Romanos 8:5-9

Introducción

Después del fracaso de Pablo en Romanos 7: 7-24  por haber confiado en sí mismo, él introduce la verdadera liberación que había anhelado antes. Cambia drásticamente el ambiente de “¡Miserable de mí!” a una exclamación de: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro . . . Ahora , pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 7:24, 25; 8:1). Con Pablo respiramos nuevos aires frescos de aquí en adelante.

Algo fundamental debió haber pasado que cambió totalmente el rumbo de su fracaso y quebrantamiento a victoria en unión con Cristo. Debió haberse contado “muerto al pecado y vivo para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11).  No hay otra posibilidad. No le costó una larga lucha, ni esfuerzos religiosos, ni ayuno, ni búsqueda de alguna experiencia. Le llegó como lo era, una dádiva de Dios (Romanos 6:22, 23).

Pablo explica esta liberación en términos de la persona y la obra del Espíritu Santo, en nada más ni en nada menos. “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me libró (aoristo/pasado) de la ley del pecado y de la muerte” (8:3). Jesús  había profetizado esto refiriéndose al Espíritu Santo: “. . . tomará de lo mío, y os  lo hará saber” (Juan  16: 15). No es cuestión de buscar nada, sino sólo: “contarte muerto y vivo, no dejar reinar el pecado sino no seguir presentando los miembros sino preséntate a ti mismo y tus miembros . . . y no se enseñoreará del pecado sobre ti” (paráfrasis mía de los pasos de fe que nos conducen a la victoria (Romanos 6:11-14).

Dos observaciones claves después de un quebrantamiento y una condición urgente.

Pero hago dos observaciones importantes.  Esta gran victoria llegó después de un rotundo fracaso, un quebrantamiento,  un aborrecer de su vida.  La victoria no tardó mucho tiempo en llegar porque no dependía de Pablo sino del fiel Espíritu al responder a la fe santificadora basada en esa muerte nuestra. La otra observación es que la victoria es condicional. El Espíritu nos libró, pero agrega Pablo una nota de advertencia: “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (8:4).  Es esa posible conformidad a la carne que le da pausa y por eso nos advierte solemnemente.

La vida victoriosa no nos es automática sino que requiere una constante dependencia del Espíritu Santo y una desconfianza o “desaprendizaje” de nuestros méritos.  Aquí entra la fe en el juicio divino en la Cruz contra nuestra carne (8: 3), el morirse a sí mismo (6:6) o el mensaje de la Cruz.  Donde opera  la Cruz en cancelar el domino de la carne (Romanos 6:6), allí precisamente opera el Espíritu Santo en hacer vivir en nosotros la vida resucitada de Cristo.

Reseña del “modus operandi” de todo ser humano – conforme al Espíritu y no conforme a la carne

El Diccionario de la Real Academia Española define el “modus viviendo/operandi” como: “modo de vivir, base o regla de conducta, arreglo, ajuste o transacción entre dos personas”.  Ahora Pablo deja el tema de la llenura del Espíritu para tratar más a fondo las dos dinámicas grandes que operan en la vida de todo ser humano. Es imprescindible entender el origen y las descripciones de las dos dinámicas para poder identificar ¿cuál es de Dios? y ¿cuál es del diablo o del mal  nuestro?

Es evidente  que sólo puede haber dos dinámicas o leyes – las de Dios y las del diablo/el pecado. Pablo ha tratado esas dos en varias comparaciones en sus epístolas: la fe contra las obras (Romanos 4:4, 5), el Espíritu contra la carne (8:4, 12, 13), la gracia de Dios contra la ley (6:14). Ante Dios el Juez justo mismo son los que son de Cristo, los salvados por su gracia o los que son del padre de las mentiras, Satanás, los que nacieron en Adán (Juan 8:44).

Veamos  primero las características del incrédulo: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne (8:5) . . . porque  el ocuparse de la carne es muerte (v.6) . . . por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden (vv.7, 8) . . . y los que  viven según la carne no pueden agradar a Dios (v.8). ¡Qué tremenda denuncia de la condición perdida del incrédulo! Cuatro veces juzga rotundamente al incrédulo.

Por puro contraste ¿cuáles son las características del creyente por la gracia de Dios? “pero los que son del Espíritu (piensan) en las cosas del Espíritu (v.5)  . . . pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz (v.6).  Son dos bendiciones aseguradas y sigue la aseveración positiva: Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (v. 9). Ésta es una descripción de la vida victoriosa y una declaración contundente que se debe tomar muy en cuenta.

Toma nota de los nombres de la Trinidad: primero solo el Espíritu (v. 5), el Espíritu de Dios y el Espíritu de Cristo (v.9 bis). El Espíritu Santo es el ejecutivo divino que logra en el creyente la obra de Dios. Él es nuestro agente indispensable. Nuestras buenas obras no logran nada sin que él las haga a través de nosotros. Dios nos ayude a tomarlo mucho más en cuenta día tras día.

Volvamos al Antiguo Testamento para ver el origen de estas dos dinámicas descritas

Hace unos 40 años que enseño la doctrina de la soteriología, la de la salvación. El plan salvífico se originó en Dios mismo desde el mero momento de la caída de nuestros primeros padres en el Huerto de Edén. Un retorno al Antiguo Testamento nos da la verdadera perspectiva de Dios. Tantas veces estudiamos la salvación como si fuera nada más que la del Nuevo Testamento. Quedo convencido que no podemos entender la salvación si no la vemos tal como es en el AT.

Me impactó mucho cuando me di cuenta de que Cristo evangelizó a Nicodemo en Juan  3 y a la vez introdujo claramente la doctrina de ser nacido de nuevo, nacido del Espíritu, él usó el Antiguo Testamento. No hubo el Nuevo en aquel entonces.  Su Biblia era la versión LXX,  Septuaginta, la versión traducida del hebreo al griego desde el tercer siglo y terminada por 132 AC. Era la Biblia de los mismos apóstoles que predicaron con tanta unción en el Día de Pentecostés. Pablo comprobó que Jesús era el Mesías usando sólo el A.T.

Me gusta mucho lo que se ha atribuido a San Agustín: “El Nuevo Testamento está en el Antiguo implícito y latente; el Antiguo Testamento está en el Nuevo explícito, patente  y revelado.

El “protevangelium” de los padres primitivos de la iglesia

Los teólogos de la Iglesia primitiva definieron Génesis 3: 15 como el “protevangelium” (latín). No es tanto el primer evangelio sino el prototipo, es decir, el patrón, el molde,  el diseño del evangelio según el Nuevo Testamento.  Cuando se hace un avión nuevo, hacen un prototipo que será el patrón exacto,  puesto a prueba y garantizado de volar.

Cuando la serpiente sedujo a Eva en Génesis 3, Jehová Dios tomó cartas de inmediato en poner en acción su protoevangelio. Lo  hizo por revelar directamente al diablo su plan de acción de oídas de nuestros primeros padres.  Quizá no se dieron cuenta de lo que Dios en su soberanía le reveló a su adversario. Sin embargo  Génesis 3:15 es  un transcrito a grandes rasgos del evangelio por revelarse en el Nuevo Testamento.

Dios muy al tanto de lo que había pasado en el Huerto de Edén se acercó a Adán primero con la simple pregunta: ¿Dónde estás tú? Le dio  la oportunidad de confesar su pecado, pero respondió “la mujer que tú me diste . . . echándole la culpa a Dios mismo. Luego a Eva le hizo una pregunta y ella con semejante respuesta dijo: “la serpiente me engañó . . .” De inmediato se dirigió a la serpiente:“Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste maldito serás . . . .” En ese mismo momento Dios anunció su maldición irrevocable.

Dios hizo lo que ningún general habría hecho  para con su adversario; le reveló claramente el plan de recobrar y salvar a sus criaturas y a la vez destruir a su enemigo y a sus todas sus huestes malignas. Tal es la soberanía de Dios. Se deleita en revelar su poder incuestionable.

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente de suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). En unas 28 palabras en español anuncia su plan de acción.  Aquí mismo tenemos el origen de las dos dinámicas que Pablo pone delante de todo ser humano – Dios o el diablo, el Espíritu o la carne.  Estudiemos más a fondo el origen histórico de la carne y el Espíritu que Pablo introduce en nuestro pasaje en Romanos 8:5 – 9.

Cinco proposiciones soberanas resultarán en la victoria final en la Cruz del Calvario

  1. Pondré enemistad Dios toma la iniciativa e introduce su plan de acción. Sabe a dónde va y cómo llegará al final. Habrá una incompatibilidad entre estas dos dinámicas; nunca podrá ser un acomodo, un compromiso.  Esta incompatibilidad es inherente en la santidad de Dios. Esto nos da una perspectiva por qué sólo la muerte del mismo Hijo de Dios podría romper el  poder del mal. Dios tuvo que iniciar la salvación. Por eso tantas veces Jesús decía: “Es necesario que el Hijo del Hombre padezca y sea desechado por los ancianos  . . . y que sea muerto, y resucite al tercer día (Lucas 9:22). De tal magnitud ante Dios era nuestro mal.
  1. Pondré enemistad entre ti y la mujer Aquí Dios introduce a quien sería el medio escogido de victoria. Sería una mujer. “He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14).  “Dios con nosotros” (Mateo  1:23).  Es un acto de pura gracia. El diablo sedujo a Eva, una mujer, pero Dios usaría a una mujer como el medio de hacernos llegar al Mesías. Pablo identifica “la simiente suya” como la de Abraham, “como si hablase de muchos, sino como de uno: Ya tu simiente, la cual es Cristo” (Gálatas 3: 16).
  1. Y entre tu simiente y la simiente suya En esta frase se involucra toda la humanidad. No será algo de un día no más, sino que se extenderá esta oposición y enemistad puesta por Dios  a través de todas las generaciones. Será una guerra larga, nada más que una lucha interminable o en el cielo o en la muerte segunda (Apocalipsis 20:11-15). Los de su simiente eran: Caín, Lamec (Génesis 4), los antediluvianos (Génesis 6), los de la Torre de Babel (Génesis 10); los de “la simiente suya (de ella)eran: Abel, Enoc, Noé, Abraham, etc.
  1. Ésta te herirá en la cabeza Éste es el clímax, la cumbre. Un golpe aplastante a la cabeza es mortal y final. No hay la manera de sobrevivir tal golpe. Ésta es una referencia a la obra de Cristo en la Cruz cuando Dios lo puso como propiciación por nuestros pecados (Romanos 3:25). Cristo mismo dijo: “Ahora es el juicio de este  mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera y yo si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo, Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir” (Juan.12:30-33). El autor inspirado de Hebreos lo dice concretamente: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte, esto es, al diablo y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2: 14, 15).Así tenemos la Cruz en el Antiguo Testamento.

  1. Y tú le herirás en el calcañar Dios agrega que su victoria en su hijo sería por medio de los sufrimientos, hasta muerte de cruz, pero habría una resurrección y una ascensión triunfante.  Su muerte expiatoria y vicaria era absolutamente necesaria. Tal era el poder del mal que nada menos que una muerte sustitutiva pudiera romper el dominio del diablo.  Le costó a Dios mismo  la vida de su Amado Hijo. Por medio de los sufrimientos y la muerte en la Cruz, Cristo logró apaciguar la ira santa de Dios y satisfacer la ley de Dios. Dios no se perjudicó en nada al dejar caer sobre su Hijo su ira santa. Cristo la tomó voluntariamente y triunfó una vez por todas. En esa muerte Dios rompió también el domino de la carne una vez por todas en la vida del creyente.

Con este repaso histórico que nos orienta históricamente, Pablo nos informa que no hay nada nuevo en el mundo.  La lucha titánica sigue en el incrédulo donde Satanás reina sin rival. Pero Dios afirma que Satanás es un enemigo ya vencido sin derecho alguno de reinar en la vida del creyente.  De manera muy realista,  Pablo admite aun en este capítulo de victoria que la dinámica del pecado, el “yo”, persiste en el creyente. Dios en su soberana sabiduría lo permite persistir para que el creyente dependa de él y sólo de él.

Ahora en unión con Cristo el creyente no se ve obligado de ninguna manera de dejarlo reinar.  Por eso en Romanos 6:12, 13: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni  tampoco; presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos y vuestros miembros a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia”.

Fue esa iluminación de Romanos 7: 25  que produjo en Pablo ese grito de gratitud: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”. Pablo por fe ya agarró que ahora vivía bajo la gracia de Dios y no bajo la tiranía de la ley. Esa liberación llegó a ser una característica de Pablo. “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento” (2 Corintios 2: 14).

Pablo ahora está listo a dar fin a la larga trayectoria de la salvación que empezó en Romanos 3: 21, 22; en esos versículos Pablo introdujo  la doctrina de  la justificación por la fe. “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo . . . .” Ya que la justificación es la base firme de la santificación, Pablo ahora toma  su posición por fe unido a Cristo y realiza una posición irrevocable ante el Juez justo. Pero sobre esta posición tan firme, ahora realiza por el Espíritu Santo una condición creciente de santidad y victoria en el diario vivir.

En la próxima lección Pablo llegará a la cumbre de la vida abundante en Cristo Jesús.

Tuyo en el mensaje de la Cruz,

G. Ernesto Johnson

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Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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