Milton Acosta, PhD

… Continuación

La preparación de las vírgenes para la llegada del novio no implicaba tener a la mano camiones cisterna llenos de aceite; bastaba un frasco. Las vírgenes prudentes no hicieron más; las insensatas hicieron menos. No tenían que estar despiertas toda la noche; todas se durmieron. Se trataba de tener lo necesario para la ocasión: mantener las lámparas encendidas al momento de llegar el novio. Es decir, uno no se prepara cuando llega la oportunidad sino que está preparado para cuando la oportunidad llegue. Esta preparación es intransferible; no se puede confiar en lo que haga otro. Así, la demora del novio es lo único que saca a la luz cuáles vírgenes estaban preparadas y cuáles no.

A pesar de las apariencias, algunos no se han preparado para la venida del reino; lo esperan, pero no lo esperan. El aceite no se refiere a las buenas obras, ni al Espíritu Santo, ni a la gracia, ni a la unción. La parábola tiene que ver con el inicio del reino consumado.[1] Ser sabio consiste en prepararse para una posible demora y para la hora inesperada: como un rayo, como una inundación, como un ladrón (Mt 24:27, 38, 43; cp Mr 13). Por eso dice “estén alertas porque nadie sabe el día ni la hora.”

Los capítulos 24 y 25 de Mateo tienen que ver con la espera, la persecución, la incertidumbre y los falsos profetas que la iglesia enfrenta mientras llega el Señor. La preparación es tanto teológica como ética. La enseñanza es privada, para los discípulos.[2] Lea Mateo, por favor.

Las alusiones a Dios como esposo/novio en la Biblia vienen desde el Antiguo Testamento (Is 54:6; 62:5; Ez 16:7–34; Os 2:19). También fueron usadas por Pablo (2 Cor 11:2; 1Tes 4:15–17; Ef 5:27) y por Juan (Ap 19:7; 21:2, 9). El banquete podría referirse al encuentro del Mesías con su pueblo. La demora del novio generalmente se ha interpretado como la parusía, que en este caso se retrasa, pero llega; la puerta cerrada es el juicio final; y las mujeres necias con las insensatas representan a los que están preparados para el juicio final y los que no lo están.[3]

Los matrimonios son eventos incluyentes y alegres (Jn 3:29). Por eso una marca de la tristeza de un pueblo es la ausencia de matrimonios (Jer 16:9; Ap 19:13). Esta parábola resulta extraña porque se trata de una boda donde hay tristeza y exclusión. Sin embargo, retóricamente hablando, todos estos elementos contrarios a la expectativa de un evento así son precisamente los que la hacen inolvidable: el novio que se demora, las “madrinas” que no están preparadas para su papel, la exclusión de algunas madrinas, la puerta cerrada, el novio que en vez de decirle a cada madrina “te veo” les dice “no las conozco.”

Dada la escandalosa condición de exclusión que reina en América Latina, resulta incómoda una parábola donde algunas personas son excluidas.[4] La realidad en este caso es que quien no se prepara para algo, habiendo tenido la oportunidad de hacerlo, se autoexcluye. El mensaje de la Biblia es que Dios quiere salvar la humanidad, pero algunos rechazan el mensaje y otros aparentan haberlo aceptado.[5] Vale la pena entonces resaltar también que ¡el novio llegó! Parecía que se estaba demorando, pero llegó. En otras palabras, Dios no queda mal; Dios no deja plantado a nadie.

La vigilancia es característica de la verdadera espiritualidad. El mensaje de esta parábola tiene un lado de esperanza y otro de juicio, como muchos textos de la Escritura. A la hora del juicio, nadie puede hacer nada por otro. El Señor podría tardar, pero viene; a la fiesta del Señor entran quienes estén preparados, no todos los que estén. Pero a nadie le toca juzgar quién está preparado y quién no. Eso se sabe cuando llega el novio. La fe cristiana no es arrebato emocional que nos impulsa a salir a las carreras detrás de algo; es una invitación a una fiesta para la cual nos preparamos cuidadosamente. Por eso, cuando vaya a una fiesta nunca olvide el cargador; le podría salvar la vida.


[1]D. A. Carson, Mateo, ed. Frank E. Gaebelein, Comenario Bíblico del Expositor (Miami: Vida, 2004).

[2]Jeanette B. Strandjord, “Waiting for the future,” The Clergy Journal, no. Mayo-junio (2008).

[3]Luis Alonso Schökel, Nuevo Testamento, vol. 3, Biblia del Peregrino (Bilbao, España: Ediciones Mensajero, 1997), 177.

[4]Mateo contiene varias historias con un elemento de exclusión. Véase Karl Paul Donfried, “The allegory of the ten virgins (Matt 25:1-13) as a summary of Mattean theology,” Journal of Biblical Literature 74 (1993).

[5]Cp. Robert D. Young, “Matthew 25:1-13,” Interpretation 54, no. 4 (2000).

Milton Acosta

Autor: Milton Acosta

Profesor de Antiguo Testamento en la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia (www.unisbc.edu.co); Editor de Antiguo Testamento para el Comentario Bíblico Contemporáneo; M.A. Wheaton College Graduate School– Ph.D. Trinity Evangelical Divinity School (Antiguo Testamento).


Etiquetas:


No te lo pierdas

Recibe lo último en noticias, contenido, y más de Ayuda pastoral —¡inscríbete hoy!