Dr. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

Después de la doxología por excelencia y la oración magnífica de Efesios 1, Pablo incluye en las dos la cumbre –  nuestra resurrección con Cristo lograda por la gracia de Dios (1:3, 4, 18, 19, 23). Además de estar resucitados con él estamos sentados  con él a la diestra de Dios (2:6). No puede haber  mayor gracia ni gloria y todo por el amor y la misericordia de Dios mismo. Nuestra mente y corazón no pueden  comprender estas alturas.

La “supereminente grandeza del poder” de Dios se magnifica tomando en cuenta el triste trasfondo nuestro de estar muertos en delitos y pecados, caminando conforme al principio de la potestad del aire, siendo hijos de desobediencia (vv.1, 2). Tanto los gentiles como los judíos estuvimos sumidos en la misma naturaleza pecaminosa.  Pero a pesar de todo aquello, Pablo pone la conjunción que sirve de girar sobre el eje  – “Pero Dios . . . .”

Resumen bendito del triunfo de la pura gracia  Efesios 2: 4-10

En palabras breves y concisas no podemos mejor que citar: Pero  Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando en nosotros muertos en pecados, no dio vida juntamente con Cristo . . .”  Lo que sigue es la porción clásica de nuestra “salvación tan grande”. Cuando Pablo usa la palabra en español “juntamente con Cristo”, la traducción original es estar en Cristo de tal manera que somos copartícipes en unión con él.

En la historia de España, el país se unió en el siglo quince bajo la divisa: “Tanto monta, monta tanto” que quería decir: tanto los haberes de Isabela la Católica de Castilla como los de Fernando de Aragón. La realidad histórica fue que traía mucho más Isabela.  Pero en nuestra unión con Cristo al contrario, compartimos con nuestra Cabeza al ser herederos de todo lo que él nos dio.

No puede perder de vista el énfasis al decir que todo fue  por la gracia de Dios; absolutamente nada aportamos. En el bendito paréntesis Pablo dice: “(Por gracia sois salvos)” (v.5). Se repite “Porque por gracia sois salvos  por medio de la fe; es esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe” (vv.8, 9).

Dios sabía muy bien la inveterada tendencia humana de sacar la gloria por lo mínimo hecho. A Gedeón  en la lucha con los madianitas, Dios le redujo el ejército de 22,000 a 300 con este consejo. “El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí diciendo: ‘Mi mano me ha salvado’” (Jueces 7:2,3).

 Vale la pena notar el gran por qué. “Y juntamente –  copartícipescon él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros.”  Este triunfo de la gracia llevado a cabo en la Cruz como coparticipes será el cántico de los coros celestiales “Y oí como la voz de una gran multitud como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios todo poderoso reina!  Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria;  porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (Apocalipsis 19:6,7).

Queda una verdad más. Dios hará la obra; será en pura gracia, misericordia y bondad, atributos mencionados en la porción clásica.  Pero los que coparticipamos en la obra somos “hechura suya”. Esta palabra solo se usa en Romanos 1:20  refiriéndose a la creación original. Tiene una aplicación exclusiva a la obra creativa de Dios mismo.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús, para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (v.10). Somos nosotros mismos el producto de la nueva creación en Cristo (2 Corintios 5:17; Gálatas 5: 14,15). Lejos de gloriarnos en lo que hacemos, somos su “poema”.  El poema es una elaboración literaria que tiene simetría, belleza, ritmo y sentido, todo en una expresión figurativa única.  Nosotros llevamos la marca de su mano de misericordia y bondad.

Las obras que Dios puede aceptar no son las que proceden de nuestra inteligencia, ni título posgraduado, ni esfuerzo sino solo de  la misma vida de Cristo quien vive en nosotros y se manifiesta en dejar aparecer tales obras de él en nuestro andar por fe.

Un nuevo altiplano alcanzado por la obra de la Cruz    Efesios  2: 11-12

 Pablo ahora vuelve a nuestro mundo dividido, sumado en pecados separado el judío quien veía al gentil  como aquel doblemente perdido e inútil, apartado del Israel, el heredero de las promesas de Dios.  Pablo como fariseo así contemplaba al gentil. Hoy en día nos cuesta evaluar y sentir este antiguo mundo tan lejano. Para el orgulloso griego veía a los judíos como bárbaros, ignorantes, mientras los judíos veían a los demás como meros “étnias”, los samaritanos como perros.

Realmente desde  la época de Abraham  y el escogimiento soberano divino de  él como el primer judío, todos los demás “étnias” quedaban efectivamente fuera de la promesa del Mesías. Con el dar de la ley aun más el gentil estaba privado del acceso a la verdad. “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel, y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (v. 12). Toma nota de las cinco repeticiones de  la triste condición.

Me gustaría agregar que entre los de la antigüedad  antes de Abraham habría algunos como aquellos a quienes predicó Enoc: “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: ‘He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares para hacer juicio

contra todos  . . .’” (Judas 14,15). Había otros también que conocían a Jehová a través de la Oralidad – lo pasado de generación a la generación. tales como Job y Melquisedec. En cierto sentido Israel fue luz a los gentiles. Dios puso a José como su misionero en la corte del Faraón, a David, el rey, entre las naciones de su época, a Daniel en los altos rangos de Babilonia y Persia por setenta años, y a Nehemías ante Artajerjes, rey de los persas.

Dios no se dejó sin testigo; pudiera haber  habido muchos que conocían al Dios verdadero.  El  cielo nos lo revelará pero todo será por la misericordia de Jehová.

Sin embargo, veamos de nuevo esas dos palabras claves como el eje: “ Pero Dios  . . . “ (vv.4, 13). Pablo da el próximo paso y anuncia el nuevo altiplano. El primero fue la doxología: el sentarse de Cristo a la diestra de Dios sobre todo principado (1:19,20); el segundo fue la resurrección nuestra: copartícipes en reinar con él (2: 5-7).  Ahora viene el tercer altiplano y el último avance: “crear en sí mismo (Cristo) de los dos un solo y nuevo hombre haciendo la paz (v. 15).

En el Gran Designo Dios tenía su plan; iba a remediar esta situación desigual. Lo haría a través de la Cruz. En esta porción de Efesios Pablo va a introducir el eje de la historia, tomando Dios a las dos divisiones y hacerlas en una.

La unión de los dos mundos en Cristo, la cumbre del Gran Designio    Efesios 2: 13-14

 El texto que sigue es tan solemne que los comentarios casi son superfluos. Escuchemos esta obra maestra: Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, alejados habéis sido hechos cercanos por la sangre de Dios. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistadas, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (vv.13-16).

Pablo analiza frase por fase este nuevo altiplano. La frase “pero ahora” o “pero Dios”  tanto en Romanos como en Efesios, los dos libros teológicos que trazan  el mensaje de la cruz, marcan un viraje llamativo o cambio de rumbo de mayor importancia.  Sigue la frase clave en Cristo señalando  que todo gira alrededor de la persona y la obra de Cristo en unión con el Gran Designo a base de la Cruz donde reconcilió al pecador a Dios y Dios al pecador. “En quien tenemos  redención por su sangre, el perdón de los pecados según las riquezas de su gracia . . . dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según el beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo de reunir todas las cosas en Cristo . . . “ (Efesios 1:7-9).

Tal reconciliación satisfizo de una vez para siempre la santidad de Dios dejándolo ya en una posición de mostrar su eterno amor aun siendo nosotros pecadores. Establece la base de estar reconciliados en una sola palabra clave, la sangre de Cristo, el medio meritorio que hace posible tal acercamiento de Dios al pecador y del pecador a Dios, atraído por el Espíritu Santo. El mismo corazón de la salvación consiste en valorar el papel crucial de la sangre en el Antiguo Testamento y cumplido en el Nuevo.

La carga misma del libro a los Hebreos gira alrededor de la sangre. “Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados: porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:3,4).  El llamado final de Hebreos se nos da: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne . . . acerquémonos con corazón sincero . . .”  (vv.19,20,22).

Esta reconciliación resulta en paz con Dios y la paz de Dios. Volvemos al Isaías 53 para ver la profecía cumplida a pie de la letra después de 700 años. “Mas él herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos todos curados . . . Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento. Cuando haya  puesto su vida en expiación por el pecado, verá su linaje, vivirá por largos días y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada” (Isaías 53:5,10).

Cristo viene siendo la personificación de nuestra paz. “Porque él es nuestra paz, que de ambos  pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:14). Vuelve Pablo al tema de los dos mundos, el judío y el gentil, dos mundos ajenos. Se decía que había una pared de piedras que separaba la corte de los gentiles de la entrada en el templo de Herodes para ofrecer sacrificios y gozarse ceremonialmente de la presencia de Dios. Se estaba cincelado: “No entre a pena de muerte.”  Tal era la fuerte separación de los dos mundos. En Hecho 21:29 -31 acusaron erróneamente que Pablo había traído a Trófimo, gentil de Éfeso, en el templo mismo cuando entró para hacer su voto que por fin aquello condujo a Pablo a Roma y a su martirio

Además de los múltiples reglamentos y minuciosas demandas de lo inmundo y lo limpio, la ley social y religiosa resultó en separar aun más a los judíos de los gentiles. Dios tuvo que dormir a Pedro para darle una visión de que no hay lo inmundo en Cristo. “Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que  Dios limpió, no lo llames tú común” (Hechos 10:15). Los creyentes gentiles entran por la misma gracia de Dios

Por toda la vida Pablo como apóstol a los gentiles tenía que luchar contra la mentalidad legalista de los judíos.  La iglesia primitiva casi se desintegró con respecto a este tema hasta que el Concilio de Jerusalén resolvió el problema y trajo la paz entre los dos mundos de los creyentes de la primera generación (Hechos 15).

El Mensaje de la Cruz en plena gloria  Efesios  2:15.16

 En un resumen conciso Pablo pone a Cristo en el mero centro de esta ascensión al último altiplano.“(Cristo) . . . aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos, un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz  reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ellas las enemistades” (vv.15.16).

La pequeña  frase “mediante la cruz” revela el eje del Gran Designio. Todo, sí todo, gira alrededor la obra de la Cruz que resultó en nuestra salvación personal –  muertos al pecado, sepultados y resucitados y sentados en lugares celestiales. Es todo una salvación presente y completa. Además  el creyente es miembro del Cuerpo de Cristo y comparte con todos en esta salvación. Este último altiplano reúne a los dos mundos, antes tan diversos y perdidos. “en una morada de Dios en el Espíritu Santo” (v.22).

Tuyo en el Mensaje de la Cruz,

G. Ernesto Johnson

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


Etiquetas:


No te lo pierdas

Recibe lo último en noticias, contenido, y más de Ayuda pastoral —¡inscríbete hoy!