Pablo se vuelve a desplegar a la Iglesia Invisible en su gloriosa misión mundial

Efesios 4: 12-16

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

La Epístola de Efesios nos abre nuevos horizontes para poder ver la sublime grandeza de la gracia a Dios. Suena y resuena la frase clave de la doxología trinitaria “para alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1: 6, 12, 14).

El Gran Designio   una breve mirada para atrás

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:3,4). Aquella obra soberana de la gracia para con nuestros primeros padres empezó en la creación con la “simiente de la mujer” (Génesis 3:15), con Abel y los grandes santos del Antiguo Testamento. Abarca el Pacto Abráhamico y la promesa de la Mesías, la elección de Israel bajo Moisés, el Pacto Davídico, el Nuevo Pacto de Jeremías, la encarnación, la Cruz y la resurrección y ascensión y finalmente la cúspide de Pentecostés y la inauguración de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.

En la inauguración de la Iglesia Dios nos da el colmo final de su gracia para “crear en sí mismo de los dos [judíos y gentiles] un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Efesios 2:15,16).

Claro que hubo de parte de Dios una variedad de diferencias en su trato histórico con los suyos en distintas épocas, pero siempre en gracia inmerecida los salvó en base de la sangre derramada y la fe; a tales Dios los declaró justos en su Amado Hijo en una verdadera justificación, en una salvación personal. “[Abraham] lo creyó, y que le fe contado por justicia” (Génesis 15; 6; Romanos 4:3).

Aquel vasto cuadro bíblico ya tomado en cuenta nos une los dos Testamentos en un solo gran concepto; así transforma la división histórica de los dos Testamentos que muchas veces nos roba de la perspectiva unitaria del amor de Dios para con todo el mundo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”.

El Enfoque de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo  Liderazgo bajo la dotación del Espíritu

Volviendo nosotros al tema de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, Dios mismo constituyó los cuatro niveles de liderazgo para facilitar la obra eficaz de los santos todos. Su propósito iba a involucrar a todos los santos en la Iglesia, no limitándose a una “casta” de autoridades y oficios humanos.

“Y el mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos

1)    para la obra del ministerio,

2)    para la edificación del cuerpo de Cristo, (vv.11, 12).

3)    hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (vv.11-14).

Toma nota de la grandeza de este Gran Designio. Nos hace devolver a la oración: “Para que habita Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de, que arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud y la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:17-19).

El enfoque de Pablo en Efesios cae primero sobre le Iglesia Invisible/Mística que consta actualmente de todos los llamados por Dios mismo en gracia, formando parte del organismo espiritual del Cuerpo de Cristo. La segunda aplicación corresponde a la iglesia local, una extensión de la Iglesia Invisible en la tierra. La iglesia local debe reflejar a la Invisible con ciertas limitaciones dadas por el elemento humano de los que profesan y los que poseen la verdadera salvación. Fíjate en las parábolas del trigo [los que poseen] y la cizaña [los que solo profesan] (Mateo 13:24-30; 36-43).

La obra espiritual de la iglesia local es la obra de todos los miembros, no de un grupo selecto. Cristo mismo habló del reparto de las minas según su distribución sabia: ten minas, cinco y uno. (Lucas 19:11-27). No es discriminación sino la sabiduría que Dios en dar a todo creyente su don preciso lo cual es indispensable para su gloria y el bien espiritual de la iglesia. Todo creyente es valioso y partícipe en esta gran obra. Dios le mide esta gracia a cada uno.

Pablo anticipa la madurez de la plenitud de Cristo   Efesios 4: 13

Tres veces en este capítulo cuatro, Pablo usa la palabra “medida” indicando que según la infinita sabiduría de Dios, él reparte a cada creyente esta “gracia conforme a la medida del don de Cristo (v.7). Luego dice: “hasta que todos lleguemos . . . a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”(v.13). Por tercera vez en el original [no en el texto español]

(v.16). “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia [a la medida] de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”

Cada santo debe caber donde Dios le pone alerta, alegre y comprometido sabiendo que contribuye esa gracia dada para la salud de la Iglesia Invisible y la iglesia local. Aquí entra la cualidad del andar lo cual será el tema principal por presentarse en los demás capítulos.

Este desarrollo futuro del Gran Designio no se llegará a completarse hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento [“epignosis”] del Hijo de Dios. Toma nota que esta palabra se refiere exclusivamente a una profunda experiencia personal con Cristo. La preposición agregada al verbo “conocer” recalca una fuerza activa hasta alcanzar una unión genuina e íntima con el Hijo de Dios. Dios desea que nuestra relación con Cristo sea profunda, no la del intelecto ni la de doctrina no más, sino una entrega del espíritu, alma y cuerpo según la doxología de 1 Tesalonicenses 5:23.

Pablo usa raras veces este título del “Hijo de Dios”. Sólo aparece en pasajes claves, tales como Gálatas 2:20 y Romanos 1:4. Nada menos se puede entender que una creciente unión hasta el varón perfecto o maduro a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Se cumplirá en “la herencia de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:14).

Entretanto vamos llegando a tal plenitud en la Cabeza, el Espíritu Santo fielmente obra en el creyente, si lo deja hace su obra; el enfoque es el proceso hacia la madurez. ¿Pero cuál es el obstáculo? En breve, la vida vieja, la carne juzgada de una vez en la Cruz (Romanos 6:6). El escritor anónimo de Hebreos confronta a sus lectores vacilantes: “Porque debiendo de ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimentos sólidos. Todo aquel que participa de la leche es inexperto en el palabra de la justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez; para que los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:11:12-14).

Una vez más Pablo vuelve a su tema favorito porque ve en ello la manera de dejar de ser niños sino hombres caracterizados por la madurez, la fuerza espiritual. El secreto abierto es que dejamos al Espíritu devolvernos a la Cruz y por fe tomar nuestra posición que Dios nos dio en su plena gracia. Por esa conexión espiritual a la Cabeza nos ministrará dejando que fluya en nosotros la vida resucitada de Cristo. Como la cabeza de ser humano control y mantiene todo el cuerpo en sanidad y perfecta armonía, así será la salud “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (v.13).

El creyente anda en este ambiente hostil   Efesios 4:14

El creyente lleva la vida victoriosa y madura de Cristo en medio del bombardeo de su carne, el mundo y Satanás. Pablo no da la vista gorda a la lucha espiritual en la que nacimos de nuevo. Después de darnos el cómo del andar unido a la Cabeza en Efesios 4 y 5, terminará en Efesios 6: 10-20 con la lucha espiritual en la cual a diario salimos victoriosos. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). A pesar del ambiente tan hostil, Pablo no cede espacio alguno al enemigo.

Ya en el proceso de estar unidos a la Cabeza, nos asegura de la amplia provisión en Cristo “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquier de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”

Los verbos que Pablo utiliza son muy gráficos A ningún niño se le pide un consejo por la simple razón de que no tiene madurez ni juicio; puede poseer cierta inocencia, pero no ha llevado la vida. Más bien le falta la constancia; se deja llevar por los sentimientos del momento. Pablo nos compara con el niño “para que no seamos niños fluctuantes llevados por doquier por todo viento de doctrina . . . .” Este verbo aparece en la narrativa en Lucas cuando Jesús y sus discípulos pasaban al otro lado del Mar de Galilea. “Pero mientras navegaban, él se durmió. Se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban . . . le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza” (Lucas 8:24).

Sigue describiendo el ambiente hostil en que vivimos comparando la astucia de los maestros falsos usando toda maquinación del Satanás. Así Pablo compara a los tramposos y usan toda forma de maña jugando con los dardos para engañar a los simples. Para advertir a los lectores en otra ocasión los describe “Porque son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que no es extraño si también sus ministros se disfraza como ministros de justicia; cuyo fin es conforme a sus obras” (2 Corintios 11: 13-15).

La madurez trae el discernimiento para detectar el error de la verdad. En Corinto el problema de no perdonar al arrepentido hubiera dado ventaja a Satanás. “Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). Debemos recordarnos constantemente que Satanás y sus seguidores son como la gran serpiente que se levantó en contra de Dios en el cielo. Son maestros de la mentira y la duplicidad.

El Remedio — la vida transformada en plena unión con la Cabeza   Efesios 4: 15,16

 En medio de este mundo penetrado por el error y el dios del aire, hay el remedio eficaz y divino. Después de haber pintado el ambiente demoníaco, Pablo da vuelta de 180 grados y dice “sino que siguiendo la verdad en amor”: ¡Qué vuelta animosa! Con tres palabras claves: siguiendo, verdad, amor, Pablo nos lleva en victoria en todo momento. ¡O la verdad o la mentira! “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Juan 1:5). Jesús dice: “[Satanás] porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44).

En algunas versiones se traduce: “hablando la verdad” en amor pero el verbo incluye mucho más que hablar, “siguiendo o modelando (todo)” siempre en amor. En su esencia la palabra en el original quiere decir: lo real lo genuino, no falsificado, ni fingido. El creyente está pegado a la verdad, uno de los atributos de Dios que gobierna todas sus acciones. Jesús aclara a Nicodemo o Juan a nosotros “Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3: 21)

Pablo usa el gerundio que significa acción presente y continua. Llegará siendo el estilo de nuestra vida en Cristo. Cristo mismo dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.6) y antes decía: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y vida(Juan 6:3). Cristo, la Cabeza de la Iglesia , llega a ser nuestra fuente de vida, la vida resucitada,

La tercer palabra en amor es el eje de todo. Dios es amor, un amor que siempre busca el bienestar espiritual del otro, el amor ágape, amor sacrificial. Tenemos cuidado de no definir el amor como el mundo lo define. No es sentimental, sensual, egoísta. Puede ser el amor duro en el sentido que avalúa la verdadera necesidad y la trató en la Cruz. Fue su amor ágape que nos juzgó en la Cruz, “Con Cristo estoy juntamente crucificado[co-crucificado], y ya no yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó por mí”(Gálatas 2:20).

Pablo da un resumen maravilloso en dirigir nuestra atención a la fuente de nuestra nueva vida. Como miembros orgánicos de su Cuerpo, Cristo actúa como la cabeza con respecto al cuerpo físico. Desde la cabeza se envían siempre, la sangre. La nutrición, la dirección y la protección para los miembros. La cabeza avalúa cada miembro, sea grande, pequeña, importante y visible o aun de poco valor visible, lo trata con igual cuidado y ternura. Así Cristo suple todo lo que nos falta. “De quien todo el cuerpo, bien concertado unido entre sí por todas las coyunturas se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”(v.16).

Termina esta sección tan importante con la armonía y la perfecta coordinación de los miembros sacando de la Cabeza, Cristo, su propia vida resucitada. Una vez más vemos la centralidad de la Cruz donde nos amó por juzgar el “yo” y hacer morar al residente santo, Cristo en su plena gloria.

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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