La conversión no tiene reversa. Quien ha conocido la gracia de Dios y humildemente ha reconocido que es pecador y necesitado de la cruz de Cristo, ha tomado una decisión para toda la vida. No puede retroceder jamás ni rendirse nunca. Sin embargo, los cristianos padecen presiones y persecuciones que están en ocasiones determinadas por la radicalidad de la conversión y por la intolerancia de quienes les rodean. Hay presiones de todo tipo: sociales, psicológicas y hasta serias amenazas. Los primeros cristianos fueron presionados en diversos momentos y a veces perseguidos para que no siguieran a Cristo o para que lo siguieran, pero sin abandonar del todo su antigua religión fuera el judaísmo en cualquiera de sus formas o el paganismo, también en cualquiera de sus formas. Un grupo que fue presionado a que siguieran a Cristo, pero manteniendo las normas del judaísmo, fue los gálatas; por eso Pablo les escribe la llamada Carta del Apóstol Pablo a los Gálatas.

Además de que el asunto reviste unos problemas teológicos y personales extremadamente serios, Pablo está tan sorprendido con el aparente retroceso de los gálatas que varias veces en la carta vuelve al mismo punto, primero con una afirmación un tanto sarcástica y después con una sarta de preguntas: “estoy maravillado” (1:6), “¿quién los ha fascinado?” (3:1) “¿tan insensatos son?” (3:3) “¿tanto sufrir para nada?” (3:4) “¿cómo es que quieren regresar?” (4:9) “¿qué pasó con toda la bendición que experimentaron?” (4:15) “¿quién los estorbó?” (5:7).

Esta forma de escribir, nada improvisada por cierto, ha sido objeto de muchos estudios académicos; se le llama la retórica de Pablo.[1] El análisis retórico quiere averiguar qué estrategias comunicativas usa el apóstol para persuadir a los gálatas para que se den cuenta de algo y para que hagan algo. El tono y la insistencia de Pablo en el rosario de interrogaciones refleja por lo menos cuatro cosas: frustración, confianza, autoridad y amor.

Como nos interesa concentrarnos más en la frustración, digamos primero algo de los tres últimos. Pablo escribe todo lo que escribe porque quiere que sus lectores se acerquen a Dios, que lo conozcan, que no vivan en engaño. Esta carta a los gálatas en particular, también refleja que Pablo tiene mucha confianza con esta gente y que ellos también lo quieren a él (4:12–16). Por eso la carta está llena de tantas notas personales.

Del amor y la confianza nace la autoridad de Pablo hacia los gálatas. No es cuestión de ser apóstol y mostrar todos los pergaminos solamente. De hecho Pablo lo hace cuando tiene que hacerlo, pero en el contexto de una relación de hermanos. En términos humanos muy reales, Pablo ha sufrido mucho por esta gente con tal de que ellos conozcan el evangelio de Jesucristo.

En este contexto de amor, autoridad y confianza es que Pablo expresa sus frustraciones a los gálatas. Y lo hace con vigor, con insistencia, sin ambigüedades y con tono irónico; hasta sarcástico es en algunos momentos. Pero bueno, ¿qué es lo que tiene tan frustrado, perplejo y maravillado al apóstol Pablo? Sencillo: que los gálatas, después de haber experimentado la gracia de Dios para la justificación por medio de Jesucristo, ahora se dejen seducir de gente que dice que hay que practicar las obras de la ley para poder ser justificado delante de Dios. Dicho así parece sencillo, pero en realidad, como veremos, el asunto es bastante complejo.

Gálatas ilustra la experiencia de la conversión individual y grupal desde diversos puntos de vista. Iban tan bien, pero les cayó una avalancha de presiones aplastantes: “Ustedes estaban corriendo bien. ¿Quién los estorbó para que dejaran de obedecer a la verdad?” (5:7). El estorbo para la fe en Jesucristo viene de varias direcciones. Interviene la sociología, la psicología y la teología.

Lo primero es la presión social, cultural y religiosa. Dicho en pocas palabras: la cultura mayoritaria o el grupo al que uno pertenece no acepta fácilmente el cambio ni que alguien sea diferente. La estudiante sobresaliente es “Einstein 2”; el joven casto y honesto es “el santurrón”; el empleado responsable “el lambón”. Por eso, la tendencia de todos es a conformarnos y amoldarnos.

Hay dos ilustraciones en Gálatas. Unos tipos se infiltraron en la comunidad de Galacia para espiarlos y hacerlos volver a las prácticas religiosas anteriores a Cristo. Es posible que algunas de estas personas eran peligrosas (2 Cor 11:26). Pablo mismo había sido un “caza-cristianos” (Gal 1:13–14). Se los llama “espías de la libertad” a los “falsos hermanos” que pretendían obligar a los cristianos a seguir practicando las obras de la ley y así impedirles disfrutar su nueva libertad en Cristo (Gal 2:4). Acusan a Pablo en Jerusalén de ir contra las creencias de los judíos; dicen que Pablo está enseñando “a todos los judíos entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones” (Hch 21:21). La identidad religiosa y cultural moldeada por siglos de historia y mantenida por las instituciones y la presión social se ve ahora amenazada. La reacción de los judíos muestra que son humanos, no que sean peores que los demás.

Algunos adultos nos burlamos de los jóvenes diciendo, por ejemplo, que la definición de adolescentes es: “personas que para ser diferentes se visten todos iguales.” Suena chistoso, pero los adultos también presionamos y somos presionados para vivir, vestir, tener y hablar lo que nuestro círculo dicta. Nos toca esperar hasta los 70 para volver a ser auténticos.

El segundo ejemplo de la presión sociológica en Gálatas está en un desacuerdo de apóstoles. Pablo confronta a Pedro “porque antes de venir algunos de parte de Jacobo, él comía con los gentiles, pero cuando vinieron [los judaizantes], empezó a retraerse y apartarse, porque temía a los de la circuncisión” (Gal 2:12). Para Pablo tal comportamiento es hipocresía contagiosa. Pedro se dejó llevar por la presión y se unió al coro de quienes querían obligar a los gentiles a cumplir con las obras de la ley para ser salvos. Es decir, Pedro bailaba al son social que le tocaban.

Las tradiciones religiosas y sociales antiguas pueden cambiar, pero no sin crisis. La presión social hace que las formas de pensar y de ser se mantengan. Existe una razón sociológica para ello: garantizan estabilidad social.[2] La conversión implica abandono de muchos órdenes.

¿Y qué le importa a uno la presión social? Sí importa, y mucho. La persona que “se sale” del grupo al que ha pertenecido también corre el riesgo del ostracismo (aislamiento) y la pérdida de privilegios sociales. Ocurre una especie de exilio social sin desplazamiento geográfico.[3] En el siglo primero los judíos temen que los expulsen de la sinagoga (Jn 7:13; 9:22; 12:37–43; 16:2; 19:38; 20:19).[4] Jesús se lo advirtió a sus seguidores (Lc 12:9) porque la presión social es extremadamente fuerte. A la hora de la aceptación y el reconocimiento, los seres humanos tenemos la tendencia a preferir la gloria del hombre por encima de la gloria de Dios. ¿Le suena familiar? Continuará . . .


[1]Hay muchos otros lugares donde se puede observar las estrategias retóricas de Pablo, en algunos casos con preguntas (Rom 2:17–24; 10:14–20; 1Cor 12:26–31; 13:1–13; 2 Cor 6:15–16; 10:12; 12:16–18; Gal 1:10; 2 Tim 3:1–7). Sin embargo se debe notar que, aunque Pablo se sirve de los recursos provistos por la lengua para argumentar, también afirma que el poder del mensaje del evangelio no está en la sabiduría humana ni en la retórica (1Cor 2:1–15).

[2]Jaques Ellul, What I Believe, trad. Geoffrey W. Bromley (Grand Rapids, Michigan, EEUUA: Eerdmans, 1989), 111.

[3]Donald K. Smith, “Individualism and Collectivism,” en Evangelical Dictionary of World Missions, ed. A. Scott Moreau (Grand Rapids, Michigan, EEUUA: Baker Book House, 2008), 487. Como muestra el Nuevo Testamento, ocurre tanto con la conversión de individuos como con la conversión de grupos.

[4]W. R. Telford, The Theology of the Gospel of Mark (Cambridge: Cambridge University Press, 1999), 116. Se podrá debatir la cronología y quiénes tenían el poder para expulsar a quién de la sinagoga en su momento, pero el hecho es que el temor existía porque se hacía. Pero nuevamente, hay que decir que los judíos aquí están procediendo como seres humanos que son.

 

Milton Acosta

Autor: Milton Acosta

Profesor de Antiguo Testamento en la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia (www.unisbc.edu.co); Editor de Antiguo Testamento para el Comentario Bíblico Contemporáneo; M.A. Wheaton College Graduate School– Ph.D. Trinity Evangelical Divinity School (Antiguo Testamento).


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