Venga conmigo al Seminario ESEPA en Costa Rica. En la clase somos yo y los alumnos avanzados de griego koiné, el idioma del Nuevo Testamento y la Septuaginta. Lo estudiamos, tan difícil como es; de la misma forma, si alguien quiere ser profesor de Cervantes, debe conocer el español.

Esta noche tengo una sorpresa para ellos: Digo, (1) Casi sin excepción, cuando predico, estudio el pasaje en el original hebreo o griego. (2) Sin embargo, casi nunca menciono ninguna palabra antigua en el púlpito. (3) Si no podemos explicar las Escrituras en castellano claro y preciso, entonces nosotros realmente no las entendimos y no debemos estar en el púlpito.

Mi experiencia ha sido que, un predicador quien conoce bien los idiomas bíblicos, no habla en esos idiomas durante un sermón; además, cuando alguien siempre menciona las lenguas antiguas, generalmente es una persona que tiene un entendimiento superficial de ellas. Quizás saben manejar los números de la Concordancia de Strong, sin embargo, esto no es igual a la habilidad de leer los idiomas.

Debemos imitar a los profetas y los apóstoles, y ellos raramente usaron palabras extranjeras. Por ejemplo, en el griego original de 1a de Cor 1:30, Pablo cita en griego el texto de Jer 9:24, El que se gloría, gloríese en el Señor. ¿Podemos imaginar a Pablo diciendo que, “Bueno, en el hebreo original, el verbo en la forma Hithpa’el significa jactarse, gloriarse”? No, y ¿por qué no lo hace? Porque el intento de Pablo es explicar en el idioma de sus oyentes (griego koiné) lo que significa gloriarse en sí mismo y por qué debemos hacer a Dios el centro de nuestra existencia. ¿Qué tipo de ventaja podría venir de emplear la palabra hebrea, sobre todo cuando no agrega ninguna luz adicional a la verdad de Dios?

Hay otras razones teológicas a favor de predicar y enseñar en español claro: la ley del amor; la doctrina del sacerdocio de todos los creyentes; la doctrina de la confiabilidad de las Escrituras.

Doctrina 1 – La ley de amor. El Segundo Mandamiento es que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos. La gente que es amorosa no es “arrogante, jactanciosa” (1 Cor 13:4); obedece el precepto “No hagáis nada por rivalidad ni por vanagloria” (Fil 2:3). Al usar el griego o el hebreo en una enseñanza, uno podría elevarse por encima de la grey de Dios. Parafraseando al apóstol, “en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi sentido, para que enseñe también a los demás, que diez mil palabras en hebreo, arameo, griego o latín.”

Doctrina 2 – La doctrina del sacerdocio de todos los creyentes. Pedro dijo que cada creyente es parte de un “sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Ped 2:5). En esta época, ningún maestro debe insinuar que él es el “sacerdote” o “experto” o el “cura” o hasta el “rabino prestigioso” para impresionar a la congregación con su erudición. Un ejemplo raro se encuentra en algunas ramas del movimiento mesiánico: en México, a algunos no se les dice “pastor” sino “roe.” ¿Y, qué significa roe? Bueno, significa “pastor,” y ya. Entonces, me pregunto, ¿por cuál razón usan el término hebreo? Sugiero que es para que ese grupo reclame un nivel más alto de “autenticidad” – nuestro “roe” es más legítimo que tu “pastor.”

Doctrina 3 – La doctrina de la fiabilidad de las Escrituras. Evitemos el peligro de insinuar que “Sí, dice esto en su versión castellana, pero en el original realmente significa X.”

Siempre la gente se me acerca para preguntarme, “Bueno, ¿qué significa esta palabra en el original?” Sabe que, mi respuesta, 98+% del tiempo es, “lo que dice en su versión es lo que significa.” Los expertos en los idiomas trabajan en comités y pasan miles y miles de horas para producir cada nueva versión.

Ahora pensemos en cómo los agentes del hebreo y griego, personas que por lo general no han estudiado los idiomas a fondo, trasmiten “mitos” o tradiciones, cosas que han escuchado de otra persona sin mucha experiencia en los idiomas.

Mito 1 – El Hebreo es el único idioma santo, y el único medio de comunicar la Palabra. FALSO. Si ese fuera el caso, entonces ninguna versión castellana serviría, incluso las versiones “mesiánicas,” las cuales son 95% español con unas palabras agregadas. Pero no: el Poderoso puede comunicarse en hebreo, griego, español, chino, sea lo que sea. Algunos argumentan que Dios siempre habla en hebreo, o que Adán y Noé y Abraham hablaron en hebreo; no es así, el idioma hebreo nació mucho más recientemente, en el período de 1400-1200 a. C. El hebreo fue usado para propósitos santos (por ej., le profecía auténtica de Jeremías) y también fines impuros (la profecía falsa en Jer 23:11 – “Tanto el profeta como el sacerdote son unos impíos, dice Jehovah. Aun en mi casa he hallado su maldad”). [2] Entonces, la idea de que el hebreo es el único idioma divino, o sea, la doctrina de Leshon Hakodesh (en hebreo, לשון הקודש), no tiene ningún apoyo bíblico ni histórico.

Mito 2 – El Nuevo Testamento fue escrito en hebreo. FALSO. Es bastante probable, que Mateo escribiera el primer borrador de su evangelio en hebreo o, mejor, arameo, pero la evidencia no es clara. Si alguien quiere decir que ningún judío hablaba un idioma “pagano” como el griego, bueno los súper estrictos esenios de Qumrán usaron el hebreo, arameo y griego y es muy probable que Jesús y los apóstoles tuvieran la habilidad de conversar en griego. También es claro que el Hijo de Dios predicó en arameo, un idioma bastante babilónico, no menos “pagano” que el griego o el latín.[1] Por otro lado, cuando Pedro predicó el Día de Pentecostés o Shavuot, lo hizo en griego, el único idioma que todos los oyentes entendían. Cuando los apóstoles escribieron sus 27 libros, lo hicieron en el idioma universal del día, griego koiné; miles y miles de copias del Nuevo Testamento en griego lo prueban, mientras que no hay ninguna copia antigua de ninguna teórica versión hebrea.

Mito 3 – El Griego es un súper-idioma, el mejor medio de comunicación que jamás ha existido. FALSO. Griego no fue un idioma más preciso que otros. Por ejemplo, ¿debemos bautizar “por,” “en” o “hacia” el nombre de Jesús? (Hechos 19:5). Todos son posibles. En Juan 14:1b, ¿dice Jesús que “Creéis en Dios; creed también en mí”; o “Creed en Dios, creed también en mí”; o “Creéis en Dios; creéis también en mí”? Todos son traducciones posibles, según el griego: entonces, hay que determinar su significado al leerlo en su contexto. Cuando tiene que ver con los tiempos verbales, el griego no es más o menos preciso que el español – ¡y el “aoristo” no significa una acción puntual!

Mito 4 – Las palabras griegas comunican más información que la que una traducción castellana puede comunicar. FALSO. Siempre es difícil traducir una palabra de un idioma a otro, sin embargo las palabras griegas no son más o menos “densas” que las palabras en español. Ni tiene el griego un vocabulario gigantesco y técnico. De hecho, hay quizás 5.400 vocablos en el Nuevo Testamento griego; la Biblia hebrea tiene 6.000; español tiene 100.000.

Mito 5 sobre ciertas palabras. Los predicadores “corrigen” la versión castellana, diciendo por ejemplo, que agapé significa amor divino, y que philé es el humano (ver Juan 21:15-17). No es seguro; y agapé es amor del mundo en 1 Juan 2:15. Algunos distinguen entre rhema y logos, aunque ningún lector de la Biblia original haría esta distinción. La idea de que jarmartia o armatia significa “no dar en el blanco” – no es así tampoco. Todas éstas son tradiciones sin fundamento.

Conclusión

El Señor condenó a ciertos maestros de su época, pues “Aman los primeros asientos en los banquetes y las primeras sillas en las sinagogas, las salutaciones en las plazas y el ser llamados por los hombres: Rabí, Rabí” (Mateo 23:6-7). Hoy en día, algunos maestros buscan un estatus más alto por su ropa fina o relojes caros; otros por pretender que tienen una conexión especial con el Señor o alguna unción sobresaliente; otros por hacerse “apóstoles” o “patriarcas” o “rabinos”; algunos se jactan del tamaño de su congregación. Y aquí hemos visto, qué pena si usamos palabras antiguas para hacernos “expertos” de la Palabra, y especialmente cuando no hemos alcanzado el estudio necesario.

NOTAS

[1] Por ej., Esdras y Daniel tienen porciones de la palabra del Señor en arameo, el idioma de la Babilonia pagana. Daniel oró en arameo en Dan 2:20-23. Jesús dijo, entre otras cosas, estas palabras arameas: Talita cumi, Marcos 5:41; Efata, Marcos 7:34; Cefas, también Bar-Jonás o sea, hijo de Jonás, Juan 21:15; Boanerges, Marcos 3:17). Maranata es arameo. En su momento más íntimo con el Padre, Jesús lo llamó Abba, la palabra aramea de “padre” (Marcos 14:36. Si el Dios Poderoso puede comunicar su palabra en arameo, un idioma sumamente “pagano,” entonces ¿dónde está el problema si Dios quiere comunicar su palabra en griego o cualquier idioma del mundo?

[2] Aunque algunos mesiánicos de hoy crean que el hebreo es la única lengua para trasmitir la verdad de Dios, los rabinos antiguos creyeron algo muy diferente. Basado en su idea de que había 70 naciones y 70 idiomas en el mundo, dijeron que antes de dar la Ley a Israel frente al Sinaí, Dios la había ofrecido a las 70 naciones del mundo en sus 70 idiomas; la rechazaron (Midrás Sifri, Deut. 343). Luego, los israelitas hicieron algo similar (m. Sotah 7.5 – “Y escribieron sobre [el altar] todas las palabras de la Torá en 70 idiomas”). Un erudito es alguien quien conoce 70 idiomas; así fue José, según la tradición rabínica.

“‘Pero el hebreo realmente dice…’ Por qué no debemos hablar de los idiomas bíblicos en el púlpito – Parte 1,” por Gary Shogren, PhD en Exégesis del Nuevo Testamento, Profesor en Seminario ESEPA, San José, Costa Rica

Gary Shogren

Autor: Gary Shogren

ha sido profesor de Nuevo Testamento por 26 años. Escritor de varios artículos y libros. Actualmente es profesor en el Seminario ESEPA en San José, Costa Rica.



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