Ya realizada la victoria a través del Espíritu Santo

Romanos 7:25; 8:1-4

Introducción

Todavía suena en el corazón de Pablo ese grito de desesperación: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? (7: 24). Así dejamos a Pablo en el “pozo de la desesperación” (Salmo  40:20) en la última lección. Venía él dando los tres pasos para abajo hacia su quebrantamiento de confianza en sí.  Ha sido un camino doloroso, pero en la providencia del Señor él está llegando, por fin, al callejón de confiar en sus propios esfuerzos bajo la ley.

El triste pasado de derrota bajo las demandas de la ley

En dicha ocasión Pablo sabiendo el camino de la victoria en la gracia de Dios, optó  por ponerse bajo la ley. Resultaron el fracaso y la frustración porque la  ley en la vida del creyente no tiene parte alguna. Pero la carne al hacer frente a las demandas de la ley se esfuerza. Cree que sí se puede logar algo. Pero por fin Pablo se da por vencido. Ya no puede más.

Eso en sí es un paso necesario para delante.  En la pregunta que sigue hay cierto elemento de esperanza. ¿Quién me librará? Tiene que ser alguien que esté fuera de sí; pero se nota el segundo paso para abajo en 7: 18 “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne no mora el bien, porque el querer está en mí, pero no el hacerlo.” Pablo viene discerniendo que hay un doblez en sí; la carne se opone pero hay alguien o algo bueno que está en él. Lo confiesa pero no sabe cómo hallarlo.

Al final de cuentas Pablo reconoce el problema; precisamente es el cuerpo de muerte. Ha identificado bien: “pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (7:23).

Desde la derrota hasta la victoria en un momento decisivo

De golpe desde su fracaso abismal exclama: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” ¿Cómo podemos explicar este cambio de rumbo tan fuerte?  Debió haber pasado algo de vital importancia. No se explica de otra manera. Ha sido un viraje de 180 grados de un momento a otro.  Sabiamente el Espíritu Santo no nos explica sus caminos. Él es soberano como Jesús dicho: “El viento (en griego – espíritu) sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas no sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3: 8).

Pero tengo que decir que debió haber habido una iluminación del Espíritu mismo. Sólo él da vida. Jesús había dicho: “El Espíritu es el que da vida: la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y vida” (Juan 6:63).

Sugiero esta buena posibilidad.  Pablo en su desesperación había identificado correctamente el problema: el cuerpo de muerte. Pero esa misma frase aparece en Romanos 6:6 con un ligero cambio. Allí está el cuerpo de pecado. Pablo en 7: 25 pone el efecto por la causa. El pecado resulta en muerte, pero el Espíritu en vida abundante. Es ese momento el Espíritu reveló a Pablo, no por la ley que condena, sino por tomar por fe su propia posición en Cristo muerto al pecado – el cuerpo de muerte – y vivo para Dios en Cristo Jesús.  Pablo dio el primero y el único paso, paso de fe de acuerdo con Romanos 6: 11: “Cuéntate muerto al pecado, pero vivo para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

La victoria no viene por el ayuno, ni la oración, ningún acto espiritual, ni ninguna búsqueda especial de Dios. Al contrario la victoria en unión con Cristo está al alcance de todo aquel que toma su posición en Cristo en fe y nada más. Es cuestión de creer y dar gracias a Dios por lo que él hizo de una vez en la Cruz.

Mi mentor el Dr. F. J. Huegel solía decir: “La gratitud o las gracias es la fe en pleno florecimiento.” Al haber recibido lo dado es seguido de inmediato por las gracias profundas. Es la lógica divina. Sigue el bendito resultado: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (8:1). Pablo respira nuevos aires de victoria.

Sugiero aquí un breve paréntesis que a primera vista parece romper la conexión fuerte entre 7:25 y Romanos 8:1 “Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.” Dejaría la impresión que así le resulta normalmente a Pablo tal vida de doble ánimo.  Pero no puede ser la explicación porque Romanos 8:1-39 es un andar de los que son “más que vencedores

Creo que por no querer romper la íntima relación entre 7: 25 y 8:1 en adelante, es decir, las gracias dadas y ninguna condenación, Pablo inserta sólo este breve resumen de lo que pasó precisamente durante dicha época de su vida; así vivió una vida de doble ánimo, pero ahora ya no.   Pablo vuelve a declarar su liberación de condenación. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.

Vale el recordatorio de aquella época en su vida. Nos advierte Pablo que esa conclusión triste se hace cada vez que volvemos a ponernos bajo la ley; resultará inevitablemente en la misma derrota.  Queda esa posibilidad triste y Pablo la admite, pero de ninguna manera implica ni sugiere que en ese estado de doblez el creyente tenga que andar.

La nueva posición del régimen nuevo del Espíritu Santo   Romanos 8:1

Empieza por afirmar con toda seguridad que ya no vive bajo la condenación ni de la ley, ni de su conciencia y ni del diablo. Ha tomado su posición muerto al pecado y vivo para Dios conforme a Romanos 6: 11-14. Ésos son los pasos críticos que dar.

No puedo enfatizar demasiado esos pasos que nos conducen a la victoria de Romanos 8:1-39. Son éstos: 1.) contarte muerto y vivo, 6:11;  2.) no dejar reinar el pecado, 6: 12;  3.) sin seguir presentando los miembros al pecado sino 4.) sólo por una presentación decisiva a la obra de la Cruz, 6: 13. Ésos son los pasos de la fe y la obediencia – fruto de la fe – y resultan en la liberación del creyente unido a Cristo 6: 14: “Porque el pecado no se enseñorearse de vosotros; pues no estáis bajo la ley sin la agracia”.

El verbo “presentarse” en Romanos 6 y Romanos 12

Quisiera hacer hincapié en lo crítico del verbo “presentarse” tanto en Romanos 6: 13 como en Romanos 12:1, 2. Tantas veces se aplican de manera separada.  El verbo aparece dos veces en el tercer y el cuarto paso de Romanos 6: 12, 13.  El verbo es del trasfondo militar. El soldado raso se presenta a sí mismo a la orden del coronel. El soldado espera la orden y al oírla, no tarda en cumplir.  “Presentarse” es más bien una actitud de la voluntad que se convierte en acción bajo el control de su superior. La vida cristiana bajo el régimen nuevo del Espíritu es la buena voluntad que actúa bajo la dirección del mismo Espíritu. No entra para nada ni mérito ni nuestra aportación.  Pero nuestra presentación es activa y alerta.

Hay un orden divino en el uso del verbo “presentarse” en los dos pasajes de Romanos 6 y 12. El orden es primero “presentarse” en cuanto a estar muerto al pecado, la vida vieja (6:13), y sólo luego vale la pena el segundo verbo de presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo (Romanos 12: 1,2). No podemos presentar nuestros cuerpos en sacrifico vivo si están todavía bajo el control de la carne. Dios no acepta nunca la consagración de la vida vieja. Más bien la clavó en la Cruz primero y luego estamos en la posición de poder presentar nuestro cuerpo en sacrificio vivo capaz de  glorificar a Dios en todo lo que  hacemos.

Nuestra identificación con Cristo llega a ser nuestra participación en victoria en Romanos 8:2

Después de afirmar con nueva confianza que no hay ningún tipo de condenación, Pablo nos da la razón en Romanos 8:2: “Porque la ley (dinámica) del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado (en el original me libró – tiempo aoristo/pasado) de la ley del pecado y de la muerte.” Debe notar que Pablo usa el término completo de “pecado y de la muerte”, combinando el de Romanos  6:6 con el de 7:24.

Debemos subrayar el tiempo de verbo clave en el original; “me libró” de una vez.  La victoria en la economía de Dios está ya lograda. No nos queda nada por hacer sino sólo creer, aceptar, afirmar y dar gracias por ella; todo está disponible ya en Cristo por fe. Estuvo ganada de una vez en la Cruz del Calvario.  Esto es la clave de la victoria, la vida llena del Espíritu Santo. Lo que buscaba Pablo en Romanos 7: 18: “porque el bien está en mí, pero no el  hacerlo”, ya lo halló en una nueva liberación.

Ésta es su Magna Carta de la libertad. Es una realidad fuera de él (el poder de la obra de la Cruz hace 2000 años), pero ahora dentro de él en la persona del Espíritu Santo quien realice en él por primera vez la victoria.  ¿Qué hizo él para lograrla?  Nada menos que creer, apropiar y dar gracias por la Cruz. Cuando Cristo dijo desde la Cruz, “CONSUMADO ES”, pronunció la última palabra de la justificación y la santificación.

Pablo vuelve a la Cruz  para explicar  el cómo de la victoria en Cristo  Romanos 8:3

Pablo explica precisamente en este versículo el cómo de tal victoria. “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó el pecado en la carne.” En el plan de Dios la ley nunca era destinada ni a traer la salvación, ni mucho menos la santificación.

Lo que Pablo trató de hacer fútilmente fue santificarse por sus mejores fuerzas e intenciones. Pero Dios lo dijo que era imposible. Pablo ya se da cuenta de que la victoria no viene de su respuesta a la ley sino sólo por tomar su posición en fe. El creyente está encerrado a Cristo crucificado por la fe; el Espíritu Santo hace la obra.

Dios sabía que sólo la muerte de su hijo pudiera romper los lazos del pecado original. Nada ni nadie menos que Cristo pudiera ser la propiciación por nuestros pecados, así anulando el dominio del pecado original. Dios mismo pagó el precio supremo en poner a su hijo como el único sustituto nuestro.  “Con todo eso, Jehová  sujetándole a padecimiento quiso quebrantarlo” (Isaías 53.10). “No escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas” (Romanos 8: 32). En breve, es Dios y solo Dios que efectuó  la salvación con el fin de llenarnos del Espíritu Santo quien sería el que nos da la victoria por medio de la fe.

El fin de todo esto es Cristo mismo a través de la llenura del Espíritu Santo   Romanos 8:4

Ahora Pablo llega a la finalidad divina de la llenura del Espíritu Santo, el “sine qua non”, la persona indispensable para llenarnos de la plenitud de Cristo.  La finalidad es: “para que la justica de la ley se cumpliese (se llenase) en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu (Romanos 8:4). La justicia de la ley consta no en las demandas de la ley sino en la ley como la expresión de la santidad, la humildad y el amor Cristo. “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:4). La llenura del Espíritu no es tan sólo para nuestro bien ni tan sólo para nuestro servicio sino para que Cristo viviera en nosotros en el diario vivir.

Ante todo, la llenura del Espíritu se ve en nuestro andar diario

La frase clave que aparece varias veces en el resto de este párrafo es que “no andemos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Se repiten dos veces en versos 12 y 13; además en verso 9 dice categóricamente: “Mas vosotros no vivís según la carne”. Tal es nuestra posición jurídica delante de Juez justo garantizada por la justificación y habiendo tenido puesto a nuestra cuenta la misma justicia de Cristo.  La llenura del Espíritu al final de cuentas tiene que ver con cómo andamos en la vida diaria.

No debemos perder de vista que una vida santificada es una dádiva o don al igual que la justificación. Se define así: “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.” Sigue una definición de la vida eterna.“Porque  la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna, en Cristo Jesús Señor nuestro”

(Romanos 6: 22,23). Este verso se ha dado tan frecuentemente al incrédulo que perdemos de vista que está escrito al creyente.

Sobre todo “El justo por la fe vivirá.”  Colosenses  2: 6 lo describe acertadamente: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor, andad en él; arraigados y sobreedificados en él  y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.”

En algunas partes tanto énfasis ha caído sobre dizque “experiencia” que se describe en términos de una “bendición”, un don recibido,  hablar en lenguas, ser “tumbado”,  palabra “profética” que se pierde de vista que nuestro andar ante un Dios santo y ante un mundo perdido es lo muy importante.  Este pasaje de Romanos 8:1-13 no nos da evidencia alguna que tales experiencias son la comprobación de la llenura.

Para mí puede haber dichas experiencias genuinas del quebrantamiento y victoria en que Dios nos revela nuestro mal y la gloria de su persona. Pero si al final de cuentas no resulta en un andar más santa, más humilde y servicial a la voluntad cotidiana de Dios no lleva las verdaderas marcas de la llenura bíblica. ¿Cómo ando? ¿Cómo hablo? ¿Cómo trato a mis hermanos?

Aún en este capítulo de victoria, Pablo nos recuerda de la posibilidad de “no andar según la carne.” El mero hecho que no nos lo permite quiere decir que tal posibilidad existe; debemos guardarnos por andar por medio de la fe dependiendo siempre del Espíritu Santo. No hay un perfeccionamiento absoluto  mientras vivimos en este cuerpo mortal. Cuando nos dé el cuerpo glorificado en el arrebatamiento o en la resurrección sí que no podremos pecar jamás.

Al decir eso no quiere decir que no hay una verdadera victoria sobre el mal original. Si la hay, pero requiere la vigilancia contra la carne que puede estar a la vuelta en el momento menos esperado. “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, per la carne es débil” (Marcos 14:38).

En la próxima lección examinaremos más ¿Qué es la llenura del Espíritu Santo en términos tanto teológicos como prácticos? ¿Qué es el bautismo del Espíritu y las verdaderas marcas de la llenura? Lo que vale aprender es que todo lo de la llenura verdadera parte de la obra de la Cruz tomada por medio de la fe sin los esfuerzos humanos. La carne puede existir pero de ninguna manera no reina. En cambio el Espíritu Santo ya está en control

Tuyo en el mensaje de la Cruz,

G. Ernesto Johnson

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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