La Iglesia el Cuerpo de Cristo  –  la morada de Dios por el Espíritu

Efesios 2:17-22

Dr. G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico río Grande

 La Epístola de Efesios se reconoce como la epístola que destaca la Iglesia de Cristo, como el Cuerpo de Cristo. A veces se llama la Iglesia Mística y Universal. Pablo fue llamado precisamente a ser el Apóstol a los Gentiles. A él  le dio Dios el honor de anunciar este Gran Designio. Tanto en la doxología  (Efesios 1:3-14) como en la oración magnífica (vv. 15-23) y también en trazar la maravilla de la salvación (2:1-10), vemos el propósito de reunir a los judíos con los gentiles en “un solo y nuevo hombre” o una humanidad espiritual.

Pablo anuncia con claridad esta finalidad de Dios cuando envió a su hijo quien en la cruz logró esta gran unión espiritual. “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (vv. 14-16).

Pablo ha mostrado cómo Dios lo hizo. “A quien Dios puso como  propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto en su paciencia, los pecados pasados” (Romanos 3:25).

Brilla esta verdad como el sol en su zenit. Todo gira alrededor de la Cruz, la muerte y el derramamiento de la sangre de Jesús, tomando sobre sí la ira de Dios para que no nos quedara ninguna jamás. En su resurrección Dios lo aprobó y por fe en él nos reunió en su muerte, sepultura, resurrección y ahora estamos sentados con él en lugares celestiales. Esto es la maravilla de la herencia tanto del judío que cree como el gentil que recibe la gracia de Dios.

Vislumbres en Isaías del amor de Dios para con los gentiles

 Desde la caída del hombre en el Huerto de Edén era evidente que Dios quería alcanzar en su misericordia a su creación a pesar de la rebeldía de todos;  siempre habría un remanente de la fe, “la simiente de la mujer” (Génesis 3:15). Cristo el Mesías quebraría la cabeza de la serpiente. Había la fe de Abel, el ministerio y el arrebatamiento de Enoc y la obediencia de Noé. En esa época Dios había estructurado a la familia y el gobierno civil del mundo.

Pareciera un concepto muy limitado que Dios no tenía tanto interés en los gentiles, sólo en los judíos, pero la Biblia no apoya de ninguna manera ese concepto. Pero Dios en elaborar su plan optó por hacer un pacto incondicional con Abraham, el padre de  la fe.  El eje de todo sería la “simiente de la mujer” en la concepción de la virgen cuyo nombre del Mesías sería Emanuel, “Dios con nosotros” (Isaías7:14). Dios iba a dar testimonio a los gentiles por medio de su pueblo aunque sabía que Israel no sería un ejemplo perfecto.

Pero a Isaías Dios le dio el plan original para alcanzar a los gentiles por medio de su siervo, un pueblo separado y santo y a la vez su representante entre las naciones. “Mi siervo eres, oh Israel porque en ti me gloriaré . . . poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Israel . . . también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra” (Isaías 49:3,6).

Con la elocuencia de Isaías aun en el Antiguo Testamento Dios anunció su amor para con todos: “He visto sus caminos; pero sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él y a sus enlutados; produciré fruto de labios: Paz, paz al que está lejos (los gentiles) y al cercano (los judíos), dijo Jehová; y lo sanaré” (Isaías 57:18,19; véase Efesios 2:13,19).

En una serie de visiones sobre su Siervo Sufriente desde Isaías 42-53, Dios dio a entender que

Israel, cierto tipo del Mesías, sería luz a los gentiles. Pero en el desarrollo final de su plan, iba a

ser muy claro aun antes de la profecía de Isaías 53 que sería a través del Mesías mismo.

Pablo luego en Romanos 10: 14-19 hará las cinco famosas preguntas misioneras:” ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Y ¿cómo predicarán si no fueren enviados?” Y luego Pablo mismo cita a Isaías: “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica la salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!” (52:7).

Tomando en consideración la profecía de Isaías 53 podemos ver claramente lo que sería y sólo a través del Siervo Sufriente. “Pero  cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió  a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley (los judíos), a fin de que recibiésemos la adopción de hijos (los gentiles)” (Gálatas 4:4,5).

Jesús y su profecía soberana de la Iglesia     Mateo 16:13-20

Pablo recuerda bien los antecedentes del plan de Dios hacia los gentiles y su mensaje. “Y vino (Cristo) y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca” (Efesios 2:17). En la encarnación Cristo “tabernaculó” con nosotros, se hizo carne para introducir la obra redentora y reunir a los dos mundos diversos en “un solo y nuevo hombre.”

En medio de su ministerio de tres años, el momento crítico fue cuando Jesús les preguntó a sus discípulos: “Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” En tal momento Pedro por revelación del Padre respondió: “Tú eres el Cristo, Hijo del Dios viviente.”  La respuesta de Jesús  es asombrosa: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne  ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” Ahora viene lo clave “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y  sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella . . . .” (Mateo 16:13, 16, 18, 19). La roca sería aquella confesión tan clara de Pedro.

Cristo vino para edificar a su iglesia y prometerles que ni Satanás ni ninguna otra cosa podría prevalecer contra ella. Desde la eternidad pasada, nos había escogido en Cristo y haría la obra, dejándola aún en manos de los discípulos débiles. Todo el ministerio de Jesús tenía el propósito de entregar, al final de cuentas, a los discípulos el encargo de la iglesia en la inauguración de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo en el Día de Pentecostés. Dios haría una cosa nueva.

Cuando llegaron los griegos deseando ver a Jesús, respondió a sus discípulos por decir:” Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” – una referencia clara de su propia muerte vicaria pendiente (Juan 12:23,24). En el aposento alto Juan escribe: “Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1).

En las últimas horas de su vida con los once, compartió su alma y les enseñó a estos improbables que recibirían la última comisión, pero no sin la llegada en poder del Espíritu Santo. De él Jesús les habló en esas  horas. “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14: 26,27).

Cristo ya resucitado les dio la gran Comisión: “Y recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8). Con razón Cristo edificaría su iglesia.

La cumbre de la Iglesia  “un solo y nuevo hombre”   el Cuerpo de Cristo   Efesio 2:19-22

 Por tercera vez Pablo vuelva a llamarnos la atención a la previa suerte fatal de los gentiles: 1.) estabais muertos en delitos y pecados en los cuales también en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo . . . (vv.1,2).  2.) en cuanto a la carne erais llamados incircuncisión .  .  . estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel . . . . (vv. 11,12).  3.) Así  ya no sois extranjeros ni advenedizos sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios” (v.19).  Esta repetición sirve para marcar el tremendo paso para delante de los gentiles ante Dios.  Así vemos el corazón misionero de Dios mismo.

¿Cuál es la cumbre?  En pocas palabras, Pablo dice que en Cristo somos todos de la misma familia de Dios y además, a la vez, el nuevo templo de Dios que llega a ser la morada de Dios por el Espíritu.  Éste es un paso paradigmático. La Cruz nos ha unido de tal manera que una figura sola no puede abarcar la profundidad del nuestra posición en Cristo. Se requiere otra figura la del templo, procedente del Antiguo Testamento pero sería templo en una dimensión infinitamente mayor.

Somos miembros de la familia de Dios    Efesios 2:19

En el mundo en que vivimos no hay una relación más íntima que la de la familia. Ser miembro de una familia donde reina la paz y la aceptación incondicional es un vínculo imprescindible. Uno “está en casa” y todo lo que ello significa. Hay entrada, hay salida y confianza sin límites. En la cultura hispana es una de las marcas más notables y apreciadas.  Antes en pecado  éramos enemigos, hostiles, derrotados, pero ahora somos hijos adoptados. Somos herederos con Dios y co herederos con Cristo (Romanos 8:17).

Tantas veces vivimos pobres como mendigos, no aprovechando las riquezas que tenemos en Cristo. “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío, ni griego; no hay eslavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26-28).

Somos el templo de Dios quien mora en los suyos por el Espíritu Santo    Efesios 2: 20

 Pablo continúa describiendo la posición de los dos mundos hecho uno “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”

(v.20). Una vez más Pablo vuelve al Antiguo Testamento para describir más claramente las verdades del Nuevo Testamento; tal es la íntima relación entre los dos testamentos. “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo” (Salmo118:22). Marcos cita este texto y agrega: El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos” (Marcos 12:11).

El versículo expresa claramente la verdad nueva que Dios introdujo en el Día de Pentecostés. El remanente santo del Antiguo Testamento tuvo su época de servir el propósito de Dios: revelar la naturaleza de Dios e introducir al Mesías.  Pero la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, es el instrumento de Dios para alcanzar al mundo hasta que Cristo vuelva. Entonces Israel será re establecido en el milenio para reinar con Cristo (Romanos 11:25-29). En la eternidad tanto los judíos redimidos como los gentiles rescatados reinaremos y glorificaremos a Cristo, la Cabeza de la Iglesia.

Cuánto más vivo y estudio el Antiguo Testamento tanto más  me doy cuenta de la importancia del Antiguo para entender el Nuevo.  San Agustín dijo bien: “El Antiguo está explícito en el Nuevo y el Nuevo implícito en el Antiguo.”

La figura de la “piedra de ángulo” sugiere varias cosas: la primera puesta que da orden, posición crítica y simetría; las demás piedras toman su posición de acuerdo con la primera; todo el edificio depende y toma su belleza y fuerza de la piedra de ángulo.  Tal es un hermoso cuadro de Cristo quien es “el primogénito de toda la creación . . . y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1: 15, 18).

Hay otra ilustración del Antiguo Testamento que ilumina el cuadro de iglesia como un templo. “En quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor” (v.21). En el dar de la ley Dios introdujo el Decálogo con los diez mandamientos.  Pero juntamente con esas demandas,  Dios introdujo el concepto del tabernáculo donde en el lugar santísimo su gloria Shekinah sería la evidencia de su presencia santa entre ellos. Iba a morar entre ellos en camino de Egipto. “Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo sobre el propiciatorio, entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio todo lo que te demandare para los hijos de Israel” (Éxodo. 25:22).

En el desierto Dios ordenó vivir las doce tribus alrededor del  tabernáculo. Su presencia estaría en medio de las tribus: tres tribus por los cuatro lados. “Habló Jehová a Moisés y a Aarón diciendo los hijos de Israel acamparán cada uno junto a su bandera, bajo las enseñas de las casas de sus padres; alrededor del tabernáculo de reunión acamparán” (Números 2:1,2).

La gran diferencia entre los dos templos es que en el templo anterior su gloria Shekinah estuvo en medio del pueblo, pero en la Iglesia Dios mismo morará por su Espíritu. Así va creciendo en un templo santo como un organismo vivo y espiritual llegando a ser en sí la misma morada de Dios.  Pablo destaca este gran avance. Pedro concuerda con este paso paradigmático: “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2: 4,5),

Pablo termina por decir a los gentiles de Éfeso: “En quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (v.22)  En el Antiguo Testamento hubo la sombra  prometiendo algo mejor, pero ahora en el Nuevo Cristo es la sustancia creando los dos un solo y muevo hombre mediante la cruz.

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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