Para identificar a los nuevos misioneros es imprescindible que el liderazgo de la congregación tome una participación activa. En otras palabras, se requiere una decisión intencional. En cada iglesia hay personas listas para avanzar hacia el servicio misionero. La pregunta obligada es: “¿Hay líderes igualmente listos para identificar a esas personas, acompañarlas y enviarlas? De otra manera ninguna orientación servirá de mucha ayuda si después no hacemos lo que hay que hacer.”[1]

A continuación compartimos algunos puntos que fueron adaptados sobre la tesis de Fritz Schuller (Alemania):

  1. La tarea de las misiones mundiales está basado en el carácter de Dios y su Palabra.
  2. La iglesia debe considerar la tarea de las misiones mundiales como un privilegio y no una carga.
  3. La responsabilidad de una iglesia de involucrarse en las misiones locales no debe impedir que se involucre también en misiones mundiales. La tarea es inseparable e implica el compromiso local y global.
  4. Algo está ausente en la vida de cada cristiano en tanto y en cuanto las iglesias locales no se ven involucradas en misiones mundiales. Hay un vínculo directo entre involucrarse en misiones mundiales y la madurez espiritual de una iglesia. Esta debe ser una tarea de “toda la iglesia local” y no solo de un grupo aislado.
  5. La iglesia es responsable de la capacitación, envío y cuidado de los misioneros.
  6. Dios ha dado a la iglesia la comisión de las misiones mundiales independientemente de sus recursos financieros. Cada iglesia y cada cristiano, sea pobre o rico, tiene el privilegio de participar en la tarea de las misiones mundiales.
  7. Debe haber cooperación entre iglesias, centros de capacitación y agencias misioneras con respecto a obreros y finanzas. A causa de la tarea que Jesús nos dio, estamos comprometidos a trabajar juntos para la gloria de Dios.  Debemos comprometemos a trabajar en unidad y cooperación con iglesias tanto nacionales como extranjeras. Debemos dejar de lado cualquier forma de envidia, competencia y cualquier comportamiento proteccionista o exclusivista.

Bertil Ekstrom comenta que: “La iglesia local juega un papel impor­tante en el proceso de selección y envío. Creemos que lo ideal a largo plazo es la existencia de un área de misiones en la congregación para lo cual no sólo evaluará la persona y su carácter, sino también su desempeño en diferentes la­bores en la iglesia, así como su desa­rrollo en las experiencias misioneras a corto plazo. Esta área o comité también podrá velar por la capacitación y pastoreo pos­terior del candidato, cuando asista a cen­tros de capacitación más especializados. No hay programa, dinero, o estructura que pueda sustituir la iglesia.

La perspectiva ideal es cuando la iglesia local funcio­na como un cuerpo viviente en el cual cada miembro es conocido y hay una relación creciente. La buena disciplina allí es necesaria para dar a los candidatos a mi­sioneros la orientación y sostenimiento que ellos deben tener, y a la vez brinda la oportunidad a la iglesia de crecer en la responsabilidad, al tener en su seno a un candidato en proceso.

A la par de su responsabilidad para la selección, la iglesia puede dar a los can­didatos una excelente plataforma para practicar sus dones y habilidades, junto con el entrenamiento básico que necesi­tarán para sus futuras actividades.

La iglesia puede presentar los candidatos a los demás miembros como futuros mi­sioneros. Después, los creyentes pueden observar el crecimiento de los candi­datos y ser parte de su ministerio de apoyo desde el inicio. Esto hará una no­table diferencia en el sostenimiento eco­nómico y en el apoyo que el misionero recibirá a través de la intercesión cuando se encuentren en el campo. También se pueden cubrir la debilidad en el carácter y las necesidades espirituales con un pastoreo efectivo, para que los puntos débiles en los candidatos sean vencidos y no lleguen a ser causas de problemas futuros.

A pesar de las ventajas señaladas ante­riormente, la iglesia local tiene su limita­ción. Para tal tarea, se necesita una es­tructura de cooperación externa que ayude a la iglesia en la comprensión y proyección de su trabajo misionero.[2]

La estructura puede ser formada en combinación con otras instituciones misioneras como ser las agencias e instituciones especializadas de capacitación o bien un comité denominacional de misiones.

 

¿A quiénes debemos seleccionar para enviarlos a un centro de entrenamiento misionero?

En primer lugar, los candidatos deben demostrar evidencia creíble de un llamado personal y entrega al ministerio transcultural. Hay un alto porcentaje de desgaste que existe entre los misioneros, de manera que la pregunta es: ¿cuán importante es el pro­ceso de selección para prevenir los fra­casos en el campo misionero? Sabemos que un ministerio efectivo lleva años de adaptación, antes de comenzar a serlo, por lo que nuestro énfasis en la selección y capacitación contribuirá a mante­ner a los misioneros en sus ministerios el mayor tiempo que sea posible, además de buscar que sean aptos y efectivos en la misión.

“Algunos centros de capacitación misionera sólo admiten obreros que hayan sido designados por sus iglesias o una agencia misionera para el  ministerio transcultural. Otros aceptan alumnos que no forman parte de una agencia, pero sí que revelan un llamado al servicio transcultural.  Desde mi perspectiva la Iglesia local debe ejercer el principal rol protagónico en la recomendación y aprobación de los candidatos[3]

Bertil Ekstrom continua compartiendo que: “El tras­fondo en sí no debe ser decisivo para la selección; los buenos misioneros provie­nen de todas las situaciones. La pregun­ta que nos debemos hacer es si hay fun­damento para creer que esa persona tie­ne un verdadero llamado de Dios para las misiones, y si el candidato coincide con la tarea que desea realizar.

Es casi imposible una evaluación objeti­va de los candidatos, por lo que necesi­tamos dar pasos concretos a fin de no cometer una injusticia. De lo pobre y vil de este mundo Dios ha tomado para lle­var el Evangelio a las naciones, y humi­llar a los grandes. Dios es el que llama, es quien envía, y Él es quien encomien­da. Pero así como Dios hace su parte, y pide a quien ha llamado a las misiones a hacer la suya, también espera que el li­derazgo y la iglesia sean responsables, cada uno en su función. Debemos traba­jar para reconocer a los realmente llama­dos, y ayudarlos a transitar el camino, siendo sensibles al Señor de la mies”[4]

También debemos desarrollar el discernimiento para cui­dar, como buenos pastores, a aquellos que el enemigo quiera confundir con vocaciones equivocadas, cuando en rea­lidad Dios los quiere aquí, en casa, sirviéndole fielmente. El proceso de selección toma tiem­po, aunque los candidatos puedan estar ansiosos para ir. Trabajemos, entonces, para que aquellos que vayan sean, en verdad, los que Dios quiere allá, dando gloria a su nombre.”

 

Preguntas para la reflexión

 ¿Cómo podemos desarrollar un proceso de selección, capacitación, envío y cuidado de misioneros transculturales desde la iglesia local? ¿Qué elementos serán los más importantes a tener en cuenta?

Carlos Scott

Misión Local y Global (GloCal)



[1]Bianchi, Daniel. Publicaciones en AMI y la Red Misiones Mundiales COMIBAM Argentina

[2]Ekstrom, Bertil. Publicaciones en COMIBAM Internacional

[3]Ibíd., Publicaciones en COMIBAM Internacional

[4]Ibíd., Publicaciones en COMIBAM Internacional

Carlos Scott

Autor: Carlos Scott

Carlos es miembro del comité ejecutivo y del consejo de liderazgo global de la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial (WEA), Reside en Buenos Aires.


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