lema de la eternidad: “para la alabanza de la gloria de su gracia” (vv. 12, 14). Con todo esto, es seguida la doxología de una oración ferviente que Dios nos dé el conocimiento de él, la esperanza de nuestro llamado y las riquezas de nuestra herencia y “cuál es el supereminente grandeza de su poder para con nosotros que creemos, según la operación de su poder” (v.19).

La Gracia en pleno desarrollo

En Efesios 2: 1-3 Pablo establece la realidad de nuestros pecados, pero con rápida secuencia y agrega la iniciativa divina en darnos vida, en resucitarnos, en sentarnos en lugares celestiales para mostrar las abundantes riquezas de su gracia en su bondad.”Porque por gracia sois salvos [santificados] por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe(vv.5-9). Para poner fin a toda obra meritoria nuestra dice: “Porque somos hechura suya [poema suyo], creados en Cristo Jesús, para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (v.10).

Toma nota de la gama o el espectro que desde ‘antes de la fundación del mundo” hasta las “obras preparadas de antemano” exalta la gracia sublime y nos deja pasmados ante la gracia de Dios. No nos permite nada menos de “por medio de la fe”— una fe que brota de la Palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo (Romanos 10:17). ¡Dónde entran nuestras mejores intenciones y servicio ante el Dios de tanta gracia!

En Efesios 3 Pablo se maravilla de su llamado divino por ser el instrumento de predicar a los gentiles la maravilla de la gracia en constituir a la Iglesia, el Cuerpo de Cristo “para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz, reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (vv.15,16).

El impacto práctico de la gracia en acción

Así como empezó el primer capítulo con una doxología y una oración termina la primera mitad de la carta con otra hermosa oración y doxología. ”Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura y de conocer el amor de Cristo, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (vv.17-19).

Ante este desarrollo deslumbrante de la gracia de Dios para con nosotros, ¿Quién pudiera jamás meter el “yo” o el orgullo humano ni en nuestra salvación, ni en dones o talentos recibidos de parte de Dios, ni en la educación o los “supuestos” logros de los años de fiel servicio cristiano? Quedemos pasmados y absortos en su gracia y el amor de Dios

Volveremos en Efesios 4 a ver como esta gracia abundante pone las siete unidades de la fe nuestra fe (vv.4-6) como la base de la Iglesia; luego constituye los cuatro ministerios del Cuerpo de Cristo, apóstoles, profetas, evangelistas y pastores/maestros (v.11). Sobre todo, pone a Cristo como la dinámica del andar de la nueva identidad del creyente (vv.12, 13).

La vida en Cristo no se basa en nuestras mejores y más sinceras intenciones de leer la Biblia, orar and servir a otros. Tantas veces tratamos de “poner nuestra parte” hacer la lucha y esforzarnos y quedamos frustrados como el Apóstol Pablo cuando se puso bajo la Ley y no bajo la gracia en Romanos 7:24, 25 “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Pero lueguito, “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.”

Pablo ya está en medio de la epístola de la gracia y está a punto de profundizar a fondo la realidad de la nueva identidad que tiene el creyente. No tan solo explora esa identidad en unión con el Crucificado desde la regeneración sino que ahora reta al creyente que ande por fe ya habiendo recibido al Espíritu. El creyente va confiando, afirmando y obedeciendo la verdad que está en Cristo.

Para dar mayor alcance e impacto al creyente, Pablo solemnemente manda: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor que ya no andéis como los gentiles, que andan en la vanidad de su mente” (Efesios 4: 17). Otra vez recalco la importancia de la pequeña conjunción “pues”. Es importantísimo el papel que juega en donde frecuentemente aparece porque da una mirada para atrás a un argumento clave pero ya establecido más allá de duda. Ese argumento en el contexto (vv.13-16) es el “andar modelando la verdad en amor” (v.15) hasta hacer crecer el Cuerpo de Cristo en su plena madurez. Tal es el Gran Designo de Efesios (Efesios 1:11).

Para hacer destacarse en agudo contraste con la pasada identidad en el Primer Adán, el Apóstol a los gentiles describe en términos no exagerados sino verdaderos la depravación absoluta de la vida anterior. Pero ellos mismos, sus lectores, ya no son “gentiles” ante Dios sino sus propios hijos. Pero estos efesios tienen que darse cuenta de este cambio radical. Han dejado de ser “gentiles”, los del Primer Adán, sino que ya son solo hijos de Dios en plena posesión de todo lo que tal identidad nueva les da en plena gracia. Esto se verá claramente en su propio ser y en su andar. En el resto de la epístola Pablo irá haciendo resplandecer esta transformación en base de su identidad nueva en Cristo. La frase “En Cristo” viene siendo el lema de Pablo. Aparece unas 40 veces en sus escritos.

El eje práctico de la aplicación en el andar del creyente   Efesios 4: 20

Para mayor claridad acudimos al Diccionario de la Real Academia Española para definir el “eje”, la quinta definición figurativa: “Idea fundamental en un raciocinio; tema predominante en un escrito o discurso; sostén principal de una empresa; designio final de una conducta.”

La traducción más fiel al griego es: “pero vosotros NO aprendisteis así a Cristo” (v.20). Tantas veces nuestra versión española sustituye el tiempo presente perfecto en lugar del tiempo aoristo/pasado que identifica un hecho final y decisivo. El verbo en el presente perfecto sugiere que tal acto ya pasado está todavía en vigor. Pero no nos deja con toda claridad el aspecto muy clave de ese momento definitivo en el pasado y que no se puede repetir.

¿Cuando fue ese momento clave en la vida de Pablo? Claro que sí fue cuando se encontró con Cristo en el camino a Damasco. “Pero por esto fui recibido a misericordia para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1 Timoteo 1:16). En el caso nuestro fue cuando el Espíritu nos regeneró o cuando Cristo nos llegó como nuestro suficiente redentor. Lo más clave es la obra instantánea cuando del Espíritu nos selló y cuando “así aprendimos a Cristo” precisamente como nos dice el texto (v.20).

Hemos venido dando más énfasis en ese momento crítico en que recibimos el perdón de los pecados y dimos principio a la vida cristiana. Pero con ese énfasis más general y presente, perdimos el aspecto radical de que fue de una vez “así aprendimos a Cristo.” En ese momento Dios nos tocó, nos hizo de golpe de una vez para siempre nuevas criaturas en todo sentido, no en grados o lentas etapas de madurez.

”De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas’’ (2 Corintios 5:17). La última oración que Pablo escribió al final de la Epístola a los Gálatas fue el ápice de toda la epístola. “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva criatura(Gálatas 6:15).

En Efesios 2 Pablo nos da un resumen inmediato de la totalidad de la obra redentora. Ante él en gracia “nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos [santificados] por medio de la fe; y esto no de nosotros, pues, es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:5-9).

Toma nota que Pablo en esta porción abarca de golpe en una sola oración toda la trayectoria de la salvación desde esa primera intervención de Dios, antes de la “fundación del mundo” hasta “las obras preparadas de antemano para que anduviéramos en ellas” Esta porción nos da el cuadro desde la perspectiva exclusiva de Dios quien lo hizo en gracia y nos mantiene a través del Espíritu Santo quien es la única dinámica de la vida cristiana, no nuestros esfuerzos en leer la Biblia, orar, servir y diezmar.

Pero necesitamos tomar mucho más en cuenta el punto de vista de Dios y lo que ya está hecho en su Hijo. Cuando desde la Cruz dijo Jesús: “Consumado es,” eso abarcó todo aspecto de la salvación y así en él nos hizo “nuevas criaturas”. Esta perspectiva bíblica va a cambar radicalmente el concepto nuestro ante lo que nos corresponde en nuestro andar solo por fe.

Así en adelante la vida cristiana será basada NO en la pura fuerza de nuestra voluntad humana, en nuestras mejores intenciones y esfuerzos, sino que lo que en nosotros hizo Dios en “ese aprendizaje” inicial (Efesios 4:20). La fe nuestra deja que el Espíritu haga la obra quien vino para tomar lo de Cristo y revelárnoslo. “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:16:14). Cristo será visto en nosotros solo por dejarle la preeminencia en todo.

La suficiencia de la sola gracia en todo aspecto del andar cristiano Efesios 4:21

Que Dios nos ilumine por el Espíritu de la Verdad. En el discurso del Aposento Alto, Jesús cuatro veces describe el Espíritu como el Espíritu de la Verdad (Juan 14:17, 25; 15:26; 16: 13). Pablo vuelva a confirmar lo dicho en el v. 20: “Mas vosotros NO aprendisteis así a Cristo” [una traducción más acertada que la de la versión ‘60] La declaración negativa da doble énfasis al agudo contraste con su condición anterior. Para subrayar tres veces lo más importante dice: “Si 1) en verdad, le habéis oído, y 2) habéis sido por él enseñados, conforme 3) a la verdad que está en Cristo. En cuanto a la pasada manera de vivir despojaos del viejo hombre . . .” (vv.21-22).

Examinemos más de cerca el texto sagrado porque nuestra versión Reina Valera de ‘60 da bien un sentido general, pero no traduce fielmente el matiz del griego solo por falta de las diferencias lingüísticas de los idiomas. Pero perdemos el matiz clave del original. Por toda mi vida cristiana he enseñado “despojaos” como una orden, un mandato en el modo imperativo que me toca hacer de mi parte. Parecía ser según la gramática española como una orden dirigida al creyente.

Pero ahora aquí entra mí nueva perspectiva más equilibrada. La dinámica no es mi esfuerzo, a veces frustrante, sino el poder de la nueva identidad que ya tengo en Cristo. Él habita y reside en mí (Efesios 3:17). En lugar de ser un deber viene siendo un querer, un descanso en Cristo. Ahora la vida cristiana es un andar por FE y solo por FE descansando en lo que Él hizo en la Cruz (Mateo 11: 28-30; Hebreos 4:9).

Ahora puedo vivir en carne propia la verdad de Romanos 6:11—en efecto me es la mejor definición teológica breve de la vida victoriosa. “Así también consideraos [contaos] muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.” Toma nota de nuestra nueva identidad en nombre de la dignidad del título más completo de Jesús. Así Pablo nos reta a que posesionemos por fe todos los recursos ya nuestros en Cristo.

Tomemos en cuenta las frases de versículo 21: “Si en verdad . . . .” Es una figura literaria que le urge a uno responder y confirmar a una palabra retórica. “Es una condición de primera clase con el aoristo indicativo[1]” En la traducción española nuestra la serie of afirmaciones de los verbos de vv.20, 21—“no habéis aprendido, habéis oído, habéis sido por él enseñados (vv.20, 21) son traducidos como si fuesen en el modo imperativo, tiempo presente; parecen ser órdenes o mandatos pero no lo son.

Más bien en el original es un infinitivo aoristo, no modo imperativo; el infinitivo revela la acción indicada sin tomar en cuenta el tiempo, pero el aoristo afirma algo pasado o de aspecto decisivo. [pido disculpas por la gramática porque hace 60 años que enseño la gramática española e inglesa y en la exégesis y la hermenéutica se exigen el valor indispensable de la gramática].

¿Qué Quiere decir todo esto?

Este cambio del imperativo/orden al infinitivo aoristo tiene muchas repercusiones en la predicación. Claro que hay órdenes que corresponden al creyente en el debido contexto, pero aquí en esta porción clave la base de la vida victoriosa se encuentra en nuestra identidad en Cristo desde el momento de nuestra salvación La dinámica está en el que vive en nosotros y por fe lo dejamos manifestarse.

“Creyentes han sido hechos nuevos en la actitud de su mente; ellos ya no son fútiles en su pensar, ni entenebrecidos en su comprensión e ignorante (vv.18, 19). Estos no son órdenes/mandatos, porque la construcción aquí(y en el pasaje paralelo en Colosenses                                                                                                                   3:9,10) no es el modo imperativo.[énfasis mío] Son los hechos o la realidad que el creyente ha aprendido como es visto en Romanos 6:2-10 y 2 Corintios 5:17. Los creyentes son personas nuevas en Cristo y por lo tanto no pueden seguir viviendo como los gentiles.”[2]

Esta cita del Dr. Harold Hoehner claramente declara que los verbos en Efesios 4:20,21 y los de Colosenses 3: 9,10 no son órdenes sino las consecuencias o resultados de nuestra nueva identidad. No es cuestión de mi esfuerzo; es cuestión de dejar que Cristo quien resida en mí y que se manifieste. Claro que es un proceso progresivo [santificación] y requiere la afirmación de nuestra fe, pero la victoria en Cristo es precisamente la obra exclusiva del Espíritu.

No depende de mis mejores esfuerzos en servir a Dios, leer la Biblia y orar y diezmar, tales buenas obras pueden ser productos de la carne y aun resultan tantas veces en el orgullo “espiritual” o el orgullo que Dios no tolerará ante el Tribunal de Cristo. Creo en las disciplinas de la vida cristiana—leer Biblia, medita en ella y memorizarla, en servir a Dios, pero son los resultados de nuestra identidad y no los medios para logar tal victoria. Hay una diferencia muy grande.

Nuestra identidad en Cristo nos da gusto en leer la Palabra de Dios, orar y andar en obediencia en el poder del Espíritu Santo, todo para la gloria del Dios Trino.

[1] A.T. Robertson, Word Pictures in the New Testament (Boardman Press: Nashville, TN). Vol.V1,1931, p.540.

[2] Harold W. Hoehner citado en The Bible Knowledge Commentary-A Exposition of the Scriptures by Dallas Seminary Faculty, Edition of the New Testament (Victor Books: Wheaton, Il), 1983. pp.636.637./(Traducción mía)

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.



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