“Todas las personas con éxito tienen el hábito de hacer cosas que a los fracasados no les gusta hacer. A ellos tampoco les gusta hacerlas. Pero su disgusto se ve subordinado a la fortaleza de sus propósitos”. Albert Gray (escritor estadounidense)

¡Que levanten la mano quienes suelen sentir falta de ganas para hacer tal o cual tarea! Sí, ya sé. Es probable que más de una persona levante sus dos manos en señal enfática de identificación con esta brevísima encuesta.

En mi caso, suelo experimentar dicha realidad varias veces al año, y por motivos muy diversos. A veces debido al desánimo persistente de quien trata de cambiar realidades que parecieran no tener solución. En ocasiones frente al cansancio normal que llega como producto de las múltiples ocupaciones y responsabilidades. Por momentos a causa de períodos de intensidad en los que se requiere la entrega completa a lo que se está realizando. Y otras veces sencillamente por una tendencia comprensiblemente humana de preferir el descanso antes que el esfuerzo.

¿Qué hacemos cuando no tenemos ganas? ¿Cuándo no sentimos el deseo de seguir adelante?

Me parece que es importante hacer, al menos, dos distinciones. La primera tiene que ver con el tipo de actividades o tareas que tengamos entre manos. ¿Cuál es su importancia dentro de nuestra escala de prioridades y de valores? La segunda está relacionada con la cantidad de compromisos que hayamos asumido. ¿Tengo el tiempo, las fuerzas y la capacidad para asumir todo esto? ¿O tal vez me “metí” en demasiadas cosas y ahora me doy cuenta de que no puedo con todo?

Es cierto que no siempre podemos pasar nuestra vida por el tamiz de estas preguntas y salir airosos. Hay realidades y momentos excepcionales que no permiten ni siquiera la posibilidad de plantearse estas cuestiones. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no se trata de reglas fijas sino de situaciones singulares.

Hecha esta salvedad, creo advertir que vivimos en una época caracterizada por la tendencia a movernos por sentimientos más que por decisiones. Personas que al tiempo de comenzar una actividad determinada o asumir un compromiso específico “abandonan el barco” por motivos tan diversos como la falta de ganas, el desgaste natural del primer entusiasmo, las adversidades normales de la vida y las fricciones habituales que conlleva trabajar con otros seres humanos.

¿Cómo estamos con relación a esta experiencia?

Tal vez debamos replantear nuestra fe. Descansar un poco. Afirmar nuestros pensamientos. Reflexionar. Hacer una pausa. Y además comprender que el éxito, la realización y un sentido de completitud vienen luego de una acumulación de esfuerzos, sacrificios y decisiones que logra sostenerse en el tiempo. Cuando tengamos ganas. Y cuando no, también.

Cristian Franco

Autor: Cristian Franco

Nacido en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina), Cristian Franco es un evangelista que sirve al Señor desde su adolescencia. A través de los años, sus estudios en Comunicación y en Teología le han brindado elementos de preparación útiles a la hora de predicar el mensaje del Evangelio, acompañando su vocación con un fuerte énfasis solidario en relación a la acción social.

Desde 2004 Cristian Franco es evangelista asociado del Dr. Palau, integrando el equipo de la Alianza de la Próxima Generación. Ha tenido la oportunidad de ser columnista y publicar sus creaciones en distintos medios de prensa. Es autor del libro “¡Respira! Aliento fresco para tu espíritu”. Desde diciembre de 2007 integra oficialmente el Consejo Directivo de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA). Cristian y su esposa son miembros activos de la “Iglesia Jesús 100 % Vida” en la Ciudad de Buenos Aires. Además sirve como miembro del Equipo Nacional Argentino de “La Bolsa del Samaritano”. Su mayor pasión es desarrollar todo lo necesario para ayudar a que personas de toda edad, nacionalidad, cultura y situación económica puedan conocer el amor de Dios expresado a través de Jesucristo.


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