La predestinación y la responsabilidad humana se encontraron en Cristo cuando fue condenado. Fue “entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios”, y, sin embargo, el mismo versículo dice: a quien “prendisteis  y matasteis por manos de inicuos, crucificándole”. El propósito eterno de Dios se realizó en la muerte de Su Hijo. ¡La muerte de uno por muchos! Así el creyente puede decir: “Cristo me abrazó con todo mi pecado y mi culpa para que yo pudiera abrazarle en toda Su justicia”. Eso es lo que Lutero tenía en mente cuando dijo: “Él murió por mí; hizo mía Su justicia e hizo Suyo mi pecado; y si hizo Suyo mi pecado, entonces yo no lo tengo, y soy libre”.

Allan Román

Autor: Allan Román

Tiene un Certificado de Teología de Spurgeon’s College, Londres y traduce: www.spurgeon.com.mx


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