Hemos visto ya, en el artículo anterior, que Dios no desechó al pueblo de Israel en el sentido de que la puerta de la salvación está abierta todavía para todo israelita que viene a Cristo en arrepentimiento y fe. Pablo amplía ahora ese tema en los versículos 11-24:

“Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración? Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio, por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos. Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?” (Rom. 11:11-15).

No debemos perder de vista la secuencia temporal de lo que Pablo está diciendo aquí. Los judíos rechazaron al Mesías, al punto de hacer uso del poder civil para llevarlo a la muerte. De ese modo, y sin saberlo, hicieron posible la salvación, incluyendo la salvación de los gentiles (vers. 11).

Así que la desobediencia de Israel trajo como consecuencia la salvación de los gentiles; y ahora Dios usa a estos mismos gentiles como un instrumento para provocar a celos a los judíos elegidos y traerlos a salvación (comp. vers. 13-14). Noten una vez más que Pablo está hablando en estos versículos en tiempo presente, algo que estaba sucediendo en sus días, no en un futuro distante.

Ese ciclo de “desobediencia de Israel – lo que trae como consecuencia la salvación de los gentiles – lo que trae como consecuencia la salvación de algunos judíos y una mayor bendición para el mundo”, era algo que estaba ocurriendo en ese mismo momento en que Pablo escribía estas palabras. Eso es evidente en los versículos 30-31: Pues así como vosotros en otro tiempo fuisteis desobedientes a Dios, pero AHORA se os ha mostrado misericordia por razón de la desobediencia de ellos, así también AHORA éstos han sido desobedientes, para que por la misericordia mostrada a vosotros, también a ellos AHORA les sea mostrada misericordia” (Biblia de las Américas).

En la sabiduría de Dios, El usa la desobediencia de unos y de otros, para traer salvación a unos y a otros. Y es a través de ese proceso que ha de llevarse a cabo la plena restauración de Israel, o como dice el texto literalmente en el vers. 12: “su plenitud”. Por consiguiente, ni los judíos ni los gentiles tienen razón alguna para gloriarse, porque tanto los unos como los otros son usados por Dios para la salvación de unos y otros; y tanto unos como otros pueden recibir las consecuencias de su incredulidad. De ahí la advertencia que Pablo da a los hermanos gentiles de Roma en los vers. 17-20, para que se guarden de tratar con arrogancia a los judíos por los beneficios que ahora han recibido y que muchos judíos perdieron por su dureza de corazón:

“Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme” (Rom. 11:17-20).

Pablo compara al pueblo de Dios con un olivo, compuesto de ramas naturales (los judíos que han creído en el Señor) y las ramas de un olivo silvestre que ahora han sido injertadas en el buen olivo (los gentiles que han creído y que ahora forman parte del pueblo de Dios). Dios no tiene dos pueblos, sino uno solo, y a ese pueblo pertenecen todos los que creen, judíos y gentiles.

¿Qué pasó con los descendientes de Abraham que no creyeron? Fueron desgajados, fueron cortados de sus privilegios por causa de su incredulidad. Y ¿qué sucedió con los gentiles que han creído? Que han sido injertados en el buen olivo y hecho partícipes de sus beneficios. De manera que lo que hace la diferencia es la fe. Fue por la falta de fe que muchos judíos fueron desechados, y es por la fe que los gentiles son injertados. Consecuentemente, si estos gentiles que profesaban la fe, comenzaban a gloriarse ahora, estaban manifestando un síntoma peligroso de incredulidad. Esa arrogancia no es compatible con la fe verdadera. Por tanto, en vez de comportarse con arrogancia, debían más bien sentir un temor piadoso: “Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará” (vers. 21).

Este texto no enseña que la salvación puede perderse; pero la Biblia habla claramente de la apostasía, de personas que dicen ser cristianas, y que por un tiempo se identifican como tales, pero después se apartan del Señor. ¿Cuál es el fin de tales personas? El mismo que han sufrido los judíos incrédulos: serán cortados, condenados. Por eso es que la Biblia nos llama a examinarnos a nosotros mismos si estamos en la fe. Y uno de los aspectos que debemos revisar es el concepto que tenemos de nosotros mismos. El que verdaderamente cree, sabe que no tiene nada de qué gloriarse. Si te estás gloriando en tu salvación y mirando a los demás por encima del hombro como si tuvieras algún mérito en ella, ¡cuidado! Ese es un síntoma peligroso.

Pero ahora, en los vers. 23 y 24, Pablo vuelve sobre el tema de los judíos, y hace ver a estos gentiles que si ellos que eran ramas de olivo silvestre, fueron injertados en el buen olivo por su fe, Dios tiene poder para injertar en ese olivo las ramas naturales que fueron desgajadas: “Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?”

Pablo no está hablando aquí de una conversión nacional del pueblo de Israel que habrá de ocurrir en el futuro, sino del mismo tema que ha venido hablando desde el principio: que los judíos no han sido completamente desechados por Dios, pues la puerta de la salvación sigue abierta para todo judío que viene a Cristo en arrepentimiento.

En nuestro próximo artículo, si el Señor lo permite, veremos a qué se refiere Pablo en el vers. 26 cuando escribe “y así, todo Israel será salvo”, como traduce adecuadamente la Biblia de las Américas.

Sugel Michelén

Autor: Sugel Michelén

estudió para el ministerio en 1979. Posteriormente fue enviado por la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo (IBSJ), en Santo Domingo, República Dominicana, a la ciudad de Puerto Plata, a comenzar una obra allí. Pero a finales del 1983 fue llamado a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ, donde sirve al Señor desde entonces, exponiendo regularmente la Palabra los domingos. También es autor del blog Todo pensamiento cautivo.


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