El Andar en amor y en santidad

Efesios 4:17-21

 

En la primera mitad de Efesios Pablo traza a grandes rasgos la magnificencia de la gracia triunfante de Dios en escogernos antes de la fundación del mundo. La doxología trinitaria establece las fronteras de esta maravilla. Sigue en Efesios 2 como Dios ha mostrado su gracia a pesar de estar muertos nosotros en delitos y pecados. El tema resuena: “Porque por gracia sois salvos [justificados y santificados] por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”(vv. 8,9). Termina con la inauguración de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo “para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, [judíos y gentiles] haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo matando las enemistades” (vv.15, 16).

 Pablo reconoce su llamado divino como el Apóstol a los Gentiles en esta gloriosa maravilla del Cuerpo de Cristo y así finaliza en Efesios 3 con una oración ferviente y otra doxología sublime. Ya que empezó con la doxología trinitaria y termina con otra; esto nos eleva hasta la misma presencia de Dios.

En la segunda mitad de Efesios Pablo apela y urge que nuestro andar sea de acuerdo con esta alta vocación. “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.” Después de aclarar las siete bases únicas (4:.4-6), pone de manifiesto la gobernación de la Iglesia bajo el liderazgo del Espíritu Santo (vv.7-11), llevándonos hasta la unidad de la fe y la madurez “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (vv.12-16).

Las marcas sobresalientes de la Iglesia son la unidad y la humildad tales como se ven en Cristo la Cabeza. La madurez espiritual nos permite andar victoriosamente aun en una ambiente muy hostil. Pablo apela a que no sean niños sino que anden a “la medida de la estatura de plenitud de Cristo.” El remedio práctico es hablar y modelar siempre la verdad a la vez creciendo siempre en amor.

El Reto exigente del nuevo andar en el agudo contraste con el vida vieja   Efesios 4:17-20

Hasta ahora Pablo ha descrito la Iglesia, tanto invisible como local, como el puro triunfo de la gracia de Dios en unión con Cristo. Dios puso el fundamento (1 Corintios 3:11) y la Cabeza reina en todo el cuerpo, “modelando la verdad en amor.” Pero ahora él reta en términos exigentes como el creyente ha de andar.

Pablo les llama fuertemente la atención usando lo que pudiera ser un preámbulo de un juramento solemne:”Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los [se puede omitir-otros] gentiles . . . ” (v.17). Pablo da esta orden en base de lo dicho anteriormente. La palabra “pues’’ tantas veces no lleva ningún peso en el diario hablar. Pero en la gramática es una conjunción importantísima que trae el pleno peso del previo argumento ya establecido. En base de todo lo anterior se le requiere al creyente que sea un “testigo ocular. Es una variación de verbo “requiere” o sea como un “mártir,” alguien listo a dar hasta la vida por la verdad. Pablo agregar “en el Señor”, es decir, el Señor mismo oye.

La omisión en algunas versiones de “otros” [gentiles”] es que el creyente, de veras antes era gentil en todo sentido, pero ya no lo es ahora. “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 3:19). ¡Qué honor y transformación! Sobre aquella base de ser criaturas nuevas en Cristo, Pablo los va a aconsejar muchas veces en el resto de la epístola.

Pablo pone bastante peso y autoridad sobre lo que ahora lo es el creyente en Cristo, su verdadera identidad auténtica. Debe actuar el creyente de acuerdo con lo que Dios en gracia ha hecho en el corazón. Deja de ser gentil, más bien llega a ser hijo de Dios en plena posesión de una vida transformada en Cristo. Esta perspectiva la vamos a ver en el resto de la epístola. El énfasis recaerá no tanto en nuestro esfuerzo para cambiarnos sino que lo somos ya en Cristo. ¡Actuemos según somos en Cristo!

Vemos que Dios no toma en cuenta lo que antes éramos sino lo que él mismo ha hecho en gracia en el renacimiento milagroso. Ya no son “gentiles” a criterio de Dios sino que son nuevas criaturas. Esto es su nueva identidad. ”De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Esta es una verdad poderosa; la realidad es que son hijos auténticos de Dios. No se debe tomar en cuenta el pasado. ¡Qué reto más fuerte para el creyente que tan fácilmente da ocasión a lo viejo!

El Análisis bíblico del mundo gentil en Romanos y Efesios

En una corta pero concisa definición Pablo analiza al mundo sin Dios y sin esperanza. Estos versículos 17-20 hacen eco de otro análisis más extensivo en Romanos 1:18-3:20, un total de 64 versículos. Pablo da el origen clásico de mal en definir los seis pasos inevitables para abajo. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Romanos 1:21-23).

 En Efesios 2: 1-4 después de la maravilla de la gracia de Dios en capitulo uno, Pablo reconoce el mal destructivo pero solo en forma de un prefacio para la gracia triunfante, su mayor énfasis. Ahora en 4:17-19 vuelve a la vida vieja para hacer un contaste agudo con la nueva. Pero el énfasis de Efesios siempre cae sobre la gracia y a pesar de que el mal persiste inherente en el creyente. Pero la nueva en Cristo es infinitamente mayor.

Basta la mera repetición con poco comentario de las siete frases que van en aumento revelando la pésima condición del mundo. La intensidad y la extensión del mal no se pueden medir. El mundo de aquel entonces produjo a Sócrates, y a los grandes filósofos y pensadores, pero Pablo revela lo que Dios veía. La arqueología es testigo mudo e irresistible de las obscenidades de la inmoralidad de Grecia y Roma.

Había la superficie de lo intelectual del mundo clásico, pero Dios vio a fondo la vanidad, la ilusión y la iniquidad del mundo. “Los gentiles 1) andan en la vanidad de su mente, 2) teniendo el entendimiento entenebrecido, 3) ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, 4) por la dureza de su corazón; los cuales, 5) después que perdieron toda sensibilidad, 6) se entregaron a la lascivia 7) para cometer con avidez toda clase de impureza” ¡Qué denuncia tan devastadora! Pero tales ellos fueron ante Dios, pero ya no lo son y sobre tal base de la verdad han de comportarse como lo son, ya son hijos de Dios.

 Un Gran pero “ya no habéis aprendido a Cristo” Efesios4:20

 A primera vista parece algo extraño que Pablo diga tan abruptamente “no habéis aprendido a Cristo.” Pero esta respuesta breve habla con elocuencia clave. Asociamos “aprender” con el proceso intelectual y educativo. ¡Aprendí yo el álgebra a gran costo mío! Pero no así aprendemos a Cristo. No es un esfuerzo creativo nuestro sino una relación íntima de entrega y llevar la cruz.

En la invitación clásica Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar [puede incluir la venida inicial de la justificación o la de a diario]. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón [la venida a diario y más a fondo el proceso de la santificación] y hallaréis descanso para vuestra alma; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11: 28-30).

Estos tres verbos en el imperativo presente son órdenes. La primera reacción de venir puede ser para recibir el perdón y el descanso en gracia en base de la obra de Dios mismo. La segunda reacción es para hallar y descubrir nuestro deleite en abrir los nuevos horizontes de la humildad y la santidad transformando así nuestro andar. Cristo viene siendo la suma y la substancia de Dios disponible al creyente. “Para mí el vivir es Cristo . . .” (Filipenses 1:21). “Porque habéis muerto, y vuestra vida están escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3: 3) ¡Qué escondedero!

Una construcción verbal algo semejante aparece en 1 Corintios 12 donde Pablo explora la maravilla del organismo del cuerpo humano y por extensión del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Usando su analogía favorita, Pablo compara el rol de la cabeza en el funcionamiento del cuerpo sano. En la buena salud del ser humano reina la cabeza en todo. Desde la cabeza sale todo, de tal manera que la cabeza acuda con exquisita diligencia a favor del bienestar de cada miembro del cuerpo, importante o no, visible o no. No puede haber discrepancia y preferencia alguna. Así argumenta Pablo “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo. siendo muchos. son un solo cuerpo, así también es Cristo” (1 Corintios 12:12)

De esa comparación sale el versículo clave que explica la maravilla de la Iglesia.”Porque de un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (v. 13). Pareciera que sin Cristo no se halla nada. Pero con Cristo estamos en plena posesión de todo lo que nos corresponde como los verdaderos hijos de Dios.

De esta manera Pablo subraya la gloriosa verdad de que vamos adelante “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento [“epignosis”—relación íntima y actual] del Hijo de Dios a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13); basta el conocimiento de Cristo. ÉL es nuestro todo en todo; todo lo que hagamos, todo lo que suframos, todo lo que perdamos.

En este espíritu Pablo escribe: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento [“gnosis”] de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura [estiércol] para ganar a Cristo. Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3: 7-10).

Hay un himno favorito mío que expresa esta gloriosa verdad escrito por el evangelista guatemalteco, Alfredo Colom (1904-1971).

 

 Por la mañana yo dirijo mi alabanza a Dios que ha sido y es mi única esperanza.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Por la mañana yo le invoco con el alma y le suplico que me dé su dulce calma.

El nos escucha, pues nos ama tanto, y nos alivia de cualquier quebranto.

Nos da su mano poderosa y fuerte, para librarnos de la misma muerte

Cuando la noche se aproxima, tenebrosa, en elevarle mi oración mi alma goza;

Siento su paz inagotable, dulce y grata porque temores y ansiedad, Cristo los mata.

También elevo mi cantar al cielo cuando a la tierra baja negro velo.

El sol se oculta, pero queda Cristo, a quien mis ojos en el sueno han visto.

Brilla su lumbre bienhechora mientras duermo; pone su mano sobre mí si estoy enfermo.

Me fortalece, me alienta con el sueño, pues es mi Dios, mi Redentor y él es mi dueño.

Y al despertar por la mañana siento que Dios invade mi alma y pensamiento;

Veo a Jesús, mi Redentor amado, por mi pecado en una cruz clavado.

Veo la sangre de sus manos que ha brotado; veo la sangre borbotando en un costado;

Una corona con espinas en su frente, la multitud escarneciéndole insolente.

Pero, ¡qué dicha cuando al cielo sube, lleno de gloria en majestuosa nube!

Pero, ¡qué dicha cuando al cielo sube, lleno de gloria en majestuosa nube!

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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