“Hay algunos seres sobre la tierra —replicó el Espíritu— que pretenden conocernos, y que realizan sus acciones de pasión, orgullo, malevolencia, odio, envidia, santurronería y egoísmo en nuestro nombre, y que son tan extraños para nosotros y para todo lo que con nosotros se relaciona, como sí nunca hubieran vivido. Acordaos de ello y cargad la responsabilidad sobre ellos y no sobre nosotros”.

(Espíritu de la Navidad Presente en “Canción de Navidad”, de Charles Dickens)

 

Pido perdón a quienes hayan sufrido por emisarios o sistemas relacionados al cristianismo.

Gente que aguantó abusos morales, físicos, psicológicos y espirituales por parte de autoridades religiosas.

Personas que padecieron el incumplimiento de promesas ilusorias de humana factura.

Hombres y mujeres que fueron víctimas de la estafa de quienes solo piensan en lucrar.

Seres humanos que vieron con sus propios ojos la doble moral de aquellos que dicen pero nunca hacen.

 

Pido perdón a quienes hayan vivido subyugados dentro de estructuras religiosas asfixiantes.

Gente que soportó la imposición de un dios que nada tiene que ver con el cristianismo.

Personas que toleraron por muchos años que usurparan su libertad de conciencia.

Hombres y mujeres cuyos cuestionamientos se vieron limitados o recibieron elusión como respuesta.

Seres humanos que sufrieron en carne propia las consecuencias de enseñanzas distorsionadas.

 

La Navidad me recuerda el nacimiento del niño Jesús en el pesebre de Belén.

Aparecido en un contexto de pobreza, rechazo y discriminación.

Donde los distraídos de la sociedad no lograron percibir lo que ocurría.

Momento en que la divinidad se mostró primero a los humildes.

 

La Navidad me recuerda que el cristianismo no consiste en palabrerías ni verborrea.

Que nada tiene que ver con las luchas de poder ni la persecución de la fama.

Que muy lejos está de las pirámides humanas donde unos aventajados oprimen a otros desfavorecidos.

Que no existe ni está presente donde hay santurronería, soberbia, egoísmo, discriminación y doble vida.

 

¡El cristianismo es otra cosa!

 

Es paz en el corazón. Alegría compartida con el hermano. Perdón que se traduce en gestos. Gestos que se vuelven acciones. Amor que se entrega por el prójimo. Compromiso con Dios y su creación. Lucha por la dignidad humana. Denuncia, propuesta y entrega. Libertad del imperio del “yo”. Aprendizaje continuo. Humildad para admitir errores. Sencillez de corazón. Austeridad en el modo de vida. Razón sazonada con fe. Respuesta a muchos interrogantes de la vida. Interrogantes que quedan sin respuesta. Consuelo en las aflicciones. Experiencia individual y comunitaria. Cambio interior que promueve la transformación exterior. Diálogo en las diferencias. Respeto por las divergencias. Y muchas cosas más.

 

Alguien dijo tiempo atrás: “¿Cómo es posible que el mejor mensaje que existe, esta hermosa vida de amor y esperanza y paz, se convirtiera en otra cosa? ¿Cómo terminaron tan pocos hablando por tanta gente? Somos muchísimos los que realmente queremos seguir a Jesús. Quienes creemos en él cuando dice que vino a darnos la vida y la vida al máximo. Queremos la mejor vida posible aquí y ahora, la que es eterna, a la que Jesús nos invita”.

 

En esta época navideña pido perdón a toda persona a quien el cristianismo, sea la rama que fuere, haya decepcionado. Y extiendo una invitación mutua para que nos acerquemos y redescubramos a quien yace recostado en aquel antiguo pesebre.

Cristian Franco

Autor: Cristian Franco

Nacido en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina), Cristian Franco es un evangelista que sirve al Señor desde su adolescencia. A través de los años, sus estudios en Comunicación y en Teología le han brindado elementos de preparación útiles a la hora de predicar el mensaje del Evangelio, acompañando su vocación con un fuerte énfasis solidario en relación a la acción social.

Desde 2004 Cristian Franco es evangelista asociado del Dr. Palau, integrando el equipo de la Alianza de la Próxima Generación. Ha tenido la oportunidad de ser columnista y publicar sus creaciones en distintos medios de prensa. Es autor del libro “¡Respira! Aliento fresco para tu espíritu”. Desde diciembre de 2007 integra oficialmente el Consejo Directivo de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA). Cristian y su esposa son miembros activos de la “Iglesia Jesús 100 % Vida” en la Ciudad de Buenos Aires. Además sirve como miembro del Equipo Nacional Argentino de “La Bolsa del Samaritano”. Su mayor pasión es desarrollar todo lo necesario para ayudar a que personas de toda edad, nacionalidad, cultura y situación económica puedan conocer el amor de Dios expresado a través de Jesucristo.


Etiquetas:


No te lo pierdas

Recibe lo último en noticias, contenido, y más de Ayuda pastoral —¡inscríbete hoy!