En la Amazonía peruana me llamó la atención ver, por todas partes, un tipo de embarcación pequeño, motorizado, del tamaño de una canoa. Allí están, trasladando una, dos y hasta ocho personas a lo largo del trayecto que une las distintas localidades asentadas sobre el amplísimo caudal de uno de los principales afluentes del río Amazonas, el Marañón. Junto a botes y barcos de distintos tamaños, hacen el deleite visual del visitante que se adentra en una región del mundo tan pintoresca como postergada.

 

Al principio no entendí. –“¿Peque-peque?”, dije cuando supe el nombre de aquellas diminutas embarcaciones. –“Sí, las llamamos de ese modo por el sonido que realizan los motores al navegar, algo así como una secuencia de ‘peque-peque-peque-peque-peque…’” Vaya manera sencilla y práctica de definir su medio de transporte por excelencia.

 

Vivir junto a uno de los cuerpos de agua más caudalosos del mundo, con un ecosistema marcado al ritmo de la temporada de lluvias, tiene sus retos y desafíos. Indagando un poco más, pregunté a los pobladores acerca de la manera de transportarse entre las comunidades o poblaciones. –“Si vamos río abajo, con la corriente, podemos prescindir del motor y simplemente dejarnos llevar, empleando nuestros remos para dirigir el trayecto”. Es por ello que cuando “bajan” hacia otro sector del río, no se preocupan si no consiguen combustible para el motor de sus “peque-peque”.

 

–“¿Pero… a la inversa? ¿Cuándo van río arriba? ¿Es posible navegar contra la corriente si se rema con intensidad?” Mis preguntas fueron dignas de un citadino sin experiencia ni conocimientos en el tema. Y, como suele ocurrir en estas situaciones, los locales no pudieron disimular sus carcajadas… –“Cristian, nadie, ni siquiera el más fuerte de nosotros, puede hacer frente a la intensidad ni la fuerza del agua. Es imposible viajar contra la corriente si no se dispone de la ayuda de un motor. Allí es donde cobran sentido nuestros ‘peque-peque’”.

 

Y, como me ha sucedido en muchas ocasiones, no pude resistir la tentación de pensar en distintas circunstancias a las que podría aplicarse esta sencilla verdad…

 

…quien desea abandonar la esclavitud de hábitos, vicios y conductas que desgranan su existencia…

…quien ya no soporta el hastío de tener un carácter que limita sus relaciones interpersonales…

…quien sueña con cambiar la dirección que ha tomado su vida…

…quien no resiste más el maltrato cotidiano y la denigración permanente

…quien lo ha perdido todo y debe comenzar desde cero…

…quien sabe de su vacío existencial y anhela con intensidad encontrar el sentido de vivir…

 

…unos, otros, estos y aquellos son conscientes de la propia impotencia para poder “viajar río arriba”, para no “dejarse llevar más por la corriente”, para poder “arribar a destino”, ese lugar o momento al que saben necesario llegar. Aun quienes se precien de tener una actitud tenaz y una personalidad fuerte, experimentan de tanto en cuando esa carencia.

 

Allí, entonces, es donde adquiere sentido y urgencia la necesidad de contar con una ayuda adicional, en muchos casos imprescindible, para ser capaces de lograrlo. Esos verdaderos “motores” –familiares, amigos, compañeros, vecinos y, en (primera y) última instancia, Dios– que nos pueden animar, acompañar, fortalecer, confortar y darnos las fuerzas para “navegar río arriba”.

 

Podría decirse que es un razonamiento sencillo o una moraleja simple. Tal vez. Pero muchas veces las claves esenciales de la vida se esconden detrás de lo que se presenta a primera vista como “sencillo”, “simple” o “naíf”. Como los diminutos “peque-peque” que recorren cada día y a toda hora la Amazonía peruana.

Cristian Franco

Autor: Cristian Franco

Nacido en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina), Cristian Franco es un evangelista que sirve al Señor desde su adolescencia. A través de los años, sus estudios en Comunicación y en Teología le han brindado elementos de preparación útiles a la hora de predicar el mensaje del Evangelio, acompañando su vocación con un fuerte énfasis solidario en relación a la acción social.

Desde 2004 Cristian Franco es evangelista asociado del Dr. Palau, integrando el equipo de la Alianza de la Próxima Generación. Ha tenido la oportunidad de ser columnista y publicar sus creaciones en distintos medios de prensa. Es autor del libro “¡Respira! Aliento fresco para tu espíritu”. Desde diciembre de 2007 integra oficialmente el Consejo Directivo de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA). Cristian y su esposa son miembros activos de la “Iglesia Jesús 100 % Vida” en la Ciudad de Buenos Aires. Además sirve como miembro del Equipo Nacional Argentino de “La Bolsa del Samaritano”. Su mayor pasión es desarrollar todo lo necesario para ayudar a que personas de toda edad, nacionalidad, cultura y situación económica puedan conocer el amor de Dios expresado a través de Jesucristo.


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