Por Carlos Scott

Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos. Por qué ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” Evangelio según Marcos 10: 35-45.

La situación de muchos países refleja una contienda de sectores que buscan mas poder y donde encontramos peleas internas. Parece ser una constante descalificar a otros en los medios de comunicación, la lucha por tener poder, agresiones sutiles de todo tipo, la falta de veracidad, reclamar más autoridad y llamar bueno lo que es malo. Los resultados están a la vista con la pérdida de valores, el crecimiento de la pobreza, la exclusión o expulsión de más personas del mercado laboral donde la indigencia, la violencia e inseguridad completan el cuadro.

Las diferentes situaciones que se dan nos hacen recordar lo que le pasó al grupo de discípulos de Jesús. Entre los discípulos y Jesús mismo había diferentes maneras de interpretar el reino. En algunos de nuestros países parece que también hay diferentes maneras de interpretar los valores que debe tener un determinado sistema sociopolítico y económico. Nos encontramos con una sociedad carente del conocimiento del evangelio pero con conocimiento de cómo funcionan las estructuras de poder. Se destaca la prepotencia y arrogancia de unos y otros. El pasaje bíblico hace referencia a la petición de Jacobo y Juan. Se observan la ambición, la soberbia y el egoísmo. Se contrapone lo que los discípulos quieren y lo que Jesús vino hacer. La discusión que los discípulos tuvieron sobre quién es el más importante (Mr. 9:34) quedo atrás. Ahora el tema que les ocupa es quien ocupará el primer lugar, quien tendrá más privilegios y ventajas.

Jesús responde: “Entre ustedes no debe ser así”. El requisito para ser grande es ser servidor. Lo trascendente es renunciar a un afán de dominio y tener un sello completamente distinto: Ser esclavos de todos. El requisito es ser diácono, servidor de todos. Jesús con su ejemplo indica que el poder es para servir, amar al prójimo y la grandeza implica la capacidad de ser humilde. “El criterio de autoridad, por tanto es la ventaja que reciben los demás”. [1] Si nuestra perspectiva es autoritaria y verticalista, nuestro estilo de vida será impositivo por lo tanto no cuestionaremos los abusos de autoridad o poder.

Los diferentes sectores en pugna que se encuentran en nuestras regiones muestran sus

serias falencias. El peligro de los abusos de autoridad sigue latente. La respuesta que tenemos como Iglesia ante la sociedad es encarnar el mensaje, predicar a tiempo y fuera de tiempo: ser, hacer y decir. Jesucristo vivió el grado más alto de grandeza a través del servicio para luego darlo a la Iglesia. Por eso, desde ese momento el fundamento para una institución y sociedad sana solo puede ser una imagen invertida del poder. La grandeza, importancia y poder es para servir y no para servirme.

Lo cierto es que Jesucristo quiere cambiar nuestra mentalidad y pragmatismo. Jesucristo quiere arrancar completamente de nuestras vidas el afán de dominio de una persona sobre otra. Es una actitud interior y una invitación a formar parte de la comunidad del reino de Dios que se proyecta en servir a todos. Para eso, hoy más que nunca necesitamos ser rescatados por Dios y asumir nuestra vulnerabilidad.

El  escritor Mel Lawrenz  con motivo de las elecciones presidenciales en su país publico una carta dirigida a los gobernantes[2]. Es un llamado a buscar sabiduría.  Intentare sintetizar y parafrasear su sentir: “La necedad nos matara sino crecemos en sabiduría. Ustedes han sido electos para llevar a cabo tareas casi imposibles: defendernos en un mundo inseguro, estructurar los servicios básicos y  proteger a quienes son vulnerables. Les rogamos abordar y confrontar los más grandes problemas sociales y económicos aunque quizás nuestra cultura juegue en contra de soluciones. En concreto, les pedimos que hagan aquellas cosas que nos resultan difíciles hacer y necesitamos que lo intenten. Todos debemos madurar y dejar atrás las necedades como la ingenuidad, irresponsabilidad y el cinismo. Y necesitamos líderes que nos guíen en el camino. Les pedimos que busquen mayor sabiduría en su liderazgo

Ustedes tienen el poder pero el orgullo y la arrogancia pueden arruinar su integridad. Ustedes tienen la autoridad pero deben desarrollar una autoridad moral para tener influencia honorable y duradera. Ustedes tienen la  responsabilidad de decir la verdad pero hay poderosas fuerzas enfocadas en torcer lo verdadero y enfocarse en la mentira. Necesitamos que sean  inteligentes y educados, pero sabios. Necesitamos un liderazgo fuerte que no viene de la fuerza de la personalidad y la voluntad sino de la fuerza de la verdad.

No se necesita tanto dictar lo que debemos hacer sino corrientes de sabiduría para que todos comprendamos lo que debemos hacer y elegir hacerlo. Por encima de todo lo que necesitamos es respeto. Necesitamos que respeten a todas las personas en cada parte del mundo, independientemente de su posición en esta vida porque la dignidad del ser humano es otorgada por Dios que es nuestro creador y el fundamento para una sociedad civilizada (Gn 1:27) Los “derechos inalienables” tales como  la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad deben estar equilibrados con las responsabilidades de la justicia, la equidad y generosidad.

Necesitamos que compartan buenas ideas basadas en grandes ideales. Como sociedad entendemos que el desacuerdo, el debate y la tensión son parte del proceso de gobernar pero les imploramos llegar a un consenso para los problemas acuciantes de nuestro tiempo.

Se les ha elegido para realizar tareas casi imposibles. Es por eso que ustedes  necesitan “la sabiduría que viene de lo alto”. Es una sabiduría primeramente pura, después pacifica, amable, bondadosa, dócil, abierta a la razón, llena de compasión, misericordia y de buenos frutos, imparcial y sincera (Stg 3:17) Si vuestra tarea es llevada a cabo con esta calidad de sabiduría no habrá forma de medir el alcance final de todo lo que se puede lograr

Todo esto se puede llevar adelante con lo que se espera de nosotros: “Practicar la justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu Dios” (Mi 6:8). Ganar una posición o  elección en cualquier ámbito no es suficiente. Rogamos que tengan el coraje, valentía  y abnegación pidiendo sabiduría a nuestro Dios (2 Cr 1:10)”

Como iberoamericanos oramos en este tiempo por cada uno de los Países que representamos y por la Iglesia. Que pueda haber actitudes humildes delante de Dios y de los hombres, a favor de la justicia, la misericordia, la paz y la verdad. Oramos por las naciones y la iglesia para que encarne la misión a semejanza de Jesucristo. El poder del amor y no el amor al poder. Esto también es evangelización. Que la Iglesia de Jesucristo sea una puerta abierta de bendición para todas las naciones.

Preguntas para la reflexión:

¿Cómo es nuestra perspectiva sobre el poder?

¿Cómo es nuestro estilo de servicio o liderazgo?

¿Es autoritario, impositivo y verticalista?

¿Cuál es la principal motivación en mi servicio?

¿Busco reconocimiento, prestigio, dominio y control?

¿Soy celoso, envidioso, compito y tengo discordia o rivalidades con otros?

¿Nuestras relaciones están basadas en la paz, alegría, bondad, fidelidad, amabilidad, humildad, dominio propio, paciencia, amor y perdón?

¿Sirvo a unos pocos o soy siervo de todos?

Carlos Scott

Misión Local y Global (GloCal)


[1]Pronzato, Alessandro, Evangelio de Marcos, Ediciones Sígueme, Salamanca 1982, vol. ii, pág. 164.

[2]http://www.thebrooknetwork.org/2012/11/06/wisdomwashington/

Carlos Scott

Autor: Carlos Scott

Carlos es miembro del comité ejecutivo y del consejo de liderazgo global de la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial (WEA), Reside en Buenos Aires.


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