Cuando Bruce fue comisionado como “Dios interino” y se convirtió en Bruce “Todopoderoso”, se dio cuenta de que eso de ser Dios es un asunto muy complicado para un ser humano. Tener poderes puede ser útil y hasta divertido, pero administrar la historia y la vida de las personas es un barullo de grandes proporciones. No vamos a resolver el problema aquí, pero sí podemos proponer unas reflexiones.

Uno de los temas de mayor complejidad en la teología bíblica es precisamente ese que muestra la citada película, la soberanía divina en relación con la responsabilidad humana. La Biblia afirma las dos cosas sin ponerle mucha tiza. Pero cuando uno se pone a pensar en el asunto, la lógica casi inevitablemente lo lleva a concluir que las dos cosas no pueden ser ciertas. ¿Cómo puede Dios tener todo determinado y al mismo tiempo el ser humano tomar decisiones libremente? O lo uno o lo otro, pero no los dos a la vez.

Decir que una cosa es que Dios sabe lo que va a ocurrir y otra es que lo determine podría parecer una solución. Sin embargo, la Biblia afirma las dos cosas, no sólo que Dios lo sabía, sino que lo determinó.

Uno de los personajes bíblicos que afirma estas cosas es Pedro. Ya arrepentido y restaurado de su profunda caída al negar que conocía a Jesús, Pedro se convierte en predicador evangelista y defensor de la fe en Cristo. Muchos fueron los convertidos por su predicación; lo cual sugiere que los oyentes entendieron su mensaje y que el Espíritu Santo actuó en ellos. El problema es cuando nosotros, que tenemos una forma de pensar distinta a los judíos del primer siglo, nos ponemos a examinar lo que Dijo Pedro.

Así interpreta Pedro la muerte de Jesús: (1) Este fue entregado según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios; (2) por medio de gente malvada ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz; y (3) Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio (Hech 2:23–24).

Dios tenía un propósito en la muerte de Jesús, la determinó y lo sabía. Pero, quienes mataron a Jesús no son títeres de Dios; son responsables por sus acciones, tanto los autores materiales como los que estaban detrás de esa muerte. Pero, hay cosas en las cuales los seres humanos no pueden intervenir de ninguna manera. Ninguna acción humana podía detener la resurrección de Jesús. Se trata de una realidad ontológica de la divinidad; es decir, por definición Dios está por encima de la muerte; no hay decisión humana con poder alguno contra la resurrección de Cristo.

Una pregunta que surge de esta discusión es si las tres afirmaciones de Pedro se aplican a todos los eventos de la historia y a todos los seres humanos de todos los tiempos en todas partes del mundo. La respuesta preliminar es que sí, que Dios sabe y determina la historia, que los seres humanos somos responsables por nuestras acciones y que los propósitos últimos de Dios no los detiene nadie. Si incluye a Judas (Jn 17:12), y a los que mataron a Jesús, entonces nada queda por fuera. En conclusión, somos libres para hacer lo que Dios ya determinó para poder cumplir así sus propósitos soberanos, los cuales son siempre los mejores. En otras palabras, somos libres para hacer lo que nos dé la soberana gana. ©2013Milton Acosta

Milton Acosta

Autor: Milton Acosta

Profesor de Antiguo Testamento en la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia (www.unisbc.edu.co); Editor de Antiguo Testamento para el Comentario Bíblico Contemporáneo; M.A. Wheaton College Graduate School– Ph.D. Trinity Evangelical Divinity School (Antiguo Testamento).



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