En la época de los Jueces, cuando los israelitas le dijeron a Gedeón “reina sobre nosotros tú y tu hijo y también el hijo de tu hijo” éste respondió muy dignamente: “yo no reinaré sobre ustedes y tampoco reinará mi hijo sobre ustedes, sino que Yavé reinará sobre ustedes” (Jueces 8:22–23).

La respuesta de Gedeón ha sido utilizada muchas veces como ejemplo del líder que no anda buscando puesto ni reconocimiento, sino que reconoce que el rey de Israel es Dios. Esto suena muy piadoso, muy “bíblico” y muy bonito, pero las palabras de Gedeón significan realmente todo lo contrario de lo que dice. Estamos frente a una ironía, un recurso literario de mucha utilidad y común en la Biblia. ¿Cómo lo sabemos? Leamos el resto de la historia.

Inmediatamente después de tamaña confesión de humildad, Gedeón hace lo que hacen los reyes: cobrar impuestos. A petición de Gedeón, cada varón entrega un zarcillo de oro de los que habían tomado del botín en su guerra contra Madián. La colecta sumó mil setecientos shekels de oro (8:24–26). Esta es la primera prueba de que Gedeón dice una cosa para significar lo contrario.

Con el oro, Gedeón fabrica un reemplazo para Yavé: un efod “con el cual todo Israel se prostituyó” (8:27). Esta es la segunda prueba: no tiene intenciones que Yavé reine sobre Israel.

Un dato adicional que nos proporciona el texto bíblico es la vida familiar de Gedeón: “tuvo setenta hijos, quienes eran sus descendientes directos, porque tenía muchas mujeres” (8:30). Esto es familia de reyes, muchas mujeres y muchos hijos. Llegamos así la tercera prueba de que en la Biblia se puede encontrar un texto que dice una cosa para significar lo opuesto. Pero hay todavía más.

Uno de los hijos de Gedeón, con una cierta concubina de Siquém, se llamaba Abimelec (8:31). A primera vista es un nombre inocente y muy bíblico también. Bíblico sí que lo es, pero no tan inocente pues la etimología de este nombre resulta altamente sugestiva en esta historia. El hombre que dice que no va a reinar tiene un hijo cuyo nombre es abi-melek, ¡“mi padre es rey”! Y esta es la cuarta prueba.

Y llegamos a la quinta, ¿qué sucede enseguida? “Tan pronto como murió Gedeón el pueblo de Israel volvió a prostituirse tras los Baales y determinaron que Baal-Berit sería su dios” y “no se acordaron que Yavé, quien los había librado de la mano de sus enemigos;” y para completar, tampoco tenían mucho aprecio por Gedeón pues “no mostraron bondad (hesed) a la casa de Gedeón (8:33–35). En otras palabras, Yavé no reinó sobre ellos. Y van cinco.

La sexta y última puntada que cierra todos los detalles de la declaración aparentemente humilde de Gedeón la constituye las acciones de ningún otro que Abimelec: se va a Siquem, arenga a sus familiares, y se autoproclama el mejor candidato para reinar sobre ellos (Jueces 9:1–3). Acto seguido, imita a su padre y cobra sus impuestos: “le dieron setenta piezas de plata de la casa de Baal-Berit” [!] y con ellas contrató su propia banda de mercenarios para asesinar a sus propios hermanos, los enemigos potenciales al “trono” (9:4–5).

Así completamos seis evidencias con las cuales el texto nos muestra que una persona en la Biblia es capaz de decir algo que suena muy bonito, pero que comunica todo lo contrario. Tal es el estado de Israel en esta época que ni la palabra, ni la vida de la gente, ni el mismo Yavé tiene valor alguno para ellos. Lo que importa es utilizar el lenguaje “bíblico” en los discursos, el poder y la seguridad que dan los hombres de guerra y la prosperidad que garantiza Baal. En esto terminó la historia de Gedeón, alguien que, por cierto, también tenía un poderoso testimonio para contar: llamado de manera sobrenatural (Jueces 6:11–27) y liberador poderoso de Israel (Jueces 6:28–8:21).

De este modo eran las cosas en los días en que no había rey y cada uno hacía lo que bien le parecía: el más inútil termina gobernando (Abimelec) porque tiene discurso convincente y sabe matar. La Biblia no lo deja pasar sin añadir una burla de tal pueblo y de sus líderes, la fábula de los árboles (Jueces 9:7–21). Demostrado queda entonces cómo la Biblia utiliza el lenguaje de una manera creativa, dejando que las personas digan una cosa para significar otra por medio de la ironía. Es decir, en este texto (Gedeón) dice exactamente lo contrario de lo que dice.

Literalmente “el señor del pacto.”

Milton Acosta

Autor: Milton Acosta

Profesor de Antiguo Testamento en la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia (www.unisbc.edu.co); Editor de Antiguo Testamento para el Comentario Bíblico Contemporáneo; M.A. Wheaton College Graduate School– Ph.D. Trinity Evangelical Divinity School (Antiguo Testamento).



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