La Paz de Dios
Dios es el ser más seguro del universo. No sólo por la seguridad objetiva que posee—nada le puede vencer o destruir. No tiene que poner cerrojos ni sacar seguro médico. Él también experimenta la mayor seguridad subjetiva que se pueda experimentar. No tiene sustos ni espantos, ningún temor al futuro, disfruta de satisfacción plena y de contentamiento y gozo perpetuos. Vive en el disfrute total de la paz—el ser más seguro del universo.
El tema del que quiero hablarles es el tema de la paz. Y aunque quiero hablar de la “paz de Dios”, en realidad quiero hablar de la “paz de Dios en nosotros.” La paz de Dios debe venir a ser la paz de Dios en nosotros.
Todos quieren vivir en paz: disfrutar de una vida libre de conflictos y problemas. ¿Qué evoca la palabra “paz” para ti? ¿Bienestar? ¿Satisfacción? ¿libertad de perturbaciones y preocupaciones? ¿prosperidad? ¿tranquilidad? ¿salud? ¿cero conflictos? ¿descanso? Todas estas cosas están incluidas en el uso que generalmente se ha dado al término. De hecho, cuando estudiamos el AT podemos observar la importancia que el término tenía para las personas. El Shalom de Dios era algo muy anhelado y esperado. Estaba incluido en el saludo tradicional entre las personas. Todavía al día de hoy judíos y musulmanes usan la expresión “la paz sea contigo.”
Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo.” (Isaías 32:16–18, RVR60)
La manera en que quiero desarrollar esta meditación es haciendo varias declaraciones con respecto al tema derivadas de las Escrituras.
1.  Dios se describe a sí mismo como un Dios de paz.
·     “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Tes. 5:23, RVR60)
·     “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros.” (Rom. 16:20, RVR60)
·     “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos,” (1 Cor. 14:33, RVR60)
·     “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.” (Fil. 4:9, RVR60)
·     “Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros.” (2 Tes. 3:16, RVR60)
·     “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.” (Hebreos 13:20–21, RVR60)
·     “Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.” (Rom. 15:33, RVR60)
Estamos más acostumbrados a escuchar que “Dios es amor”. Pero como pueden observar, la Biblia enfatiza que nuestro Dios es paz. Es un Dios de paz, caracterizado por la paz. El mismo experimenta paz. Es la fuente de la paz.
2.  Nuestro Mesías es identificado como “Príncipe de paz.”
Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6, RVR60)
Hay varias profecías que hacen referencia al reino de paz que Cristo traerá. En su primera venida hizo la obra que nos concede la paz con Dios, que nos garantiza la experiencia de la paz interior y de conciencia. En su segunda venida nos proveerá de la paz circunstancial aun. Por fin habrá verdadera paz, reposo y descanso, seguridad y salud, plenitud de gozo y alegría.
Sólo Él en su venida será el autor de la paz mundial. Es ilusorio esperarla antes.
Obviamente, esta designación de nuestro Salvador nos impone la obligación de ser nosotros también entes de paz: propiciadores tanto de la paz relacional como de la paz personal.
3.  El mensaje con que Dios nos alcanzó y que debemos predicar es un “evangelio de paz.”
·     “Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos.” (Hechos 10:36, RVR60)
·     “Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;” (Ef. 2:17, RVR60)
·     “Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.” (Ef. 6:15, RVR60)
·     “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Rom. 10:15, RVR60)
“Nos encargó el mensaje de la reconciliación” (2 Cor. 5:19).
4.  Dios es la fuente de nuestra paz.
Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros.” (2 Tes. 3:16, RVR60)
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.” (Isaías 26:3–4, RVR60)
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil. 4:6–7, RVR60)
5.  La obra de Cristo garantiza nuestra paz con Dios y nuestra paz personal.
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;” (Rom. 5:1, RVR60)
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5, RVR60)
La Biblia dice que no hay paz para los impíos (Is. 57:21). Éramos enemigos de Dios, dirigiéndonos a una condenación eterna. Pero Cristo nos rescató, nos redimió. Nos trajo a una nueva relación con Dios.
Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,” (Ef. 2:14, RVR60)
La obra de Cristo nos abrió las puertas, para que aún nosotros los gentiles seamos hoy recipientes de las misericordias del Señor. Al recordar la muerte del Señor hacemos bien en recordar que por medio de su muerte hoy tenemos paz con Dios y hemos sido aceptados en su presencia. Aquellos que estaban lejos fueron hechos cercanos.
Hoy gozamos de paz de conciencia por su sangre derramada.
Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:13–14, RVR60) [Ver 10:22]
Pero Cristo también es la fuente de nuestra paz interior.
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33, RVR60)
¿En quién está nuestra paz? “Para que en mí tengáis paz.” Nuestra paz con Dios está anclada en Cristo.
6.  La obra del Espíritu en el creyente es propiciadora de la paz relacional.
Dios hace las paces con nosotros y convierte a sus hijos en embajadores de paz.
Los seguidores del Príncipe de paz son hechos pacificadores.
·     “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9, RVR60)
·     “Pedid por la paz de Jerusalén; Sean prosperados los que te aman. Sea la paz dentro de tus muros, Y el descanso dentro de tus palacios. Por amor de mis hermanos y mis compañeros Diré yo: La paz sea contigo.” (Salmo 122:6–8, RVR60)
·     “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” (Rom. 12:18, RVR60)
·     “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.” (Rom. 14:17–19, RVR60)
·     “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” (Ef. 4:1–3, RVR60)
·     “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.” (2 Tim. 2:22, RVR60)
·     “Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.” (Sant. 3:16–18, RVR60)
El fruto del Espíritu es… paz (Gál. 5:22).
7.  La vida de fe es conducente a la paz interior.
Nuestras preocupaciones y temores revelan nuestra desconfianza en Dios.
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.” (Isaías 26:3–4, RVR60)
Esta es una paz verdadera, completa. Dios hace algo aquí: Él es quien guarda en completa paz. Pero hay algo que hacemos: perseverar en Él con nuestros pensamientos. Debemos confiar en Él, tener fe. A veces creemos más en nuestros problemas que en Dios. Debemos confiar en él perpetuamente porque en Él está la fortaleza de los siglos.
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” (Rom. 15:13, RVR60)
8.  La paz de Dios es diferente a la del mundo.
No la doy como el mundo la da.
·     “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27, RVR60)
Observen que Cristo no estaba prometiendo a sus discípulos que iban a estar libres de problemas. Lo que los apóstoles experimentaron luego de la ascensión del Señor fue todo lo contrario. Tuvieron que confrontar muchas aflicciones y dificultades, persecuciones y tribulaciones, pero tenían la paz de Cristo en sus corazones.
Sobrepasa todo entendimiento.
·     “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil. 4:6–7, RVR60)
Sobrepasa todo entendimiento porque el creyente puede tener paz en condiciones en las que las personas sin Cristo se vuelven locas y se desesperan. La paz del creyente no es normal; es algo celestial. Es la paz de Cristo. La paz de Cristo es real en medio de los problemas.
Conclusión:
a)         Da gracias a Dios por su paz: paz con Él, paz interior, paz con otros. Da gracias a Dios por Cristo, porque sin su obra la paz sería imposible, porque no hay paz para los impíos.
b)         Pide a Dios que te haga pacificador.
c)          Pide a Dios que aumente tu confianza y fe en Él. Pídele que guarde tu corazón en completa paz.
 ©2013 Salvador Gómez Dickson
Salvador Gomez Dickson

Autor: Salvador Gomez Dickson

Pastor en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo y profesor de la Academia Ministerial Logos.


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