Jn  3: 1-13, 7:45-53, 19:38-42

 En este pasaje bíblico nos encontramos con Nicodemo. Era una persona importante en Jerusalén y seguramente pertenecía al concilio político – religioso del pueblo judío. Como maestro estaba en la línea farisea y quizás un poco alejado de los miembros del sanedrín que dirigían el templo.

No sabemos si Nicodemo estaba buscando un aliado en la persona de Jesús. “Los fariseos veían a los sumos sacerdotes del Templo como corruptos. Mientras que los fariseos buscaban reformar la práctica religiosa de la gente, los dirigentes del Templo estaban contentos con el espacio que los Romanos les habían dado y seguramente ganaban relativamente bien”[1].

Es posible que Nicodemo tuviera una fe incipiente siendo receptivo por las señales que Jesús hacía (Jn 2:23) y por lo que dijo en el Templo (Jn 2:18-19). Pero también, tendría cuidado de identificarse con alguien que podría ser catalogado como enemigo de la clase religiosa. Nicodemo fue de noche a visitar a Jesús (Jn 3:2)

Nicodemo le expresó a Jesús que lo reconocía como “un maestro que ha venido de parte de Dios, porque nadie podría hacer las señales que tú haces si Dios no estuviera con él”. Jesús se podría sentir halagado con tal reconocimiento pero le dijo: “De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios (Jn 3:3)

¿Por qué el Señor lo recibió de esta manera? Nicodemo basaba su afirmación sobre las señales que hacía. La escritura dice que “Jesús no se fiaba de los que creían en él por las señales, porque conocía el interior del ser humano” (Jn 2:23-25)[2]. Nicodemo no podía avanzar con solo el hecho de reconocer señales o bien basarse en lo bueno que hacen otros, ya sean instituciones o personas. Este no era el punto. El tema central es que tenía que comenzar de nuevo y volver al inicio.

Si Jesús iba a compartir con Nicodemo el verdadero significado de su venida entonces tenía que romper sus esquemas y el marco de referencia de aquel. No podía avanzar hacia Jesús con su posición social y conocimiento.

 Nicodemo tenía que eliminar su manera de ver las cosas. Implicaba ir al Señor con una actitud de humildad  y reconocer que nuestros marcos referenciales (trasfondo, experiencia, tradición y vivencia) no son suficientes. Nuestro trasfondo cualquiera que sea no garantiza que vivimos en una correcta relación con Dios y con nuestro prójimo. Jesús nos vuelve a decir: “Tienen que nacer de nuevo” (Jn 3:7).

 Su identidad como judío y fariseo fue cuestionada. Es necesario recordar que los fariseos constituían un grupo religioso que la mayoría de los judíos admiraba. Jesús nos confronta con nuestra identidad, quien realmente soy y que pretendo. Nos habla de la importancia de ver el Reino de Dios.

El evangelio de Juán nos presenta a un Jesucristo que nos desafía. Si alguien no cree lo confronta a ver la presencia de Dios en lo que hace y dice (Jn 1:50)

¿Por qué Jesús procede así? Porque somos pecadores y es por eso que el Reino de Dios no puede venir como algo más para agregar. No es adicionar algo a la vida. Surge como confrontación y desafío. Si queremos entrar en el Reino no podemos dar un paso más en la vida como la hemos llevado. Jesús busca una transformación que va más allá de ser religioso o de asistir a los cultos. Es una invitación a ir al principio, comenzar de nuevo, un proceso de crecimiento y transformación. Es nacer de nuevo, “desde arriba” o “de lo alto”. Es nacer del Espíritu.

 Nicodemo estaba respondiendo como lo hacían las autoridades del Templo y tomó las palabras de Jesús de manera literal. Tenía la oportunidad de entender bien lo que Jesús había dicho, pero escogió hacerse el tonto. Jesús tuvo paciencia y le hizo un planteamiento más directo: “quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3:5).

Un maestro como Nicodemo debía reconocer en estas palabras una referencia al profeta Ezequiel qu en su descripción de la salvación hablo de la necesidad de ser transformado: “Los rociaré con agua pura, y quedarán purificados. Los limpiaré de todas sus impurezas e idolatrías. Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y hare que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes” (Ez 36:25-27)    

Nacer del Espíritu representa el poder divino. “El ser humano tiene que pasar por una transformación que uno mismo es incapaz de lograr y que debe venir como don de Dios. Esta fuera de nuestro poder y control”[3]. Jesús hablo del Espíritu como el viento (Jn 3:8) y ambos están fuera del poder humano: van donde quieren sin poder entender desde donde se mueven o a donde van. Nicodemo había comenzado la conversación con una pretensión de control  diciendo “sabemos” y tenía que ser cambiado en cuanto a su concepto de pertenecer a los entendidos  para recibir la nueva vida de Jesús.           

 El Reino de Dios nos confronta y a su vez nos invita a todos.  Nos invita a nacer de nuevo y a participar en la misión de Dios. “Nicodemo no se tenía que ver como un maestro de Israel sino como alguien herido con necesidad de curarse por el poder de Dios”[4] (Jn 3:14). Es un llamado a reconocer nuestra limitación, renunciar a nuestras pretensiones y dejar que Jesús nos salve.

 La venida de Jesucristo sigue generando una crisis en el mundo de hoy. La crisis es esta: hay que definirse. El nuevo nacimiento viene de lo alto o desde arriba pero sucede aquí en la tierra. Si Nicodemo quería entrar a la vida celestial tenía que arreglar sus cuentas aquí y ahora. La necesidad de nacer de nuevo o volver a cero en la vida es la necesidad de responder hoy (Jn 3:16-21)

En estas escenas hay un llamado de Jesús para todas las autoridades religiosas. El evangelista Juan al comentar la purificación del templo (Jn 2:13-25) y luego lo sucedido con Nicodemo pone de relieve lo que está en juego. Nicodemo representaba a toda una clase dirigente. Pero también nos representa a todos nosotros porque el corazón del hombre traspasa toda clase social y es el mismo corazón.

Jesús también invita a su iglesia a ver el  Reino de Dios. Si alguien cree también lo sigue confrontando y desafiando (Jn 4:48). Nos invita a iniciar un proceso (Jn 4:46-54).

 Nicodemo en los tiempos que escribe Juan también podría representar “a los cristianos de trasfondo judío quienes en el tiempo de Juan querían mantener secreta su fe en Jesús, para no entrar en problemas con los demás judíos de la sinagoga. Según esta perspectiva, la referencia al agua en Jn 3:5 ‘quien no nazca de agua’ tiene que ver con el bautismo cristiano: es un llamado a los contemporáneos de Juan a declararse públicamente por la causa de Jesús, arriesgando su expulsión de la sinagoga”[5].

Nicodemo empezó a salir de la oscuridad para encontrarse con la luz y aparece más adelante arriesgándose a favor de Jesús (Jn 7:50-51). Los dirigentes querían arrestar a Jesús y menospreciaban al pueblo (Jn 7:32, 48-49). Las autoridades pretendían realizar un proceso legal sin escuchar al acusado. Nicodemo aparece en defensa de Jesús y abre una grieta en la estructura del poder.

Los que tenían que ser pastores de Israel y buscar el bien de la gente hacían lo opuesto. No ponían sus estudios y capacidades  al servicio de las ovejas necesitadas. Su posición era para jactarse, distinguirse y maldecir a la gente (Jn 7.49). Ellos buscaban su propia gloria (Jn 5:44, 7:18). “La contradicción entre la actitud de las autoridades y la de Jesús no puede ser más radical: vivir la fe como medio de promoción propia es lo opuesto a vivirla como servicio de amor a los demás”[6]. Jesús nos confronta a revisar nuestra vida: ¿servir a los demás o buscar nuestra propia gloria?

Nicodemo se transformó en discípulo. Lo encontramos finalmente junto a José de Arimatea. Ellos tomaron el cuerpo de Jesús para darle sepultura (Jn 19:38-42). Esto requería valor y fue parte de un proceso que lo transformó en seguidor de Jesús. En el momento de la crucifixión vio la gloria de Dios encarnada en la persona de Jesucristo (Jn 12:32). Juan, seguramente narra estos acontecimientos con la esperanza y propósito de provocar una trasformación en los cristianos secretos de su tiempo.

No podemos domesticar el Reino de Dios a nuestra forma de pensar y ser. Su Reino viene para todos, incluso para nuestros enemigos y somos llamados a ser testigos. La crucifixión y resurrección de Jesucristo nos atraen a El mismo y el poder del Espíritu Santo nos debe llevar de todas partes a todos lados

 Jesús pretende dirigir el Reino Universal por lo tanto Jesús nos confronta. Su Reino es una invitación abierta para aceptar sus prioridades. El Reino de Dios es un proyecto universal para todas las etnias, culturas y lenguas.

 Preguntas para la reflexión

 ¿Qué significa creer? ¿Qué implica el nuevo nacimiento?

 ¿En qué casos Jesús nos confronta? ¿Cuáles son nuestros marcos referenciales o trasfondos que nos pueden dejar atados y no avanzar en el Reino de Dios?

 ¿Qué cosas nuevas tiene que hacer el Espíritu de Dios en nuestras propias vidas y la vida de la  iglesia? ¿Cuáles son los puntos en los cuales necesitamos arrepentimiento y cambio de dirección?

 Carlos Scott

Misión Local y Global (GloCal)



[1]Slade, Stan: Evangelio de Juan, Comentario Bíblico Iberoamericano, P. 81, Ediciones Kairos 2006

[2]Ibíd.,  Evangelio de Juan, Comentario Bíblico Iberoamericano, P. 80, Ediciones Kairos 2006

[3]Ibíd., Evangelio de Juan, Comentario Bíblico Iberoamericano, P. 88, Ediciones Kairos 2006

[4]Ibíd., Evangelio de Juan, Comentario Bíblico Iberoamericano, P .88, Ediciones Kairos 2006

[5]Ibíd., Evangelio de Juan, Comentario Bíblico Iberoamericano, P. 89, Ediciones Kairos 2006

[6]Ibíd., Evangelio de Juan, Comentario Bíblico Iberoamericano, P. 179, Ediciones Kairos 2006

Carlos Scott

Autor: Carlos Scott

Carlos es miembro del comité ejecutivo y del consejo de liderazgo global de la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial (WEA), Reside en Buenos Aires.


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