El capítulo primero de Juan está lleno de sorpresas y la más grande de todas es que Dios entró en la historia humana. La escritura nos dice que Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo (Jn 1:14). “Dios se ha metido donde estamos nosotros y nos entiende desde adentro”[1]. Juan nos dice que “en él estaba la vida y la vida era la luz de la humanidad” (Jn 1:4). Jesucristo no solo nos da la vida sino también la luz que nos guía en esta vida. Es una luz que resplandece en las tinieblas y las tinieblas no pueden extinguirla (Jn 1:5). Es un mensaje de esperanza en medio del dolor y el quebranto.

Juan escribe a personas afligidas por las tinieblas. Les da ánimo con su anuncio. ¡La luz resplandece! y quiere animar a los que sufren para que sigan adelante. Es una luz que puede guiarnos en medio de las tinieblas de nuestros conflictos, de los grandes problemas y circunstancias adversas. Junto con la visión de la majestad de Jesucristo (Jn 1:1-3) nos encontramos con esta buena nueva que la luz triunfa sobre la oscuridad y no puede ser vencida. Esta luz verdadera ha venido a este mundo para alumbrar a todo ser humano (Jn 1:9).

Somos desafiados a creer en la luz y seguir creyendo. Es una luz que no puede ser extinguida. Ahora bien, tiene un precio creer. Implica acercarnos a la luz y dejar que esta luz nos examine, nos descubra y muestre quienes somos. La luz divina nos revela lo que muchas veces no queremos aceptar (Jn 3:20). Jesús nos quiere examinar y evaluar (Ef 5:13). Vuelve a visitarnos en este tiempo y se acerca a todos incluyendo a los que decimos ser “suyos” (Jn 1:11).

Es una luz molesta e indiscreta porque descubre nuestras miserias, limitaciones y mezquindades. “Es una luz que no se resigna a ser un puro adorno, sino que compromete, que exige cambios dolorosos en nuestra existencia” [2]. Es una luz fastidiosa y provocativa que nos lleva muchas veces a resistirla y oponernos “porque la luz es lo que hace que todo sea visible” (Ef 5:14). Nos colocamos las manos sobre nuestros ojos en vez de rendirnos ante ella.

Solemos creernos personas buenas, razonables, proyectando una imagen de gente correctamente calificada y honesta hasta que la luz nos descubre. Lo paradójico es que hay personas que pierden la vida y odian la luz por su afán de evitar la luz en vez de aceptarla, reconocerla y experimentar un nuevo comienzo. Lo que nos puede dar salud y salvar es lo que muchas veces rechazamos (Jn 3:16-20).

Creer es actuar y es tomar acciones concretas sobre lo que Dios ha hecho. “Cuando Dios viene al mundo lo pone en crisis. La crisis es esta: hay que definirse… Lo que no se puede hacer es permanecer neutral” [3] La escritura nos anima a prevalecer, ser constantes y no volver atrás. La luz vence y nos da valor para continuar. La verdad prevalecerá sobre la mentira, la justicia sobre la injusticia, el amor sobre el odio. ¡No te rindas jamás! No te dejes vencer por lo malo. No te inclines a la oscuridad, a las reglas del sistema o el mercado a costa de darle la espalda a Dios.

El evangelio de Juan nos llama a creer, a ser transformados y esto comienza con el arrepentimiento y la fe. El verbo creer en este evangelio se usa unas 100 veces. Se trata de una manera de vivir. “Es vivir una respuesta positiva a la iniciativa de Dios. Es responder a la acción que Dios ha tomado”[4]. Comienza con el nuevo nacimiento pero no termina ahí. Tener vida plena implica que estamos siendo transformados en la medida que nos acercamos a la luz, todo ser humano la necesita, nosotros la necesitamos. La buena noticia es que Dios desea realizar en nosotros esta transformación.

Finalmente, la gente necesita oportunidades de palpar como encarnamos el evangelio (ser, hacer y decir) a fin de que todos puedan creer. La luz necesita testigos (Jn 1:6-8) y se nos invita a unirnos a la misión de Dios en el mundo. “Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo” (Mt 5:16). “Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz (el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad)” (Ef. 5:8-9). Hay que llegar a todas las personas brillando en la oscuridad (Tit 2:14, 3:8 y 14, 2 P 3:9). “En ella ustedes brillan como estrellas en el firmamento” (Fil 2:15).

Una vez más Jesús nos dice: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” Jn 8:12

Preguntas para la reflexión

¿Cuáles son los conflictos que vivimos en nuestro tiempo? ¿Qué significa prácticamente para la vida de la iglesia que la luz resplandece sobre las tinieblas y no pueden apagarla? ¿Qué actitudes estamos tomando para confrontar los conflictos que vive nuestra sociedad?

¿Qué situaciones nos cuesta confrontar cuando la luz nos examina y evalúa? ¿Qué actitudes debemos tomar ante esto? ¿Cuáles son los cambios que debemos experimentar a nivel personal, como iglesia y sociedad para ver una transformación de la vida en plenitud?

¿Qué implica prácticamente para nosotros ser testigos de Jesucristo?

Carlos Scott

Misión Local y Global (GloCal)


[1]Slade, Stan. El evangelio de Juan. Comentario Bíblico Iberoamericano,  P. 40, Ediciones Kairos, 2006

[2]Pronzato, Alessandro. Evangelios Molestos, P 14, Ediciones Sígueme, 1986

[3]Ibíd., p. 92, 2006, Ediciones Kairos

[4]Ibíd., p. 38, 2006, Ediciones Kairos

Carlos Scott

Autor: Carlos Scott

Carlos es miembro del comité ejecutivo y del consejo de liderazgo global de la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial (WEA), Reside en Buenos Aires.


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