“Y los que hablan de lejos, no saben nada / Los que no han estado aquí, no entienden nada”

(Variaciones, Marcos Vidal)

 Pensando en alguna parábola moderna que nos ayude a pensar, se me ocurrió escribir lo siguiente:

«Tenían por costumbre mirar de lejos. Y así, sin más, esbozaban mil historias y diez mil invenciones cuya ocurrencia no tenía límites. Decían, por ejemplo, que el sol siempre emergía por el costado más oscuro de la montaña. Con soltura de sabiondos afirmaban que los triángulos ordenados en paralelo formaban algo así como círculos que abrazaban el horizonte. Con desparpajo exagerado señalaban la multiplicidad de colores que reflejaban los grises del mar. Y del mismo modo afirmaban que las cuestiones del misterio no eran más que mitos legendarios que apenas merecían un céntimo de atención. Pero en verdad siempre hablaban de lejos. No se acercaban. Ni exploraban. ¡Tampoco se daban el permiso de intentarlo!

«Generaciones se marchaban y otras nuevas llegaban, pero el asunto parecía no tener fin. Era como si estuvieran empeñados en mirar de lejos, sin dar paso a esa proximidad arriesgada y llena de inquietudes sorprendentes por las posibilidades de nuevos descubrimientos que asombraran al ojo y conmovieran el corazón. ¿Tan difícil era? Al parecer, sí.

«Los catedráticos se empeñaban en escribir toda clase de cosas. Los repetidores amplificaban teorías y vivencias de improbable comprobación. Las estructuras más altas del poder intimidaban a cualquiera que osara expresar las circunstancias de modos diferentes (incluso reinterpretaban teorías y prácticas). Y las masas, muy quietas pero inquietantes, transcurrían adormiladas en sus variadas ocupaciones que no dejaban más espacio que el necesario para trabajar, votar, comer, dormir y, muy de vez en cuando, saborear una oferta en el mercado semanal.

«Sin embargo, de repente y sin anuncio previo, llegó el día en que alguien abrió sus ojos. En realidad ya los tenía abiertos… pero hacía falta que se aproximara. Quizá movido por el cansancio que significaba soportar todo tipo de versiones y dislates (que en su momento había abrazado como verdaderas realidades absolutas que no admitían cuestionamiento) comenzó a caminar con rumbo lento pero fijo al sonsonete de sacudones temerosos adquiridos desde su memoria temprana. ¡No era fácil huir del espacio cómodo de los preconceptos del prejuicio! Y además, ¿quién podía garantizarle que la desilusión no lo encontraría cuando llegara a destino? Es más, ¿existía tal destino? No le quedaba más remedio que arriesgarse…

«Las miradas socarronas de siempre dirán que terminó en el extravío, que no había motivo alguno para sus exploraciones allá lejos, que el juicio sano terminaba por perderse cuando una persona se aproximaba tanto… Como de costumbre, los “dimes” y “diretes” no ceden ni dan tregua con los que se escapan del cuadro estipulado del conjunto.

«Sin embargo, con paz serena del alma y una mueca de felicidad que todo lo abrevia en un gesto, el que había dejado de mirar de lejos finalmente comenzó a contemplar el cuadro con ojos deslumbrados, expresando con voz pausada y en ritmo poético: “No saben lo que yo siento / Quienes no estuvieron allí / Donde se caen argumentos / Donde merece la pena latir”».

Parábolas más, parábolas menos, me temo que algo similar sucede con la fe cristiana: uno puede mirar de lejos y reparar solamente en las nimiedades que hacen las delicias de los comentaristas de ocasión. Pero de cerca, cuando se echa mano de la valentía necesaria para salir del montón, se abre un panorama de posibilidades infinitas que opaca todo lo demás.

Cristian Franco

Autor: Cristian Franco

Nacido en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina), Cristian Franco es un evangelista que sirve al Señor desde su adolescencia. A través de los años, sus estudios en Comunicación y en Teología le han brindado elementos de preparación útiles a la hora de predicar el mensaje del Evangelio, acompañando su vocación con un fuerte énfasis solidario en relación a la acción social.

Desde 2004 Cristian Franco es evangelista asociado del Dr. Palau, integrando el equipo de la Alianza de la Próxima Generación. Ha tenido la oportunidad de ser columnista y publicar sus creaciones en distintos medios de prensa. Es autor del libro “¡Respira! Aliento fresco para tu espíritu”. Desde diciembre de 2007 integra oficialmente el Consejo Directivo de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA). Cristian y su esposa son miembros activos de la “Iglesia Jesús 100 % Vida” en la Ciudad de Buenos Aires. Además sirve como miembro del Equipo Nacional Argentino de “La Bolsa del Samaritano”. Su mayor pasión es desarrollar todo lo necesario para ayudar a que personas de toda edad, nacionalidad, cultura y situación económica puedan conocer el amor de Dios expresado a través de Jesucristo.


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