La canción de Débora nos desafía a un compromiso y a servir voluntariamente a Dios. El principal protagonista de esta historia es Dios mismo. El pueblo se había apartado de Dios y sufría una gran opresión por parte de otros (Jue 4:2-3). “En aquel tiempo gobernaba a Israel una profetisa llamada Débora” (Jue 4:3). Ella debía enfrentarse con los reyes cananeos (Jue 5:19) y el jefe del ejército llamado Sísara (Jue 4:13).

El libro de Jueces nos describe los acontecimientos que sucedieron en aquellos días y el canto de esperanza que recuerda lo acontecido. Dios es el principal héroe de la historia: “Desde los cielos lucharon las estrellas, desde sus órbitas lucharon contra Sísara (Jue 5:20). La misión es de Dios por sobre todas las cosas.

Dios está en el control de la historia y nos llama a tener un compromiso ético basado en el amor, servicio y obediencia. Se observan las diferentes actitudes y decisiones que tomaron varias tribus del pueblo de Dios. El primer grupo que aparece en este canto es el que se “ofrece voluntariamente”.

 “Cuando los príncipes de Israel toman el mando, cuando el pueblo se ofrece voluntariamente ¡bendito sea el Señor! (Jue 5:2) “Mi corazón esta con los príncipes de Israel, con los voluntarios del pueblo. ¡Bendito sea el Señor!” (Jue 5:9). Venían de Efraín, de Benjamín, capitanes de Maquir. Los que llevaban el bastón de mando eran de Zabulón. “Con Débora estaban los príncipes de Isacar” (Jue 5:15) y “el pueblo de Zabulón arriesgó la vida hasta la muerte misma como Neftalí en las alturas del campo. (Jue 5:18). Estas tribus entendieron que debían responder en solidaridad y unidad.  Arriesgaron sus vidas hasta la muerte.

 En nuestro contexto este canto puede representar la respuesta de los creyentes que están en el seguimiento de Jesús y se identifican con la visión del Reino de Dios. Esta visión del Reino da pautas de la clase de sociedad que buscamos. El hombre verdadero y auténtico se muestra en la persona de Jesucristo.

El apóstol Pablo nos llama a orientar nuestras vidas de acuerdo al sentir que hubo en Cristo Jesús. Es manifestar el amor en acciones concretas a favor de la necesidad del prójimo. Es responder éticamente al llamado de otros encarnando su situación y sirviendo en humildad. El camino del amor es decidir despojarse de uno mismo (Fil 2). Es salir de nuestra posición (2 Co 8:9). Es ofrecerse voluntariamente a Dios mismo. El sendero de obediencia a Dios se manifiesta en un sendero de servicio a los hombres como acto voluntario.

Este canto registra también una censura moral con aquellos que no participaron. “En los distritos de Rubén hay grandes resoluciones ¿por qué permanecisteis entre las fogatas escuchando los silbidos para llamar a los rebaños? En los distritos de Rubén hay grandes titubeos.”(Jue 5: 15b-16).  Nos encontramos con gente indecisa. No hubo acciones concretas de cooperación, solidaridad y comunión. Hubo titubeos y resoluciones que no se tradujeron en el servicio al prójimo.

Luego, encontramos un tercer grupo de personas. “Y Dan, ¿Por qué se quedó junto a los barcos? Aser se quedó en la costa del mar; permaneció en sus ensenadas” (Jue 5:17) Son los que aman sus posesiones y todo lo que tiene que ver con lo material. Son personas que están poseídas por una gran lealtad de mantener lo que tienen y dejar que sus negocios o bienes definan la trayectoria de su vida. La visión del Reino de Dios no es considerada.

La vida cristiana debe ser una vida que siempre se está ampliando. Tiene que ver con todas las etnias, lenguas y culturas. Es compartir el evangelio con todos  hasta lo último de la tierra. Los procesos de transformación son costosos. El evangelio es un mensaje de transformación de toda la existencia humana.

Se nos llama a demostrar nuestra “disponibilidad” y dar pasos de fe arriesgando nuestra propia vida porque “solo una fe que trasciende la muerte puede asumir responsablemente la terrible decisión de transformaciones indispensables pero costosas[1]

El último grupo que se menciona es el que ha sido maldecido, el que se ha negado totalmente a dar ayuda: “Maldice a Meroz -dijo el ángel del Señor- Maldice a sus habitantes con dureza, porque no vinieron en ayuda del Señor, en ayuda del Señor y de sus valientes.” (Jue 5:23).

 Lo más probable es que el pedido de ayuda haya pasado por las puertas de sus casas. Ellos se negaron a participar y no abrieron sus puertas. Es la única vez en la Biblia que se menciona este lugar llamado Meroz y después no aparece más. Meroz se quedó cerca pero su lema fue ¡No te metas! Rehusar dar socorro al pueblo de Dios puede implicar que nuestro candelero sea quitado del lugar

¿Vale la pena esforzarse en esta visión del Reino futuro de Dios?

 La vida sobre este mundo tiene sentido porque es aquí donde el hombre puede escuchar el anuncio del Evangelio y abrirse a la nueva humanidad que se le ofrece en Jesucristo[2] Es conversión, nacer de nuevo, volvernos a Jesucristo en arrepentimiento y fe para salvación. Es donde somos liberados del pecado y sus consecuencias (Ef. 2:1-5) “Liberados también de la esclavitud de  nuestro propio egocentrismo ¿Para qué? Para darnos en servicio a Dios y el hombre”[3]

El amor constituye la calidad de este reino porque el amor nunca dejara de ser. Implica compartir el pan con el hambriento, la justicia y solidaridad en términos de calidad de vida. Es la búsqueda de la plenitud de la vida con aquellos que han sido despojados de su dignidad. “Y esa plenitud significa la transformación de todas las cosas según el gobierno justo y bienhechor de Dios[4]

El alcance de este gobierno bienhechor de Dios es universal, toda la tierra, todos los pueblos gozaran de él[5] El seguimiento de Jesucristo es para toda la iglesia. Dios quiere creyentes obedientes, iglesias fuertes y siervos con visión

 

Preguntas para la reflexión

¿Cuál es la visión del Reino de Dios y sus valores? ¿Qué tipo de sociedad pretendemos?

¿Qué significa ofrecernos voluntariamente a Dios? ¿Qué implica prácticamente?

¿Cuáles son las indecisiones personales, temores y luchas que no me permiten avanzar? ¿Cómo puedo superarlas?

¿Qué puede significar para nosotros “arriesgar la vida”? ¿Qué implicación práctica tiene en nuestro contexto?

¿Qué alcance tiene el Reino de Dios? ¿Cuál es el distintivo de este reino y nuestra responsabilidad con las etnias y grupos menos evangelizados?

Carlos Scott

Misión Local y Global (GloCal)



[1]Bonino, José Miguez. Ama y Haz lo que quieras, P 112, Editorial La Aurora, Bs. As, 1976

[2]Ibíd., P 116, Editorial La Aurora, Bs. As, 1976

[3] Stott, John R. W., Al Servicio del Reino en América Latina,  Steuernagel, Valdir R.,  editor, P 62, Visión Mundial, San José, Costa Rica, 1991

[4]Ibíd., P 110, Editorial La Aurora, Bs. As, 1976

[5]Ibíd., P 89, Editorial La Aurora, Bs. As, 1976

Carlos Scott

Autor: Carlos Scott

Carlos es miembro del comité ejecutivo y del consejo de liderazgo global de la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial (WEA), Reside en Buenos Aires.


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